La Verdad

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Al final fue el año 10
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Isabel Franco | 31-01-2011 | 02:34| 1

Transcurrido suficiente tiempo desde que decidimos someternos todos a la dura prueba de la Navidad, llega el momento de hacer un balance serio del año pasado. Y la verdad es que no es malo (alguien va a pensar que definitivamente he perdido el norte, el sur y todos los puntos cardinales).

El caso es que 2010 acabó de una manera muy distinta a como yo había soñado justo cuando empezó. Para mi iba a ser el año de ‘Volver’ , y no me refiero a la película de Almodóvar, sino a mi propia representación en la serie de la vida. Era el año en que esperaba tener la oportunidad de retomar mis actividades previas a la enfermedad, las que tanto me costó abandonar, y mi relación con otras tantas personas de mi entorno, por las que tantas lágrimas derramé. Iba a ser el año en que me demostrara a mí misma que las oportunidades son ilimitadas y las posibilidades de cambio y mejora también. El año en que, por fin, los míos podrían comenzar a olvidar tantos desvelos y sinsabores.

Pues nada, no ha sido nada de eso, al menos no lo ha sido tal y como lo soñé. En efecto ha sido el año de la paloma, pero el de una paloma mensajera que se vio abatida nada más levantar el vuelo por la bala de un cazador furtivo (y digo furtivo porque se encerró bajo 7 llaves nada más hacerlo). Así apenas había podido sacudir el polvo de mis alas con mis primeros vuelos, cuando me volví a ver en el suelo, recuperándome del impacto que me produjo la caída.

De esta manera me he pasado más de la mitad del año, con el ala herida y caminando en vez de volar por eso de que el suelo siempre es más seguro. De los desvelos de los míos nada nuevo que añadir, no tanto la salud del cuerpo como la salud del alma, pero siguen preocupados por mi salud.

Pero yo he aprovechado la experiencia, y que ya sé cómo se tragan los sapos, consiguiendo darle la vuelta. El otro día reflexionaba con una amiga y resultaba increíble la conclusión; tengo menos dinero que antes -menos de la mitad cada mes-, vivo en casa más de lo me gustaría que me permitiera el trabajo, mi vida es austera hasta el extremo, pero he salido ganando. Si.

Un cambio indeseable, más por su manera que por su contenido, me ha permitido romper lazos indeseables. Con hábitos de vida que definitivamente no me hacían feliz, con personas tóxicas, con un modelo de subsistencia que consumía mucha más energía de la que nadie se puede permitir gastar y con una evolución que lo único que hacía era alejarme cada vez más de la persona que soy hoy como resultado de todo lo vivido durante mis 40 años de vida.

Y hoy tengo la certeza de estar mejor acompañada -siguen a mi lado quienes de verdad me aprecian-, de encontrarme más tranquila, de atender mejor a mi familia, de saber lo que quiero y, lo que es más importante, lo que no quiero.

Y por eso creo que finalmente lo conseguí, logré que el pasado fuera el año 10, aunque no exactamente como hubiera querido. Pero lo logré y ese tanto es mío. De nadie más.

Ahora comienza el 11, todo un reto, y yo lo celebro junto con el primer aniversario del grupo ‘Mucho x vivir’ (AECC) de Alcantarilla. Un grupo integrado por el mayor tesoro que he encontrado en Alcantarilla a lo largo de los años (después de mi marido, claro); las mujeres diagnosticadas de cáncer que cada martes acuden al Casino, a las 6 de la tarde. Y con ellas celebro que, como el cáncer, todo tiene un lado positivo, un aprendizaje, una mejora, un crecimiento. Sin más. Y sólo pido eso para el 11; seguir. ¿Será ésta algún día una película de Almodóvar?

Estas son algunas de las integrantes del grupo. De izquierda a derecha, y de adelante hacia atrás; Carmen María, Consuelo, Mari Tony, Társila, Luisa, Pepita, Antonia, Rosario, Yo, Isabel, Araceli y Mar (porque Marian llegó tarde a la foto). A todas les doy las gracias por regalarme su amistad.

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Media vuelta
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Isabel Franco | 14-12-2010 | 10:13| 0

Se me han saltao las lágrimas…


Por su sinceridad y acertada osadía. Vía La Huella Digital ¡Gracias Nacho!


