La Verdad

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Categoría: pareja
Ese milagro llamado amor

 

 

 

 

Hablemos de amor.

Ni de sexo, ni de muñecas hinchables con inteligencia artificial. Ni de vibradores con blue tooth que rastrean al usuario y que, atención, se ponen en marcha solos sin tu consentimiento. Tampoco entremos en si esta intromisión en tus genitales es acoso. Dejemos a un lado si el sexo no consentido entre una pareja consolidada es violación o no (que sí, que lo es).

No. Hoy no toca.

Amor: eso que el corazón ansía dolorosamente”, explica Coetzee. Hay una línea muy delgada que separa la atracción del amor, la amistad del amor, la hermandad del amor, la paternidad-maternidad del amor, el miedo a la soledad del amor, la ansiedad del amor, la adicción del amor, la complacencia y autocomplacencia del amor, la lástima del amor, la vanidad del amor, el narcisismo del amor. ¿Y quién es el guapo que traza la frontera? ¿Quién se atrevería a poner etiquetas y nombres a los sentimientos? Nadie en su sano juicio pero, ay de los osados. Los que juzgan y etiquetan. Los que tienen esa certeza inmensa y envidiable. Los que eliminaron la palabra duda de su diccionario. Tienen suerte, sí. Si se conforman con confundirlo todo y alimentarse de todo y nada a  la vez.

Esa línea frágil, camaleónica; esa línea sutil y terrible que nos diferencia entre ir bien vestidos o disfrazados (Anne Wintour). Entre hacer el ridículo o sucumbir al éxtasis de saberse amado y de amar. Todo al mismo tiempo. Ese extraño milagro que en ocasiones sucede.

El amor carece de líneas, de mapas, de manual de instrucciones y nadie puede erigirse en maestro. Las respuestas acerca de tan arcano concepto las iremos hallando poco a poco, si somos hábiles, si nos alcanza la vista para encontrar las migas de pan que el destino nos arroja.

Hoy nadie habla de amor. Las relaciones nacen capadas. Como algunos móviles que sólo reciben llamadas pero que te impiden realizarlas.

Salimos con gente pero sin compromiso. Salimos pero sólo risas (buenas son). Salimos pero no salimos de nosotros mismos. Nos quedamos en nuestra burbuja confortable ¿Para qué esforzarse en escapar de uno y encontrar al otro? Es una aventura que también requiere cierta dosis de osadía. Sobre todo si se derrumbó sobre ti algún diluvio que otro y te dejó empapado, aterido de frío, muerto de tristeza, bajo la lluvia.

Explica Erich Fromm: «En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre.» No puedo estar más de acuerdo pero ¿Cuántas veces encontramos un partenaire en esa misma sintonía? La precariedad también campa a sus anchas en el mundo afectivo. La incertidumbre se recrea en las relaciones humanas de todo tipo donde nada es para siempre y donde la desconfianza, el temor y miedo al rechazo son las protagonistas de este baile del desastre.

El otro debería ser entusiasmo, ilusión, alegría, futuro, renovación. Y el uno con el otro todo un alegato contra la desidia y el pesimismo. ¿Cómo salir de este círculo?

Quizá comenzando a hablar sin tapujos del amor. El amor con mayúsculas. Nuestra máxima aspiración. Abandonar los miedos y lanzarse a la aventura de otra galaxia distinta de la tuya. Escribir la palabra amor sin vergüenza y apostar por las relaciones humanas —que pueden fracasar incluso—por encima de nuestra confortable pero aburrida superficie de humanos vacíos que, a fuerza de olvidarse del amor y de amar, terminan por convertirse en piedra y consiguen que el corazón sea un músculo tumefacto, putrefacto y triste.

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Compañeros de piso

 

 

 

Decían Masters and Johnson que un matrimonio sin sexo es poco matrimonio. Esta afirmación que parece de cajón no es compartida por un gran número de personas. Cuando digo esta frase en algún foro de chat o grupo de whatsapp levanto ampollas. Literalmente.

Detesto estos memes cursis que proclaman que el amor en pareja es compartir, cuidar y apoyar y no son besos, sexo o pasión. Los detesto porque son falsos. Si usted está en una pareja moribunda o cadáver desde hace 15 años, tales afirmaciones le convienen para mantenerse en su zona de confort. Desean pensar que con perpetrar un polvo marital protocolario cada 6 meses, o tres semanas como mucho, es suficiente para mantener a salvo la relación. Es posible. Pero ¿De qué forma?

