La Verdad

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Categoría: superación personal
Mujer actual española

Yo no quiero ser perfecta. Sólo quiero ser feliz. Este es mi mantra desde hace unos meses. No sé si ustedes creerán o no en el poder de la autoafirmación pero es que el universo está conspirando para ello. Y aparta de mi lo que no sirve. Y a quienes no me sirven.

Cada día me digo lo afortunada que soy por tener amigos tan maravillosos y que la vida me empuje a dar los pasos que siempre temí. Y no pasa nada. Hay que salir de la famosa zona de confort.

Por eso, me ha encantado leer el informe de la mujer actual española. Esta mujer, señores, se ha cansado de ser perfecta las 24 horas. Está harta de sentirse sobre expuesta en las redes sociales. Es una natural woman, como cantaba Aretha Franklin y no una irreal súper woman.

Harta de esclavitudes absurdas, vive su vida anclada en estos cuatro pilares: aceptación, no imposición, egocentrismo y no culpabilidad. Estas son las conclusiones del estudios realizado por IPSOS, una empresa experta en estudio de investigación de mercados a nivel mundial.

Esta realidad internacional también se comparte en España, como asegura la presidenta de IPSOS, Laura Morrisey.

Mujeres que leéis este artículo, muy posiblemente asintáis con la cabeza ante tales afirmaciones.  La crisis nos ha transformado. Hemos tenido que reinventarnos. Convertirnos en nuestro propio jefe y, en ocasiones, mostrar en Facebook o Twitter una vida idealizada, irreal.

Es agotador hacer creer a los demás que somos felices a todas horas.

Hoy apostamos por la verdad. Hay señoras que han decidido volcarse en el trabajo y otras, una gran mayoría, piensan que la vida es demasiado corta y tan sólo quieren vivir para trabajar.

Y con la imagen sucede igual. Hemos pasado de abusar de los filtros de instangram  a evitar hacernos fotos a cada paso que damos. Es mi caso, al menos.  ¿No les sucede a ustedes? No están hartos de mostrarle al mundo cada pequeña cosa que hacen? En el trabajo, con los amigos, con los amores, con lo hijos.

Prefiero dosificarme ante el mundo. Me he cansado de tanta sobre exposición. La culpable no es otra que yo misma. Nosotras nos impusimos este reto absurdo de parecer geniales, encantadoras y vitales siempre y en todo momento.

La verdad, verdadera es que cada cual tiene sus miserias.

Vayamos con otro apartado importante: la belleza y los estereotipos que nos venden como buenos. Os diré un nombre que se hizo viral hace meses. Se trata de Rachel Hollis. Esta californiana es como nuestro Arguiñano, sólo que en chica.  Rachel decidió subir una foto en bikini, posando durante sus vacaciones. Efectivamente, como pueden imaginar, Rachel, después de haber parido tres hijos luce un cuerpo normal y una tripita llena de estrías. ¿Y qué? Pues que no pasa nada. Que esta reivindicación de su cuerpo real encantó a todas las mujeres reales.

De algo nos está sirviendo es esta maldita crisis que parece no terminar nunca. Ha sido una cura de humildad pero, sobre todo, está resultando una lección de vida gratis.

Debido a tener más tiempo libre, he conocido a más seres humanos; he disfrutado de tomar el aperitivo con mis amigas, hasta la vida me ha puesto en el camino a auténticos gilipollas a los cuales he llegado a prestar una atención inusual por parte de mi otro yo, la otra Lola. La que pisaba fuerte ni les habría otorgado el beneficio de la duda.

Ya no piso fuerte ni con garbo. Piso con serenidad y paz. Doy gracias por las lecciones aprendidas y ya no quiero ser perfecta, sólo feliz.

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Generación paréntesis de Joana Bonet. Imprescindible



Bonet, Joana acaba de publicar este libro titulado “Generación paréntesis” que me he devorado durante el fin de semana. Joana escribe verdades como puños de una forma elegante, certera, incluso sofisticada. Pero si hay que escribir la palabra “mierda” o “basura”, no se le caen los anillos. 



