La Verdad

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La terrible adolescencia
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Lola Gracia | 15-01-2017 | 19:18| 1

 

 

Jamás volvería a los 13. Fue una edad terrible. No era la niña perfecta que mi mamá quería; Ni coqueta, ni femenina, ni presumida. En el cole me llamaban patata. En las fotos antiguas veo a una mujercita con cara guapa y algo de tripa. Nada del otro mundo, sin embargo, me parecía la más desgraciada del universo.

Por suerte, tenía un grupito de buenos amigos y, por suerte, en aquella época el teléfono móvil era un germen.
Si en algún momento —que los hubo— acudir a clase se convirtió en una pesadilla, a las cinco de la tarde, la pesadilla terminaba y me liberaba hasta el día siguiente.

Nadie sabe porqué hay personas más vulnerables que otras. Yo no lo era. Es evidente. Tenía terror a cosas peores: una hecatombe nuclear, el fin del mundo, la muerte de los que quería, la violencia extrema.

Nadie puede entrar en la mente de un adolescente salvo otro adolescente. Ellos saben dónde hurgar, cómo herir y cómo matar. Y siempre lo hacen en grupo.
Los acosadores son los seres humanos más cobardes del mundo. Los acosados regresan al lugar del horror un día y al siguiente. Esperan que la tormenta pase. Se sentirán ansiosos y angustiados porque nunca saben cuando terminará su mal, pero ahí los ves: con sus carpetas debajo del brazo y sus mochilas al hombro. No se esconden. No se agrupan para atacar desde la masa.

Algunos desisten de la terrible presión y prisión que supone estar en un lugar donde sistemáticamente se te agredirá sin motivo ni razón. Es tan absurdo que el acosado calla muchas veces. Siente vergüenza y no sabe de qué. Siente asco de sí mismo y no sabe por qué. Regresa a casa y ese teléfono vibra sin parar y le escupe inmundicias que sin duda no se merece.

Las palabras escritas, verbalizadas, son dardos que socavan la autoestima, le distraen. Imagino a los menores colapsados por los insultos, incapaces de distinguir la verdad de la basura. Incapaces de salir de su muro de dolor para explicar a sus familias el infierno por el que están pasando.

Las consecuencias del acoso son perennes. Las víctimas padecen síndromes post traumáticos similares a los de una guerra. La violencia deja una herida en el corazón pero también en el cerebro. Esa huella del dolor y la violencia ejercida de mil modos es un recuerdo, es una sombra que no se olvida y el acosado quedará a merced otros futuros depredadores emocionales.

No es raro que el que ha sufrido violencia doméstica, ha sido tachado de friki en el cole, o de perdedor en el insti, sufra posteriormente mobbing en el trabajo o maltrato de alguno de sus jefes y compañeros futuros.

No hay recetas para esto, salvo estar pendiente de ese tesoro que tienes en casa, ese diamante en bruto que vino a este mundo para ser feliz y nada más que para ser feliz. Y hay que recordárselo. Cada día: con abrazos, con besos, con palabras.

Y qué decir de esa escoria de 12 años en adelante que son los acosadores. Igual que creo en el bien, creo en el mal.
Bastante tienen en sus familias con tener que acogerlos hasta que crezcan.

Yo juntaría a todos estos mierdas y los haría probar su propia medicina una vez y otra y otra y otra.

Ghandi tenía razón: el odio incita al odio

Espero que, al menos, algunos de esos que se han unido a la masa lerda y destructiva recapaciten y cambien de actitud

Por suerte, ya no tengo 13 años.

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Lo Hygge y la rumba
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Lola Gracia | 09-01-2017 | 07:36| 2

He tenido serias dudas acerca de cómo iniciar este primer artículo del año. Tras el fiasco de Mariah Carey en Times Square, la reciente maternidad de Janet Jackson, el noviazgo de Jennifer López, el no-vestido de la Pedroche y las predicciones económicas y astrales, sólo resta el bostezo.

Nada nuevo bajo el sol, salvo por el hecho que la más pequeña de los Jackson ha sido madre primeriza con 50 años. Guau. Eso es estar enamorada de verdad. Y el milagro del amor pasados los 40 o varios divorcios —como es su caso—siempre me asombra.

El caso es que con mi estufita halógena a mis pies, mi manta y mi gata ronroneando alrededor; En esta completa soledad, podría sentir envidia de Janet o de Jennifer. Pero no. Creo que no voy a levantar el culo esta tarde festiva de mi pelota de fitness (escribo sentada en una de ellas porque es beneficioso para la espalda) Os puedo parecer la single más aburrida y carca del mundo. Todo lo contrario. Estoy súper de moda aunque no lo sospechéis. He entrado de lleno en la tendencia hygge que procede de Dinamarca; Se pronuncia algo parecido a huga.

