La Verdad

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Hey, Jude móntatelo mejor
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Lola Gracia | 15-10-2017 | 12:43| 0

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Y el mundo se paró  para hablar de amor. Así comienza el último capítulo de la recomendable serie: “El papa joven”, protagonizada por un perturbador, extraño y seductor Jude Law; no apto para mujeres solas porque comenzarán a fantasear con esa cara, esas manos, ese cigarrillo y ese, ejem, alzacuellos, las 24 horas del día.

Se descubren unas cartas que el joven papa, antes sacerdote, escribiese a alguien de quien se enamoró y a quien renunció por su vocación. El locutor de Radio Vaticana repite: Y el mundo se detuvo para hablar de amor. Por una vez, la noticia no es el terrorismo si no las conmovedoras letras de Su Santidad.

Qué bonito sería ¿Verdad? Y eso que el amor, aparte de ser bonito y limpio y un milagro, el amor es nuestra esencia aunque en ocasiones los atascos, las facturas, los conatos independentistas, los informativos, lo campeonatos del mundo, hasta la perturbadora belleza de Jude Law nos empujen a olvidarlo.

Una vez, Jorge Bucay me pidió delante de 600 personas que relatase una anécdota familiar. Yo nunca he sido muy familiar, ni tan siquiera por aquel entonces, casada y con un niño pequeño. Aquello no iba conmigo. Viví durante años sumergida en una brutal estupidez de la que Jorge, sin quererlo, me despertó.

La anécdota: mi abuelo hacía un teatrillo encantador por las mañanas y le llevaba el café a mi abuela a la cama. No sé cómo me vino la imagen a la cabeza. Pero el mundo se detiene para hablar de amor. Lola y Antonio, con sus más y sus menos, durmiendo ya décadas en camas separadas, me mostraron  una ternura que jamás  vi entre mis padres. Jamás. Mi abuelo tocaba la puerta y preguntaba ¿Da su permiso la señora? Ella me miraba y sonreía: pasa, pasa. El café con leche, humeante y delicioso,  entraba con una magdalena que reposaba en un simple platillo. El abuelo lo colocaba en su mesilla. Esperaba a que ella lo probase ¿Está al gusto de la señora? Y entonces siempre sucedía del mismo modo. Ella debía regresar la taza a la mesa porque no podía parar de reir.

Ya no era el detalle de llevarle el café, era lo jodidamente gracioso que siempre fue mi abuelo. Creo que ahí empecé mi relación amor-odio con los sosos. Porque los sosos te dan seguridad, te llevan el café con leche pero nunca te hacen reír ni tocar las estrellas. La risa es volátil, intermitente, sin garantías. La seguridad es fiable pero también lo es el peso del mundo sobre tus hombros durante toda una vida.

Como en la violencia, en el amor todo son grados. Es violencia el abucheo, el escrache, los gritos, los insultos, la invasión y también la agresión física por supuesto. Es amor un gesto de cortesía, devolver un cumplido, crear un momento eterno entre tus amigos y tus amores; Demostrar el afecto en vez de esconderlo, disculpar las torpezas incluso ver en ello algo encantador que define a quien amamos y nos hace desearlo un poco más.

La anécdota de mis abuelos me obligó a aterrrizar en  mi estúpida vida.  No había en ella un amor como el de Lola y Antonio. Luego viví  ese amor con mayúsculas de un modo hermoso pero dolorosamente fugaz. Y las muestras de afecto recibidas son monstruosos fantasmas intangibles, sobrealimentados en estos años del hastío y la soledad.

Sorrentino me hizo llorar en el último capítulo del Papa Joven. Porque el mundo se tiene que parar, porque el amor es lo único importante y porque Jude Law te traspasa el corazón con la fragilidad de su personaje.

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Mosso bueno, mosso malo
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Lola Gracia | 08-10-2017 | 08:06| 0

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Me ha caído la del pulpo. Se me ha ocurrido decir que Trapero me pone y, madre mía, como se ha puesto el personal en las redes sociales. Eso sí, las señoras, la mayoría de ellas, me han dado la razón porque, por muy independentista que sea, por muy de saltarse las normas a la torera que sea, Trapote está bueno. Tiene ese punto viril, masculino, basto y algo animal que, por lo menos, a mi me encanta.