Estamos en estos tiempos de incertidumbre y esta somanta de verdades que nos muestra la periodista, escritora y amiga Joana, a veces puede dejarnos con poquito de mal cuerpo pero nos induce a pensar, a plantearnos debates con nosotros y nuestros dogmas. 



 Aparte de eso, el libro de Joana está muy bien escrito, con metáforas fosforescentes, que diría Vargas Llosa, como la que dedica a una maleta: “Las maletas extraviadas representan un continuo recordatorio de la impotencia humana. Y una clara metáfora de la soledad. A veces las veo rodar sin fin hasta se va el último pasajero y son apartadas junto a otros bultos, hacinadas como cadáveres” 



 Os pego algunas de esas frases en este librito publicado con modestia pero que, como dirían mis profes de marketing, es oro molío.



 “Somos la generación paréntesis: Eternos adolescentes que nos casamos con un trabajo, retrasamos la hora de ser padres y pensamos que estar sobradamente preparados nos garantizaría una vida a plazo fijo” 



 “La fantasía del amor inalcanzable prevalece en nuestro imaginario (…) la adicción al deseo conduce al autoengaño, ya la euforia de la conquista la sigue la nostalgia de enamorar. Después sobreviene el tedio, sobre todo porque aún se considera que el amor debe llegar desde fuera, no de dentro” 



 “La felicidad es más sencilla de lo que parece: un ejercicio de tolerancia con uno mismo, de consentimiento y del punto necesario de pasotismo para escapar del juicio ajeno y ser amable con nuestras pequeñas conquistas. La satisfacción personal poco entiende de contabilidad” 



 “Si nuestros hijos apuntan a una generación perdida, la nuestra es la generación paréntesis que albergó el sueño del progreso desde una mirada keynesiana y acabó hinchando un globo que le estalló en las manos. Impotentes e incapaces de pasar el testigo y garantizar un puesto de trabajo, unos derechos sanitarios o una jubilación a los que vienen detrás”



 “El dolor produce empatía y crea vínculos entre aquellos que sufren su experiencia abrumadora e insaciable, los males díscolos que no atienden a opiaceos ni a otras panaceas. El dolor conecta el corazón con la soledad, el extravío que aísla y desocializa al individuo que padece”





 “La generación paréntesis ha empezado a buscar casilla para sí y los suyos. Y a medida que atienden a los gurús del dinero y a sus predicciones catastróficas, sienten mayor placer refugiados en su recodo, madriguera, escondrijo, guarida, sin dejar de braceara para que los arrinconen”



 “Sofás de acogida como paradigma de una sociedad que vuelve a sacar las margaritas del armario, se cuestiona el liberalismo salvaje con el cual se han construido castillos de humo y profetiza una nueva modestia combatiendo la precariedad con el espíritu de un boy scout” 





 Joana Bonet en Generación Paréntesis 

La tienes hoy 4 de junio,  martes a las 20,00
En Aula Murcia. Antigua CAM 



 Se nota que me ha gustado el libro ¿verdad? Muy, muy bueno

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Como vaca sin cencerro

 

Hace 20 años en Puerto Rico con  Carlos Morales y Alexis y el cartel del ciclo que organizé sobre Pedro Almodóvar




El mundo se divide en dos tipos de seres humanos. Los que amamos a Almodóvar y sus detractores. Nunca encontré término medio. Aquel que confiesa su indiferencia, lo señala como alguien sin ningún talento (?). Uno se puede sentir agredido por la estética punk de sus primeros filmes, por mostrar sin afeites la prostitución, las adicciones, el sexo; Uno puede, en fin, ser incapaz de soportar el naturalismo de algunos fotogramas, pero, señores, Almodóvar ha creado un universo, una cosmogonia particular, una forma de ver e interpretar la vida y eso requiere talento y esfuerzo.