Cada pareja es un mundo, justifican. Cierto es, puntualizaría Yoda. Pero yo que tengo menos arrugas, y alguna que otra experiencia vital, pese a todo, les digo: las parejas que tornan su actividad en compañerismo estudiantil derivarán peligrosamente por una senda de escapismo. Porque el vacío es insalvable y enfrentarlo muy incómodo.  Estamos bien, proclamará su monólogo interior. Estamos bien pero cada uno, poco a poco, casi sin notarlo comenzará por vivir un destino, unas fantasías y unos deseos no compartidos. Poco a poco, el muro se engrosa, vamos que se hace gordo de narices. Poco a poco, las palabras más escasas.

Y del silencio a la mentira hay un paso.

La pareja real debe compartir sus miserias, sus mentiras, sus miedos, sus fracasos, sus ensoñaciones con otros lechos, o sus realidades manifiestas con otras personas. Y ese es un primer paso para que esos dos —que se ven quizá únicamente a la hora de la cena— puedan retomar aquello que les unió hace diez, quince o veinte años atrás.

Pero vamos al sexo que es lo que molesta sobremanera. ¿Qué pasa con las parejas de ancianos que permanecen juntas? Me preguntan. No pasa nada. Aunque a usted le desagrade la visión de dos cuerpos desgastados, plagados de huellas del tiempo, aunque a usted le escandalice, la gente mayor practica sexo. De acuerdo, no se enredarán en intricadas posturas del Kamasutra pero sus ratos de regocijo —como explicaba una mujer muy sabia y cercana— los tienen.

¿Qué pasa con los parapléjicos o mal llamados discapacitados?

—¿Qué pasa?— Les pregunto yo.

No pasa nada, que también practican sexo cuando pueden y encuentran al partenaire adecuado. Igual y igual que homos y heteros de toda clase y condición.

El gran error es creer que todo el sexo es coito. El sexo tiene mil caras. Las palabras lo son, las sensaciones, los juegos de la piel. De hecho, las terapias de Masters and Johnson para prevenir la eyaculación precoz y la falta de erección proponen erradicar el coito durante un tiempo. Prohibición expresa para aliviar la presión, la ansiedad y la angustia de si llegaré, si me mantendré, sin conseguiré una relación sexual completa y normal. Esos pensamientos también son erróneos. Nada es normal. Normal es un programa de la lavadora.

La relación completa sexual no se define en ningún lugar, cada uno la construye con sus herramientas, opciones, decisiones y elecciones.

Pero no se engañen. Cuidar y acompañarse es muy saludable, nadie lo niega, pero eso no es el amor de pareja. Como practicar el coito esporádicamente con una misma persona tampoco convierte el evento en una relación de pareja.

Entiendo que en este mundo de prisas y sobresaltos cueste tanto encontrar el equilibrio pero mentirse a uno mismo y mentir a los demás no es justo para nadie.

Ustedes mismos. El tiempo pasa. Y no perdona.

Foto de  Katharina Shumskaya

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500 variedades del kiki

 

 

El marido de una amiga mía le regala zapatos. Pero no un par, sino varios de golpe. También lencería fina. A ver si aprendéis los demás.

Un modo de cuidar a la pareja es éste. Participar juntos en un juego. Él juega a comprarle zapatos y ropita como si fuera su muñeca y ella accede encantada a entrar en ese mundo. Y se divierten juntos. Que conste, que yo también accedería.

A lo que voy es que en el entorno de la pareja y las relaciones afectivas, amorosas y eróticas, lo lúdico es muy importante. Y nadie es sospechoso de ser raro porque le guste vestir a su chica. Incluso si le gusta ponerla de chico con sus propios calzoncillos y camisas.

Otra pareja que conocí tenían un hábito muy gracioso. En cada encuentro amoroso (vivían en ciudades diferentes y alejadas) él se quedaba las bragas de ella. A cambio, él —un personaje conocido— le tocaba ir a unos famosos grandes almacenes a comprarle ropa interior nueva…y retransmitirselo.