Perseguir todo aquello que es íntimo y confortable nos hace felices, dicen ellos. O al menos lo dice Meik Viking en su libro Hygge, la felicidad de las pequeñas cosas.

Vamos, que regresar a la mesa camilla de nuestras abuelas nos pone en primera línea de vanguardia. Paladear un buen vino, darse un baño relajante, la proverbial manta con su sofá y peli son placeres sencillos y “modernos”.

Lo de vivir peligrosamente se lo dejamos a otras generaciones. Quizá a las de los actuales septuagenarios, cuya vida sentimental es más agitada que la de los cuarentones. Y esto lo sé de buena tinta por los novelones que me cuenta mi madre. Pretendientes atrevidos, citas en la playa, bailes en el “hogar”. A veces creo que la envidio secretamente.

Pero a lo que iba. Todo esto lo veo genial para un rato. Al rollo Hygge le encuentro varios “peros”. La chimenea en nuestro mediterráneo se pone tres veces al año. El vino también me gusta para el invierno y por supuesto el sofá, la manta y la peli. Entiendo que en Copenhague esto sea lo más pero a mi este rollo camastrón me dura tres siestas y hablo casi literal. Una tarde de estar en casa (un día completo me resulta harto imposible) y a la mañana salgo a la calle como un potro desbocao a comerme el mundo.

Que quizá esta sea la idea: “hija mía, reserva fuerzas que lo que te ocurre no es pesimismo ni desánimo, sólo cansancio, petarda, que no paras en casa ni un momento. Y cuando estás en casa te da por hornear, escribir, ver pelis hasta que te dan las claras del día y como pilles un novio, ni te cuento, lo agotas a la cuarta cita”.

Lo siento, la hiperactividad es lo que tiene. No se elige. Y lo hygge nos vale para el día que uno está completamente agotado y le duelen los huesos de tanto deporte, la tripa de tanto reírse y de las ingles de tanto fo…, en fin, ya sabéis. Y creo que no soy la única. Que hay varias cosas que nunca podremos importar a nuestra rumbosa y festiva tierra y una de ellas es el clima y las horas de luz solar al año que lo condicionan todo.

Queridos, que el 2017 os llene de noches inolvidables y días maravillosos. El sofá y mantita para los nórdicos, para nosotros la fiesta y la siesta.

 

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Los niños tristes
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Lola Gracia | 26-12-2016 | 08:55| 1

Existe una Navidad que no aparece en los anuncios de bombones, ni en los de los grandes almacenes. Hay niños pobres, sí, pero hay otros niños con problemas aún mayores que el de no tener el regalo deseado o el manjar de azúcar y chocolate.

Hay niños que tienen miedo de sus superiores; Sujetos que, se supone, les tienen que ayudar a ser mejores, a triunfar. Hay niños aplastados por adultos con mentes sucias y actos de mierda.

Las declaraciones recientes de Peñalver no me pillaron por sorpresa. La personas abusadas, sometidas, pueden intentar ser encantadoras, pero destilan siempre esa mirada de desconcierto y esa enorme dificultad para relacionarse con naturalidad con los otros. Y a Peñalver lo conocí hace unos cuatro años cuando ejercía de jefa de producción de un programa. Me parecía increíble que un hombre tan, tan guapo fuera al mismo tiempo tan, tan triste.

Lo que hemos conocido recientemente, el comportamiento intolerable del entrenador Miguel Ángel Millán con tantos chavales no es algo nuevo, por desgracia. Cuántas veces la figura del padre y mentor coincide con las del déspota insensible, con esa persona que no sólo machaca psicológicamente al pupilo en pos de los resultados sino que, además, en este caso, les toca, se mete con ellos en la cama, se espera a que se duerman, se ponen sobre ellos, se masturban sobre ellos. El horror sobre ellos.

No sé qué haría con gentuza de esta calaña. Millán, con 66 años, ya ha hecho tanto daño a tantas criaturas que no hay castigo que solvente sus acciones. Ninguno. Porque a los chavales los estigmatizará de por vida y estarán merced de otros hijos de puta como Millán. Es un fantasma que jamás les abandonará. Se sentirán sucios y culpables. Quizá, cuando hagan el amor, se preguntarán si el otro sentirá el asco inmenso que sintieron ellos cuando esos adultos sin corazón ni entrañas les tocaban sus genitales y se excitaban enfangados en esa perversidad inhumana.

