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La mejor manera de celebrar el 19 de octubre (Día del Cáncer de Mama)

Cuando compruebas que comienza a pasar el tiempo, y que cada vez se aleja más tu vivencia cara a cara con el cáncer, te das cuenta de que esta va a ser una experiencia que te acompañe de por vida. Y, por tanto, que fechas como el 19 de octubre serán siempre detonantes de los recuerdos, pero también oportunidades para reflexionar, elaborar los recuerdos y tratar de fijar en tu vida las lecciones que te ha dado la experiencia.

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Haciendo músculo

Nada más lejos de la realidad que pensar que llegará el momento en que uno pueda cerrar la puerta tras el cáncer y dejar atrás todo lo vivido. Han pasado más de seis años y aquí seguimos, dando vueltas a la experiencia, a los tratamientos que parece no acabarán nunca y a los efectos que todo esto sigue teniendo en mi vida.

Músculo ante el cáncer

Ejercitando los músculos para afrontar la vida


Quizá lo menos destacado de todo, una vez que colocas cada tema sobre la mesa, sea la prolongación de los tratamientos que inicialmente iban a durar cinco años a una década. Pero es importante. Me impactó tanto la noticia que incluso me planteé muy seriamente abandonar. Dejar que mi organismo y la suerte obraran mientras huía de la bien intencionada tiranía de tanto tratamiento que me persigue durante años. Tranquilos, al final rechacé la idea por la responsabilidad que tengo hacia mi hija, y por mi compromiso con la felicidad.

Aún recuerdo cómo me avisaron las enfermeras, el día que recibí el diagnóstico, de que el cáncer iba a cambiar mi vida por completo. Y también recuerdo cómo los primeros meses vivía con un ingenuo orgullo pensando que eso no me iba a ocurrir a mí. Han pasado seis años y la conclusión es que, efectivamente, ha removido toda mi vida de una u otra manera. Aún recientemente he sufrido una experiencia muy dolorosa que considero está relacionada directamente con aquel diagnóstico y el sacrificio que ha exigido a todo mi entorno.

Pero lo más importante de todo es que te levantas cada día a poner en marcha tu vida de nuevo con dos ideas fundamentales en la cabeza; llegar al final de la jornada sin dejar a medio ninguna de las cosas importantes para ti y desarrollar las horas que tienes por delante sin olvidar las lecciones que la experiencia te ha enseñado.

Esto último es lo más difícil, porque lo bueno y lo malo van de la mano y resulta imposible separar. Si vuelves a realizar tu vida tal cual, entonces es como si el sufrimiento no hubiera servido para nada. Pero si tratas de hacer valer las lecciones aprendidas, es como si el cáncer fuera una mancha en la cara que no puedes ignorar ni siquiera durante un solo minuto.

En ese punto de inflexión es donde hacemos músculo. El necesario para llevar con buen ánimo ese protagonismo excesivo de la enfermedad y el que te exigen las experiencias para sobrellevar los efectos que aún sigue teniendo en tu vida. Y no es figurado, es real, he retomado mis carreras y cada vez me siento más ligera, más rápida y más fuerte.

Un fuerte abrazo para todas las personas que están realizando ahora esta ‘travesía’ y a sus familiares.

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Cita en Madrid: 'Cuando la lluvia no te alcanza' y El Rayo Films

Madrid marcó mi agenda durante la semana pasada. Llevaba varios días preparando un viaje que, pese a que finalmente no se pudo desarrollar como estaba previsto, me ha aportado mucho personal y profesionalmente.

La cita; el proyecto de Koen Suidgeest, de El Rayo Films, por el que está confeccionando un libro con las imágenes de decenas de mujeres afectadas por cáncer que hemos querido participar mostrando así las ‘heridas de guerra’ que nos ha dejado la lucha contra una enfermedad y con las que vivimos a diario.

