La Verdad

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Autor: lolagraciaexpo
La terrible adolescencia
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Lola Gracia | 15-01-2017 | 7:18| 0

 

 

Jamás volvería a los 13. Fue una edad terrible. No era la niña perfecta que mi mamá quería; Ni coqueta, ni femenina, ni presumida. En el cole me llamaban patata. En las fotos antiguas veo a una mujercita con cara guapa y algo de tripa. Nada del otro mundo, sin embargo, me parecía la más desgraciada del universo.

Por suerte, tenía un grupito de buenos amigos y, por suerte, en aquella época el teléfono móvil era un germen.
Si en algún momento —que los hubo— acudir a clase se convirtió en una pesadilla, a las cinco de la tarde, la pesadilla terminaba y me liberaba hasta el día siguiente.

Nadie sabe porqué hay personas más vulnerables que otras. Yo no lo era. Es evidente. Tenía terror a cosas peores: una hecatombe nuclear, el fin del mundo, la muerte de los que quería, la violencia extrema.

Nadie puede entrar en la mente de un adolescente salvo otro adolescente. Ellos saben dónde hurgar, cómo herir y cómo matar. Y siempre lo hacen en grupo.
Los acosadores son los seres humanos más cobardes del mundo. Los acosados regresan al lugar del horror un día y al siguiente. Esperan que la tormenta pase. Se sentirán ansiosos y angustiados porque nunca saben cuando terminará su mal, pero ahí los ves: con sus carpetas debajo del brazo y sus mochilas al hombro. No se esconden. No se agrupan para atacar desde la masa.

Algunos desisten de la terrible presión y prisión que supone estar en un lugar donde sistemáticamente se te agredirá sin motivo ni razón. Es tan absurdo que el acosado calla muchas veces. Siente vergüenza y no sabe de qué. Siente asco de sí mismo y no sabe por qué. Regresa a casa y ese teléfono vibra sin parar y le escupe inmundicias que sin duda no se merece.

Las palabras escritas, verbalizadas, son dardos que socavan la autoestima, le distraen. Imagino a los menores colapsados por los insultos, incapaces de distinguir la verdad de la basura. Incapaces de salir de su muro de dolor para explicar a sus familias el infierno por el que están pasando.

Las consecuencias del acoso son perennes. Las víctimas padecen síndromes post traumáticos similares a los de una guerra. La violencia deja una herida en el corazón pero también en el cerebro. Esa huella del dolor y la violencia ejercida de mil modos es un recuerdo, es una sombra que no se olvida y el acosado quedará a merced otros futuros depredadores emocionales.

No es raro que el que ha sufrido violencia doméstica, ha sido tachado de friki en el cole, o de perdedor en el insti, sufra posteriormente mobbing en el trabajo o maltrato de alguno de sus jefes y compañeros futuros.

No hay recetas para esto, salvo estar pendiente de ese tesoro que tienes en casa, ese diamante en bruto que vino a este mundo para ser feliz y nada más que para ser feliz. Y hay que recordárselo. Cada día: con abrazos, con besos, con palabras.

Y qué decir de esa escoria de 12 años en adelante que son los acosadores. Igual que creo en el bien, creo en el mal.
Bastante tienen en sus familias con tener que acogerlos hasta que crezcan.

Yo juntaría a todos estos mierdas y los haría probar su propia medicina una vez y otra y otra y otra.

Ghandi tenía razón: el odio incita al odio

Espero que, al menos, algunos de esos que se han unido a la masa lerda y destructiva recapaciten y cambien de actitud

Por suerte, ya no tengo 13 años.

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Lo Hygge y la rumba
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Lola Gracia | 09-01-2017 | 7:36| 0

He tenido serias dudas acerca de cómo iniciar este primer artículo del año. Tras el fiasco de Mariah Carey en Times Square, la reciente maternidad de Janet Jackson, el noviazgo de Jennifer López, el no-vestido de la Pedroche y las predicciones económicas y astrales, sólo resta el bostezo.

Nada nuevo bajo el sol, salvo por el hecho que la más pequeña de los Jackson ha sido madre primeriza con 50 años. Guau. Eso es estar enamorada de verdad. Y el milagro del amor pasados los 40 o varios divorcios —como es su caso—siempre me asombra.