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He cumplido los cuarenta y me sigo buscando
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Isabel Franco | 01-11-2010 | 10:51| 0

Esto del cáncer no es cosa de dos días, al menos yo lo estoy viviendo así. Espero que nadie se piense que digo esto porque trato de transmitir la idea de que es un proceso largo y pesado. No es así, en realidad los tratamientos directos contra el cáncer duran poco en la mayoría de los casos (excepto la terapia biológica que me tuvo un año de baja)

Cuando hago mi afirmación, me refiero a la experiencia, y no a la enfermedad. Un diagnóstico de este calibre lleva aparejadas demasiadas vivencias como para disolverse con un poco de tiempo.

Si encima tienes la ‘suerte’ de pasar por una terapia psicológica y un tratamiento psiquiátrico, la cosa se dilata un poco más. Y si además la vida te va poniendo alguna que otra zancadilla -¡qué bien estar viva para contarlo!- Pues más aún.

En esas me encuentro yo ahora. Ha pasado suficiente tiempo como para poder disfrutar de cada día con la alegría y la fuerza con la que me propongo afrontar el resto de mi vida. Y así ocurre, en ocasiones, y es entonces cuando me llevo la sorpresa. Detallo.

Comienzo el día con ilusión, con ánimos para todo, con ganas de comerme el mundo vamos. Esto me produce una alegría descomunal, me hace sentir como hace más de 3 años y me gusta, me gusta, me gusta, porque me permite olvidar.

Pero, en cuanto me encuentro un obstáculo, por pequeño que sea, me vengo abajo con la misma facilidad con que un niño pasa de la alegría al llanto. Y eso me deja sin fuerzas, me abate y me lleva otra vez a luchar, como el náufrago que lucha por mantenerse a flote sin salvavidas.

Esto me ocurre, según mis especialistas en salud mental, porque busco a la persona que era antes para reencontrarme con ella, y esa persona ya no existe. Y aquí comienza la Odisea, porque mientra mi memoria busca a la Isabel del pasado, la que conoce y sabe cómo se siente en cada momento, lo cierto es que la de ahora siente diferente, piensa distinto y ya no se parece en mucho más que el físico a la que era. Bueno, espero que en lo esencial, en mis principios, no me haya cambiado mucho esta vivencia.

En fin, que así me encuentro a dos días justos de haber cumplido los 40 años (“la edad más bonita de tu vida” según palabras de alguien a quien quiero mucho, mucho, mucho) Menos mal que con el tiempo me he quitado un montón de cargas inútiles de la mochila, con lo que al menos la aventura de mi descubrimiento espero que me resulte menos cansada y más ligera.

Y mientras, un himno nuevo para todo esto de manos de uno de los mejores músicos con que nos podemos deleitar en estos momentos, en este país, Fito .

Puedo escribir y no disimular
Es la ventaja de irse haciendo viejo
No tengo nada para impresionar
Ni por fuera ni por dentro.

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Bocados de salud
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Isabel Franco | 15-10-2010 | 23:36| 1

Ya que ha pasado el tiempo suficiente y estoy a la distancia necesaria para hacerlo, creo que ha llegado el momento de pasar a un segundo plano -al menos por ahora- las cuestiones médicas y hablar de esos pequeños detalles que también te llenan la vida cuando te la juegas en trances como el del cáncer.

Y es que, una vez que te has resignado a la idea de que te va a tocar pasar laaaargas horas en el hospital, llega el momento de buscar esos pequeños refugios o destinos que te pueden ayudar a hacer las visitas más llevaderas. A ti y a los tuyos, por supuesto.

Los casi 3 últimos años me han proporcionado una buena experiencia, creo, a la hora de distinguir esos destinos. Siempre según mis gustos, hay lugares como la cafetería del Maternal donde te puedes sentir muy bien tratada por todos los profesionales que allí trabajan.

Aunque, sin ánimo de que nadie se sienta molesto, para mí hay lugares especiales como el Rodilla de la galería comercial Arrixaca . Ése ha sido para mí un refugio en muchas ocasiones. No necesito esforzarme mucho para recordar esos días en que iba a que me pusieran la quimio y, mientras me hacían el análisis de sangre y me preparaban el combinado, me pasaba las horas muertas tomando café, chocolate caliente y comiéndome los inigualables cruasanes que allíl se hornean. O cuando esperaba entre consultas y aprovechaba para tomar algo. Aún hoy en día es parada obligatoria tras un análisis o al salir de alguna revisión, porque lo más valioso del Rodilla, amén de su servicio, limpieza y la calidad de sus productos, es su personal.