Mucha gente se queda en la superficie de su estética. Los colores chillones, por un lado, esa dirección de arte impecable que convierte su fotografía en imágenes atemporales, y la visión del extrarradio, por el otro. Otros se agarran a sus frases. Un baluarte indispensable que sus fans convertimos en parte de nuestro discurso habitual: “estar como vaca sin cencerro”, “dar la campaná”, “no me chilles que me sube el azúcar” y “Horroroso, horroroso” (el modelito de la señora).  Luego están aquellos gritos desesperados con los que todos nos hemos sentido identificados en alguna ocasión: “¿Hay alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar lo nuestro?”.
Por encima de frases y colores, Almodóvar ha sabido retratar como nadie el mundo femenino y la solidaridad entre mujeres. Se ha reconciliado con su raíces y ha conseguido que volvamos al “pueblo”. Él, como tantos artistas, mantuvo una relación conflictiva con su lugar de origen. También ha salvado a los psicópatas, capaces de cualquier cosa por amor (“Tengo 23 años y 50.000 pesetas y estoy solo en el Mundo”. Átame); salva a los yonquis, víctimas de sus adicciones; Redime a esos artistas, puro egoísmo y narcisismo, retratados con diáfana claridad: Lola en “Todo sobre mi madre”; Becky del Páramo “Tacones lejanos” .

Las relaciones entre madres e hijos son, sin embargo, donde considero que Almodóvar se muestra más auténtico, más brillante y eterno. La culpabilidad de aquellos padres triunfadores que dejan abandonada la crianza en pos del triunfo:  “el éxito no tiene sabor ni olor y cuando te acostumbras es como si no existiera”.  La culpabilidad de una madre que pierde a su hijo en el día de su cumpleaños; la culpabilidad, en fin, de aquella otra a la que se le escapa una realidad demoledora y cruel que ocurre ante sus ojos. Al mismo tiempo, Almodóvar mata al padre, eso tan freudiano. Y lo hace en más de una ocasión.

Hace justamente 20 años organicé un ciclo sobre Pedro Almodóvar en Puerto Rico, ayudada por tres gloriosos amigos gays. Blocckbuster me dejaba las cintas,  imprimí  20 carteles que diseñé yo misma y visionamos las pelis en la Casa de España de aquella islita. Todos se enamoraron de Almodóvar, incluso aquellos habitantes conservadores que relacionaban a nuestro país con Lorca pero en absoluto con aquel rompedor cineasta manchego.

El éxito de Almodóvar radica en su insobornable ser y estar sobre el mundo. Nunca hizo un cine para agradar a las masas. Su parte más amable: esos diálogos divertidos; esa Chus Lampreave imprescindible en su filmografía (“es lo que tenemos las testigas, que no podemos mentir”) también conforman su idiosincrasia. Y el sentido trágico de la vida a la que contempla con tolerancia, con la sabiduría propia de los estoicos; que confía en la bondad de los desconocidos y que perdió el miedo hace mucho tiempo: “Al no tener fe, ya no creo en Dios ni en el infierno. Si no creo en el infierno ya no tengo miedo. Y sin miedo soy capaz de cualquier cosa”.

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Aburrebragas

Las comparaciones son odiosas pero inevitables. Es el único modo que tenemos de entender el mundo. Por eso, si escribo la palabra “aburrebragas”, a muchos les hará gracia, pero pocos se darán por aludidos ¿Quién es un aburrebragas? El tipo de hombre que hace el amor con calcetines, que pide que te elijas los regalos u, ¡horror! te da dinero para que te los compres. Pero la cosa no se circunscribe al ámbito amoroso y afectivo. Esta fantástica palabra que me enseñó mi amiga Cristina Banzo es aplicable a todo el escalafón social masculino. Aburrebragas es el típico jefe relamido que parece que nunca ha roto un plato y te suelta el consabido :”no tengo otra elección”. Esa frase siempre es una falacia. Menos la muerte — que nos llega como un rayo inevitable– siempre, siempre podemos elegir. El aburrebragas no se esmera en  sus relaciones, del tipo que sean. Le da todo igual. Pasa por la vida, así, como una acelga mustia. No deja estela ni lo pretende. No es lo mismo que te digan “Mon coeur batte pour toi, trés fort!”; que “lo siento mucho, pero no sé cómo ayudarte”. Si actúa así con las mujeres, hará lo mismo con el resto de su ámbito vital. Es la actitud Pilatos: “Yo me lavo las manos”. Ahí tenéis al primer aburrebragas de la historia.

