Haciendo músculo

Nada más lejos de la realidad que pensar que llegará el momento en que uno pueda cerrar la puerta tras el cáncer y dejar atrás todo lo vivido. Han pasado más de seis años y aquí seguimos, dando vueltas a la experiencia, a los tratamientos que parece no acabarán nunca y a los efectos que todo esto sigue teniendo en mi vida.

Músculo ante el cáncer

Ejercitando los músculos para afrontar la vida


Quizá lo menos destacado de todo, una vez que colocas cada tema sobre la mesa, sea la prolongación de los tratamientos que inicialmente iban a durar cinco años a una década. Pero es importante. Me impactó tanto la noticia que incluso me planteé muy seriamente abandonar. Dejar que mi organismo y la suerte obraran mientras huía de la bien intencionada tiranía de tanto tratamiento que me persigue durante años. Tranquilos, al final rechacé la idea por la responsabilidad que tengo hacia mi hija, y por mi compromiso con la felicidad.

Aún recuerdo cómo me avisaron las enfermeras, el día que recibí el diagnóstico, de que el cáncer iba a cambiar mi vida por completo. Y también recuerdo cómo los primeros meses vivía con un ingenuo orgullo pensando que eso no me iba a ocurrir a mí. Han pasado seis años y la conclusión es que, efectivamente, ha removido toda mi vida de una u otra manera. Aún recientemente he sufrido una experiencia muy dolorosa que considero está relacionada directamente con aquel diagnóstico y el sacrificio que ha exigido a todo mi entorno.

Pero lo más importante de todo es que te levantas cada día a poner en marcha tu vida de nuevo con dos ideas fundamentales en la cabeza; llegar al final de la jornada sin dejar a medio ninguna de las cosas importantes para ti y desarrollar las horas que tienes por delante sin olvidar las lecciones que la experiencia te ha enseñado.

Esto último es lo más difícil, porque lo bueno y lo malo van de la mano y resulta imposible separar. Si vuelves a realizar tu vida tal cual, entonces es como si el sufrimiento no hubiera servido para nada. Pero si tratas de hacer valer las lecciones aprendidas, es como si el cáncer fuera una mancha en la cara que no puedes ignorar ni siquiera durante un solo minuto.

En ese punto de inflexión es donde hacemos músculo. El necesario para llevar con buen ánimo ese protagonismo excesivo de la enfermedad y el que te exigen las experiencias para sobrellevar los efectos que aún sigue teniendo en tu vida. Y no es figurado, es real, he retomado mis carreras y cada vez me siento más ligera, más rápida y más fuerte.

Un fuerte abrazo para todas las personas que están realizando ahora esta ‘travesía’ y a sus familiares.

Adiós Tito Bernal

 

Tito Bernal (fotoperiodista)

 

Fue la segunda persona con que tuve contacto en La Verdad, tras Miguel Ángel Ruiz. Yo era entonces una ‘pipiola’ de poco más de 20 años. Finalmente había aceptado el encargo del periódico para enviar informaciones de Alcantarilla, venciendo mi razonable miedo a no estar a la altura y echando mano de la experiencia que me había proporcionado mi colaboración previa con Diario 16 Murcia.

Tito nunca estaba asustado, ni cansado, ni desanimado, y si lo estaba disimulaba bien. Era como ese pilón al que se amarra un barco al llegar a puerto. Pasara lo que pasara, si Tito estaba cerca, no te sentías sola. Eso sí, mejor de amigo, porque toda esa fuerza en contra de uno era demasiada.

Recuerdo la primera vez que vino a buscarme a la televisión local en que trabajaba para cubrir una información. Un empresario de Murcia quería instalar una planta de tratamiento de residuos hospitalarios en el Polígono Industrial Oeste y un grupo empresarial muy potente había sembrado de anónimos Alcantarilla y las localidades de alrededor anunciando que se iba a instalar una incineradora de residuos hospitalarios “muy contaminante”.

Era una maniobra hostil en toda regla. Y mientras la noticia podía parecer que estaba en los mensajes anónimos que recibía la población, lo cierto es que se encontraba en el hecho de que una empresa utilizara este método para hacer fracasar el proyecto de la competencia. La Verdad lo descubrió.