Las chicas del Rodilla son verdaderas especialistas a la hora de cuidar a sus clientes, y eso se agradece. Con ellas he compartido momentos de enfermedad y debilidad, pero también de alegría al recibir una buena noticia o simplemente al comprobar que me iba recuperando con el paso del tiempo. En sus caras he visto la satisfacción que les producía comprobar que yo seguía, y aún sigo, una evolución positiva. Y eso se agradece, porque da gusto sentirse querida en todos los ámbitos de la vida.

Pero hay otra parada que no puedo olvidar, en esta ocasión porque resultó especialmente importante durante la radioterapia, y aún hoy sigue siendo destino de escapadas esporádicas. Se trata del restaurante El Chirrete, del Polígono Industrial Oeste . Se encuentra en la 2ª fase, la zona más nueva, cerca del Camino de los Soldados por el que tantas veces paso para ir y venir de la Arrixaca a casa.

Pues bien, fue parada obligatoria todos los días de la radioterapia, como tratamiento adjunto. Su fresquísima cerveza, sus buenas tapas, el buen trato de su personal -el mismo todo el tiempo- y el precio, que no tiene competencia. Allí también me encuentro agusto, allí también me vieron con y sin pañuelo. También he visto la alegría en sus caras al comprobar que iba ganando la batalla al cáncer y, ahora, también allí me siento querida.

Esto empieza a sonar como los mundos de Yupi, todo ‘flowerpower’, pero es que es lo que ha tocado hoy.

Oh Mi vida, Esta cambiando diariamente, De muchas maneras, Y mis sueños, Nunca son lo que parecen, Nunca son lo que parecen...



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Aquí de nuevo
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Isabel Franco | 03-09-2010 | 18:49| 0

Hola,
Vuelvo a sumergirme en las palabras que componen este blog tras unos meses de inactividad, del blog por supuesto, no mía.
Dejé la carta de agradecimiento con el fin de darle la mayor de las difusiones, porque esas palabras eran las que guardaban nuestros corazones. Pasado el tiempo, y pasadas unas cuantas cosas, ahora guardamos otras palabras diferentes.
Pero no es ese el tema de este blog, así que voy ha centrarme en lo importante, mi evolución durante los últimos meses.
Comenzó el año con revisiones, pruebas, revisiones, pruebas y más revisiones. Eran tantas que la incorporación al trabajo no llegó nunca a ser completa, me despidieron antes.
Pero, antes de que eso ocurriera, pasó otra cosa muy interesante; me hice la reconstrucción. En noviembre rechacé la intervención que me proponían porque consideraba, y para ello contaba con el apoyo de todos los médicos que han seguido mi proceso, que los efectos secundarios adversos eran más que los beneficios de la misma.
Resumo, me proponían extraer 50 cc de mi abdomen para inyectarlo en el pecho izquierdo, y compensar así la masa mamaria extirpada durante la operación. Eso implicaba sufrir las molestias propias de una liposucción, pero sin disfrutar de las ventajas de esta intervención, y además no estaba garantizado que el proceso de completara con una sola intervención.
Es decir, que me proponían realizarme una o más operaciones con anestesia general para ‘rellenar’ el espacio que antes ocupaba el cáncer. En mi caso, eso era lo mismo que no experimentar mejora estética alguna ya que tuve un seroma que me dejó una horrible cicatriz y sobre la que no tenían intención de hacer nada.
Afortunadamente, la dirección médica de la Arrixaca y más concretamente su subdirector médico José Domingo Cubillana, entendió que en mi caso se podrían tener en cuenta otras opciones. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida, él hizo que un fin decepcionante para el proceso vivido se convirtiera en una posibilidad. Y yo no pedía más.
El caso es que al final me atendió la doctora Paloma Ramón, una verdadera artista en su trabajo. Ella apoyaba la propuesta que me habían realizado, pero entendió que mis consideraciones la descartaran, y confirmó que era posible extirpar la cicatriz e introducir implantes (más bien lo primero fue idea suya, una idea que me entusiasmó)
Y así se hizo el 29 de marzo de 2010. Dos días antes me llamaron para ingresar y aproveché que coincidía con la Semana Santa=poco trabajo, para decir que si.
El resultado no pudo ser más positivo. Desde el principio estuve encantada con su trabajo, no tuve complicaciones y llevé el post operatorio muy bien. Tan bien, que no necesité esperar a que me quitarán los puntos para volver al trabajo, lo que hice 10 días después de la intervención (de por medio quedaron jueves y viernes santo y el bando de la huerta, con lo que en realidad no falté tantos días laborables)
Esto tenía una razón de ser, yo sabía que la agenda médica era tan densa que perjudicaba a mi trabajo y quería demostrar que la primera interesada en comenzar a dejar atrás mi espíritu de convaleciente era yo. Craso error. Apenas unos días después de quitarme los puntos me echaron. Así que no sirvió de nada tanta buena intención.
Esa misma semana, esta vez una buena noticia, mis revisiones pasaron a ser semestrales, con lo que mi doctora Juana Campillo me daba un respiro. Lástima que llegara tarde.
Bueno, entre tanto no he estado quieta, Alcantarilla ya cuenta con un grupo de muchoxvivir, para mujeres afectadas de cáncer, que forma parte de la Asociación Española Contra el Cáncer. Somos muchas, ha crecido rápido, y dentro de unos días volvemos a reunirnos para iniciar un nuevo curso. De ellas os hablaré otro día. Por hoy:



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Gracias a todos
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Isabel Franco | 27-12-2009 | 22:10| 0

Cuando la vida te da un revés, parte de su trascendencia depende de los apoyos con los que cuentas para superarlo. Así, si uno está acompañado ante la nueva situación que se le plantea, resulta –o al menos eso parece- más fácil enfrentarse a ello e incluso alcanzar el éxito en el empeño. La soledad, por el contrario, es una más de las piedras que se pueden arrastrar en momentos de adversidad.

El cáncer abre un cráter en la vida de cualquier persona, por favorable que pueda resultar su pronóstico. Ese agujero negro invadió una buena mañana de enero de 2008 el día a día de mi familia, teniéndome a mí como protagonista.

A lo largo de 23 meses mi marido, mi hija y yo hemos debido superar diversas situaciones que nos han venido planteadas por la enfermedad, alterando con ello nuestra vida cotidiana y la de nuestras familias. Pero esa alteración ha llegado más lejos, a nuestro entorno más cercano en todos los ámbitos, incluido el del trabajo.

A través de estas líneas queremos expresar, en primer lugar, que hemos sido conscientes de que detrás de cada operación, de cada eventualidad, de cada ciclo de quimioterapia, de cada sesión de radioterapia, de terapia biológica, de cada consulta de oncología, se encontraba una persona haciendo el esfuerzo que nosotros hemos dejado de hacer en el trabajo, el vecindario y en nuestra familia para tratar de vencer la enfermedad que se me diagnosticó. Un compañero tratando de lograr los objetivos señalados por un jefe que, en más de una ocasión, se ha visto atropellado por el anuncio de una nueva ausencia o de la prolongación de ésta. Un amigo o familiar desempeñando en casa la labor que nos resultaba imposible por falta de tiempo, de fuerza o, simplemente, de ánimo. Un hermano, hermana, padre o madre corriendo hacia la guardería para recoger a la pequeña de la casa. Un vecino de casa o de corazón trayendo una tortilla de patatas, un plato de higos, una docena de huevos caseros que ayudaran a recuperar la fuerza maltrecha por los tratamientos.

Hoy que parece que la enfermedad nos ha dado una tregua y la vida una prórroga, al menos de momento, no podemos tratar de retomar nuestra ‘normalidad’ sin mirar a nuestro alrededor y dar las gracias. Una y otra vez.

Gracias al gran equipo humano que acude cada día a ofrecer lo mejor de sí a los usuarios del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, que han convertido en trabajo esto de salvar vidas, mejorarlas o simplemente hacer más llevadero el tránsito, llegando cada vez más allá en su entrega y cualificación.