Sé que no pega, pero me ha resultado imposible permanecer impasible—y valga la aliteración—ante estas denuncias; ante la de una Gloria Viseras que ha visto como se ha archivado el caso de su presunto abusador Jesús Carballo , con más de 14 denuncias de otra chicas como ella.Ante  todo lo que se ha revelado contra Barry Bennell y los casos conocidos en los equipos británicos: Manchester City o Stoke.

Lo peor de todo es que las sospechas sobre ciertas personas no son nuevas y mucha gente prefirió mirar para otro lado en pos de los resultados. Lo peor de todo es que estos chavales de la élite deportiva han sacrificado su vida y le han dado gloria y dividendos a estos indeseables. Lo peor de todo es que han sido admirados no sólo por ellos —de ahí que la traición duela más— sino por toda una sociedad engañada. Lo peor de todo es que su figura de autoridad ha permitido el abuso y el silencio.

Hay tantos niños tristes entre nosotros que me aterra. Quiero que estos auténticos grinch, estos cerdos con pústulas se extingan para siempre en el infierno del que proceden pero, por desgracia, estas cadenas de dolor y humillación tienen algo vampírico y el abusado, a veces, se convierte en abusador.

Tenemos que parar esto. Tenemos que pararlo ahora. No permitamos ni una sola navidad más con niños tan, tan tristes

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Pesadilla antes de navidad
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Lola Gracia | 18-12-2016 | 19:17| 0

 

 

 

Sueño con un coche oficial. Los conozco. La rutina del chófer, su vida sacrificada pero sencilla como el padre de Sabrina, aquella película maravillosa de Audrey Hepburn. Sueño con la Gran Vía madrileña en plena Navidad. La añoro como se añoran las mañanas bellas. Ese chófer planta su calabaza-carroza en la puerta del Primark. De ahí sale Soraya que no, no es una princesa Disney, es la vicepresidenta de un país llamado España y donde ella se persona con toda su autoridad para comprar tres cuartos de kilo de pijamas, bragas, tazas, purpurinas, velas, suéters, vaqueros y complementos. Allí se compra la ropa al kilo, soy usuaria habitual.

Los defensores de Soraya diréis que no es para tanto la cosa, que a Diana de Gales le cerraban Harrod’s. Sí, pero no paraba el tráfico y Mohamed Al-Fayed decidía en su espacio privado lo se le antojaba hacer.  Diana compraba bragas —más caras, es de suponer— pero no imponía a los londinenses su superioridad, ni se saltaba básicas normas de tráfico.

Disney me repite desde su tumba: sueña, sueña y diversifícate, mujer. Vale, vale.

Hace ahora 50 años de su muerte. Murió joven.

Fumabas demasiado, Walt, pero ¿Quién quiere vivir para siempre? Te dio tiempo a todo: recibiste palizas de niño, repartías periódicos aterido de frío y casi descalzo, hiciste 81 pelis, ganaste 22 Oscar, creaste dos parques temáticos. Para todo eras un exagerado y tu factoría es el segundo conglomerado mediático más importante del mundo según Forbes. Pero Walt, qué repelente era Blancanieves, por todos dioses. Presumo que se parecía a la novia más frígida que tuviste. Y qué forma de cambiar las historias. Fuiste el inventor de la globalización y de la corrección política. Lo sabías mejor que nadie. Un buen final siempre es rentable en taquilla.

Walt se da la vuelta y me topo al cruzar la esquina con un desfile de Moros y Cristianos de la ciudad de Murcia. Están muy cabreados. Unos seguidores de Trump han subido una foto suya a Twitter y dicen de ellos que son un alzamiento neonazi. Más de 5.000 retuits de los homófobos de la américa profunda. Hay que joderse. Murcia siempre tan mal parada.

El karma de twitter se cumple inexorable. Ya lo califican de herramienta del odio. Nadie lo quiere comprar. Si dejas que tu casa se convierta en una taberna medieval, en un espacio divulgador de libelos y sin finales felices esto es lo que obtienes.

En mi sueño he llegado a la ciudad Alepo a punto de ser evacuada. Las imágenes son desoladoras. Nada queda de su antiguo señorío. Todo es polvo, cenizas, retransmisiones de civiles que narran al mundo su horror. Están a punto de morir, aterrorizados. Cruz Roja llega muy tarde.