Me costó mucho localizar al empresario afectado, el que quería instalar e instaló finalmente la empresa. Y cuando lo conseguí no podía ir sola, ponerle cara a la persona que estaba siendo objeto de ese acoso era importante. Tito se vino conmigo y me acompañó durante toda la entrevista. Cuando salimos me dijo “tú eres buena, podrás hacer lo que quieras”, a lo que yo halagada le contesté “yo solo quiero ejercer el periodismo y pasar desapercibida”. Ni dos segundos después me soltaba eso de “Nena, tú nunca podrás pasar desapercibida”. Lo intenté durante años, y casi lo consigo. Por el camino resultaron incontables las ocasiones en que recordé las palabras de Tito y pensé ¿por qué no dejarme llevar y hacer ruido?

Ahora, veinte años después de aquello, he podido comprobar que si me hubiera creído lo que me decía Tito, todo pudo ser distinto.

Hace unos días me enteraba por las redes sociales de que Tito y yo volvíamos a compartir una experiencia. Esta vez una que ninguno de los dos hubiéramos deseado para nosotros mismos o el otro, estoy segura. Y pude comprobar como echaba mano de nuevo de esa garra que él tenía para afrontar la situación. “Esto no va a poder conmigo” se presentaba, algo que todos pronunciamos.

Cuando te diagnostican un cáncer no sabes si morirás de esa o de cualquier otra enfermedad, pero aprendes que vas a morir. Cuando asistes a la muerte de alguno de tus compañeros de experiencia no sabes si serás la siguiente, pero sabes que ha sido demasiado pronto para él o ella.

Para Tito también, ha sido repentino porque si se pudiera elegir seguro que lo habríamos retrasado por mucho tiempo.

Ahora nos quedan, no solo el recuerdo, sino también las lecciones que él nos enseñó aferrándose a la noticia hasta extraer de ella todo lo posible, adaptándose a las circunstancias según la vida se las fue presentando y luchando con fuerza ante las adversidades hasta el último instante.

Amigo, lástima que no te pueda escribir algo mejor, porque te lo mereces. Ya sabes, no sé si seré la siguiente, pero como exista otra vida después de esta te pienso buscar. Seguro que allí también tendremos algo que compartir.

 

 

Sobre estímulos humanos y la verdadera riqueza de las personas

Algunas cosas requieren su tiempo, y escribir en este blog es una de ellas. Me siento ante el teclado de mi ordenador para hacer un poco de submarinismo por las emociones que me produce mi experiencia con el cáncer y esta es mi primera parada;

 

Después de más de veinte años, él también mantiene aún una relación con el cáncer

Foto: Caterina Barjau

 

Es la entrevista que concedió hace unos días José Carreras, uno de nuestros tenores internacionales, a El País Semanal. En ella se detiene a realizar algunas afirmaciones que me llaman la atención porque, una vez más, se comprueba que todos sentimos lo mismo ante determinadas situaciones, que nada nos iguala más que la salud y que por mucho que pasen los años, algunas experiencias se nos quedan grabadas a fuego.

Dice Carreras que, pese a lo que pueda parecer, ahora considera que el diagnóstico de cáncer recibido a los 40 años cuando estaba en la cumbre de su carrera “fue para bien” y define su fundación como “un estímulo humano”. Señala también que es importante aprender a decir ‘no’ “aunque es difícil, en lo profesional y en lo privado” y sobre la experiencia con el cáncer que “Fue duro. Después de meses de aislamiento, uno debe reconstruir su fortaleza mental, tuve la suerte de conseguirlo.” Pero lo que más me llama la atención es su reflexión posterior; “uno tiene tiempo de pensar en todo: en lo consecuente y extraordinariamente sabio que vas a ser cuando salgas del atolladero, y después resulta que no es verdad. En el momento que empiezas a encontrarte bien, vuelves a caer, no siempre, en lo que en ese periodo te planteaste no volver a hacer, los mismos errores”. ¡¡Qué razón tiene!!