El proyecto se está desarrollando en colaboración con el Grupo Español de Pacientes con Cáncer, Gepac, y será editado próximamente por la editorial Liniazero de Barcelona. (Si alguien más quiere participar puede hacerlo contactando con marialuisa@elrayofilms.com)

Ni qué decir tiene que la recompensa será siempre saber que nuestra imagen puede ayudar a otras personas y familiares a vencer al miedo que causa la palabra cáncer y las secuelas de los tratamientos. Al menos, así es como yo me lo he planteado, porque estuve esperando una oferta de Interviú, pero no llegaba. 😉

 

Lo mejor de este proyecto es que llegó a mi de la mano de otra iniciativa aún más emotiva y enriquecedora; la presentación del libro de Eva Márquez ‘Cuando la lluvia no te alcanza’. Eva escribió este poemario mientras una de sus hermanas recibía el diagnóstico y se enfrentaba a la enfermedad, de la que afortunadamente se está recuperando.

 

El acto fue emotivo, enriquecedor, solidario, informativo. Pero sobre todo resultó ser transgresor al superar muchas barreras y reunir, en torno a una serie de maravillosos poemas, inquietud, conocimientos y experiencias personales en torno al cáncer de mama, el hilo conductor de todo.

Porque la poetisa donó generosamente parte del tiempo de que disponía para su libro, con el fin de que la presentación se convirtiera en algo más, en una muestra de nuestras visiones; el proyecto de Koen, la información médica y las experiencias de un grupo de mujeres que nos desplazamos desde distintos puntos de España para participar.

Eva es fantástica, como también lo es Koen y María Luisa Fernández (también de El Rayo Films), pero aún más fantásticas son las mujeres que me acompañaron en la última parte del acto, la de las intervenciones personales. ¡Cuánta fuerza! La energía que se desplegó en ese momento en el foro de la Fnac de Paseo de la Castellana.

 

 

Porque, en ese momento la vida se abrió paso una vez más entre el público asistente (que fue mucho) para mostrarnos a todos que somos mucho más fuertes de lo que pensamos. Al menos, eso fue lo que yo transmití durante mi intervención. Junto a mi, luciendo como soles, un grupo de mujeres extraordinarias expresaron igualmente lo vivido. Entre todas, quisiera destacar la presencia de alguien que luchó en 2008, como yo. Una periodista extraordinaria que también se lanzó a escribir un blog para relatar su experiencia en torno al cáncer; Dulós Domenech. Ella y yo nos seguimos mutuamente a través de nuestros blogs y tuvimos conocimiento de cada fase de la enfermedad, algo que según pude comprobar el jueves en Madrid, une mucho incluso en la distancia. Porque cuando finalmente nos pudimos encontrar, descubrimos que ya sabíamos mucho la una de la otra, que nuestras experiencias en determinadas áreas de nuestras vidas eran similares y que eso es algo que, no solo no vamos a olvidar, sino que nos va a mantener unidas en el futuro.

¡Gracias a todas por vuestra extraordinaria calidad humana, vuestra fuerza y vuestra energía positiva!

De izquierda a derecha: Dulós, Luisa, yo, Noelia, María Hortensia, Paloma, Sonia, Eva y Paz

¡Ah! Y gracias también a mi compañía: Frisco y Paulita 😉 por recorrer junto a mi más de 800 kilómetros en pocas horas.

Si alguien quiere escuchar el acto:

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Siempre 'on' (encendida)

Aunque parezca que mi actividad en torno al tema del cáncer y a mi experiencia ha decaído, lo cierto es que sigo manteniendo diversos contactos, sobre todo a través del correo electrónico y en persona.

La mayoría de las ocasiones me escriben para darme las gracias, a lo que yo contesto que la agradecida soy yo, en otras ocasiones me piden información o que contacte con algún enfermo o familiar de enfermo, algo que suelo cumplir de inmediato, y en otras ocasiones me piden que este blog se convierta en un medio de comunicación con personas afectadas.

