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Categoría: iciar bollain
El patriota bipolar

 

A veces sueño con ser una quimera de Nôtre Dame. Me pasaría los días admirando el cielo, calada hasta los huesos de lluvia de París. La vida es más prosaica. La prensa nos regala noticias de caníbales que se comen al compañero (muerto y congelado) para salvar el pellejo. En Murcia, desmantelan un almacén de cebolla frita (Ya podían ser vestidos Chanel, qué vulgaridad, ¡la Virgen!).  Cospedal se peina como Bree Van de Camp (una señal inequívoca del fin de los tiempos) y estamos a un paso de tener a una dirigente más biónica que real. Como aquellas “Mujeres perfectas” (Frank Oz, 2004) de la perfecta existencia pija en urbanizaciones americanas.

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol” decía  Martin Luther King, pero el mundo seguirá con su machaconería. Presenciaremos la vida del chorizo feliz. Hoy en la picota; mañana tan a gusto en su perfecta vida de urbanización, jugando en su cancha de tenis privada, con una guapa biónica que le limpia el polvo y quizá le apañe los bajos mientras nosotros nos deslomamos ¿Para qué? La actualidad nos sepulta en el rostro compungido de miles de familias al borde de la miseria. Me espanta lo que vemos. De acuerdo: tenemos gente talentosa, deportistas de élite, premios nobeles, una riqueza infinita. De nada nos sirve atrapados en esta rueda que no gira. Milikito y Chus Lampreave son la mar de tiernos en el brillante y emotivo anuncio de Campofrío (realizado por la gran Icíar Bollaín), pero qué lamentable refugiarse en el pasado y en logros personales de unos cuantos para recobrar la autoestima.

Como dice el bolero: “Se te olvida, que me quieres a pesar de lo que dices”. Ya no sabemos quiénes somos tras comulgar con ruedas de molino un día y otro desde hace cuatro años. Por eso me encanta pintarme los labios, un rubor, una pestaña. Esta mierda de realidad no me aplastará. A ninguno de nosotros, aunque, desde luego, se requiere una severa disciplina mental para no caer en el “pobre de mí”. El bolero tiene razón: se nos olvida que nos encanta vivir donde vivimos. Por más que reneguemos. No me veo, de verdad de la buena, en un súper chalet, rodeado de césped en el encantador pero frío Beverly Hills.
Esta relación bipolar con España es similar a la que mantenemos con la familia, con los más allegados. Tan cercanos, tan entrañables (que viene de entraña), tan odiados y amados. Odi et amo, cantaba Catulo. Adoramos nuestra idiosincrasia, nuestro acervo cultural: desde Gila a Goya; desde Falla a Nadal; pero, a la vez, nos odiamos y no ganamos para adjetivos descalificativos.
Tenemos un arma  secreta para no claudicar: el pundonor y,acaso,  la certeza de haber vivido experiencias maravillosas que sin duda se repetirán: con otro nombre, con otro rostro, en paisajes insospechados. Porque “La vida es bella, ya verás como, a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor.” (J. A. Goytisolo).

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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