Mi segunda parada hoy es para recordar algo que repito muy a menudo; la realidad siempre supera a la ficción y si te pones caprichoso con la vida, los acontecimientos se superan continuamente. Cuando imitaba una funda de sofá a causa de la escasa fuerza con que me dejaba la quimioterapia tuve la ocasión de comprobar por primera vez tras el diagnóstico cómo todo se puede volver en nuestra contra con la mayor crueldad. Mientras yo me lamentaba de mi suerte, que me había llevado a estar luchando por mi vida en vez de jugar con mi hija de apenas dos años, 154 personas morían en el accidente de Spanair que tuvo lugar en Barajas el 20 de agosto de 2008.

Entonces me planteé que, por muy desgraciado que uno se pueda sentir, es fácil que otro sufra una desgracia aún mayor. Allí estaba yo, literalmente hecha polvo, pero con la oportunidad aún de luchar por mi vida mientras esas personas la habían perdido en un instante en que, probablemente, incluso se sentían felices con la suya. La enfermedad debilita, aisla y golpea, pero también te ayuda a reflexionar. Después el reto es no olvidar, tratar de separar una mala experiencia del aprendizaje que conlleva y mantener vivas las conclusiones a que has llegado para que te acompañen el resto de tu vida. Sea lo que sea lo que significa ‘el resto’.

Hace unos días, unos amigos recibían una impactante noticia; la pérdida de su hija apenas unos días antes de su fecha prevista de nacimiento. Como madre, no se me ocurre mayor desgracia que recibir una noticia así y tener que dar a luz a un ser sin vida mientras lloras por su pérdida. Ahora ellos me han recordado que lo importante es saber extraer lo positivo de cada experiencia a través de su blog y la grandeza del corazón humano cuando, incluso estando encogido por el dolor, encuentra un hueco para dar las gracias como ellos lo hacen en este vídeo:

Gracias por vuestro cariño y apoyo

No se me ocurre mayor demostración de entereza, de riqueza humana, de cercanía.

El próximo 25 de octubre acabo con el tratamiento de Tamoxifeno, la denominada ‘quimioterapia suave’ (¡como si hubiera una quimioterapia suave!) Con el fin de este tratamiento, que ha durado cinco años, creo que se cierra todo un plazo, toda una experiencia. Por eso vivo con expectación moderada estos días, ante esa fecha, y vuelvo sobre mis pasos para hacer mía la reflexión de Carreras. La respuesta me sacude ¿Sabia yo? No, más bien necia.

 

 

Solo el tiempo es un tesoro

Hace cinco años, tal día como hoy, un diagnóstico de cáncer me enseñó que lo único que tenemos en la vida es tiempo. Este blog, como otras tantas enseñanzas que me ha permitido adquirir esta experiencia , atesora parte de ese valor acumulado durante los últimos años.

Son muchas, demasiadas, las ocasiones en que recuerdo que de no haber sido por mi insistencia, si hubiera hecho caso cuando me decían que no me preocupase que no tenía nada, a estas alturas probablemente ya no estaría sentada delante del ordenador escribiendo a golpe de emociones.

Ahora me alegro inmensamente cuando miro hacia atrás y compruebo que, no solo he vivido mucho y my intensamente, sino que destilo vida a cada segundo y que, si nada cambia, va a seguir siendo así durante mucho tiempo.

Pero lo más importante de todo es comprobar que voy tomando distancia del cáncer, que las revisiones se alejan más la una de la otra en el tiempo, que mi vida y mi atención se centra en otras cuestiones sencillas pero trascendentes a la hora de darle sentido a todo.

Yo sigo viva a día de hoy, como todos sin una escritura bajo el brazo que me permita saber por cuánto tiempo aún, pero consciente de que cada minuto es importante y que debo aplicar las enseñanzas de esta vivencia a mi vida cotidiana para que haya valido la pena el trance.

Por eso y para finalizar, a ti que me estás regalando ahora parte de tu tiempo te quiero pedir una sola cosa, y no te asustes que no es para mi. Mide bien con quien gastas cada segundo, no prives de tu tiempo a quien te quiere y te lo ha demostrado para obsequiar gratuitamente a quien probablemente ni le importes ni te importe. Si tienes que elegir, que ese o esa apenas reciba lo imprescindible.

Quitando las capas al cáncer

 

“Un ogro es como una cebolla; las cebollas tienen capas, los ogros tenemos capas” decía Shrek a su orejudo amigo, el asno que no se callaba ni bajo el agua. Eso también nos vale a los enfermos crónicos, aunque yo diría en este caso que “la enfermedad te pone capas, capas de enfermo”. Me explico.