Queridos míos, con algo hemos desengrasar este panorama que nos tiene a todos de los nervios. Esta tensión insostenible entre los que queremos el AVE soterrado aunque las obras sean molestas y los que no se creen que las obras sean transitorias y entre los que amamos este país crujiente, caliente, diverso y plural que se llama España y aquellos que no se sienten españoles. La mayoría de ellos son jóvenes, incluso de mi quinta. Sus antepasados son de Jaén o Calatayud o Jumilla o Cáceres pero, quien sabe porqué, sólo se sienten catalanes y no quieren sentirse otra cosa. Imagino que quitarse la etiqueta de charnego ha sido imperativo para algunos, así como pronunciar y escribir un correcto catalán (al final muchos de ellos no escriben bien ni el castellano ni el catalán). ¿Es una cuestión de complejos? ¿De dorarles la píldora a todos esos nombres que desde el feudalismo les han jodido y bien jodidos?¿Por qué se empeñan en buscar fuera al enemigo? El enemigo siempre ha estado dentro y son esos poderosos que siempre lo fueron y que gracias a proceder de una familia de sangre pura ostentan un cargo con sueldos de muchos ceros. Y sé de lo que hablo. Conozco casos concretos, con nombres y apellidos. Y de los otros, también.

Queridos míos, amo el catalán, a sus autores, su lengua, sus campos, sus vinos, sus costumbres, sus playas pero es que eso forma parte de nuestra maravillosa España. Yo no quiero ser sólo murciana. Quiero ser catalana y vasca y gallega y castellano-manchega y valenciana y puertorriqueña y neoyorquina y parisina. Quiero tener siete nacionalidades en vez de una y un piso franco en cada ciudad del mundo de la que me he enamorado ¡Pero qué manía de encerrarse en el terruño!

Quiero decir que Trapote me pone —menudo apellido catalán, por cierto — y que nos peguemos unas risas y no montemos en cólera. Nos estamos tomando la vida demasiado en serio y la vida es un sueño, es una broma que se termina y que se termina pronto y Puigdemont es ridículo, con su chuleria y su pelo estilo perezoso y ojillos de mofeta ¿Y esas urnas para votar compradas en los chinos que parecen un tupper gigante? Todo es de chicha y nabo, aunque quedan semanas tensas y terribles y me consta que muchas amigos que viven allí lo están pasando mal. Sobre todo aquellos que ya vivieron una posguerra de mierda como la que tuvimos. No hay derecho. Porque yo soy también de donde son mis amigos.

Pero volviendo a Trapero, el físico es el físico y Trapero es un señor que se cuida, no tiene michelines a sus 52 años y lleva las cejas perfectamente depiladas (con cera, diría yo) y en todo este invento del referéndum, ese cuerpo y cara de mosso, es lo único capaz de quitarme un poco el estupor. Lo otro, es lo otro, que diríamos aquí.

El murciano no es tan proteccionista con lo suyo porque somos así: universalistas y adoptamos a quien haga falta. A Trapero, mismamente, si cambia de parecer político, me lo quedo yo.

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Los espejos de Atwood
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Lola Gracia | 01-10-2017 | 15:53| 0

 

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Dice Margaret Atwood que un país sin historias sería un país sin espejos. “¿Quién soy? se preguntarán los ciudadanos”. No, no, olvidadlo. No pienso dedicar ni una línea al omnipresente referéndum fantasma pero, qué duda cabe, que hay mucha ficción y fantasía alrededor del nacionalismo.

La reflexión de esta semana se acerca a la sempiterna bipolaridad del ser humano. He empezado por la más recurrente entre los creadores: el binomio ficción-realidad.

Según Barthes, un hecho real de más de cinco líneas se convierte en ficción. El ser humano es una máquina de reinterpretar los datos. Al final, las vivencias son secuencias de datos que se graban en nuestro subconsciente y los recuerdos (esos datos muertos, porque el pasado es algo muerto, no lo olvidéis) son una recreación de la verdad, verdadera que se adaptará a nuestros patrones perceptivos. Nuestra experiencia es única, personal e intransferible, casi como una huella digital. Miranda en “La Tempestad” de Shakespeare se preguntaba “¿Es cosa mía ver lo que veo?” para concluir “Sólo puedo ver lo que veo”. El dramaturgo británico se adelantó al psicoanálisis unos cuantos siglos. Cosa de genios.

Así que, con unas sutiles pinzas, dejo colgada esta duda ¿Hasta qué punto los datos que duermen en nuestro cerebro, transmitidos de generación en generación por el subconsciente colectivo familiar distorsionan mi percepción de la realidad?