En mi sueño, la ciudad de Murcia está bonita, con sus luces de Navidad, y su frío y su olor a dulces tradicionales, y sus niños con naricitas rojas, gorras y bufandas. De pronto, una tromba de agua lo apaga todo. Nos acongoja la fuerza de la naturaleza.

He restado del paisaje a algunos matones impresentables que pegan por deporte. Pienso en el karma, en los empresarios que permiten que sus negocios se conviertan en vulgares tabernas medievales. En la chulería apestosa que destilan.

Entre los escombros de la guerra, las princesas de pacotilla, el matonismo y la estulticia de la incultura homóbofa, me pregunto cómo se las maravillaría Disney para encontrar un final feliz.

Pese a todo, estas fiestas tendremos el perfume de la vida, abrazos de nuestros amigos. El beso de algún antiguo amor, veremos reir a nuestros hijos y nos sentaremos alrededor de una mesa, o de muchas. Y daremos gracias porque somos muy afortunados.

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Mundo público, mundo privado
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Lola Gracia | 11-12-2016 | 19:26| 1

¿De quién es la calle? Menuda pregunta.

El espacio público siempre genera controversias. Todo es un quítate tú para ponerme yo.

Los ciudadanos de Venecia se han levantado contra los turistas. Están hartos. Todo gira alrededor de ellos, dicen. Es casi imposible comprar una simple barra de pan. No hay súper mercados, sólo restaurantes. Conseguir un alquiler normal es muy complicado puesto que los propietarios prefieren rentar por semanas a los visitantes que vienen de fuera. ¿Qué sucede? Que cada día Venecia es más un parque  temático y menos una ciudad viva. Lleva camino de convertirse en un gran decorado. ¿Pero qué sería de Venecia sin los turistas?¿Y de los venecianos? ¿No son ellos mismos los que han propiciado este sistema perverso?

Este mismo debate se repite cada año en la zona del barrio gótico de Barcelona. Los capitalinos ya no quieren ir por allí porque se ha convertido en un conglomerado de tiendas de souvenirs, “paquis”  que venden cerveza por las calles y hordas de turistas con sus guías ¿Quién ha propiciado eso? ¿No es acaso tampoco un beneficio económico para la propia ciudad?

Son casos distintos pero un ejemplo nimio de la controversia que ocupa siempre el espacio público en Europa. Si se peatonaliza una zona todo son enfados y malas caras pero, con el paso de los años se nos olvida y nos parece bárbaro que la plaza Belluga y todo el centro de la ciudad de Murcia permanezcan despejados de vehículos

El espacio público es de todos. Todos creemos tener derecho sobre él porque es nuestro paisaje de fondo, el decorado de nuestra vida, de nuestros días y cualquier cambio nos afecta. Pero entendedlo. Nosotros no importamos nada porque nos moriremos y el paisaje de fondo—transformado—seguirá ahí para darle color a otros personajes en el gran teatro de la vida.

¿De quién es el espacio privado?

Ay, amigos. Aquí sí que deberíamos ser inflexibles. A pesar de estar en las redes sociales y que nuestra vida casi completa se pueda deducir consultando Google, hemos de ser siempre soberanos de nuestro espacio privado y defenderlo con uñas y dientes.

Cierto, tus fotos ya no son tus fotos si aparecen en Facebook pero el hecho de compartir parte de tus horas no le da derecho a nadie a inmiscuirse en tu vida completa. Uno puede ser gentil y atender a determinadas personas vía redes sociales pero —lo he experimentado— de ahí se pasa de forma inmisericorde a la invasión, incluso a conseguir tu teléfono móvil o llamarte a tu casa en días de fiesta y a horas intempestivas.

Mi hogar es mi santuario y si en algún momento he sido blandengue con estos pormenores, cada día me cuesta menos bloquear al personal y no me tiembla el pulso al colgar el teléfono,

La falta de respeto al otro es lo que ha llevado a los padres de Nadia a enriquecerse con su hija. Este ejemplo es ramplón pero no perdamos de vista otros padres de hijos talentosos. Este caso es peor aún porque esa falta de respeto se ha extendido a un sinnúmero de personas de buena voluntad y ocasionará un perjuicio grave a causas reales.

La falta del respeto empieza por una tontería: alguien a quien no conoces de nada te envía un whatsapp de carácter muy privado y puede acabar en tragedia.

La locura y la falta de respeto acabó con la vida de John Lennon hace ahora 35 años.

Todo no es de todos, o lo es pero para cada cual a su manera.

Lo privado  y lo público creo que merecen reflexión y debate en nuestros días.

