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Hey

 

 

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Algunas teorías sostienen que somos nosotros los que decidimos nacer en una familia o en un entorno determinado con el objetivo de aprender singulares lecciones de vida. Que nada es fortuito. Vamos, que las casualidades no existen y que todo, todo lo que nos acontece, lo inventamos, lo creamos con nuestra fuerza subconsciente y está destinado a nuestra evolución como seres humanos. Así las cosas, no sé qué extraña fuerza empuja a nacer y reproducirse al clan Iglesias. En concreto, a todo lo procreado por Julio “y lo sabes”.

Las circunstancias que envuelven a esta tribu destilan cierto tufo a los Kennedy aunque los irlandeses siempre tuvieron una aureola trágica, casi siniestra. Ni todos los rezos a San Patricio lograron evitar catástrofes personales y muertes prematuras.  Hasta las “arrimadas” en momentos puntuales como Jacqueline o Joan fueron arrastradas por las circunstancias adversas de estos fervientes cristianos. Los estudiosos de las constelaciones familiares seguro que encontrarían fascinante viajar por este árbol genealógico plagado de tormentas, incertidumbres y pesadillas.

Pero volvamos a Julio. Cuando habla sube el pan. Lo de colocarse la medalla al mejor amante de todos los tiempos ya da un poco de risa. Por supuesto, por encima de su hijo, que en el fondo es una criatura delicada, le falta añadir. Lo que ocurre, dear, es que eso de presumir a determinadas edades es respetable pero raro. Y, al igual que tu bronceado, aquello de acostarse con cuantas más mujeres mejor, está completamente obsoleto. Además, luego te salen hijos de debajo de las piedras. Algunos insisten con tanta ferocidad que son capaces de escarbar en la basura de tus otros hijos en pos de un rastro de ADN que confirme lo que es más que evidente. Los genes Iglesias cantan por todas partes.

Esta semana se ha vuelto a hablar de un —todavía— hijo ilegítimo de Julio. Se trata de Javier Sánchez Santos que acaba de cumplir 40 años y vive en Valencia. Hace un tiempo intentó la aventura musical apelando a su gran parecido con el padre.  Julio sigue negando lo innegable pero ahora el abogado del “chaval” anuncia que existe un aprueba de ADN, obtenida en Miami que demostraría la paternidad irrefutable del cantante.

Desde la barrera, con la frialdad y la enorme suerte de no tener nada que ver ni con el clan Kenney ni el  clan Iglesias, me pregunto por qué tanto ahínco en que alguien reconozca algo que no quiere reconocer. Ya bastante  humillación es que te huyan, te eviten, renieguen de ti, como para desperdiciar tu tiempo en buscar huellas de ADN de ese señor con el fin de demostrar su paternidad.

Ser padres no es algo puramente biológico. Una noche tonta la tenemos todos y eso debió pensar el bravo de Julio. Pero claro, tan demodé como sus extensiones e implantes teñidos,  es su filosofía rancia de irresponsable niñato bien. Quizá con ese ego pantagruélico, de verdad se llegó a creer que todas, todas las mujeres querrían tener un hijo suyo.

Dudo mucho que se trate sólo de un asunto de dinero. Javier quiere algo más pero ese algo no lo encontrará en el intérprete de “Hey”. Las relaciones con los padres ausentes son siempre frustrantes.

Javier, deja de perseguir una vida que no es tu vida y disfruta de lo que tienes. Si los jueces te dan la razón, maravilloso pero, al final, ese vacío no lo llenará el dinero, ni la fama. Sólo hay que echar un vistazo a las gélidas relaciones de Julio con sus hijos.  Hey, yo no pelearía jamás por tener un padre así.

 

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Fibonacci y las flores

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Todo es perfecto. Todos somos perfectos. Tienes un problema si crees que tienes un problema. Pero en verdad, el universo es sencillo, natural, fácil. Mira una flor. Su estructura, su número de pétalos, ubicados sobre el tallo siguiendo  —alineadas como majorettes— la sucesión de Fibonacci. Mira las espirales del universo, el dibujo de los copos de nieve, las células vistas al microscopio. Tú eres perfecto, como una flor, como el ritmo de las mareas, como el latido constante de nuestro corazón, como el incesante murmullo de la respiración, de la cual no eres ni consciente.

