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Categoría: Extimidad
Extimidad

 

 

 

La palabra de moda es extimidad. Serge Tisseron asegura que es la exposición literal de los aspectos íntimos de la persona, pero, lejos del supuesto fin de las redes sociales, esta sobreexposición no se hace para compartir. De hecho, Twitter y FB se han convertido cada vez más en interminables monólogos. El individuo, dice Tisseron, usa a los otros para reafirmarse como si fueran un espejo porque tiene la imperiosa necesidad de crear un personaje diferente a sí mismo, una autoimagen más molona. Total, que la extimidad es otro postureo más, alejado de la autenticidad que parecen destilar estas poses.

Los prosélitos de la extimidad muestran la “verdad” desnuda. Algunos influencers, sobre todo del gremio más teen, se fotografían los abdominables casi con desesperación. Cualquiera puede verte el ombligo, las tetas, los pelos del pubis. En ocasiones, los extimios (¿) se esfuerzan y ofrecen al mundo fotografías cuidadas en primoroso blanco y negro. En otras, no; de tal forma que uno no sabe si se ha salido de Twitter para adentrarse en una psesudo página porno. Mostrar y mostrar cada día me parece más aburrido. Es más, lo chic es montar fiestas de cumpleaños donde las fotos estén prohibidas. Y que la gente pueda desmadrarse, reírse, abrazarse o achucharse sin cámaras indiscretas.

Lo confieso, a veces soy víctima de los selfies y no me importa, de cuando en cuando, enseñar una parte de mi pero ¿Mostrarlo todo para en realidad no mostrar nada y engañar al personal?  Me niego rotundamente.

Entiendo que hay artistas que utilizan su propio cuerpo como una vía más de expresión. Precisamente esto es el anti-ego. Es abandonarse, es renunciar a una parte de tu intimidad en pos de una creación quizá superior, que te mejora, que pretende crear belleza, o disrupción, o protesta, utilizando tu materia mortal.

Si la extimidad forma parte de un discurso más amplio que realmente tenga un sentido creativo y comunicacional, bravo. Es como rescatar lo mejor del Mapplethorpe descarado con arte y gracia. Pero hacerse fotos de sí mismo, una y otra vez las mismas fotos, los mismos planos, las mismas poses (abdominal, culos, tetas, abdominal, culos, tetas en un bucle interminable) aburre sobremanera. Los que no suben otra cosa que autofotos a sus muros de Facebook destilan un narcisismo patológico y demuestran estar aburridos consigo mismos y con la vida y nos quieren aburrir al resto. No hay afán creativo o artístico, quizá tan sólo soledad.

La extimidad como una forma de llamar la atención me irrita tanto como el llanto de un bebé con gases.  Es casi un ruido insoportable.

Lo que voy a escribir es muy políticamente incorrecto pero es lo que hay: ni todos somos escritores por tener un teclado a mano, ni somos modelos por usar instangram. Me importan un pepino la mayoría de las cosas que veo en el muro de Facebook: lo que comes, lo que cocinas, la gente con la que te juntas, salvo  si eres una persona a la que conozco en realidad que aprecio y quiero. Imagino que al resto del mundo le sucede igual. ¿El resultado? Pasamos horas repasando biografías que no nos interesan nada; dejamos de aprender y crecer y nos estancamos en la reproducción sistemática de vidas similares y momentos similares porque, no nos engañemos, el ser humano es odiosamente predecible.

Viva el arte y la pasión. Vivan aquellos que aportan valor y ante tanta intoxicación cibernética volvamos a la esencia. Volvamos a los libros, al verdadero discurso que nos abre la mente no a esta película insulsa que nos empacha y abotarga.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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