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Frío futuro, humano caliente
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Lola Gracia | 05-12-2016 | 06:53| 1

 

 

 

 

El futuro ya está aquí. Por el planeta tierra existen un buen puñado de seres humanos convertidos en cyborgs. Las pioneras fueron aquellas que subieron implantes de silicona a sus mamas originales. Nosotras, las maestras del postizo: pestañas, extensiones de pelo, labios, narices y, cómo no, las nalgas. Sólo hay que darse la vuelta por algunos gimnasios para percatarse. Virgen, qué cansancio. Ser mujer cada día está más cerca de convertirse en muñeca hinchable. Pero la culpa es nuestra. El patriarcado bastante tiene con lo suyo.

Cierto, hay postizos artificiales que hacen la vida más fácil, sobre todo a aquellos que perdieron el original en un accidente o por enfermedad. Pero a nadie se le escapa que la robótica, el metal y los tornillos formarán parte de nuestra carne y nuestra sangre de un modo inevitable. En ocasiones será por necesidad pero en otras por pura tontería.

Andamos por la vida con relojes que calculan nuestras calorías, evalúan nuestros ciclos de sueño y nos aconsejan qué hacer en las próximas semanas para ser más saludables y guapos. Pronto, estos bichos tecnológicos estarán insertos en nuestro cuerpo y cada día estaremos más cerca de ese mundo ¿ feliz ? que pronosticaba Huxley .

Quédense con este nombre: Yural Noah Harari, es el antropólogo más influyente de nuestra sociedad. Como un Nostradamus con argumentos pronostica que en el futuro la inteligencia artificial invadirá nuestras vidas; arrebatará millones de puestos de trabajo y nos convertirá en una sociedad bien alimentada pero aburrida y frustrada, sin trabajo, sin objetivos en nuestros días, sin sentido de la existencia.

La sociedad estará narcotizada por los millones de contenidos de internet, las series, los videos de gatitos y , por supuesto, por la química: antidepresivos y sus variantes.  Parece ser que los taxistas y otras profesiones más susceptibles de ser mecanizadas desaparecerán de la faz de la tierra y los únicos que no andaremos narcotizados para superar esta vida tan vacía y aburrida seremos los escritores (esto me lo he inventado yo, claro, que me quiero librar como sea de semejante apocalipsis).

Viviremos dominados por los algoritmos que sabrán todo de nosotros:  nuestras intenciones de voto y fantasías ocultas. Retransmitiremos al mundo las propias naderías: desde una partida de videojuego al cumpleaños que celebramos, quizá en soledad. Pero el futuro ya está aquí ¿No estamos haciendo ya todas estas memeces? Yo, de momento, me resisto como puedo a subir videos a las redes sociales pero instangram y periscope me invitan a cada rato a hacerlo. Más madera. Más estulticia.

Saber que nuestra esperanza de vida alcanzará los 125 años me provoca el bostezo y la nausea.  A Mozart sólo le bastaron 35 para componer Don Giovanni y su famoso Réquiem ¿Quién quiere vivir para siempre? En Sillycon Valley están como cabras aspiran a la inmortalidad con ayuda de la inteligencia artificial.

¿Saben? Yo, que no soy antropóloga y que tengo una gran fe en el ser humano, creo que Harari se equivoca. Que sí, que habrá un sinnúmero de colgados congelados en un frigorífico esperando ser reanimados. Que sí, que, dolorosamente, el panorama laboral está cambiando marchas forzadas y que la reinvención es, a día de hoy, tan necesaria como el respirar.

El futuro ya está aquí pero hay cosas que los robots nunca nos arrebatarán: la capacidad de soñar y de amar.

Por muchos implantes que llevemos, no dejamos de ser mamíferos y por eso nos salva el amor, lo caliente, el regazo de los que preferimos, el espíritu lúdico, la ternura, el abrazo, los olores que nos transportan y el pálpito de los corazones valientes. 

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Todas las caras de la violencia
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Lola Gracia | 28-11-2016 | 07:12| 1

El pasado 25 de noviembre se celebró el Día Mundial contra la violencia de Género.  Los informativos de España ilustran la onomástica con la sobrecogedora paliza que le da un chico ucraniano a su novia. Lo graban las cámaras de seguridad del edificio. La chica no denuncia pero los vecinos sí. Como cantaba Tina Turner ¿Qué tiene que ver el amor con esto?

