La Verdad

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Fecha: abril, 2017
Todo está conectado
Lola Gracia 30-04-2017 | 6:16 | 1

 

El mundo es un mapa gigante de afectos. Lazos que nos atan a los otros y que recorren laberínticos caminos que sólo comprendemos más tarde. O quizá nunca.

Ray Loriga me habla de Arrebato la peli favorita del director de este periódico. Y me cuenta que vivía en Blanca de Navarra como Calderón y resulta que eran amigos y luego caigo que era con él con quien se iba al cine, que era él quien se subía a ver películas antiguas  a su casa. Me llega nítida su voz. El día que me explicó por teléfono cuándo y cómo se conocieron y que, es verdad, que me hablaba de un tal Ray. Y luego Ray me abraza porque ambos quisimos a ese viejo loco y nos falta. “¿Joder, hace cuatro años ya que ha muerto”? Pues sí, las mujeres llevamos mejor la cuenta de esas cosas. Por cierto, que Ray fuma tanto como Alberto y le gusta beber como a Calderón y que su nombre me vino a la cabeza un mes de octubre y hoy es Premio Alfaguara y casi creo ver un milagro de nuestro amigo porque ese galardón le permitirá seguir escribiendo esos libros distintos, divertidos, llenos de genio. Aquí  ya no hay rendición posible.

Lola López Mondéjar nos habla de la hija de Lolita, su nuevo trabajo. Lolita que a tantos nos ha obsesionado, que une la pederastia con la pasión y como en su “afán reparador” hace que la nueva Lolita triunfe y escape de las garras del dolor. Y cerrar el círculo de los daños para que esa nueva Lola esté protegida bajo la cúpula que el autor-demiurgo fabrica para ella. Ojalá los escritores diseñaran el mundo. Ojalá todos los políticos recuerden ese círculo perfecto, esa cúpula pre medieval que nos protegía;  el útero de sus madres. Ojalá aspiren a esa esfera donde la humanidad está a salvo de riesgos nucleares, de muros de la vergüenza, de sinvergüenzas que saquean un país de familias medias que pasan frío en invierno.

El afán reparador me lleva a otros dos estupendos creadores con los que he compartido esta semana. Manuel Clavel, cuyo primer trabajo, un panteón familiar, vino a restaurar una tétrica escena que acaeció en su familia hace 25 años. “Ahí nació un nuevo proyecto, en ese momento. Uno lo ve después, con la perspectiva”.  La hilarante imagen de un ataúd que se resbala de sus portadores y se estrella en el suelo porque el antiguo panteón estaba en sótano, provocó que el abuelo de Manuel encargara aquella primera obra. Le llamaba el chalet. El abuelo, sin saberlo, tenía un afán reparador, como Lola. A  Paco López Mengual le encargaron una carta de amor y así hizo de “negro” por primera vez en su vida. Aunque lo intentó, en este caso no pudo reparar nada pero estoy segura que es el germen de una gran historia.

Calderón, sin saberlo, también tenía un afán reparador. Cuántas parejas se juntaron gracias a sus canciones. “Lo siento mucho”, se disculpaba él. Pero influir en las vidas de los demás no es una elección. Te acontece sin más. Todo está conectado, los humanos somos parte de una gran corriente de sangre, alma, tiempo y vísceras. Despertar el genio dormido es improgramable. Unos cambiamos los caminos de los otros.

Hoy me siento en el centro de un gran mandala, agradecida por la oportunidad de vivir tantas vidas, protegida por una cúpula, la cúpula de “créetelo porque eres maravillosa” (yo puedo, yo valgo, yo merezco), que Calderón fabricó para mi, hace muchos años, cuando quedé con el gran compositor en la calle Blanca de Navarra.

 

 

 

 

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Asuntos internos (de pipís y cacas)
Lola Gracia 24-04-2017 | 8:17 | 1

 

 

Siempre he creído casi con una fe inquebrantable en el siguiente axioma: el hombre y la mujer pueden compartir muchas cosas menos el aseo. No siempre es posible pero hay que intentarlo. Qué se yo: crear un mecanismo de horarios, domesticar el esfínter. Todo antes de defecar al mismo tiempo. A mi esos ataques de intimidad me descuartizan la libido igual que si llegase Jack el destripador con un serrucho. Todavía no entiendo como hay hombres que pretenden acostarse contigo en la primera cita. Eso es casi lo mismo que, ya saben, mear y cagar en la misma taza. No puede ser. Me siento invadida. La invasión es una cosa. La conquista otra y la dulce rendición lo mejor que le puede pasar a todo el mundo: al conquistador y al conquistado. Y eso es todo un proceso. Pero yo quería hablar de los aseos públicos y me estoy desviando. Todo esto viene a cuento porque un día tan importante como es el bando de la huerta, el tema de los urinarios, los pipises y las cacas se vuelve algo de importancia vital, como en cualquier fiesta callejera del mundo. Los humanos nos convertimos en hordas que comemos, bebemos y lo otro. En un día así uno se da cuenta de dos cosas: una, que en Murcia no hay aseos públicos salvo los de los bares y las barracas. Y dos: que las mujeres solemos invadir los aseos masculinos porque en los nuestros siempre hay el doble de espera. Mismamente, mi amigo Jose me dijo el otro día después de hacer cola en el aseo de hombres que tras la puerta apareció una mujer. Imagínate que sucede al contrario, me dice con una sombra de indignación. Cierto, se puede montar un buen pifostio, aunque no necesariamente. Todo depende. Si el aseo se queda limpito y si al entrar no hay olores a troll podrido, por mi no hay problema. Yo que soy una gran usuaria de los aseos fuera del hogar sé de buena tinta que las chicas somos más tardonas. Hay varios motivos: para nosotras el baño es más que un espacio donde deponer. A saber: tocador, confesionario, peluquería, repaso de abluciones, lugar donde vamos las mamis con los niño/as pequeños, cambiador de pañales, oficina improvisada donde mantener conversaciones comprometidas por móvil, zona franca para cambiarte de ropa y también sala de desahogo vital. Cuántas veces he visto esos ojos enrojecidos tras la puerta de un W.C y los snifes y las lagrimillas. A veces, en medio del tumulto necesitamos ese espacio en blanco para ordenar el caos del día. Lo que me fascinan son los nombres aplicados al lugar de la defecación; de la letrina (que viene del latín latriña que a su vez procede de lavatrum) a la cloaca (cuya raíz indoeuropea es kleu “limpiar”). Y qué decir de los inodoros japoneses. Los más sofisticados son los de la marca Toto que no sólo te limpian el “ídem” con un chorro de agua cálida sino que te secan el culito, te abren la tapa del váter y hasta te pueden calentar el cuarto de baño. Los japos hacen de las deposiciones todo un arte. ¿Cómo es posible que en el cuerpo humano estén tan cerca las áreas de placer con las de los residuos? Porque así somos. Paseo de las delicias y plaza del excremento quedan pared con pared.  Uno puede pasar del amor al espanto en décimas de segundo. Compartir olores y pedos con el objeto de tu adoración es una prueba que pocas parejas superarán y además ¿Qué necesidad hay de pasar por semejante suplicio?

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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