El caso es que con mi estufita halógena a mis pies, mi manta y mi gata ronroneando alrededor; En esta completa soledad, podría sentir envidia de Janet o de Jennifer. Pero no. Creo que no voy a levantar el culo esta tarde festiva de mi pelota de fitness (escribo sentada en una de ellas porque es beneficioso para la espalda) Os puedo parecer la single más aburrida y carca del mundo. Todo lo contrario. Estoy súper de moda aunque no lo sospechéis. He entrado de lleno en la tendencia hygge que procede de Dinamarca; Se pronuncia algo parecido a huga.

Perseguir todo aquello que es íntimo y confortable nos hace felices, dicen ellos. O al menos lo dice Meik Viking en su libro Hygge, la felicidad de las pequeñas cosas.

Vamos, que regresar a la mesa camilla de nuestras abuelas nos pone en primera línea de vanguardia. Paladear un buen vino, darse un baño relajante, la proverbial manta con su sofá y peli son placeres sencillos y “modernos”.

Lo de vivir peligrosamente se lo dejamos a otras generaciones. Quizá a las de los actuales septuagenarios, cuya vida sentimental es más agitada que la de los cuarentones. Y esto lo sé de buena tinta por los novelones que me cuenta mi madre. Pretendientes atrevidos, citas en la playa, bailes en el “hogar”. A veces creo que la envidio secretamente.

Pero a lo que iba. Todo esto lo veo genial para un rato. Al rollo Hygge le encuentro varios “peros”. La chimenea en nuestro mediterráneo se pone tres veces al año. El vino también me gusta para el invierno y por supuesto el sofá, la manta y la peli. Entiendo que en Copenhague esto sea lo más pero a mi este rollo camastrón me dura tres siestas y hablo casi literal. Una tarde de estar en casa (un día completo me resulta harto imposible) y a la mañana salgo a la calle como un potro desbocao a comerme el mundo.

Que quizá esta sea la idea: “hija mía, reserva fuerzas que lo que te ocurre no es pesimismo ni desánimo, sólo cansancio, petarda, que no paras en casa ni un momento. Y cuando estás en casa te da por hornear, escribir, ver pelis hasta que te dan las claras del día y como pilles un novio, ni te cuento, lo agotas a la cuarta cita”.

Lo siento, la hiperactividad es lo que tiene. No se elige. Y lo hygge nos vale para el día que uno está completamente agotado y le duelen los huesos de tanto deporte, la tripa de tanto reírse y de las ingles de tanto fo…, en fin, ya sabéis. Y creo que no soy la única. Que hay varias cosas que nunca podremos importar a nuestra rumbosa y festiva tierra y una de ellas es el clima y las horas de luz solar al año que lo condicionan todo.

Queridos, que el 2017 os llene de noches inolvidables y días maravillosos. El sofá y mantita para los nórdicos, para nosotros la fiesta y la siesta.

 

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Los niños tristes
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Lola Gracia | 26-12-2016 | 8:55| 0

Existe una Navidad que no aparece en los anuncios de bombones, ni en los de los grandes almacenes. Hay niños pobres, sí, pero hay otros niños con problemas aún mayores que el de no tener el regalo deseado o el manjar de azúcar y chocolate.

Hay niños que tienen miedo de sus superiores; Sujetos que, se supone, les tienen que ayudar a ser mejores, a triunfar. Hay niños aplastados por adultos con mentes sucias y actos de mierda.

Las declaraciones recientes de Peñalver no me pillaron por sorpresa. La personas abusadas, sometidas, pueden intentar ser encantadoras, pero destilan siempre esa mirada de desconcierto y esa enorme dificultad para relacionarse con naturalidad con los otros. Y a Peñalver lo conocí hace unos cuatro años cuando ejercía de jefa de producción de un programa. Me parecía increíble que un hombre tan, tan guapo fuera al mismo tiempo tan, tan triste.

Lo que hemos conocido recientemente, el comportamiento intolerable del entrenador Miguel Ángel Millán con tantos chavales no es algo nuevo, por desgracia. Cuántas veces la figura del padre y mentor coincide con las del déspota insensible, con esa persona que no sólo machaca psicológicamente al pupilo en pos de los resultados sino que, además, en este caso, les toca, se mete con ellos en la cama, se espera a que se duerman, se ponen sobre ellos, se masturban sobre ellos. El horror sobre ellos.

No sé qué haría con gentuza de esta calaña. Millán, con 66 años, ya ha hecho tanto daño a tantas criaturas que no hay castigo que solvente sus acciones. Ninguno. Porque a los chavales los estigmatizará de por vida y estarán merced de otros hijos de puta como Millán. Es un fantasma que jamás les abandonará. Se sentirán sucios y culpables. Quizá, cuando hagan el amor, se preguntarán si el otro sentirá el asco inmenso que sintieron ellos cuando esos adultos sin corazón ni entrañas les tocaban sus genitales y se excitaban enfangados en esa perversidad inhumana.