Pero la violencia también se ejerce de forma sutil. La palabras es una forma terrible y machacona de violencia. Estigmatizar a alguien por sus errores del pasado y hacerle pagar toda la vida es una venganza tan cruel que duele más que los moretones, las patadas en el suelo, los tirones de pelos y las ostias a manos llenas. Esta violencia está tan presente que asusta. Se cuela tan disimuladamente en los titulares de noticias, en los corrillos de los compañeros de trabajo, entre colegas o entre personas que apenas conocen al señalado, que pasa desapercibida. Lo peor de todo es que muchos somos  co-partícipes de ella.

Nadie debería morir a manos de otra persona, sea del género que sea pero, indiscutiblemente, por in-cultura, por fortaleza física o porque, todavía, en muchos lugares del mundo la mujer es considerada algo no-humano, con lo que se puede traficar, jugar, romper y atacar, la mujer, decía, es diana de caprichos y juegos porque no habrá consecuencias. La mujer es menos que nada.

Hagamos recuento. En nuestro país, a día de hoy, han muerto 39  mujeres a manos de sus parejas, ex parejas. Personas que, se suponía, las amaban. Como cantaba Malevaje: No me quieras tanto, quiéreme mejor. Más de la mitad habían denunciado su situación.

En México mueren 7 personas al día. Muchas de esas personas son mujeres que viven en Ciudad Juárez y cruzan la frontera para trabajar como maquiladoras. Se estima que en las últimas dos décadas alrededor de 1.500 mujeres fueron víctimas de feminicidios.

En el mundo, el 35% de las mujeres han sufrido o sufren algún tipo de violencia de género según la ONU. Hay más 700 millones de “niñas-novia”: mujeres casadas antes de llegar a la edad adulta; 200 millones de víctimas de mutilación genital femenina; 120 millones de mujeres violadas en algún momento de su existencia. En Brasil, 47.000 agresiones sexuales al año, una cada 11 minutos. 25 millones de mujeres agredidas en Europa

Sin palabras. O sí, yo utilizaría la palabra pandemia. O lo titularía: cómo ser mujer y no morir en el intento. Sin ironías de ninguna clase.

Y ahora pongamos el foco en esa pareja-ejemplo con la que nos ilustraban los informativos. Porque la violencia es terrible pero que tu verdugo sea alguien a quien amas, en quien depositas tu confianza, crea un caos en la vida emocional de cualquiera. En este caso es una pareja pero hay muchos más tipos de relaciones. El vínculo hace más dolorosa la violencia. El estrés sufrido durante, antes y después crea incredulidad, desconcierto y desconfianza en el mundo, en la vida.

Y no olvidemos ese escudo protector que ostentan tan saludablemente otras personas y que en las víctimas del maltrato ha desaparecido: la autoestima. La reconstrucción tras el bombardeo de insultos, humillaciones  es ardua tarea. El miedo, el terror que ocasiona el agresor en sus víctimas las paraliza y predispone para caer de nuevo en las garras de los depredadores emocionales y sexuales.

Ante un desgarro semejante sólo existe un arma eficaz: la del amor propio. Despertar y ser sensibles y valientes ante los posibles abusos e impedirlos. En otras palabras: ser corazón de león.

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La posverdad y la cámara de eco
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Lola Gracia | 21-11-2016 | 06:52| 1

 

El diccionario Oxford ha designado “posverdad” como palabra del año, cuyo difuso significado es el siguiente: “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Lo confieso. Lo he tenido que leer varias veces para entenderlo.

En román paladino viene a ser que da igual como sean las cosas. Un pino es verde pero si apelando a tus emociones te hago creer que es amarillo, al final, al amarillo de cabeza vas.

En este caso ha sido al naranja. Gracias a este palabro, los británicos se explican la victoria de Trump o del Brexit.

Boberías. La posverdad no pasará a la historia como palabra concluyente y constituyente.

El ser humano es increíble y maravilloso pero también estúpido. Tiene a un imbécil delante de sus narices, disfruta de su espectáculo y al final, aunque le parezca un patán de tres pares de narices,  le vota. A veces, la sobre exposición da sus frutos.

Oxford asegura que nos estamos aficionando peligrosamente a las teorías de la conspiración y a establecer patrones y etiquetas a eventos de un solo día. A dar por definitivo algo que ocurrió en alguna ocasión.

Otro ejemplo lo tenemos en nuestro presidente otrora pantallizado. El plasma de un día le ha valido a Rajoy una condena eterna.

En nuestro país existe un término para eso desde los tiempos de la Inquisición: se llama colgar el San Benito. También hay otro dicho popular: Por un perro que maté, mataperros me llamaron.

Yo encuentro otra explicación a este triunfo del populismo, la superstición y el hecho de validar la creencia en lugar de los hechos. Somos unos catetos. Y encima nos vanagloriamos de ello.