Gracias a nuestros jefes, en el Ayuntamiento y la Base Aérea de Alcantarilla, que se pusieron a nuestro lado y nos ofrecieron todo el apoyo necesario. Gracias a nuestros compañeros de trabajo, que se expresaron directamente desde el corazón dándonos su cariño y reforzando nuestras ausencias con esfuerzo y comprensión, pero sacrificando su tiempo. Gracias a nuestros vecinos y amigos, incluso a los recién llegados, porque intentaron aliviar lo más penoso de este trance como pudieron y lo lograron.

Gracias también a la junta local de la Asociación Española Contra el Cáncer, que tanto bien hace a diario entre las personas afectadas por esta enfermedad, amortiguando su impacto, consolando la pena y ampliando la información de los afectados y sus familias.

Y, muy especialmente, gracias a nuestras familias, que se cogieron de nuestras manos y se adentraron en el oscuro túnel que atravesamos y a cuyo final llegamos ahora para retomar esta vida llena de adversidades pero con un gran valor añadido; el sentimiento de solidaridad de las personas.

Gracias a todos, hoy podemos decir que no hemos estado solos, que nos hemos sentido acompañados y arropados en todo momento, que han sido muchos nuestros compañeros y que el cariño de los alcantarilleros ha contribuido en buena medida al éxito de los tratamientos.

Muchas gracias, de corazón.

José Francisco Costa García

María Isabel Franco Sánchez

María Isabel Costa Franco

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Cuento blanco
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Isabel Franco | 10-12-2009 | 21:42| 0

Estaba sola. En medio de una plaza sobre la que confluían varias calles. Se sabía observada, pero aislada a la vez por los mismos pares de ojos que la controlaban con sigilo desde un escondite absurdo.

No recordaba cómo había llegado allí. Se sentía igual que con resaca. En su mente vagaban las imágenes de una gran fiesta; alegría, descontrol, amigos, diversión, risas. Todo era tan agradable…

Todo iba tan bien…

Y de repente, sin poder explicar lo ocurrido, sus pies atrapados en esa gran piedra que ahora la sostenía en pie, en medio de un lugar desconocido. No le cabía duda “debe ser una broma macabra del destino”.

Pasaban las horas y ella no se movía. Erguida en el mismo lugar esperaba que algo, “un pliegue en la dimensión del tiempo”, cambiara aquello. Pero, por otro lado, se dio cuenta de que más allá de su fantasía pocas cosas iban a cambiar en las próximas horas, en los próximos días. “Quien sabe, incluso puede que nunca vuelva a ser igual”.

De repente empezó a llover. Pensó que era bueno. Pensó que el destino le estaba echando una mano. Levantó por primera vez la mirada hacia el cielo. El primero de mil gestos iguales que habría de repetir en el futuro. Abrió la boca. Tragó agua. Buscaba saciar su sed. Los primeros tragos le calaron el ser. Entraron directos al fondo de su alma. Y le escocieron. Estaba salada. Llovía agua salada. No lo entendía. No se explicaba qué pudo cambiar tanto el sabor del agua. El mismo líquido venido de ese lugar azul e idílico, que en su infancia le encantaba cazar entre correrías.

Lo notó de repente. No sabía cómo reaccionar. Estaba perpleja. Llovían lágrimas. Era su propia tristeza la que recorría su cuerpo, gota a gota, hasta bañarla por completo, empapando su alma de una pena húmeda y fría. Comenzó a temblar. Era demasiado. No podía seguir. “No puedo más”.

Pasaba el tiempo, horas y más horas, y nada cambiaba. Nadie aparecía. Seguía sola y sin saber qué hacer. Poco a poco, fue deduciendo que sólo estaba en su mano dar un giro a la situación. Únicamente ella podía hacer algo por sí misma. Estaba mojada, triste, cansada, confusa, perdida en un lugar desconocido, se sentía amenazada por el vacío existente a su alrededor y se sabía irremediablemente unida a una piedra que debería de arrastrar a cada paso. Si es que se decidía a andar.

Cansancio, apatía, confusión, más confusión, y pena. La tristeza era como una gran mancha de aceite que se iba extendiendo a su alrededor. Lo manchaba todo y lo dejaba pegajoso, desagradable. No podía limpiarlo, no había manera de limpiarlo, y la mancha cada vez era más grande. “Pobre de mí, nadie me ayuda, no se imaginan lo triste que estoy”.