El otro binomio que me apabulla es el de la necesidad de los recuerdos que teje el tapiz patrimonial de los pueblos (el espejo de Atwood) y por otro, la necesidad del auténtico vacío para volver a crear y generar innovación y avance. Este binomio: lleno-vacio, historia-futuro es un puro nudo contradictorio. La maravillosa Margaret  afirma que todo ser humano es intrínsecamente creativo y la materia prima de esa creación son los recuerdos (“Cuando estas palabras se le hayan ido de la cabeza, se perderán para siempre”). El arte es el corazón de la civilización y la escritura es el arte de las emociones pero, maldita sea, todos los escritores necesitan esa materia prima: la realidad acontecida en el pasado. O sea, los recuerdos. Y los recuerdos dice el profesor  Hew Len, son datos muertos. Imaginaos el hedor terrible. Lo muerto al final se pudre pero al narrador, al creador de ficciones no le queda otro remedio que hacer incursiones en su vida muerta. O sea, en su pasado.

Un exceso de recuerdos provoca un atasco emocional. Y eso sentí el otro día. No depresión ni ansiedad sino un monumental atasco. En mi afán recolector para poder escribir historias nuevas me he topado con una laguna tumefacta de pasado muerto que ya no sirve para nada. Atwood sostiene que el arte para el artista es una tubería hueca, un amplificador, incluso un truco para llevarse a alguien a la cama pero, ojo, si la tubería está atascada ¿Qué obtendremos? Ya sabéis lo mal que huelen los desagües.

A veces creo que el subconsciente colectivo de nuestra querida España, esta España mía, esta España nuestra, es como esa tubería y es imperativo que el agua circule. Lo mismo que es deseable para mi, para cualquiera — en especial  para los creadores de todo tipo— eliminar todos los datos viejos, llegar al Nirvana, a la página en blanco de Shakespeare, porque sólo desde ahí, desde el vacío absoluto, surge la más genial de las inspiraciones. La magia inexplicable de Giocondas y Quijotes. Si nuestra vasija está llena, la abundancia pasará por nuestro lado y nada podrá caer en ella.

Esta España bipolar pide a gritos uno o varios instantes de vacío creador. Y un poco de silencio blanco entre tanto berrinche.

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¿ En qué piensas?
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Lola Gracia | 24-09-2017 | 19:51| 0

 

 

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Pintemos la escena. Habitación blanca, sábanas blancas. Un ambiente diáfano, brillante de luces otoñales. Una pareja hace el amor. La silueta de ambos se recorta contra el fondo de la pared. Sombras chinescas y calientes. Tras la resolución él la besa. No dice palabra. Se tumba boca arriba. Está satisfecho, feliz. Nada necesita. El blanco del techo se le antoja, insinuante, un buen lugar para perderse. Y de repente la pregunta, esa pregunta: ¿En qué piensas? Fin de la paz. Ellos siempre dicen que en nada y nosotras querríamos tener un gran destornillador, abrirles un agujero imaginario en la frente y saber, de verdad, qué tienen los hombres en la cabeza.

Probablemente los hombres no guarden en ese momento un grave secreto ni una preocupación. Probablemente exista una nada que nadea en el blanco de sus pensamientos post coitales y nosotras,descreídas, caemos rendidas a su misterio.

Ah, el misterio. Ese es el gancho más eficaz que existe para enamorar y que nos enamoren. Al menos, al principio. Al menos, hasta que llega un momento en que te das cuenta que pocos misterios se resisten a la complicidad de las miradas, de las palabras clave, ese glosario que crean los enamorados y que resumen mil sensaciones en una. No hay misterio ni falta que hace.

De niña me gustaba cavar hoyos en la arena y en la tierra huertana de mis abuelos. Esos agujeros eran el escondite de mis tesoros: un trozo de espejo roto, una canica, pétalos de rosa, una margarita, una piedra chula. Regresar al día siguiente, desenterrar los tesoros y mirarlos uno a uno era un ejercicio delicioso. Siento que, a veces, he realizado ritual con las cabezas de mis amantes y en su vacío mental he guardado palabras, momentos, olores, músicas, frases que luego ellos han recreado y desenterrado y entregado de su fosa encefálica. De entre su masa gris, un rayo de luz sembrado, germinado, cosechado. Buen trabajo, me digo.