En muchas ocasiones. Un objeto, un fetiche como los zapatos, forma parte del ese ritual del cortejo y la seducción. Y así debiera ser una vez y otra. Las parejas mueren por falta de alimento, por falta de atención y de tiempo. Si una vez hubo amor, deseo, sexo y pasión, todo eso puede regresar, salvo que uno de los dos, o los dos al mismo tiempo, hayan cambiado tanto que ya ni se reconozcan.

A veces, es el mejor camino. La vida es hermosa y nunca se puede hablar de fracaso. Es una experiencia más. Mucho más positivo crear nuevos recuerdos continuamente con otras personas que vivir estancado en calendarios amarillos y fechas que se retrotraen a décadas atrás ¿Para qué?

La vida es rica. Y las parejas que juegan son las más saludables.

No he visto Kiki, la última película de Paco León, pero sé que analiza la excitación que provocan determinadas conductas ajenas. Las fantasías con el sexo violento, por ejemplo, son muy comunes ¿Estamos mal de la cabeza por ello? Ni hablar. A otros les encanta el sexo sucio y otros se excitan con ver a alguien dormido. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.

Hace mucho tiempo que la Asociación de Psiquiatría Americana reconoce que no hay nada de enfermo en estas y otras querencias. Sólo se puede considerar patológico en el caso de que esa excitación y deseo cause malestar en la persona que lo siente y que las conductas involucren a otros sin su consentimiento, o que no estén en condiciones para poder oponerse a las mismas.

Los hay a los que les excita mirarse en un espejo (ipsofobia); desnudarse en la consulta de un médico (latrunodia) o ver a una chica inflar un globo y luego explotarlo (balloning).  La filia más peligrosa y que ha ocasionado más de una muerte es la hipoxifilia (impedir la respiración propia si es masturbación, o de la pareja).Lo más nuevo son aquellos que se excitan tocando las partes íntimas de un robot (robofilia) pero el catálogo conocido hasta el momento supera las 500 variedades

Y eso sin comentar las cientos de miles de fantasías que nos ponen. Es sorprendente encontrar en el libro “El jardín secreto” de Nancy Friday, la cantidad de mujeres que se excitan al pensar en sexo con otras mujeres, incluso con animales. Y la fantasía es efectiva, es decir, funciona, porque precisamente se queda en este terreno de lo no realizado e irrealizable.

Las mías van por otros derroteros y están más elaboradas. Pero es lo que tiene ser escritora y crecer viendo Poldark o Retorno a Brideshead. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.

 

Imagen: diseño de Alma Bloom

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La mitad de todo

 

“El pediría en caso de divorcio la mitad de todo dijo él. Medio sofá, medio televisor, media casa de campo, medio kilo de mantequilla, medio hijo”.

Esta frase extraída de un relato de Tove Ditlevsen demuestra a las claras los sinsentidos que se producen tras una separación. Siempre impera el menos común de los sentidos, o sea, el sentido común. La persona que estaba a tu lado y presumías buena, saca las uñas; olvida todo lo que aportaste a su vida y, de pronto, palabras que desconocías del lenguaje jurídico se tornan comunes.

El abogado forma parte de tu vida y alguien insospechado, a veces tu propio hijo, te devuelve el afecto. Un amor inmenso que apenas intuías. Y lo que te parecía importante se convierte en una chorrada. Sabes que lo único trascendente en este momento es ese pedacito de tu carne y de tu sangre que te reclama como nunca lo había hecho. Y no te importa poner lavadoras, vivir con poco dinero y aprovechar cada minuto libre para ocuparte de que la nevera tenga comida, las camas estén hechas y el entorno sea el adecuado para todo cuanto se te viene encima.

 

Hasta dejan de importarte los años compartidos, las causas y los temores que te mantuvieron unida a alguien a quien ya no amabas ni te amaba. Porque es así, por duro que parezca verlo escrito.  Te das cuenta que viviste al lado de alguien al que le trae sin cuidado tu bienestar, tu futuro, tus desvelos y tus sueños más locos. Lo peor de todo, es que siempre todo le ha dado igual y tú te empeñabas en creer que no.

Es imposible partir la vida, igual que no hay medias naranjas. No puedes partir un hogar por la mitad pero lo que importa es que, ante un hecho así, algunos seres humanos se derrumban y otros salen fortalecidos, relucientes, brillantes.