Cada día estamos sujetos a más estímulos y mensajes que rara vez ponemos en duda. Cierto, la duda metódica es un coñazo pero nos ahorra no pocos kilos de ridículo.

Estos hechos “inexplicables” se deben a otro fenómeno denominado cámara de eco y que tiene que ver con la difusión y consumo de contenidos por redes sociales y los famosos algoritmos de Facebook, que son como la piedra filosofal de la comunicación actual.

Facebook, la mayoría de las redes sociales y medios digitales están diseñados para mostrarte una parte de la realidad. Esa que, supuestamente, te interesa. El resultado es que al final vivimos en un mundo donde sólo escuchamos un tipo de opiniones y un tipo de contenidos. Todo se vuelve de una endogamia asfixiante. Yo a veces lo he notado. Esa falta de aire.

Compañeros, estamos fichados, y los medios digitales nos ofrecen el pienso que solicitamos (eso también se llama In bound marketing). Si has escuchado a Michel Bublé en Spotify; Facebook te intenta vender su último álbum. Si has reservado una habitación por booking, a continuación el mismo hotel te oferta reservas para el próximo puente.

Con las opiniones ha sucedido igual. Los medios tradicionales se ponen de acuerdo con que algo es lo razonable pero se olvidan de que existe otro mundo, otros núcleos de población que jamás leerán un periódico o que apenas verán la tele. O que les dará igual. El que una opinión o un grupo de opinión no sea “cool”, no significa que no exista. Esto es como lo de las meigas.

La posverdad otorga el triunfo sorpresivo a los marginales, a los desarrapados, viene a decir Oxford.

Pero mira tú por donde ahí tenemos a Ramón de Campoamor  en el siglo XIX quien afirmó que nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.

Tu suficiencia te matará, mundo civilizado ¿Verdad?

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Camina hacia la luz
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Lola Gracia | 13-11-2016 | 20:11| 0

 

 

 

 

 

El video de una Miley Cyrus  llorosa y desconsolada porque Hillary ha perdido la oportunidad de gobernar en los Estados Unidos es lo que más me ha impactado de la resaca post-electoral norteamericana.

Todas las estrellas, desde Barbra Streisand hasta Lady Gaga se quedaron sin palabras. La segunda se subió a un camión de la basura y se fue hasta la Trump Tower para mostrar su repulsa con un cartelito que venía a decir algo así como “el amor vence al odio”. Mientras tanto, Giuliani, el ex alcalde de Nueva York, cuyo nombre suena mucho para conformar el gabinete de Trump, tildó a todos los protestantes que aparecieron en Washington de niñatos.

El mundo sigue perplejo. Todos los late night del planeta continúan con el chiste. Pero la broma se ha terminado y el señor naranja cuyo tupé semeja a una cobaya muerta estará muy pronto en el despacho oval; Atesorará los códigos nucleares y desconocemos si las burradas que ha soltado por su boca durante la campaña electoral eran sólo gags de un payaso listo o las llevará a cabo. Ya sabéis: el muro de la vergüenza que los mexicanos habrán de pagar con el gravamen que impondrá a los productos que procedan de aquel país,  la prohibición  de que los musulmanes entren a los USA o el reconocimiento de Jerusalem como capital unificada de Israel.

Trump no está sólo. Su discurso no habrá convencido a las estrellas de la industria musical o cinematográfica pero ha encontrado un eco importante en esa otra América cabreada y empobrecida que considera que los tratados de libre comercio son una amenaza para sus vidas. Decía Kafka que «Un idiota es un idiota . Dos idiotas son dos idiotas. Pero diez mil idiotas son un partido político».  Pero no seré yo quien condene al votante, ni tan siquiera al partido.

¿Qué ha pasado con Hillary? ¿Por qué ha sido derrotada? Porque ha ido de ganadora. Los discursos triunfalistas apoltronan al votante en su casa. Los sondeos positivos son contraproducentes.  Si crees que ya está todo hecho y decidido, te confías. El votante de Trump, el cabreado, el que odia el establishment y todo lo que Hillary representa, sabía que tenía que acudir a las urnas sí o sí.

Detesto hacer análisis a posteriori y hacer leña del árbol caído. Lamento muchísimo que el mundo se pierda la oportunidad de que una mujer esté al frente de la Casa Blanca pero, por otro lado, ¿No os ha pasado que Hillary cada vez se estaba pareciendo más a Merkel y menos a la ex primera dama de educación metodista y grandes ideales?