Sé que no pega, pero me ha resultado imposible permanecer impasible—y valga la aliteración—ante estas denuncias; ante la de una Gloria Viseras que ha visto como se ha archivado el caso de su presunto abusador Jesús Carballo , con más de 14 denuncias de otra chicas como ella.Ante  todo lo que se ha revelado contra Barry Bennell y los casos conocidos en los equipos británicos: Manchester City o Stoke.

Lo peor de todo es que las sospechas sobre ciertas personas no son nuevas y mucha gente prefirió mirar para otro lado en pos de los resultados. Lo peor de todo es que estos chavales de la élite deportiva han sacrificado su vida y le han dado gloria y dividendos a estos indeseables. Lo peor de todo es que han sido admirados no sólo por ellos —de ahí que la traición duela más— sino por toda una sociedad engañada. Lo peor de todo es que su figura de autoridad ha permitido el abuso y el silencio.

Hay tantos niños tristes entre nosotros que me aterra. Quiero que estos auténticos grinch, estos cerdos con pústulas se extingan para siempre en el infierno del que proceden pero, por desgracia, estas cadenas de dolor y humillación tienen algo vampírico y el abusado, a veces, se convierte en abusador.

Tenemos que parar esto. Tenemos que pararlo ahora. No permitamos ni una sola navidad más con niños tan, tan tristes

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Pesadilla antes de navidad
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Lola Gracia | 18-12-2016 | 7:17| 0

 

 

 

Sueño con un coche oficial. Los conozco. La rutina del chófer, su vida sacrificada pero sencilla como el padre de Sabrina, aquella película maravillosa de Audrey Hepburn. Sueño con la Gran Vía madrileña en plena Navidad. La añoro como se añoran las mañanas bellas. Ese chófer planta su calabaza-carroza en la puerta del Primark. De ahí sale Soraya que no, no es una princesa Disney, es la vicepresidenta de un país llamado España y donde ella se persona con toda su autoridad para comprar tres cuartos de kilo de pijamas, bragas, tazas, purpurinas, velas, suéters, vaqueros y complementos. Allí se compra la ropa al kilo, soy usuaria habitual.

Los defensores de Soraya diréis que no es para tanto la cosa, que a Diana de Gales le cerraban Harrod’s. Sí, pero no paraba el tráfico y Mohamed Al-Fayed decidía en su espacio privado lo se le antojaba hacer.  Diana compraba bragas —más caras, es de suponer— pero no imponía a los londinenses su superioridad, ni se saltaba básicas normas de tráfico.

Disney me repite desde su tumba: sueña, sueña y diversifícate, mujer. Vale, vale.

Hace ahora 50 años de su muerte. Murió joven.

Fumabas demasiado, Walt, pero ¿Quién quiere vivir para siempre? Te dio tiempo a todo: recibiste palizas de niño, repartías periódicos aterido de frío y casi descalzo, hiciste 81 pelis, ganaste 22 Oscar, creaste dos parques temáticos. Para todo eras un exagerado y tu factoría es el segundo conglomerado mediático más importante del mundo según Forbes. Pero Walt, qué repelente era Blancanieves, por todos dioses. Presumo que se parecía a la novia más frígida que tuviste. Y qué forma de cambiar las historias. Fuiste el inventor de la globalización y de la corrección política. Lo sabías mejor que nadie. Un buen final siempre es rentable en taquilla.

Walt se da la vuelta y me topo al cruzar la esquina con un desfile de Moros y Cristianos de la ciudad de Murcia. Están muy cabreados. Unos seguidores de Trump han subido una foto suya a Twitter y dicen de ellos que son un alzamiento neonazi. Más de 5.000 retuits de los homófobos de la américa profunda. Hay que joderse. Murcia siempre tan mal parada.

El karma de twitter se cumple inexorable. Ya lo califican de herramienta del odio. Nadie lo quiere comprar. Si dejas que tu casa se convierta en una taberna medieval, en un espacio divulgador de libelos y sin finales felices esto es lo que obtienes.

En mi sueño he llegado a la ciudad Alepo a punto de ser evacuada. Las imágenes son desoladoras. Nada queda de su antiguo señorío. Todo es polvo, cenizas, retransmisiones de civiles que narran al mundo su horror. Están a punto de morir, aterrorizados. Cruz Roja llega muy tarde.

