La Verdad

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Testosterona y dinero
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Lola Gracia | 26-03-2017 | 19:02

Un reciente estudio de Cambridge, realizado en concreto por el Instituto para la Reparación del Cerebro, sostiene que los inversores de bolsa se ven afectados en su toma de decisiones por el nivel de dos hormonas: el cortisol y, por supuesto, la testosterona. Así que, queridos, los mercados son también víctima de la química del cuerpo.

Es un alivio, pensaba que esto me ocurría a mi sola.

Este grupo de científicos de tan prestigiosa universidad estudiaron durante ocho días a 17 corredores de bolsa y concluyeron que aquellos que tenían un elevado índice de testosterona por la mañana recogían beneficios por encima de la media durante el resto de la jornada. Todo tiene un pero. El efecto ganador provoca más apetito de triunfos y una sensación de euforia, lo que les lleva a correr riesgos innecesarios y lo mismo que ganan primero, pierden después.  A más testosterona menos seso. Mira, fíjate, esto es lo que les pasa a los pinches corruptos. Pobrecitos. En realidad, ellos no querían trincar la pasta pero, una vez trincada, la testosterona se dispara a niveles incontrolables y ¿Qué iban a hacer ellos, pobres víctimas de la química del cuerpo?

El único modo de reducir la testosterona en el hombre es: a) hacer que se enamore y, b) convertirle en padre. Así amansamos a la fiera, dice la ciencia. Ya que los británicos han creado un Instituto de Reparación del Cerebro — de lo que se deduce que el cerebro se atrofia—los españoles deberíamos crear el Instituto del Control de la Hormona. Quizá así consigamos, queridos compatriotas, que el dinero esté donde tiene que estar. Esto es, en manos de los ciudadanos y de sus obras públicas y de sus sistemas sanitarios y de la educación y no en los bancos ni en los bolsillos suizos de tipos francamente detestables.

¿Que cómo vamos a conseguir que se enamoren? No sé, lo mismo les ponemos una hormona en el café y andando porque, claro, no sé si saben que la testosterona —responsable de pelos huesos y otros elementos masculinizantes— también les convierte en egoístas y lo del egoísmo es como un pez que se muerde la cola. Llegados a determinado punto sólo se quieren a sí mismos y así ni combatimos la corrupción, ni el aburrimiento, ni nada de nada.

Sí, casi se me olvida, existe esa otra hormona. La del mal rollo, la del cortisol. Odio a don Cortisol a muerte porque así como la testosterona es responsable de la huida y la supervivencia, el cortisol te acojona y te convierte en un ser triste, gris, que no arriesga nada, que todo lo prevé pero que permanece en el hastío permanente y no te cuento el efecto que causa en los demás. El cortisol jode a todos. Es una hormona fabulosa para los analistas de riesgos y esta también convierte en precavidos a los inversores de bolsa pero te inhabilita para la vida normal y agrede a cuantos te rodean.

Creo que a los corruptos podríamos amenazarlos con un chute de cortisol en vena. A los reincidentes, sin amenazas que valgan, se lo mezclamos con un zumito de naranja cuando vayan a declarar al juez y solucionado.

Me pregunto qué hormona invadiría el cuerpo de Dostoiesvki cuando finalizó su novela “El jugador” en 26 días ¿La testosterona o el puto cortisol? Más bien lo segundo, pues si no cumplía en plazo, sus acreedores por deudas de juego se quedarían con los derechos de todas sus novelas escritas hasta el momento.

El cerebro es una herramienta compleja. La corrupción es simple.

Yo aplicaría medidas simples.

Y hasta aquí puedo leer

Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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