Dentro de poco contaremos, mi marido, mi hija, mi familia, mis amigos y tantos vecinos y conocidos que me han demostrado su aprecio, nada menos que cinco años desde que un día, un diagnóstico de cáncer rompió mi vida.

Entonces adopté una decisión, elegí la actitud que iba a mantener ante la enfermedad y acepté pasar a ser una enferma crónica que, además, podía morir en poco tiempo si los tratamientos fallaban. Esa transformación no fue fácil para alguien como yo, acostumbrada como estaba a tener la sensación de control sobre todo lo que me ocurría, hasta el punto incluso de rechazar aquello que no podía controlar.

No tuve más remedio que desplegar una gran dosis de confianza hacia todo aquello que desempeñaba un papel importante en mi posible curación; médicos, instalaciones sanitarias, profesionales varios, tratamientos, curas…

Mientras, en mi casa las cosas cambiaban para adaptarse a una persona que entraba y salía sin descanso de los quirófanos, de las salas de quimioterapia y radioterapia, de las consultas médicas, casi siempre sin apenas fuerzas, privada de todo lo que me había identificado hasta entonces de cara a los demás.

Así fue como acabé en mi propio capullo. Encerrada, con mis miedos y mis dolores. No aislada por los demás, aislada por la enfermedad. Algo que marca el carácter sin apenas darte cuenta.

Pasaron meses y años, y aquella actitud resignada pero decidida a apostar por la vida, fue dando paso a otra más positiva en la que cada día vengo agradeciendo disfrutar de un nuevo amanecer (me dicen que estoy loca porque me levanto a ver salir el sol, porque doy gracias todos los días por ello) Pero es que  ”cada día es un tesoro”.

Aún así, esa actitud no ha conseguido por sí sola desterrar las capas de la enfermedad. Miro hacía atrás y me doy cuenta de tantas y tantas ocasiones como he achacado al cáncer un determinado cansancio, una determinada molestia. Llevo cinco años utilizando una muleta que, si bien al principio era imprescindible, se ha ido convirtiendo en un accesorio poco a poco, sin que me diera cuenta. Hasta ahora.

A vivir me ha empujado la vida y las circunstancias, y  me refiero con esto a vivir con más intensidad que lo hacía antes, disfrutando de mi familia y de mi trabajo, de mis amigos, de quienes están cerca de mi porque quieren. Y es ese tirón el que me está permitiendo dejar atrás toda una manera de pensar, de sentir, de justificar lo que me ocurría, para volver a superarme y a demostrarme que puedo. Sí, puedo. O mejor ‘I can’.

Y es esa labor de construcción de mi nueva yo, sin capullo, la que me ocupa ahora. Paso a paso, más que piedra a piedra yo diría que ladrillo a ladrillo (por eso de que me va más la ciudad), pero intentando aprender de algo negativo y extraer lo positivo que tuvo. Que tiene. Que seguirá teniendo durante mucho tiempo.

Ahora aprendo a disfrutar de aquello que no depende de mi, de dejarme llevar, de dar a los demás la opción de sentirse libres y expresarse como tal, y aprendo a aprender cómo ser una buena persona, que es todavía más difícil.

Porque vuelvo a ser yo, pero ya no soy la misma. #niquiero

NOTA: Mucha gente con la que he hablado últimamente sobre una situación parecida a la mía en su familia, más de la que quisiera, hablan del ‘bicho’ para referirse a la enfermedad. No señores, es ‘cáncer’. Se llama así. No le pongamos apodos, que igual se siente cómodo así y viene para quedarse.

Más de 150 pacientes de leucemia salen a la calle para decirle a la sociedad: ¡VALORA LA VIDA!

(Haciéndome eco de la petición que he recibido de la Fundación José Carreras, publico a continuación la información que me han remitido sobre la iniciativa ‘¡Valora la vida!’, organizada con motivo de la Semana Europea contra la leucemia que se celebra durante estos días)

Sábado 23 de junio, 12,30 horas. En el cruce de las calles Platería y Trapería de Murcia, las popularmente conocidas como las cuatro esquinas. Allí estarán Mateo Miras, paciente de leucemia mieloide de 40 años de edad, y la familia de Gabriela Chorro, una niña a la que se le diagnosticó leucemia aguda a los 3 años.