 

Implicarse en la vida de nuestros semejantes es lo mínimo que podemos hacer en nuestro paso por esta existencia, claro que sólo los oligofrénicos lo harían con todo el género humano al completo. Moriríamos de un ataque de empatía y tampoco quiero yo que acabéis el año con la camisa de fuerza pero, por favor, evitad por todos los medios la apatía y autoengañarse con buenos propósitos.

 

Una recua de aburrebragas trata de convencernos un año tras otro que nosotros podemos conseguir tal cosa, tan sólo con desearla en esos estúpidos libros de autoayuda que son un fraude en sí mismos y que se venden precisamente porque son de una inutilidad palmaria. Si funcionasen seríamos todos exitosos, felices, guapos y delgados ¿Quién iba a necesitar entonces al maldito Deepak Chopra?

 

Por tanto, amados lectores, como no quiero ser aburrecalzoncillos, sino todo lo contrario,os pido que maldigáis, opinéis, critiquéis, discutáis, evaluéis, triunféis, fracaséis. Que lo intentéis siempre. No es un propósito para el 2013, que llega con algo de mal rollo; es una actitud. Desterrad la pasividad de su  vida y a esos ejemplares más cercanos al asquelminto que al primate. Porque sólo tenemos UNA vida. Y un día, va y se acaba.

 

 

 

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Tesoros

 Cuando uno menos lo espera, ocurre el milagro. En la Murcia del paro galopante descubren un tesoro escondido en la calle Jabonerías: 423 monedas andalusíes de oro y plata. El pasado, convertido en una metáfora fosforescente, nos rescata del pesimismo. Imagino esa orza oculta en el dormitorio de una pareja que destinaría la fortuna a dote de su hija. Los dinares y alhajas quedaron ocultos por la tierra, por el agua. Sobre la riqueza antigua se edificó otra vivienda donde habitaría otro matrimonio, quizá también con joven casadera. 


Así se escribe la vida. En el fondo, nada cambia. 


Sam Kashner debió pensar igual cuando leyó el manuscrito “Yates y cosas”. Seis páginas inéditas de Truman Capote que emergieron de la sección de Manuscritos y Libros Raros dela Biblioteca Pública de Nueva York. El mismo espíritu ácido de “Plegarias atendidas” subyace en el relato que pronto veremos en la red gracias a la relación de Kashner con Vanity Fair. Asistiremos a la reedición del ajuste de cuentas que hizo el hacendoso hijo de Nueva Orleans con los VIP de su época. Tras conseguir el tesoro que tanto persiguió en vida, el éxito con mayúsculas de “A sangre fría”, Truman se derrumbó como un castillo de naipes. El buen chico sureño quería a Dick y Perry, aquellos infelices a los que vio morir como un sacrificio humano que sellaría seis años de duro trabajo. 


El resto lo sabemos: se sepultó a sí mismo bajo las drogas, el alcohol y aquellos insustanciales pijos que lo adoptaron como mascota. Quizá pasó el resto de su existencia sonado, prometiendo un libro que jamás envió a sus editores, pero un escritor siempre es un escritor. Aún oculto, el tesoro de las palabras ha sobrevivido en ocho cajas de documentos que Capote dejó a su albacea, el editor Joseph M. Fox.