La idea de coleccionar tesoros, de rincones secretos, de espacios sagrados donde todo es posible creo que siempre me ha obsesionado pero, además, las mujeres tenemos ese afán de llegar al final de todo, de conocer todas las piezas del rompecabezas, de escudriñar las cien mil neuronas del amante, como las cien mil estrellas del cielo hasta que uno despierta y piensa ¿Para qué? ¿Para qué lo quieres saber absolutamente todo del otro? ¿No tienes suficiente con saberlo todo de ti mismo? ¿Acaso estás seguro de saberlo todo de ti mismo? Porque yo no.

Chicas, dejemos de hacer la absurda y recurrente pregunta: ¿En qué piensas? Porque después de hacer el amor los hombres básicamente piensan: “qué agusto me quedao y qué ganas tengo de dormir”. No encontraréis filosofías trascendentes, ni frases híper románticas que guardar en vuestro hoyo excavado bajo la tierra. Además, la trepanación mental es una cosa muy fea. Casi mejor ocúpate de crearte un interior fantástico, tu cosmogonia personal en la que perderte sin ansias ni carencias de hombres que después de hacer el amor miran el techo sin palabras. Encuentra el misterio en tu interior porque, sin duda, existe, nuestro subconsciente está plagado de información genética ancestral, de tus sueños más peregrinos, esos que se perdieron en la marabunta de las obligaciones y exigencias más urgentes.

Chicas, vosotras sois el misterio. No digo que haya por el mundo un macho trascendente que tras el desahogo le venga a la mente un tratado sobre la velocidad de la luz, salvo, quizá Einstein. Y tampoco. Los hombres, por muy genios que sean,  siempre son literales y cuando dicen nada, siempre es nada.

 

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 Saturno
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Lola Gracia | 17-09-2017 | 08:19| 0

 

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Tu historia es mi historia. Las vidas se parecen tanto las unas a las otras que se sorprenderían. Y todo el mundo quieren que cuenten la suya. Cuántas personas se han acercado a mi y me han dicho la famosa frase: si te cuento mi historia, escribes un libro. Y con algo de cinismo y mala leche les contesto que no es menester.

En los últimos siete años me han despedido injustamente de un trabajo que me encantaba, han muerto familiares que quería, ha fallecido mi mejor amigo, me han traicionado personas que amaba y me he divorciado. Les ahorro los detalles porque, efectivamente, daría para escribir un libro, pero, sobre todo, porque mi biografía y la de casi cualquiera es semejante y más con el terremoto de la crisis a nuestras espaldas.

 

Escucho la nueva canción de Pablo Alborán, “Saturno”, y pienso que vaya una suerte que tenemos los que contamos con una vena creativa porque el desamor nos viene de perlas. Cualquiera que haya sufrido una o varias rupturas puede deducir que esa canción cuenta, efectivamente, su vida. Los cadáveres del abandono, de los amores rotos, siempre son los mismos: los hijos que no se tuvieron, los lugares que no se visitaron juntos, tantas y tantas fotos que quedaron por hacerse, la casa que se hubiese compartido.

El aborto del amor es el más cruel de los destinos. Es matar a un niño no nacido. O sea, matar la esperanza, el futuro. Aunque claro, como canta Pablo: “tuve tantos momentos felices que olvido lo triste que fue darte de mi alma, lo que tú echaste a perder”.

Si vives en misma ciudad que te enamoraste y te despreciaron todo es un recordatorio permanente: aún se oyen los gritos de amor, no en Plutón, sino en el viejo barrio, en una playa; besos en la calle o en la ladera de un monte…Uno quiere pasar página pero hay demasiados cadáveres aún calientes por todos los rincones.

 

Alborán dice que se interesó por la leyenda de Saturno, el que se comía a sus hijos. Las historias de desamor tienen eso en común: en ocasiones sientes como alguien monstruoso te desolla las entrañas para comerte crudo. ¿A quién se come Saturno? a su propio hijo no nacido.

Los rompeamores son Saturnos. Unos monstruos sin corazón.

No empieces algo si no estás convencido de ello. No utilices.

 

Por otro lado, todos los que somos del signo Sagitario hemos tenido al puto Saturno retrógrado durante 3 años haciéndonos la puñeta. Con todas mis amigas Sagitario lo comento: hemos sufrido debacles increíbles. Unas más que otras. Aún cruzo los dedos para llegar a final de año con vida.