Ellos serán los representantes en Murcia de la iniciativa ¡Valora la vida! que ha puesto en marcha la Fundación José Carreras y que se desarrollará simultáneamente  en toda España.

Todos saldrán a la calle al unísono, por la mañana, en su localidad para lanzar un mensaje de esperanza en la lucha contra esta enfermedad. Lo harán para continuar nuestro “Experimento Valora la vida”, un vídeo que te llegará al corazón ( ver aquí: http://www.youtube.com/watch?v=7lHec2yzAJgy lanzarán el siguiente mensaje: ‘No sabes lo fuerte que eres hasta que la vida te pone a prueba. Ahora, que los tiempos son difíciles, valora lo que tienes. Sonríe y disfruta de la vida que es maravillosa’.

En esta acción intervendrán también 35 familias con niños y adolescentes que padecen o han sufrido esta enfermedad ya que la leucemia es el cáncer infantil más frecuente. Además, como verás en la convocatoria, de los 152 participantes, 36 se han sometido a un trasplante de médula ósea de un donante no emparentado localizado por nuestro programa REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea) de la Fundación Josep Carreras, y varios están a la espera de un trasplante de estas características.

Más información:

http://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151198461726038.552227.403285996037&type=3 

 http://www.valoralavida.org/

 

Cita en Madrid: ‘Cuando la lluvia no te alcanza’ y El Rayo Films

Madrid marcó mi agenda durante la semana pasada. Llevaba varios días preparando un viaje que, pese a que finalmente no se pudo desarrollar como estaba previsto, me ha aportado mucho personal y profesionalmente.

La cita; el proyecto de Koen Suidgeest, de El Rayo Films, por el que está confeccionando un libro con las imágenes de decenas de mujeres afectadas por cáncer que hemos querido participar mostrando así las ‘heridas de guerra’ que nos ha dejado la lucha contra una enfermedad y con las que vivimos a diario.

El proyecto se está desarrollando en colaboración con el Grupo Español de Pacientes con Cáncer, Gepac, y será editado próximamente por la editorial Liniazero de Barcelona. (Si alguien más quiere participar puede hacerlo contactando con marialuisa@elrayofilms.com)

Ni qué decir tiene que la recompensa será siempre saber que nuestra imagen puede ayudar a otras personas y familiares a vencer al miedo que causa la palabra cáncer y las secuelas de los tratamientos. Al menos, así es como yo me lo he planteado, porque estuve esperando una oferta de Interviú, pero no llegaba. ;-)

 

Lo mejor de este proyecto es que llegó a mi de la mano de otra iniciativa aún más emotiva y enriquecedora; la presentación del libro de Eva Márquez ‘Cuando la lluvia no te alcanza’. Eva escribió este poemario mientras una de sus hermanas recibía el diagnóstico y se enfrentaba a la enfermedad, de la que afortunadamente se está recuperando.

 

El acto fue emotivo, enriquecedor, solidario, informativo. Pero sobre todo resultó ser transgresor al superar muchas barreras y reunir, en torno a una serie de maravillosos poemas, inquietud, conocimientos y experiencias personales en torno al cáncer de mama, el hilo conductor de todo.

Porque la poetisa donó generosamente parte del tiempo de que disponía para su libro, con el fin de que la presentación se convirtiera en algo más, en una muestra de nuestras visiones; el proyecto de Koen, la información médica y las experiencias de un grupo de mujeres que nos desplazamos desde distintos puntos de España para participar.

Eva es fantástica, como también lo es Koen y María Luisa Fernández (también de El Rayo Films), pero aún más fantásticas son las mujeres que me acompañaron en la última parte del acto, la de las intervenciones personales. ¡Cuánta fuerza! La energía que se desplegó en ese momento en el foro de la Fnac de Paseo de la Castellana.