La verdad es esta: respiras y es gratis y estás vivo. Y no te percatas hasta que te alguien te hace tomar conciencia de ello.

La ciencia está cada segundo más cerca de Dios que de los laboratorios. Un ejemplo es la sucesión de Fibonacci: una serie de números naturales, que se suman de a 2, a partir de 0 y 1. La sucesión resulta siempre de la suma de los dos últimos números. Lo extraordinario de la serie es que cada uno de esos números se acerca a la denominada proporción áurea que era como los antiguos denominaban algo guay o cool. La proporción áurea resuena en el inconsciente humano. Arquitectos, escultores y músicos de todas las épocas la han empleado en sus obras. Algunos la han buscado, otros la usaron de forma inconsciente.

¿Por qué los cánones de belleza clásicos no pasan nunca de moda? ¿Por qué hay autores inmortales cuyas frases traspasan la barrera del tiempo? ¿No será que en verdad no hay tiempo y que el tiempo es relativo? ¿No será por eso que te emociona una frase de Víctor Hugo, una cantata de Bach o la misma cúpula Brunelleschi? ¿Y sabes por qué? Porque en el inconsciente todo acaba de suceder y porque en el inconsciente colectivo ese tiempo no existe. No hay distancia. No hay modas . Y si el arte surgido de esa misteriosa proporción aurea extasió a los griegos también te extasiará a ti si estás en esa onda.

 

¿No será que todos vivimos sumergidos en una atmósfera creada por nuestras mentes, que a su vez creó una fuente a la que estamos conectados? Mozart y tú sois la misma cosa. Como Mozart y la flor, como la genialidad de Leonardo de Pisa, el auténtico nombre de Fibonacci.

El universo se repite a sí mismo en un encadenamiento perfecto de formas, palabras y ritmos y casi me atrevería a decir que al ser humano le ha tocado en suerte el ADN más torpe de la cadena humana. Hay flores que crean sus propias vacunas cuando se ven amenazadas. El instinto animal escucha con más nitidez ese ritmo hipnótico, el baile de las esferas del universo y obedece a su conservación y procreación sin hacerse preguntas estúpidas.

No somos especiales, tampoco mendigos. Somos espejos de los otros y ellos de nosotros. Si entendiéramos esto, este lugar que habitamos que llamamos mundo, tendría otro sosiego. Nos empeñamos en buscar diferencias, que sí, que las hay, pero nuestra sustancia elemental es la misma. Sé que esto rompe con la tonteria millenial de distinguirse de los demás pero todos lo hicimos en su día, porque nuestros actos son una sucesión de Fibonacci y nuestra biografía está plagada actos y lugares que se repiten. Y esos actos y lugares y amores los repetirán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos en el alineamiento perfecto de los números que alcanzan esa proporción áurea. Porque los milagros existen y para eso sólo hay que mirarte a los ojos y disfrutar de tu sonrisa.

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Comprar boletos para tu entierro

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Voy a contarles un secreto. Paso muchas horas al día escuchando videos de Youtube. Lo hago cuando ando por la calle. A veces cuando conduzco y siempre antes de dormir. El universo Youtube es inabarcable.

 Entiendo a los jóvenes de ahora que apenas ven televisión. Youtube te ofrece contenidos muy especializados. Contenidos que los medios de comunicación tradicionales se resisten a comprar. Imagino porque las teles generalistas se dirigen a un público conformista y feliz en su burbuja

El adolescente es todo lo contrario. Está lleno de dudas, de sueños, de proyectos. El adolescente se está construyendo, se está mejorando. Yo no entiendo vivir de otra manera.

Las mentes inquietas siempre necesitan más. Al menos es mi caso. Ojalá viviese feliz en la burbuja del conformismo pero eso no se elige. Te sucede, o no. Y por ello no eres mejor ni peor.

Hay canales que nos muestran verdaderos talentos para la comunicación. Que emocionan con su discurso, que motivan y consiguen que cambies la perspectiva, al menos por unas horas. Uno de mis canales favoritos, cómo no, es TED, que son las siglas de Tecnología, Entretenimiento, Diseño.

 

Filósofos, científicos, humoristas, empresarios, comunicadores que venden su arsenal de recetas positivas, testimonios sobrecogedores, grandes mentes. Por muy famosos que sean debido a su profesión —cardiólogos, sociólogos, psiquiatras, psicólogos, periodistas, aventureros—los ponentes siempre hablan de su vida. Y se ponen de ejemplo.