 

Los astrólogos, sin embargo, coinciden en señalar que Saturno es el maestro del Karma: el pasado que regresa a tu vida, conflictos no resueltos y la imperiosa necesidad de ejecutar lo que tantos años atrás has ido posponiendo. Los procastinadores perecen. Saturno te obliga a ordenarte, estructurarte y te da lecciones imposibles de olvidar.

Saturno te pone a los pies de los caballos y a los pies de tus citas a esos tipos que no te convienen —una amiga los denomina follapavas —para que aprendas a esquivar de una jodida vez ese pedrusco.

Todos hemos sufrido“saturnos” en nuestra vida. Esas vivencias que dejan cicatrices en vez de huellas. Todos hemos querido perdernos en la galaxia de los futuros hermosos y hemos dado con los pies en el polvo, sin una ilusión con fundamento que llevarse a la boca.

Lo dicho: tu historia es mi historia y con todas, efectivamente, se escriben muchos, muchos libros.

 

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Fallos de concordancia
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Lola Gracia | 11-09-2017 | 07:27| 0

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Y la esperanza explota como una olla a presión. Hay caminos de no retorno. Noticias de no retorno. Uno puede sobrevivir a ellas, sobrellevarlas, aprender los días sin esa ilusión que brotaba del corazón. Es inútil que todos te digan: tranquilo, todo pasará. Porque no pasa. O si, pero uno ya no es el mismo.

En la vida todo es cuestión de tiempos, de ritmo y también de concordancia. Un fallo de concordancia es que tu corazón se incline al lado derecho de tu cuerpo. Tu corazón se mete donde no le toca y el resultado es la vida en un puño. Sabes que tarde o temprano algo dentro de ti se resquebrajará.

Un fallo de concordancia es que los habitantes de un mismo pedazo de tierra denominen patria a tierras supuestamente distintas. Un fallo de concordancia es que uno ame y no lo amen. Que uno aporte y los otros no, que tu mente vaya por un lado y tu cuerpo por el suyo: terco y desobediente.

Los humanos somos distópicos y discordantes y ese es nuestro encanto, nuestra magia, salvo cuando esa discordancia conduce al caos.

En los últimos días he visto ejemplos de separatismo por todos sitios; con las amistades, con los compañeros, con las sociedades y con ese parlament que dice representar a todos los catalanes.

Soy la primera a la que le cuesta tomar partido por determinadas personas, por determinadas causas. Me encanta vivir en mi neutralidad y, en todo caso, trazar puentes y conseguir esa meta tan absurdamente ambiciosa de que todo el mundo se lleve bien. Pero hay puntos de no retorno, como el que vive nuestro país estos días. Pase lo que pase, ya nada será como antes.

Hay momentos en los que es obligatorio elegir, tomar partido. Has de apostar por lo que te salva o te destruyes.

La discordancia mata al ser humano. La incoherencia le vuelve loco, bipolar, ansioso. La inconsciencia produce binomios tan antipáticos y sobrecogedores como el de Trump-Kim Jong Un; Por cierto, lean los dos apellidos en voz alta ¿No suena a mascletá? Las palabras son sabias.

Conviene de vez en cuando apearse de nuestro ego, de esas certezas que apenas son ilusiones que —lejos de darnos paz— siembran nuestra vida de vallas insalvables. La cabezonería nos estalla en el corazón, igual que la esperanza. Pero somos nosotros los artificieros suicidas de semejante ruina. Acabemos ya con el terror psicológico heredado, con el auto boicot. Abandonemos esa mecha encendida, la cuenta atrás, la que nos desconcierta, la que nos provoca el insomnio, el estrés, las enfermedades autoinmunes, los miedos inventados. Los miedos que son la trampa mortal más peligrosa que existe.

Nos empeñamos en hacernos listas: para ser feliz, para tener una vida sexual saludable, para adelgazar, para comprar lo imprescindible;tips de ahorro, de limpieza, de belleza; listas de lo que hay que ver, leer, comer. Apps que nos miden el consumo calórico, los pasos andados y los pensamientos perdidos. Para qué tanto. Queridos, en esta vida hay que elegir. Es imposible llegar a todo, no somos súper hombres ni falta que hace. No tiene porque caerte bien todo el mundo y, por supuesto, hay que perder esa manía de decir que sí a todo. Un “NO” ahorra muchos fallos de concordancia con uno mismo y nos pone más guapos y contentos.