Pues bien, esta última es la razón del mensaje que recibí la semana pasada de María Luisa. Dice así:

“Hola Isabel,

En primer lugar quisera mostrarte mi admiración por tu labor con el blog. Tengo relación con otras mujeres que también escriben su particular “diario” de la enfermedad, y no sé si sois del todo conscientes de la gran ayuda y fuerza que dais a otras personas que padecen cáncer, sois también terapia para muchos y muchas. Es algo muy bonito y generoso que espero que sintáis, se os quiere y necesita mucho.

Tras esto querría presentarme y contarte algo. Mi nombre es María Luisa y me gustaría hablarte del proyecto en el que colaboro. Trabajo con el fotógrafo Koen Suidgeest y nos encontramos elaborando un libro de fotografías para la concienciación sobre el cáncer de mama, en colaboración con la editorial Liniazero y con GEPAC. El libro constará de varias partes, una de ellas la componen retratos de mujeres de todo tipo mostrando sus pechos, otra de ellas serán dos reportajes fotográficos del día a día de dos mujeres, una a la que le haya sido realizada masectomía y otra que vaya a ser operada, y por último testimonios de mujeres pacientes.

Hemos fotografiado a casi doscientas mujeres pero creemos que debiéramos incluir más retratos de mujeres que padezcan o hayan padecido cáncer de mama. Por otro lado la idea de los reportajes surgió hace muy poco y aún no contamos con dos voluntarias que cumplan los perfiles. Me gustaría pedirte ayuda para difundir la convocatoria si lo ves bien, o incluso si tú misma quisieras participar en el proyecto…”

Pues bien, yo voy a participar en el proyecto, sobre todo porque me gusta El Rayo Films y la labor de Suidgeest. Pero es evidente que no me ajusto al perfil de las mujeres para los reportajes, por eso he querido compartir con vosotros parte de este mensaje, para ofrecer la oportunidad al equipo de El Rayo de contactar con las mujeres que buscan, si es que ellas desean ser encontradas.

Si conoces o eres una mujer masectomizada o te van a operar y quieres colaborar, puedes ponerte en contacto con El Rayo Films en la dirección de email

marialuisa@elrayofilms.com

Os seguiré contando sobre mis proyectos.

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Mas huesos y más carne

Mientras acabo de culminar mi vuelta a la normalidad, tengo la sensación de que me estoy convirtiendo en lo más parecido que conozco a un milagro andante. Cada día que pasa tengo más claro que deberé agradecer siempre (dure lo que dure esa expresión) a los profesionales de la sanidad pública y a los avances médicos el tiempo de prórroga obtenido. Pero, además, me voy encontrando con nuevas noticias sobre mi evolución que hacen que todo sea aún más asombroso.

Con el mes de enero llega cada año el momento de volverme a conectar a una bomba inyectora, esas maquinitas que tanto nos impresionan cuando recibimos la quimioterapia. El motivo es la inyección de Aclasta, un medicamento que trata de ayudarme a combatir contra la osteoporosis que me dejaron en herencia los tratamientos.

Pues bien, este año el reumatólogo consideró que, puesto que han pasado ya tres desde el diagnóstico, era el momento de hacer una nueva densitometría (la prueba que ayuda a determinar cómo se encuentran los huesos) Me sometí a todo el proceso con la paciencia que trato de dotar a cada gestión que tiene que ver con mi recuperación. La pena es que no guardé los datos sobre la primera que me hicieron, por lo que cuando recogí los resultados no pude comparar para saber en qué situación estaba.

La verdad es que yo esperaba encontrarme peor, más desgastada y cansina, como me sentía en algunas ocasiones. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrí con la ayuda de la doctora Da Silva que había mejorado. Sí, sí, mejorado. Y tanto que ya no tengo osteoporosis.