Hace poco escuché a Gabriela Vargas, toda celebrity en su México natal.

Dijo una frase que allí es muy conocida y que me hizo reflexionar: “cada día uno tiene que comprar boletos para su entierro”. Gabriela nació con estrella, o eso le sentenció su padre cuando suspendió todas las y tuvo que sufrir como sus compañeros pasaban de curso menos ella. El padre, lejos de regañarla, la besó en la frente y le colocó una estrella virtual: “creo en ti”, le dijo.

De hecho, Gabriela es una estrella, ha publicado quince  libros, ofrece conferencias sobre bienestar, yoga y juventud por todo el mundo y escucharla es absolutamente delicioso.

La vida de Gabriela dio un vuelco cuando en pocos meses murió una de sus mejores amigas y su hermano. Se quedó desolada por un lado pero, por otro, absolutamente sorprendida al comprobar la cantidad de gente que fue al entierro de ambos.

En aquellos momentos ella era toda una workaholic, trabajaba 24/7 y pensó que no quería morir. No por miedo a la muerte sino porque tenía la certeza de que a su funeral no iría nadie. Y le vino a la mente esa frase que les comento.

 Esa frase ha cambiado mi semana, mis horas. Me hace más tolerante en los atascos, me pone una sonrisa cuando estoy muerta de sueño por las mañanas y me invita a hacerle la vida más fácil al otro porque, en definitiva, me la hago más fácil a mi.

Otra ponente habló de su cáncer de páncreas con sus cuatro hijos, su empresa montada y todos sus másters, doctorados y tacones. Y estas dos mujeres, como tantos testimonios, nos conducen a una misma conclusión: que hay que comprar muchos boletos para un entierro feliz. No sólo para que sea multitudinario, sino también para que cuando llegue nuestro último suspiro no nos quede la inquietud de haber dejado cosas sin hacer y riesgos sin correr.

La vida es para eso, para hacer amigos, aventurarse,  reírse y llorar.

La burbuja es un walking dead, cuyo brillante y confortable aspecto nos amortaja en vida sin posibilidad de disfrutar de los amigos y los amores.

Ni en esta vida ni en el entierro.

 

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La lista de Katy

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El hombre es ombliguista. No lo puede evitar. Detesta que le hablen de otros hombres. El hombre, me refiero al macho man de toda la vida, vamos. Nosotras iniciamos una relación —o no— y presuponemos que antes hubo otras y que, con toda probabilidad, habrá algunas más después. A todos nos encanta pensar que somos el objeto de adoración de alguien pero en este mundo líquido la adoración es un parpadeo. Demasiadas distracciones para el amor absoluto como el que profesó Tolkien a su esposa desde la adolescencia.

Esta semana la pobre Katy Perry se ha metido en un fango del que no saldrá jamás. Ha cruzado la línea de las que hablan de sus ex amantes en público. En concreto, al mundo entero. Y al hombre ombliguista eso no le mola nada. El culpable es James Corden, un presentador rellenito que ha triunfado con su late show en el que monta a famosos en coche y les hace cantar karaoke. En esta ocasión tuvieron a Perry haciendo un reality de dos días y la despertaron con un suculento desayuno consistente en vísceras, insectos y unas lenguas asquerosas. O te comes esto, o contestas algo comprometido. Vaya con el gordito. No te puedes fiar de nadie que haga televisión con ese share. Siempre acabas jodido.

Tuvo que hacer un ranking de sus amantes y colocó a John Mayer, su novio durante tres años, en primer lugar, después a Orlando Bloom (hummm) y en tercer lugar a Diplo. Un DJ bastante conocido en su casa, los USA, porque a mi me recuerda a nombre de juego de mesa.

Curiosamente, con James estuvo tres años, un año con Orlando y meses con el último ¿No se confundiría la pobre y los clasificó por orden según el tiempo que  estuvo con ellos? Además, es lógico. Los amantes se construyen así: muchas veces y siempre con el mismo. Lo otro casi siempre es frustrante para nosotras. Además, imagino que las relaciones entre celebrities con mega agendas deben ser un poco a salto de mata ¿Concertarán las citas las secretarias de los interesados o quedarán por whasap? Me agoto sólo de pensarlo.