Es estupendo querer agradar a los demás pero siempre sin perder de vista la propia coherencia y esa famosa frase de Sam de Sexo en Nueva York: Te quiero mucho pero me quiero mucho más a mi.Esa es la única concordancia imprescindible.

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¿Qué hacías en el 92?
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Lola Gracia | 31-07-2017 | 09:53| 0

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Esta semana se ha conmemorado el 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquel año fue glorioso por muchos motivos. España brillaba en el panorama Internacional lejos de las futuras FILESAS y MALESAS. Además teníamos la Expo, todos los murcianos regresaban emocionados de los chufletazos de agua que les tiraban en Sevilla para apaciguar el calor. Cuanta modernez y cuanta cola. Todavía éramos inexpertos en Parques Temáticos. No existía Port Aventura, ni Eurodisney, así que eso de las colas para  ver pabellones nos parecía un justo sacrificio en pos del enriquecimiento cultural. Hoy día, sin montaña rusa o waikiki splash no nos esforzamos tanto pero recordad cuando hasta para ver una exposición de Velázquez la gente esperaba pacientemente ¿Qué ha quedado de esa España inquieta y brillante?

Yo por mi parte ni visité la Expo ni las Olimpiadas, trabajé de becaria cubriendo festivales de Flamenco con gloriosas entrevistas a Tomatito, José Mercé, Enrique Morente y mi adorada Merche Esmeralda. El apasionante mundo del periodismo cultural, de noches sin dormir en La Unión. No existían los teléfonos móviles, ni las cámaras digitales. Siempre estaban las socorridas cabinas, aquel tipo del bar que se solidarizaba contigo y no sólo te hacía de cuartel general sino que te invitaba a comer. Incluso si se retrasaba mucho un evento podías dictarle tu crónica a una teclista. Los gallos cantaban al alba y los días eran un tumulto de páginas, personajes y taxistas.

No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sin embargo, estoy convencida que la marca España debería rescatar ese espíritu del 92, ese empoderamiento de querer y poder ser los mejores; superar marcas y crear nuevos retos. Hemos de salir del engandulamiento generalizado que percibo en quienes persiguen sus sueños. Lo quieren todo, lo quieren ya pero que trabaje otro. Millenials, os diré un secreto: el éxito fácil es un badulaque de secretos y mentiras. Como viene, se va.

Hay que recuperar ese poderío de Freddy Mercury y Caballé. Como dice Víctor Küper, pon a brillar tu bombilla, enciéndete y lúcete, España. Ya está bien de tanta crisis, que el mundo nos mire y exclame de nuevo: ¡Ole y ole!.

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Come prima
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Lola Gracia | 24-07-2017 | 07:09| 0
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El verano es la estación del descubrimiento. El primer beso, el primer baño, el primer churro, la primera picadura de medusa, tus primeras quemaduras solares, el primer biquini.

Los que tenemos la suerte de vivir con el mar cerca apenas tenemos memoria de esa primera vez que contemplamos un horizonte por la mañana, con el azul en calma y las gaviotas surcando el cielo. Va en nuestro ADN: “porque yo, nací en el Mediterráneo”

El olor a bronceador de coco despierta jornadas memorables con mesas plegables, conejo con tomate y tortilla de patatas. Esa primera vez que no veraneas porque no hay posibilidad y descubres la grandeza de esas reuniones familiares con sombrillas sembradas por la arena que crean la urbanización efímera de los tuyos. Después llegará el otoño y las lluvias pero las risas flotan por siempre en el éter de esa felicidad compartida.

Las nuevas prohiciones playeras, me temo, lo cambiarán todo. Lo de hacer pipí en el agua no es bonito, lo sé, pero tampoco tan grave: el orín mezclado con la mar salada se convierte en otra sustancia química. Alquimia natural, vamos. Ninguna tragedia ¿Cómo detectar a los que perpetran tal delito? Fácil, observa a aquellos que se meten con el agua hasta la cintura y sonrisa de alivio. Me pregunto si las autoridades costeras piensan crear una política batiscafa que vigile los bajos de la gente y alguna lista de sospechosos reincidentes.

Plantar la sombrilla al amanecer para guardar sitio tiene también su punto entrañable. Es lo más cerca que muchos estarán de una verdadera competición en su vida pero ¿Prohibir los castillos de arena? eso sí que no. Es como  prohibir la infancia, como prohibir soñar.