Hablaba para si misma, susurrando, tratando de aferrarse a sus sentidos para no perder la compostura. Los susurros cada vez iban a más, eran más fuertes y casi se convirtieron en gritos. Un torrente expresivo en medio de ningún lugar.

“Psssss, silencio, espera, escucha, a lo mejor te contestan” se decía. Parecía un sueño. Un sueño que comenzó a materializarse progresivamente. Primero más bajito. Voces que parecían salidas de su propio recuerdo. Luego más fuerte, pero siempre susurros.

Una mancha blanca comenzaba a acercarse a ella. Estaba agotada, totalmente desorientada y con la sensación de haber perdido por completo la noción del tiempo y de sí misma. La mancha temblaba, la veía titilar como amenazada por la suave brisa que dejó la lluvia. Se acercaba poco a poco, a cada paso ganaba en claridad, en luz, el blanco era más intenso. La deslumbraba. Cerró los ojos.

“Toma, es para ti”, una niña le tocaba, le hablaba, le estaba entregando algo. No se lo podía creer. Notó como su corazón se abría, cómo dejaba pasar la alegría de aquella visión, y la saboreaba con gusto. El contacto con la niña le devolvió al mundo de las personas. Al lugar del que no debió salir nunca, de donde fue arrebatada por una realidad más fuerte que el ritmo inexorable que empuja las agujas del reloj a cada segundo.

Le entregó un puñado de globos. Eran todos blancos, se movían de un lado a otro, balanceados con suavidad por el movimiento que aún recordaban. Flotaban en la misma realidad que ella, pero parecían felices, daba la sensación de que se sentían cómodos en su mano. Los globos y ella no se sentían igual, era evidente, a pesar de encontrarse en una situación parecida: En medio de ningún sitio, trabados por la base y con una única compañía al final de sus extremos.

En ese momento sintió envidia, envidia por los globos, por su pasado “tan diferente del mío, seguro” y por la sensación de serenidad que irradiaban. “¿Porqué ellos y yo no?” y decidió investigarlos.

Entonces se olvidó de las miradas, de la soledad de la plaza, de la humedad de la pena y de su tacto pegajoso. Se dispuso a observar hasta el último rincón de cada uno de esos diminutos cuerpos sintéticos rellenos de aire. Miraba por uno y otro lado, hasta que observó una pequeña inscripción en la base de cada uno:

“Eres inocente, tú no tienes la culpa de lo que te ha ocurrido”

“No estás sola, mira a tu alrededor y pide que te acompañen, alguien

aparecerá”

“Ten confianza, los profesionales quieren ayudarte a salir de aquí”

“La piedra se compone de miedo y tristeza, ayúdala a disolverse”

“Exprésate, di lo que sientes, eres un ejemplo para otros”

“Se paciente, recuperarás tu vida”

Y si todo esto no te vale; “Te quiero”

Dio un salto. No esperaba el último mensaje. A decir verdad no esperaba ninguno de ellos. Miró hacia sus pies, al saltar la piedra se había movido, había avanzado un poco, ya no estaba en el mismo lugar y eso le permitió tener la sensación de que algo estaba cambiando. “Si quieres que cambie haz cosas diferentes”, pensó, y volvió a saltar.

De repente, uno a uno, un numeroso grupo de personas fue saliendo de las esquinas, de los portales, de los comercios. Todos se encaminaban hacia ella. Iban vestidos como para un carnaval, con atuendos de diversa naturaleza y poca ropa de calle, pero tenían una cosa en común; sólo la miraban a ella. Y se sintió bella. Bella por dentro. Sintió un calor que le llenaba una vez más el corazón, el mismo al que asomó tímidamente la alegría en forma de niña vestida de blanco. El calor iba a más, crecía y crecía hasta que comenzó a rebosar. Y la grasa de la pena se comenzó a derretir, abriendo un camino que le acercaba a cada pequeño salto a las personas.

Siguió saltando. Saltando. Saltando. A veces tropezaba, otras casi perdía el equilibrio, y volvía a ajustar la intensidad del brinco para no dañarse.