El ir por tu cuenta te muestra quién eres realmente y de todo lo que eres capaz. Vuelves a convertirte en esa unidad poderosa que cumplió sus sueños, que viajó hasta el otro extremo del mundo y que jamás tuvo miedo a la soledad. Porque la soledad no existe, salvo en esas cuatro paredes donde hay habitantes ajenos a los cuales ya no puedes contarle lo que sientes, ni lo que te pasa, ni tus anhelos porque, sencillamente, ya no hablan tu idioma y no harán el mínimo esfuerzo por entenderte.

Las parejas deberían evitar esa ley: la del mínimo esfuerzo. Eso se carga todas las relaciones. Las de la amistad, las de trabajo, las de los jefes con sus subordinados, las de los líderes con sus seguidores…En ocasiones, uno hace un último intento pero llega a esa vía imposible de sortear; a ese callejón sin salida, a ese agotamiento vital.

Uno puede intentarlo una y otra vez pero las relaciones son cosa de dos.

Por desgracia, muchos hombres han sido educados en la creencia de que proveer de materia prima el hogar es su única función. Es un error. Porque la materia fundamental del hogar es el amor, la complicidad, la empatía y la emoción.

No hay ser humano que pueda tirar sólo de ese carro porque lo que verdaderamente nos da felicidad no es encontrar la ropa lavada o planchada y la comida hecha sino saber que tienes un aliado para la vida, que insistirá en compartir todo contigo, o lo máximo posible. Que aprenderá a ponerse en tu lugar.

La mitad de todo no existe. Como no existe la mitad del cielo, ni la mitad del mar. Todos somos completos, prescindibles pero también extraordinarios.

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Nuestro orden de las cosas

 

 

 

 

La biología nos cuenta que nuestra madurez sexual, nuestro cénit, está entre los 25 y 30 años.  La sexología piensa otra cosa. Nuestra evolución como seres humanos no termina nunca y el sexo forma parte de esa evolución.

Si preguntase a la mayoría de la gente estoy convencida de que muchos afirmarían que sus mejores experiencias  han llegado con los años. La inexperiencia no suma, resta. En todos los ámbitos y en el sexo no es diferente.

Tenemos un estereotipo de pareja sexual muy cerrado. Responde al molde de familia Disney. Él y ella, jóvenes y guapos. Pero sabemos que hay parejas que parecen perfectas desde afuera y están podridas por dentro. ¡El ser humano es tan diverso!

Hay ancianos que hacen el amor más a menudo que algunos adolescentes. El chico que ves en silla de ruedas también practica el sexo. Quizá sus métodos sean más originales que los del resto. Hombres y mujeres no se unen por una afinidad kármica o morfológica. Existen variables del deseo y del amor que no seremos capaces de sospechar. Hay parejas de chicas con chicas, de chicos con chicos, de mujer lesbiana con otra mujer transexual que, mira por donde, se cambió de sexo pero no le gustan los hombres, sino que es feliz con su novia desde hace dos años y pico. El universo es tan amplio, singular y diferenciado que es absurdo que nos sintamos bichos raros por tal o cual preferencia.

Es una obviedad escribirles a todos ustedes algo fundamental: el verdadero amor comienza por uno mismo y el sexo saludable, también. Dejemos al cuerpo gozar en su fiesta particular.

Es fácil y cómodo mirar hacia otro lado pero a la larga nos pesará. Engañarse a uno mismo es como un yogur: su fecha de caducidad es limitada.

Y la realidad es esta: no existen príncipes ni princesas. No hay familias perfectas, ni parejas perfectas. Lo correcto no está en ningún manual, cada cual lo lleva interiorizado en sus genes, en sus enseñanzas.

La fidelidad es una imposición absurda. Sólo se puede ser fiel a uno mismo y al pacto que establezca con esa persona que decida compartir sus días. En el momento que ese pacto supone un estorbo para avanzar vitalmente; En el momento que ese pacto nos maniata y nos convierte en personas oscurecidas y enajenadas, ya no vale. Es inútil mantener a un muerto con vida.

Del mismo modo, el cenit de nuestra edad sexual no lo marca la biología sino nuestras vivencias, nuestra biografía. Podemos parecer Barbie y Kent y tener menos química que una montaña de escombros.

Igual que Cyrano de Bergerac explicaba que el amor no tiene porqués, encontrar una pareja que de luz a nuestras vidas no tiene que parecer perfecta, ni guapa, ni ha de encajar en nuestro modo de vida. Eso son una suma de cualidades que no responden a la verdadera naturaleza del ser humano ni a la receta de una presunta felicidad.