¿Recuerdan la satisfacción del constructor? Aquella primera edificación con cuevas, almenas y vasos comunicantes que llenábamos con espuma de mar y decorábamos con chapinas, piedrecitas y algas?

Esas primeras veces: castillos, besos, bronceador, biquini y picnics vintage deberían ser declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad. Esas primeras veces insobornables llenas de verdad, ilusión y brisa nos representan, nos definen. Igual que ese verano sin veraneo jugando a los “Clicks” en el caluroso balcón de tu casa.

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Relaciones no monógamas
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Lola Gracia | 24-07-2017 | 07:04| 0
Harry, Hermione and Ron are spotted by Deatheaters. They hide and Harry sends Patronus. Hogsmeade. (SC210)

El padre de mi amigo Juan siempre le decía: “hijo mío, esta vida es un saco de cuernos y cuanto antes lo asumas, mejor”

Esta frase sin duda pertenece al último siglo XX, incluso al antepenúltimo siglo XIX. Hoy la cosa es distinta.

Los estudiosos del mundo relacional del siglo XXI proponen un mapa de relaciones a la carta en la que cabe el engaño pero en un grado muy mínimo. El planteamiento general es el siguiente: esto de la monogamia consecutiva suele acabar en divorcios consecutivos, así que, para qué narices nos vamos a complicar la vida con contratos y reglas inmovilistas.

Como en todas las relaciones, la base de esta nueva forma de intercambiar fluidos, pieles y sentimientos (o no) tienen como base un pacto, incluso una definición o una etiqueta.

Hoy día tenemos estructuras familiares antiguas como el sol: la poligamia religiosa (soy mormón o soy el líder de una secta y como tal tengo derecho a un harén) y la poligamia social (se muere mi hermano y me quedo con la propia y con la suya, que no se diga que dejamos tirada a la familia). Pongamos también que a mi me disgusta el Sado Maso pero a él le apasiona, pues yo, como soy tan moderna, le permito que tenga una ama —siempre y cuando le dé latigazos y patadas en la espinilla por ser tan gilipollas— que esa pene sólo se mete en un lugar, en mi lugar para ser exactos. Que yo podría ser ama, pero el latex, el cuero y las fustas me dan repelús.

Luego pasamos a un término que se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos: las relaciones abiertas, dentro de este apartado encontramos el ya conocido y polémico poliamor. ¿Para qué vivir con el remordimiento de la infidelidad? Es una inutilidad. Apostemos por la honestidad caníbal:

“Hola Hermenegildo, resulta que me he enamorado de Tomás, pero que os amo a los dos por igual y él me quiere tanto que no le importa compartirme. Además, si en el fondo tenéis muchas cosas en común ¡¡verás que bien lo vamos a pasar los tres!!”. Aquí no hay cuernos, aquí no hay engaño. Eso sí, hay que tener un estómago del Cañón del Colorado para afrontar la situación, e incluso la convivencia  ante semejante panorama. Lo reconozco, debo ser muy antigua, porque si fuera a la inversa, si Hermenegildo me presenta a Sarita puede que la integridad física de ambos peligrase.

Vamos, que los puedo asesinar con un destornillador si es que no encuentro otra cosa más a mano.

Dentro del PoliIamor, como en toda estructura consensuada, hay de todo. De parejas que admiten a un tercero pero asumiendo que es algo muy secundario en su estructura original, a tríadas en las que todos tienen la misma categoría y que pueden ser heteros, homos o bis. Hay estructuras de Poliamor más o menos rígidas, a las que se pueden ir sumando componentes y los hay que lo practican sin orden ni concierto. Sin pactos ni obligaciones.

Dentro de las relaciones no monógamas los hay que “salen con gente” y aquí no media ningún tipo de exclusividad ni compromiso. Pero también hay parejas establecidas en las que se tolera cierta libertad sexual: “tú no me cuentes, que no yo te pregunto”;  En otras se acepta la conocida regla de los 200 kilómetros: “si mi marido se va de viaje tengo permiso para un escarceo”; aquí también podríamos incluir la infidelidad o el sexo de convención. Fíjate tú, hombres y mujeres solos, de viaje de trabajo en enormes habitaciones de hotel con camas dobles.

Entramos en el apartado de los swingers, que son aquellos que apuestan tácitamente por el intercambio de parejas. Los hay que acuden a sofisticadas y carísimas fiestas, como las que organiza la amiga íntima de Kate Middleton dentro de su empresa “Matando gatitos”  (Killing Kittens)  y los hay que practican sexo en lugares de intercambio de parejas pero sólo con su partenaire habitual.