 

 

Porque, en ese momento la vida se abrió paso una vez más entre el público asistente (que fue mucho) para mostrarnos a todos que somos mucho más fuertes de lo que pensamos. Al menos, eso fue lo que yo transmití durante mi intervención. Junto a mi, luciendo como soles, un grupo de mujeres extraordinarias expresaron igualmente lo vivido. Entre todas, quisiera destacar la presencia de alguien que luchó en 2008, como yo. Una periodista extraordinaria que también se lanzó a escribir un blog para relatar su experiencia en torno al cáncer; Dulós Domenech. Ella y yo nos seguimos mutuamente a través de nuestros blogs y tuvimos conocimiento de cada fase de la enfermedad, algo que según pude comprobar el jueves en Madrid, une mucho incluso en la distancia. Porque cuando finalmente nos pudimos encontrar, descubrimos que ya sabíamos mucho la una de la otra, que nuestras experiencias en determinadas áreas de nuestras vidas eran similares y que eso es algo que, no solo no vamos a olvidar, sino que nos va a mantener unidas en el futuro.

¡Gracias a todas por vuestra extraordinaria calidad humana, vuestra fuerza y vuestra energía positiva!

De izquierda a derecha: Dulós, Luisa, yo, Noelia, María Hortensia, Paloma, Sonia, Eva y Paz

¡Ah! Y gracias también a mi compañía: Frisco y Paulita ;-) por recorrer junto a mi más de 800 kilómetros en pocas horas.

Si alguien quiere escuchar el acto:

Siempre ‘on’ (encendida)

Aunque parezca que mi actividad en torno al tema del cáncer y a mi experiencia ha decaído, lo cierto es que sigo manteniendo diversos contactos, sobre todo a través del correo electrónico y en persona.

La mayoría de las ocasiones me escriben para darme las gracias, a lo que yo contesto que la agradecida soy yo, en otras ocasiones me piden información o que contacte con algún enfermo o familiar de enfermo, algo que suelo cumplir de inmediato, y en otras ocasiones me piden que este blog se convierta en un medio de comunicación con personas afectadas.

Pues bien, esta última es la razón del mensaje que recibí la semana pasada de María Luisa. Dice así:

“Hola Isabel,

En primer lugar quisera mostrarte mi admiración por tu labor con el blog. Tengo relación con otras mujeres que también escriben su particular “diario” de la enfermedad, y no sé si sois del todo conscientes de la gran ayuda y fuerza que dais a otras personas que padecen cáncer, sois también terapia para muchos y muchas. Es algo muy bonito y generoso que espero que sintáis, se os quiere y necesita mucho.

Tras esto querría presentarme y contarte algo. Mi nombre es María Luisa y me gustaría hablarte del proyecto en el que colaboro. Trabajo con el fotógrafo Koen Suidgeest y nos encontramos elaborando un libro de fotografías para la concienciación sobre el cáncer de mama, en colaboración con la editorial Liniazero y con GEPAC. El libro constará de varias partes, una de ellas la componen retratos de mujeres de todo tipo mostrando sus pechos, otra de ellas serán dos reportajes fotográficos del día a día de dos mujeres, una a la que le haya sido realizada masectomía y otra que vaya a ser operada, y por último testimonios de mujeres pacientes.

Hemos fotografiado a casi doscientas mujeres pero creemos que debiéramos incluir más retratos de mujeres que padezcan o hayan padecido cáncer de mama. Por otro lado la idea de los reportajes surgió hace muy poco y aún no contamos con dos voluntarias que cumplan los perfiles. Me gustaría pedirte ayuda para difundir la convocatoria si lo ves bien, o incluso si tú misma quisieras participar en el proyecto…”

Pues bien, yo voy a participar en el proyecto, sobre todo porque me gusta El Rayo Films y la labor de Suidgeest. Pero es evidente que no me ajusto al perfil de las mujeres para los reportajes, por eso he querido compartir con vosotros parte de este mensaje, para ofrecer la oportunidad al equipo de El Rayo de contactar con las mujeres que buscan, si es que ellas desean ser encontradas.

Si conoces o eres una mujer masectomizada o te van a operar y quieres colaborar, puedes ponerte en contacto con El Rayo Films en la dirección de email

marialuisa@elrayofilms.com

Os seguiré contando sobre mis proyectos.

