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Vivir en el filo

Detrás del cristal

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Hace unos días un ex novio me vio por la calle y en vez de pararme o saludarme, me envió un audio horas después. Que parecía una niña, que parecía hasta contenta, como “Alicia en el país de las maravillas“. Esta tontería me hizo reflexionar.

Para mi amigo soy un caso perdido. Divorciada, 47 años, con una economía tambaleante; Sola en la vida haciendo frente a todos los desafíos. Pero hete aquí que estoy feliz en el vertedero de los “singles”. Los hombres creen que no somos nada sin ellos y se equivocan. Yo también estaba errada. He pasado décadas con terror a la soledad. Y el camino del miedo siempre te conduce al descalabro o al hastío.

Quizá sea cierto, vivo detrás de un espejo, todo me llega insonorizado en mi burbuja de realización conmigo misma. Y en estos momentos la relación más importante que tengo es con Lola. Los compromisos que adquiero están en una lista de intenciones que no comparto con nadie y si, “parezco hasta contenta” es porque lo estoy. A veces, hasta yo misma me extraño.

¿Cuántos de nosotros vivimos tras el cristal?  Allí a veces hace frío, niebla, incluso te pierdes en el punto de fuga. Y tú misma te cansas de tu propio reflejo por más piruetas que realices. Ese yo repetido hasta el infinito te devuelve tus mil caras. Las hermosas, las terribles, el monstruo, la bella pero cumplir las metas que te marcas te otorga un plus de credibilidad contigo misma. Subes puntos, sube tu autoestima y esa que está frente al espejo te parece una tía increíble, que madruga y que se sonríe satisfecha a las siete de la mañana.  Y llega ese momento en el no estás dispuesta a renunciar a nada, ni hacer concesiones al otro lado del cristal, si éstas te violentan, si te afrentan, si entran en franca contradicción con tu lista de intenciones. A tu lado sólo sobrevive alguien con tu misma escala de valores y tu mismo entusiasmo por la vida. Una aguja en un pajar, sí.  Por eso a veces es mejor sola, Alicia.
En esta sociedad pantallizada, donde todos somos paseadores de móviles, cada cual está en su burbuja especial, tras su cristal y nos vemos reflejados en las miradas de los otros. Cuántos adolescentes viven obsesionados con los “like” en sus cuentas de instagram. Nos auto observamos y auto retratamos a cada rato.

Aprender a mirarse y retratarse las sombras y los escombros es bueno. Quedarse perpetuamente tras el cristal es malo o, como poco, aburrido. Como ver a alguien a quien dices querer por la calle y quedarte mirándola, de brazos cruzados y garganta muda.

Romper el techo de cristal es tarea de todos, no sólo de Alicia que traspasa espejos, que se cae en pozos, que come y bebe lo que no debe, que se junta con malas compañías y casi consigue que le corten la cabeza. Las relaciones tras el cristal son una estafaLo mismo ocurre con las personas que son pura intención y nunca acción. Obras son amores.

Llevo días escuchando la palabra merecer. Nosotros no escogemos el objeto de nuestro amor pero sí podemos decidir en quien depositar la confianza y el afecto. El trabajo y el compromiso con nosotros mismos es lo único que en verdad nos hace merecedores. El premio es que sales de tu huevo, rompes el espejo y eres esa persona que siempre habías soñado ser y te enamoras de ti.

Que nadie se extrañe si te ven paseando por la calle con una sonrisa en la cara. Ese privilegio te lo has ganado.

Temas

Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa

Sobre el autor

Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

abril 2018
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