  



Yo misma soñé que tenía en mi casa una habitación que nunca visitaba: una estancia sofisticada y cálida. Un “espacio propio” a orillas dela Riviera francesa. Ese es mi tesoro bajo la ciénaga de horas que no comprendo, atrapado en la prisa de los días que nos llevan a ninguna parte. Al menos sé que existe, aunque oculto en algún tramo recóndito de mi fase REM

   

 Nuestro acomplejado y maltrecho país cuenta con la marca España que tantas satisfacciones nos dio en el pasado. España es mucho más que gente rebuscando en los contenedores, políticos corruptos y empresarios que no dudan en sacrificar vidas ajenas para ganar dinero. ¿Qué es la marca? Carlos Espinosa de los Monteros lo explicaba hace unas horas: “La quintaesencia de lo intangible”

¿Cuál es nuestro tesoro? ¿Acaso no está en nuestras manos escarbar como sabuesos del propio destino y hallar eso que nos hace únicos? No rendirse es la consigna. 
Porque así se escribe la vida. En el fondo, nada cambia. Y el sol volverá a brillar.

 

 

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Teoría de las catástrofes (Cuando no hay reglas todo es posible)

 

 

Hace algunos años, no tantos, existía un mercado laboral próspero. Uno trabajaba y recibía en contrapartida dinero en metálico. Con ese dinero uno podía solventar los gastos de intendencia del hogar, darse algún capricho, hacer una inversión e incluso ahorrar. Hoy día, el afortunado de contar con unos ingresos estables sabe que con ese cash apenas le llegará para repostar gasolina, llenar el estómago y pagar algunas facturas. Nada de antojos. Hay casos peores. Personas que agotaron su paro y trabajan de estraperlo por cantidades ínfimas o a cambio de otros bienes. Volvemos al trueque. Un servicio a cambio de otro. Ya no existe curva de la oferta y la demanda. Existe tan sólo la posibilidad de hacer algo o no hacerlo. No hay límites, no hay referencias, no hay precios, salvo los del supermecado.

Casi sin darnos cuenta, los ahorros del Estado se han esfumado. No sólo eso, debemos muchísimo dinero. Si a principios del 2008, cuando se vislumbraba este tajo en el que estamos sumergidos, se hubiesen tomado los correctivos adecuados probablemente habríamos capeado tan lamentable situación. Pero no. Con la burbuja inmobiliaria desinflándose como un globo caótico, el Estado y las CCAA siguieron gastando como si no existiese el mañana. En 2009 se declaró oficialmente la crisis. Pero, cuidado, que esto iba a ser cosa de dos años, como la IIGuerra Mundial, que al final fue cosa de seis. O cómo nuestra Guerra Civil, que se resolvería en cuestión de semanas y acabó torturando a nuestro país del 36 al 39.

De 2009 a2011 vivieron muy bien los que mantuvieron su nivel de ingresos porque los precios bajaron. Los que estaban seguros se atrincheraron en su comodidad. Miraron para otro lado. Mientras tanto, el nivel de la deuda española se fue incrementando y el valor económico de la tan traída marca España descendía como el agua que se evapora de los pantanos. Hoy el pozo está seco y nos afecta a todos. Los que siguen cobrando un sueldo a final de mes trabajan indefectiblemente más horas (tanto en la privada como en la pública) por un dinero que no cunde. Hoy todos estamos en el mercado. Tal es la inseguridad que vivimos. Por ello, invertimos mucho tiempo en formarnos, en mejorar, en vendernos en las redes sociales. Lo único bueno de ver refrendada esta Teoría de las Catástrofes, que en su día esgrimiera el matemático francés René Thom, es que en este sistema sin referencias todo es posible. Igual que algunos han acumulado material genético, rencor u odio; otros acumulamos esperanza. Igual que las deudas, una a una, propiciaron esta debacle, los humildes sueños, uno a uno, los proyectos, uno a uno, conseguirán que las cosas funcionen en este nuevo estado de las cosas. Y, un día, daremos ese gran salto que romperá los propios límites como ha hecho Baumgartner

Imagen: Germán Saez

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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