Unos días después el reumatólogo me explicó que mi organismo está recuperando la normalidad, por encima de todos los efectos secundarios que me causaron los tratamientos. Es más, me dijo que mi situación es la de “una mujer sana de tu edad”, como si no quedara huella de esta terrible sensación de vejez que te produce pensar que padeces una enfermedad en los huesos que harán de la tuya una vejez especialmente dolorosa.

Ya estamos en enero de 2012, dentro de unos días se cumplirán 4 años del comienzo de todo este inicio, y yo sigo sumando etapas a mi experiencia en torno al cáncer de manera muy diversa. He tenido que alejarme del grupo que cree para buscar mi camino en el mercado de trabajo, creando para ello mi propia empresa, pero no me olvido de quienes se han cruzado en mi camino durante 2011. Porque este año he tenido la ocasión de comprobar que el Turmalet puede ser un lugar muy cálido, que Pujante no hay más que una y que entre las esposas de los policías locales de Alcantarilla también hay heroínas.  Todas ellas mujeres entrañables, fuertes y emocionales que han superado los tratamientos y la enfermedad.

Con ellas he celebrado el paso del tiempo, la vuelta a la normalidad y he compartido la experiencia intensa y dura que ha marcado nuestras vidas, pero nos ha ayudado a crecer, a conocer nuestra fuerza y también nuestra suerte.

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Mirada clara, rostro puro

Ayer recibí un correo electrónico que decía así;
“Hola Isabel: En primer lugar decirte que te admiro por tu valentía y tu coraje para compartir tu experiencia y hablar con tanta normalidad y hasta con humor de tu enfermedad, que también es la mía. Hace mucho tiempo que se de ti, desde que te diagnosticaron el cáncer…”

Y después de una serie de detalles, continúa diciendo: “Me gustaria mucho conocerte y hablar contigo, porque estoy segura de que nadie mejor que tú para saber como me siento, y la cantidad de preguntas que me hago cada dia. Si quieres, podemos compartir un rato juntas, a mi me encantaria conocerte en persona, no soy muy dada a comunicarme a traves de máquinas, además de que no entiendo ni jota de informática.”

Pues bien, ipso facto le tomo la palabra a la remitente y me dispongo a quedar con ella. Nos vimos el mismo día y, cuando llegué a su casa, me sorprendió encontrar a una mujer activa, despierta, con la mirada clara y el rostro puro, los mismos rasgos que adiviné en sus padres.

Venía de caminar con su perrita ¡nada menos que una hora! Estaba aún llena de energía “con ansiedad porque no puedo trabajar” y  la mayor parte de sus inquietudes y miedos se basaban en la trascendencia de la enfermedad, el miedo y la necesidad del factor suerte para salir de esta. Nada nuevo, nada distinto, nada que no se resuma en las preguntas que todos nos hacemos en algún momento durante esta ‘travesía’; ¿Porqué a mí? ¿Porqué ahora?

Tiene a su alrededor a una familia adorable, un marido entregado y unos padres atentos, a sus hijos y un buen ramillete de amigas, pero pocas personas pueden intuir su trance si no lo han atravesado. Mi papel, sencillo, contarle mi historia mientras le miro a los ojos para que vea cómo han cambiado mis circunstancias, recordarle que de todo se sale y que determinadas experiencias son necesarias -aunque no deseables- para que nos queramos a nosotras mismas como merecemos.

Algunos pensarán que es un obsequio compartir estas vivencias para que nadie que pase por ellas se sienta solo, lo que nadie sabe es que el regalo me lo llevo yo cada vez que salgo de la casa de alguna de estas personas que acuden a mí para compartir sus temores. Porque pocos se imaginan la extraordinaria belleza de cada ser humano con el que coincido en esta situación, algo que ni siquiera el dolor o los tratamientos logra difuminar.

BSO Deseando amar de Shigeru Umebayashi

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Sobre el autor Isabel Franco
Periodismo. Social Media. Formación. Aprendiz eterna. Sobreviviente del cáncer. Una entre tantos. Ni más, ni menos.

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