Y así logró llegar a la gente, y facilitar que la gente llegara a ella. Y se sintió como los globos; flotando alegre y confiada, mecida por un vaivén cálido y ameno. Estaba entre los suyos, personas de su misma naturaleza y condición que se acercaron a ella en cuanto tuvieron la sensación de que les necesitaba; cuando la vieron luchar por sí misma.

Y siguió saltando y avanzando, sonriendo cada vez más y disfrutando de pequeños detalles que descubría a cada salto, favorecida por la lentitud de su paso para descubrir matices que nunca contempló cuando llevaba ‘el ritmo habitual’.

La piedra desapareció, se disolvió en la alegría vital que ella sentía, como la sal en el agua. Volvió a caminar, a ser dueña de sus pasos, del ritmo, de la distancia. Pero nunca fue lo mismo, porque ahora quería seguir disfrutando de los matices, de esos pequeños detalles que hacen cada segundo diferente del anterior.

Y la niña, al verla tan feliz, se quedó con ella. Creció compartiendo alegría, esperanza e ilusiones. Todas ellas palabras dibujadas alguna vez por una mano misteriosa en un puñado de globos blancos.

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A por ellos…
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Isabel Franco | 30-11-2009 | 01:56| 0

…que son pocos y cobardes.
Este suele ser mi grito de ánimo cuando tengo que dar un paso adelante. Llevo todo el fin de semana repitiéndolo, porque este lunes 30 me incorporo de nuevo al trabajo. Y ¡puf! Tengo miedo.

Han pasado tantas cosas, y sobre todo ha pasado tanto tiempo, que no puedo evitar tener un nudo en el estómago. Así que bueno y malo, ya veremos cómo pasan los primeros días. Y por supuesto contaré.

Bueno, vamos por partes, porque llevo mucho tiempo. La experiencia de Madrid fue genial. No solo porque me permitió participar de un evento de categoría, como es La Conversación 2.0 , sino porque me permitió medir mis fuerzas después de todo este tiempo. Y es que me fui sola, me llevé hasta la capital y me mantuve allí casi 24 horas. Y pude con todo. Lo que en condiciones normales puede ser normal, en mis circunstancias me generaba dudas. Pero lo superé, paseo por la Gran Vía, Puerta del Sol y Arenal incluido, por supuesto.

Quien tenga interés en ver el vídeo de la mesa redonda, puede pinchar sobre este enlace y seleccionar el vídeo. Es la segunda sesión de la tarde.

Después me vi muy ocupada con mi nena y mi casa, el viaje a Portugal de mi marido puso una nueva prueba para mi, que finalmente también superé. Ya va siendo habitual que me enfrente, poco a poco, a situaciones de la vida cotidiana. Y suelo tener éxito.

La competición de mi querido fue muy bien porque son unos campeones, quedaron los segundos. Prueba de ello:
Quedaron subcampeones, y eso porque al final hubo que desempatar y las normas no les favorecieron. Bueno, que tenemos un ejército excepcional.

Mañana tengo cita con mi cirujano plástico. Para hablar sobre la anulación de la intervención por mi parte y tratar de llegar a un nuevo punto. Seguiré contando.

No os olvido.

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…Y el viento los junta
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Isabel Franco | 11-11-2009 | 12:51| 0

Ya estoy en Madrid, pero nobleza obliga y lo primero es lo primero. Yecla es un enclave privilegiado, y no tanto por su ubicación y sus cualidades como por sus gentes. Tengo una amiga que dice que “Dios los cría y el viento los junta”. Pues bien, a mi me llevó a Yecla una ráfaga de las grandes (estos últimos días ha soplado fuerte en esta zona). Allí, me encontré con una queridísima amiga y colega; Carmen Ortín. Ella se encargó de que me sintiera más que cómoda, muy cómoda y mejor acompañada. Me reunió con personas que me demostraron que junto a Carmen sólo permanecen los de mejor calidad humana. Y todos me acogieron con cariño y cercanía, como si nos conociéramos de siempre.

Este comité, que me ofreció la mejor impresión de los yeclanos, estuvo integrado por Miguel Soriano, decorador, Clotilde Agero, jefa de urgencias del Hospital de Yecla, Yuma Puche, asesora de comunicación del grupo Popular en el Ayuntamiento de Yecla, el economista Rafael Verdú, la maestra Esperanza Coloma y la psicóloga Concha Martínez, además de la citada periodista de Onda Regional y La Verdad . El aderezo contó con la profesionalidad de La Barrica , en forma de riquísimos manjares remojados en un vino de la tierra, no podía ser de otro modo, de la bodega La Purísima .