Lo más común, dentro de lo infrecuente, es el denominado swinging cerrado. Cuernos consentidos con una pareja amiga, quizá siempre con la misma; O tríos con compañeros de trabajo e invitados especiales (elementos exóticos que quizá acudan al ágape carnívoro a cambio de emoluentos, o sólo por curiosidad). En este estilo de vida puede pasar cualquier cosa: “como soy tu macho dominante te presto a mi amigo Paulo”;  “O te llevo para que te intercambies con otros mientras yo te observo”

El swinging también se da en el mundo gay,  por supuesto, e incluso en el mundo bi: “Papi se escapa los fines de semana a saunas”. Esto incluso puede entrar en la categoría de “No me cuentes, que yo no te pregunto” .

Están las famosa play partys tematizadas al gusto de cada cual: bondage, sado o felaciones en grupo, como las denominadas fiestas del arco iris, donde chicas con los labios pintados de colores buscan a los machos para darles placer.

Para los solteros empedernidos y amantes de su soledad está la solución de siembre. Y no, no me refiero a la masturbación (que lleva camino de convertirse en una sofisticada práctica, sólo tenéis que echar un vistazo a la cantidad de vibradores y dildos masculinos y femeninos que prometen y logran orgasmos intensos y repetidos), sino al tradicional y casi vulgar sexo esporádico, a los amores de barra y al “si te he visto no me acuerdo”. Esto se está quedando casi tan demodé como la frase del padre de mi amigo.

Hoy se lleva quererse mucho, quizá no de un modo intenso —alejados de los dramas dieciochescos y de pasiones otelianas — pero quererse de buen rollito y compartirse, casi igual que los niños se intercambian los cromos a la hora del recreo.

 

Como soy una mala pero una mala antigua me niego a repartir, a ceder a mi chico para que otra lo domine. Porque para eso ya estoy yo. El único trío o relación de poliamor que mi mente admite es con dos macizos locos por mi, heteros hasta las trancas y dotados física e intelectualmente. A esto le denominaría yo el paraíso de la mala.

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Camas apestosas
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Lola Gracia | 17-07-2017 | 06:47| 0
cama

 

Si uno lo piensa bien, el ser humano tiene un punto repugnante. Sobre todo con estos calores y nuestros cuatro kilos de piel empapados en sudor a todas horas. Un tipo llamado Philip Tierno de la Universidad de Nueva York  sostiene que sudamos 94 litros al año mientras dormimos. Con lo cual, según Tierno, las camas también son algo repugnante si no cambias las sábanas al menos una vez por semana. Philip dice que es lo mismo que tocar caca de perro. Así que, con esta información en el bolsillo, que cada cual obre en consecuencia. El microbiólogo señala con el dedo sobre todo a los más jóvenes, esa panda que comparte piso y que es posible que se peleen por zamparse los nachos pero no por poner lavadoras.

La cama, que antes era tu lugar de sosiego, de solaz, espacio de paraísos compartidos y de paisajes oníricos, ahora es tu enemigo. Un nido de bacterias. Aunque no duermas en ella. La propia fuerza de la gravedad atrae a tus sábanas el polvo y no precisamente el polvo enamorado.

El Tierno este se podía haber quedado callado porque aunque yo cumplo con la normativa ahora sospecho entre mis sábanas una trepidante actividad de microcriaturas purulentas. Y con este calor, más. Imagina encima si la compartes o si haces otras cosas. Por todos los dioses, ¡la cama es una cloaca!.

Este verano, he decidido dos cosas importantes. Invitar a mi lecho sólo a Gabriel, un maravilloso hombre de plástico que es un poco soso, pero no suda ni emana fluidos raros. Y la otra, comprarme un kukun body, algo así como un esnifador corporal que pita cuando te canta el alerón, para ponérselo a los partenaires de chiringuito. El bicho, inventado por Konica Minolta detecta las pestes antes de que lleguen a tu pituitaria.

Si uno lo piensa bien, el ser humano es algo asquerosillo y yo he decidido quedarme este verano en el mundo de las ideas, de las camas vacías (y limpias) y de la gente inodora e insípida. El plan no es muy sarandonga, lo sé, pero me ahorro pestes y bacterias que no veas.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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