El caso es que el hombre es ombliguista y egoísta. No en balde, Chanel sacó un perfume hace unos años que se denominaba así “Egoiste”. Va en el ADN masculino, como el abrirse de piernas cuando se sientan. Diplo se ha ofendido mucho y ha llegado a declarar que nunca mantuvo relaciones con Perry. ¡Qué mal perder, por todos los dioses!.

El hecho es que si quieres cabrear a un pretendiente o novio, no tienes más que mentarle a sus predecesores. A eso yo le denomino inseguridad masculina porque si una mujer está contigo es porque ya no quiere estar con otro ¿O no?

A determinada edad todos tenemos un pasado y, cómo no, un ránking. Es inevitable. Y algunos chicos, señores, caballeros, esto lo lleváis fatal. Cuando nos enamoramos queremos ser el centro de atención y del corazón del amado. Esto es así. Lo que los americanos denominan “be the one”. Pero, claro, ese puesto hay que ganárselo. Si John está el primero en la memoria de Katy quizá sea porque estuvieron juntos más tiempo y porque se presume cierta admiración mutua e intereses comunes, ya que los dos son músicos. De hecho, el último éxito de Mayer se titula “Still feel like your man”. O sea, “Todavía me siento tu hombre”. Y eso sí que se merece un primer puesto. Un secreto: lo que más nos pone a las mujeres es sentirnos amadas y diosas de nuestros amantes.

Lo otro es farrafulla.

 

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Despatarres

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“Que te diviertas con las piernas abiertas”. Ese era el grito de guerra de una amiga. Y de eso hablamos esta semana: de abrirse y orearse.

Lo oficial se empeña en denominarlo en inglés: “man spreading” que viene a ser una cosa así como “hombre distribuido”. Tal que si uno distribuyera la mantequilla por el pan. Tentador, pero no. Que un hombre se te distribuya mola siempre y cuando sea un hombre que te guste, vaya. Pero claro, esto del man spreading surge porque la mayoría de los tipos que vemos en el autobús no son Hugh Jackman.

Vayamos al lío que menudo debate se ha montado. Aunque quizá la culpa sea nuestra que no sabemos hablar de otra cosa, salvo de los piques de Piqué con su boquita bonita y sus labios chiquititos. ¿Es un problema de educación? ¿Es un problema de espacio?¿no será la culpa de los que fabrican los medios de transporte que con tal de rentabilizar vamos como sardinas en lata? De los aviones ni mención. Es inhumano.

Francisco Rivera, tan gracioso él, ha dicho que cómo no se iba abrir de patas al sentarse. Que si las mujeres tuvieran lo que él entre las piernas no se enfadarían tanto. Yo no me enfadaría en absoluto, ejem. Hasta el bonico de Arguiñano ha comentado de los despatarres entre col y col. Y puso el ejemplo. Se sentó en el taburete de la cocina con las piernas cerradas “¿Veis? Que por muy hombre que uno sea todo cabe perfectamente”. Arguiñano, el macho ergonómico

No puedo con las feministas y su discurso de víctimas ¿Es necesario poner un cartelico para que los hombre eviten el despatarre? ¿No tenemos boca para decirles: hijo de mi vida que está a punto de cortárseme la circulación sanguínea, deja de invadir mi asiento? o ¿Voy más comprimida que una aspirina? ¿No serán más divertidos los trayectos?

Pero es que, además, hoy otras formas más sutiles de invasión. Hay cierto tipo de cerdo que le gusta restregarse con las chicas. No hay cartelito porque presuponemos que todo el mundo es civilizado y que el despatarre es involuntario y va en el ADN masculino. Pobreticos, no lo pueden evitar. Otros se dedican a tirarles fotos por debajo de las faldas a las chicas que se despatarran…porque, fíjate tú, que algunas lo hacemos. Yo misma cuando viajo: pantalones y maletita entre las piernas, que así no se cae en los frenazos.

Otro particular es el odor spreading. Eso sí que es gordo. Que a veces me dan ganas de subirme al autobús con máscaras de gas. Señoras y señores, el desodorante existe desde hace muchísimos miles de años. El agua y jabón también.  Algunas veces, levantar el sobaco y llegar a la nausea es todo uno. Y menudo caos: la pestucia del sudor se junta con el vómito. Un asco.