Los moldes no valen para esto, ni las frases pomposas y bonitas.

Igual que Ortega y Gasset afirmaba que Dios es la dimensión que damos a las cosas. A nosotros nos corresponde esa tarea de catalogar y colocar en una estantería o en otra lo que consideramos fundamental, maravilloso, residual, horroroso o superfluo.

Ese instinto, esa vocecita interior, esa sabiduría innata que siempre nos acompaña y que en muchas ocasiones evitamos escuchar es la que debería guiar nuestro camino: no los covencionalismos, no las normas de nuestros padres, no el orden establecido, no los miedos y, por supuesto, nunca la comodidad.

 

 

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Placeres prohibidos, límites y permisos

 

 

 

 

 

Los placeres no definen lo correcto o lo incorrecto, los limpio o lo sucio. Los placeres son eros, puro deseo. No les corresponde a ellos analizar si esas ansias son positivas o negativas. Pero tranquilos, que para eso está la sociedad y papá Estado que se ocupará de poner límites donde sea necesario. Incluso donde no lo es.

 

Los límites del cuerpo. Veamos, de entrada lo que ha sido tradicionalmente subversivo era el ano ¿Por qué? Fácil, porque va en franca contradicción con el orden reproductivo. Y este orden es que ha imperado por siglos y siglos. Pero eros es así, subversivo e irracional. Ellos decían que el ano era sucio y eros que ¡Adelante!

 

Otro ejemplo: la sexualidad y los viejos era un binomio que estaba prohibido, censurado, denigrado. Pero, ups, llegó la Viagra y todo cambió. Ahora vemos segundas y terceras nupcias o relaciones de parejas que superan los 60 y muchos. El viejo orden reproductivo no ha sido capaz de frenar el deseo que aún pervive en cuerpos matusalénicos. Y es hermoso poder gozar hasta casi el último día de nuestras vidas.

Precisamente esta relajación ha tenido como contrapartida el endurecimiento del control hacia el sexo entre personas de distinta edad.

Pero antes, hablemos del sexo de los niños, otro tabú insondable. Freud los definió como perversos polimorfos. Terrible ¿verdad? Antes de él era aún peor:  no se contemplaba una sexualidad en los niños. No la había. Error. La sexualidad está presente en todos y cada uno de nuestros instantes vitales.

Los adolescentes. Punto importante. En los años 60, el sociólogo Ira L. Reiss descubrió que los jóvenes de la época se saltaron las prohibiciones con un truco: legitimar el sexo con amor. Pero no cualquier clase de sexo, sino esa clase que no conllevaba riesgo de embarazos no deseados. Inventaron lo que se denomina petting. Caricias por encima de la ropa o por debajo, o incluso sin ropa pero sin llegar al contacto completo.

Las madres americanas se quedaban tan tranquilas porque sabían que sus hijas y los novios se meterían mano sin contemplación en  el asiento de atrás del coche pero, punto uno: había amor y en caso de quedar embarazada la chica se casaría y, punto dos: era improbable que se quedara embarazada gracias al petting

 

A partir de ese momento se creó una perversión considerable que padecemos todavía en la actualidad, no sólo en Estados Unidos sino en otros muchos lugares. Las mujeres ofrecen sexo a cambio de amor y los hombres confiesan amar para obtener sexo.

Las madres americanas se quedarían tan  panchas pero vaya la que ha liao el pollito. Si una chica quiere sexo porque sí es una guarrilla. Si es el que chico el que lo busca, es un machote y no importa que en su búsqueda se llene la boca de mentiras: “te querré siempre” “No quiero que acabe nunca” o “Nos alquilaremos una casa muy grande porque eres muy apasionada y asustaríamos al vecindario”.

A lo que voy es que el ser humano intenta meter en una jaula normativa y vital al eros y eso es algo completamente absurdo. No hay quien ponga puertas a ese campo. Yo sólo añadiría dos palabras: consentimiento y madurez necesaria para asumir ese consentimiento. Podemos hablar de una edad concreta o de un estado mental.

De lo prohibido pasamos a lo permitido y espero que en unos años el ser humano sea capaz de usar la cabeza para vivir en libertad, amar en libertad y hasta follar con libertad pero sin atacar el libre albedrío de otro ser humano y por supuesto, sin necesidad de mentiras.

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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