En mi sueño, la ciudad de Murcia está bonita, con sus luces de Navidad, y su frío y su olor a dulces tradicionales, y sus niños con naricitas rojas, gorras y bufandas. De pronto, una tromba de agua lo apaga todo. Nos acongoja la fuerza de la naturaleza.

He restado del paisaje a algunos matones impresentables que pegan por deporte. Pienso en el karma, en los empresarios que permiten que sus negocios se conviertan en vulgares tabernas medievales. En la chulería apestosa que destilan.

Entre los escombros de la guerra, las princesas de pacotilla, el matonismo y la estulticia de la incultura homóbofa, me pregunto cómo se las maravillaría Disney para encontrar un final feliz.

Pese a todo, estas fiestas tendremos el perfume de la vida, abrazos de nuestros amigos. El beso de algún antiguo amor, veremos reir a nuestros hijos y nos sentaremos alrededor de una mesa, o de muchas. Y daremos gracias porque somos muy afortunados.

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Mundo público, mundo privado
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Lola Gracia | 11-12-2016 | 7:26| 0

¿De quién es la calle? Menuda pregunta.

El espacio público siempre genera controversias. Todo es un quítate tú para ponerme yo.

Los ciudadanos de Venecia se han levantado contra los turistas. Están hartos. Todo gira alrededor de ellos, dicen. Es casi imposible comprar una simple barra de pan. No hay súper mercados, sólo restaurantes. Conseguir un alquiler normal es muy complicado puesto que los propietarios prefieren rentar por semanas a los visitantes que vienen de fuera. ¿Qué sucede? Que cada día Venecia es más un parque  temático y menos una ciudad viva. Lleva camino de convertirse en un gran decorado. ¿Pero qué sería de Venecia sin los turistas?¿Y de los venecianos? ¿No son ellos mismos los que han propiciado este sistema perverso?

Este mismo debate se repite cada año en la zona del barrio gótico de Barcelona. Los capitalinos ya no quieren ir por allí porque se ha convertido en un conglomerado de tiendas de souvenirs, “paquis”  que venden cerveza por las calles y hordas de turistas con sus guías ¿Quién ha propiciado eso? ¿No es acaso tampoco un beneficio económico para la propia ciudad?

Son casos distintos pero un ejemplo nimio de la controversia que ocupa siempre el espacio público en Europa. Si se peatonaliza una zona todo son enfados y malas caras pero, con el paso de los años se nos olvida y nos parece bárbaro que la plaza Belluga y todo el centro de la ciudad de Murcia permanezcan despejados de vehículos

El espacio público es de todos. Todos creemos tener derecho sobre él porque es nuestro paisaje de fondo, el decorado de nuestra vida, de nuestros días y cualquier cambio nos afecta. Pero entendedlo. Nosotros no importamos nada porque nos moriremos y el paisaje de fondo—transformado—seguirá ahí para darle color a otros personajes en el gran teatro de la vida.

¿De quién es el espacio privado?

Ay, amigos. Aquí sí que deberíamos ser inflexibles. A pesar de estar en las redes sociales y que nuestra vida casi completa se pueda deducir consultando Google, hemos de ser siempre soberanos de nuestro espacio privado y defenderlo con uñas y dientes.

Cierto, tus fotos ya no son tus fotos si aparecen en Facebook pero el hecho de compartir parte de tus horas no le da derecho a nadie a inmiscuirse en tu vida completa. Uno puede ser gentil y atender a determinadas personas vía redes sociales pero —lo he experimentado— de ahí se pasa de forma inmisericorde a la invasión, incluso a conseguir tu teléfono móvil o llamarte a tu casa en días de fiesta y a horas intempestivas.

Mi hogar es mi santuario y si en algún momento he sido blandengue con estos pormenores, cada día me cuesta menos bloquear al personal y no me tiembla el pulso al colgar el teléfono,

La falta de respeto al otro es lo que ha llevado a los padres de Nadia a enriquecerse con su hija. Este ejemplo es ramplón pero no perdamos de vista otros padres de hijos talentosos. Este caso es peor aún porque esa falta de respeto se ha extendido a un sinnúmero de personas de buena voluntad y ocasionará un perjuicio grave a causas reales.

La falta del respeto empieza por una tontería: alguien a quien no conoces de nada te envía un whatsapp de carácter muy privado y puede acabar en tragedia.

La locura y la falta de respeto acabó con la vida de John Lennon hace ahora 35 años.

Todo no es de todos, o lo es pero para cada cual a su manera.

Lo privado  y lo público creo que merecen reflexión y debate en nuestros días.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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