Pero lo terrible son esos autocares que van a Sevilla de noche donde los hombres, todos a la vez, deciden quitarse los zapatos y si uno cierra los ojos puede llegar a creer que está en una fábrica de quesos de la campiña francesa, por ponernos románticos. Abominable. Ya lo decía Saint Exupéry:  lo esencial es invisible a los ojos.

Nos faltarían carteles para tanto estorbo: pies, sobacos, despatarres, gente que habla a gritos, los que te cotillean el whasap o los que te dan conversación.

Personalmente, el hecho de compartir espacios tan reducidos me resulta violento porque soy así de pija y claustrofóbica,  así que mi filosofía frente al transporte público es apretar los nudillos y que el suplicio pase rápido.

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Ondas gravitacionales

 

 

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Esto se mueve. Y aunque lo dijo Galileo, los recientes movimientos sísmicos que tenemos por nuestra querida madre patria lo demuestran cada día. ¿Qué está pasando?.

Vivo estupefactada. Mila Ximenez se reconstruye la cara y la dejan como una muñeca repollo; Eduardo Larraz, presupongo que el primo de Vicky Larraz, la de Olé Olé, se lleva los lingotes a Suiza; el imán Mucachid Chiad dice que los hombres que se masturban tendrán manos embarazadas y que en la otra vida le amargarán la ídem reclamándole derechos. Por si faltara poco, hay una loca que mantiene una relación de sexo mental con una estación de tren y ha decidido, sí, casarse con ella. Se llama Carol, tiene 45 años y dice que lo de ella es el objeto sexual. O sea, que se trincaría a los objetos pero dice que a la estación la respeta porque, claro, hacerlo en público vulneraría la intimidad de Daidra, que es como ella denomina a la estación de Santa Fe en California.

 

Es lo que yo digo, que el sexo siempre da mucho juego. Ya sea porque embaraces a tus manos o hagas manitas con tu estación ferroviaria.

Con los lingotes no haré bromas pero no me negarán que se parecen bastante a un supositorio sado maso. Además, de oro. ¡El colmo de la sofisticación!

 

Dicen los astrólogos que con la luna llena en Sagitario estamos todos muy fogosos. Cierto. Nos dejamos llevar por nuestra creatividad de un modo algo temerario. Naomi Campbell sin ir más lejos se ha inventado unas chanclas hawainas muy totales. Los ingredientes son: plataformón de diez centímetros, tacón de aguja de otros diez y cierto instinto suicida para subirse a ellas. Mis cálculos matemáticos me dicen que es absolutamente imposible andar con ellas, salvo Lady Gaga, of course.

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A lo que quería yo llegar es que si ustedes notan demasiado alboroto alrededor todo tiene una explicación científica: los agujeros negros están que lo petan estos días. ¡Hala! ahí, venga chocarse entre ellos. Qué decirles de las Súper Novas, tienen la libido por las nubes. Como cantaba Rafaella Carrá, explotamexplotamexpló. Un no parar.

 

La actividad en la galaxia es tan intensa que los observadores de las estrellas por fin han podido demostrar las ondas gravitacionales que predijo Albert Einstein en su teoría de la relatividad. Dicen los expertos, que son perturbaciones del espacio- tiempo que acaecen tras estos choques y explosiones.

Lo bonito de la historia es que en su época europea, Einstein ya sabía esto. Si no recuerdo mal, embarcó a un amigo a una expedición a Malta con el objetivo de realizar la observación directa del cielo coincidiendo con un eclipse. Lamentablemente, fueron interceptados por el ejército rojo, los hicieron prisioneros y el eclipse les pilló fuera de combate.

Por eso están ustedes tan tensos. No es sólo por el final de curso, el pago del IBI, la renta, la incertidumbre que siempre genera el verano y este calor sofocante que perturba muchas mentes. Como es arriba es abajo. Y si en el universo se lía un pifostio monumental esa energía nos llega de algún modo. Igual que la luna regula las menstruaciones de las mujeres.

Sería genial preguntarle ahora a esa gran medium de la que me he enamorado (sin intenciones sexuales, tranquilos), Marilyn Rossner, por el porvenir cercano. Porque seguro que nos traería algo de paz en estos ardientes y ajetreados días. Por ejemplo, cuando ella dice que el más allá todo es amor y bondad yo, sinceramente, me quedo más serena.

Y que otro camine hacia la luz porque, de momento, esta jungla de asfalto, me encanta.

 

 

 

 

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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