Mas huesos y más carne

Mientras acabo de culminar mi vuelta a la normalidad, tengo la sensación de que me estoy convirtiendo en lo más parecido que conozco a un milagro andante. Cada día que pasa tengo más claro que deberé agradecer siempre (dure lo que dure esa expresión) a los profesionales de la sanidad pública y a los avances médicos el tiempo de prórroga obtenido. Pero, además, me voy encontrando con nuevas noticias sobre mi evolución que hacen que todo sea aún más asombroso.

Con el mes de enero llega cada año el momento de volverme a conectar a una bomba inyectora, esas maquinitas que tanto nos impresionan cuando recibimos la quimioterapia. El motivo es la inyección de Aclasta, un medicamento que trata de ayudarme a combatir contra la osteoporosis que me dejaron en herencia los tratamientos.

Pues bien, este año el reumatólogo consideró que, puesto que han pasado ya tres desde el diagnóstico, era el momento de hacer una nueva densitometría (la prueba que ayuda a determinar cómo se encuentran los huesos) Me sometí a todo el proceso con la paciencia que trato de dotar a cada gestión que tiene que ver con mi recuperación. La pena es que no guardé los datos sobre la primera que me hicieron, por lo que cuando recogí los resultados no pude comparar para saber en qué situación estaba.

La verdad es que yo esperaba encontrarme peor, más desgastada y cansina, como me sentía en algunas ocasiones. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrí con la ayuda de la doctora Da Silva que había mejorado. Sí, sí, mejorado. Y tanto que ya no tengo osteoporosis.

Unos días después el reumatólogo me explicó que mi organismo está recuperando la normalidad, por encima de todos los efectos secundarios que me causaron los tratamientos. Es más, me dijo que mi situación es la de “una mujer sana de tu edad”, como si no quedara huella de esta terrible sensación de vejez que te produce pensar que padeces una enfermedad en los huesos que harán de la tuya una vejez especialmente dolorosa.

Ya estamos en enero de 2012, dentro de unos días se cumplirán 4 años del comienzo de todo este inicio, y yo sigo sumando etapas a mi experiencia en torno al cáncer de manera muy diversa. He tenido que alejarme del grupo que cree para buscar mi camino en el mercado de trabajo, creando para ello mi propia empresa, pero no me olvido de quienes se han cruzado en mi camino durante 2011. Porque este año he tenido la ocasión de comprobar que el Turmalet puede ser un lugar muy cálido, que Pujante no hay más que una y que entre las esposas de los policías locales de Alcantarilla también hay heroínas.  Todas ellas mujeres entrañables, fuertes y emocionales que han superado los tratamientos y la enfermedad.

Con ellas he celebrado el paso del tiempo, la vuelta a la normalidad y he compartido la experiencia intensa y dura que ha marcado nuestras vidas, pero nos ha ayudado a crecer, a conocer nuestra fuerza y también nuestra suerte.

Gracias de nuevo

Creo que es una de las palabras que en más ocasiones he repetido; Gracias.

Todo comenzó el pasado martes 18, una llamada, mi respuesta afirmativa y se puso en marcha la elaboración de un reportaje para conmemorar el 19 de octubre con toda España.

Esta vez era el suplemento V de Vocento, publicado en todas las cabeceras del grupo, acogió el resumen de mi historia, de la historia de miles de mujeres, y también la determinación a luchar y la fuerza.

Hablar con Isabel F. Barbadillo, la autora del artículo, fue todo un regalo. Su trabajo supo combinar emociones con palabras, hilándolas en torno a una historia conmovedora pero real, sin dramatismos añadidos.

Por la tarde, trabajar con Enrique Martínez Bueso también constituyó una lección: De profesionalidad. Creo que no me deja en muy buen lugar, pero lo cierto es que estuvo dos horas buscando una imagen lo suficientemente buena para la historia.

Al final, yo agotada pero ilusionada, porque una vez más podía sentir en primera persona la posibilidad de compartir con quienes están sufriendo en estos momentos, y con sus familiares y amigos, toda una experiencia vital que no para de compensarme con regalos como las decenas de mensajes de apoyo recibidos.

El resultado;

Estadísticas de visitas al blog en torno al 19 de octubre.

Es la primera vez que publico las estadísticas de este blog, algo que debo agradecerle al cambio de plataforma por el que ha optado Vocento, con el que ahora podemos estudiar la evolución de las visitas. Aunque esto no haya estado libre incidencias.

Prometo seguir informando.

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