En el Auditorio Municipal todo fueron atenciones y mucho, mucho cariño. Yo estaba pasando un mal trago, me había costado mucho preparar mi relato en voz alta por todo lo que implicaba evocar lo vivido durante los últimos meses. Era la primera vez que me escuchaba contando lo ocurrido, dejando asomar las emociones que aún quedan y mostrándolo ante medio centenar de personas.

Todo fue cariño por su parte, compresión y apoyo. Lo demás, lo puso el corazón, porque entendí que era la única manera de expresarme. No se pueden tamizar con la razón tantas emociones. Y yo creo que así lo entendió todo el mundo que, al finalizar, se acercó a saludarme.

Gracias, muchas gracias a todos. Volveré a Yecla, porque merece la pena.

Ahí van unas imágenes de lo que se puede contar de aquel día…

Con el presidente de junta local de Yecla de la Asociación Española Contra el Cáncer, Rafael Yago, la vicepresidenta Paki Muñoz, y la teniente de Alcalde delegada de Política Social, Inmigración y Mujer, Sanidad y Consumo y Festejos, María Concepción Palao Andrés.

En esta imagen, un grupo de asistentes al acto, entre los que se encuentra mi querido José Francisco, mi marido, que está atrás, sonriendo.

Del acto se hicieron eco, poco después, los medios de comunicación. Entre otros, La Verdad publicó una crónica y un reportaje de fotos en el portal digital y El Periódico de Yecla le siguió. Gracias a los dos.

En la siguiente foto, veremos un momento de la marcha por la vida que, a pesar del viento, recorrió las calles de la localidad.

Para seguir La Conversación en directo, pinchar aquí .

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4 besos que me dan vida
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Isabel Franco | 28-10-2009 | 21:44| 0

Sigo tratando de cubrir a buen paso el último tramo que me acerca a la vida real. Poco a poco, se van cumpliendo los plazos y parece que todo está más cerca. Para actualizar esta información os cuento que ya estoy dada de alta en la Seguridad Social, como trabajadora en activo, aunque ajustes de última hora que siguen pendientes impiden que me incorpore aún.

Mientras todo se soluciona y lo que es más importante, yo lo tengo claro, el mundo sigue dando vueltas a mi alrededor y yo trato de tomar el pulso a la cotidianidad asumiendo diversas responsabilidades.

Las más destacadas; la charla que bajo el título de ‘Yo también tengo cáncer’ protagonizaré el próximo día 6 de noviembre, a partir de las 20 horas, en el Auditorio Municipal de Yecla , donde he sido invitada por la junta local de la Asociación Española Contra el Cáncer.

El 11 de noviembre, para no parar, me traslado a Madrid. Nada menos que a la Universidad Politécnica. Allí participaré en La Conversación 2.0 , un encuentro que cada año adquiere mayor protagonismo. El programa en el enlace y el blog, para seguir la evolución de esta edición, aquí .

Pero la más importante de mis ocupaciones ahora y la que más satisfacción me reporta, con permiso de todas las demás, está en casa otra vez. Allí comienzo todo los días a las 7 de la mañana y me permito recibir los 4 besos que me dan la vida. El primero de mi marido, el gran Jose, mi sufridor. Los otros 3, de mi hija y mis dos sobrinos a la puerta del colegio (nos besamos antes de entrar porque a algunos, que ya son mayores, les da un poco de vergüenza eso de los besos delante de sus compañeros)

Y después, a vivir, a seguir manteniendo el equilibrio que me permite disfrutar de este triple encuentro entre mi mente, mi cuerpo y mi corazón.

También sigo de pruebas, después de cumplir los 39 el próximo viernes 30 -este año sí- también está señalado en mi agenda el día 6, primera revisión doble en oncología y la unidad de mama. A cruzar los dedos. Os seguiré contando.

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Sobre el autor Isabel Franco
Periodismo. Social Media. Formación. Aprendiz eterna. Sobreviviente del cáncer. Una entre tantos. Ni más, ni menos.

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