Existe un voto muy peligroso: el voto del odio. Ni siquiera puedo utilizar la palabra populismo. La rabia, el rencor y el miedo nos dan unos dirigentes insensatos y malsanos. En cualquier caso, Trump ,el abusón, creo que será el más inofensivo de este estilo de líderes y aunque todo nos parezca muy tremendo, no olvidéis que estamos al final de un viejo orden y,  mientras surge el nuevo, aparecen los monstruos (Gramsci).

Al igual que los creadores de los Simpson, el gran Leonard Cohen  tuvo su momento clarividente de lo que iba a acontecer como lo demuestran estos versos:

Ring the bells that still can ring/Forget your perfect offering/There is a crack in everything/That’s how the light gets in.” (“Toca las campanas que sigan sonando/ Olvida tus ofrendas perfectas/ Hay una ruptura en todo/ Así es como la luz entra”.)

La historia de la humanidad es caprichosa. Ya veréis:  los exabruptos de Trump resquebrajarán el viejo orden social.

Y entrará la luz

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La cobra
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Lola Gracia | 06-11-2016 | 22:14| 0

 

 

Creo que todas las mujeres de nuestro país hemos empatizado con la pobre Chenoa esta semana.

Feo es que te nieguen un beso pero peor aún es que algo así te suceda delante de millones de espectadores. Y terrible que al suceso le den tanta bola en los medios que hasta yo esté escribiendo de la cobra que le hicieron a Chenoa.

Hay que ser tonto, David Bisbal. Y los desmentidos no se los traga nadie. El lenguaje no verbal no miente.

¿Qué narices nos importa el plantel de nuevos ministros? La comidilla, lo que le importa a la gente, incluso a mí —que parezco tan fría y soleta—es la tontería del amor.

Bisbi le dice unas palabras emotivas a su “Laurita” (No olvidéis como la llamaba así estando ya enrollados en la academia) después de cantar ¡tachán! “Escondidos”. Ese himno al amor prohibido que muchos nos sabemos de memoria. La oscura habitación, tu cuerpo el mío, el tiempo de un reloj y bla, bla, bla.

Los de OT le encasquetaron la canción de marras al dúo amoroso porque les pegaba. Ya sabéis, si hay una cámara 24 horas grabando todo lo que ocurre hay que esconderse mucho para tocarse, besarse y practicar la cópula. Y cuando uno está con la química disparada se sufre mucho. Pobres. Me los imaginando amancebados buscando los ángulos muertos de la casa.

A lo que iba: el mozo de Almería le dice que ha sido un privilegio cantar con ella. Se dan un emotivo abrazo y ella intenta besarle pero no, el chico decide que ya está bien de tanto sobeteo. Y sí, lo he visto desde el otro ángulo también. Él con su pose y gesto de artista parece que se va a lanzar. Pero no. La separa de él. Él rompe el momento. Es muy evidente. Chenoa se queda más cortada que una falda al biés. Y la chica me podrá caer mejor o peor, pero esa seguridad en sí misma que destila siempre se le cae al suelo.

Sólo te hieren si amas. Si te importa. Las tías somos así de tontas. Y cuanto más aparentas comerte el mundo y pisar a lo Nancy Sinatra “These boots are made for walking”, más frágil eres.

Bisbal demuestra con este gesto ser un idiota, un soberbio y un paleto. A nadie se le niega un beso. Y menos aún a alguien que ha sido tu pareja con quien compartiste algo tan mágico. Chenoa tuvo un gesto bonito hacia él. Un beso en el escenario mejora el plano y sube el share ¿Qué problema hay? Un beso ahí, en ese contexto, no significa volver a empezar.

Qué poca clase, Bisbal. Me encantabas en la academia. Me enamoraste con tu prueba de voz pero imitas fatal a Luis Miguel y cuando empezaste a buscar tu estilo propio pues te salió esa vena de polígono. Una vena fatal. Uno puede tener baja extracción social pero la educación no la otorga nada de eso. Los grandes, grandes cantantes de verdad poseen un charme que tú jamás tendrás por mucho que ensayes; por muchas vueltas que des y muchos gorgoritos que sueltes. Te falta. Y vas a peor.

Un beso no se pide, se roba. Y es lo que hizo Chenoa. E hizo bien ¿Qué daño hacía? Ninguno. Ya que estás ahí, pues, ándale, sigue el rollo que para eso aceptaste a encontrarte con tu pasado en este reencuentro de OT.

La falta de clase me pone enferma. Pero me enferman mucho más aquellas personas que renuncian a su pasado.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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