La Verdad

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Quieres seguir viva
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Isabel Franco | 21-10-2009 | 22:11| 0

Ese es el título del artículo de opinión que hoy ha publicado La Verdad en su edición de Murcia. Lo escribí a petición del Director Adjunto del periódico, Mariano Caballero, con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Cáncer de Mama. A través de estas palabras, quiero agradecerle que pensara en mí para representar a las afectadas por esta enfermedad.

Ahí va el texto, que se puede leer también en la edición digital :

Es difícil opinar sobre lo que te ha hecho sufrir. Las palabras con que has construido tu relación con el cáncer son demasiado duras para compartirlas en voz alta, cuando menos escribirlas. Aún así, la relación con esta enfermedad no es sólo negativa.

Lo primero que detectas cuando te anuncian que padeces un cáncer es el error. La gran equivocación que has cometido una y otra vez al pensar que si no le prestabas atención no te pasaría a ti, que si no va contigo no irá contra ti. Pero más equivocada aún estaba cuando creí que sabría lo que iba a sentir, porque es la más personal de las experiencias. Al menos de las experiencias que yo he vivido en los 39 años que cumpliré el próximo día 30.

Yo no me hacía las tan mencionadas revisiones mensuales, cumplía con las anuales y poco más porque me sentía una persona sana. Incluso cuando la enfermedad apareció alojándose en mi vida apenas unos días después de quitarle el pecho a mi hija, creí que no podía ir conmigo. Y en esto tengo que afirmar que los médicos, inicialmente, pensaron como yo.

Precisamente por eso, a mi parecer, más importante que el 19 de octubre es el día 20, y el 21 y sucesivos, porque durante estos días nadie nos recordará que nos va la vida en ello y que por eso es importante pasar todas las revisiones.

Pero una vez diagnosticado, mi relación con el cáncer no ha sido sólo de enfermedad, en ningún caso de derrota y mucho menos de desaliento. Mientras asumes que lo padeces y que tienes que luchar te sientes más viva que nunca y comienzas a descubrir cómo late todo aquello que te resistes a perder. Experimentas con la mayor intensidad el verdadero significado de la vida, aunque resulte un tópico.

El transcurso de los tratamientos está sembrado de experiencias que nunca habría podido adivinar. Entre ellas, la de saber que quieres seguir viva porque te descubres a ti misma en la imagen que refleja el espejo cada mañana. Te ves despojada de tantos condicionantes que jalonan nuestra vida cotidiana a pesar de su escaso valor. Eso te da alas, te sientes ligera y quieres volar más allá, más lejos y más tiempo si es posible.

En estas condiciones resulta indispensable confiar en los profesionales de la Medicina. No quiero imaginar lo que podría haberme costado sobrevivir a esta enfermedad sin confiar plenamente en todo el personal sanitario que me ha ayudado a salir adelante. Ellos también tienen nombre, una vida y un corazón que se deja sacudir muy a menudo por nuestra situación.

Pero la profesionalidad y los avances médicos, que tanto bien nos están haciendo a los diagnosticados de cáncer, reclaman la actitud positiva del enfermo para hacer más contundente su éxito. Y para ello el mejor ingrediente es el cariño, el apoyo incondicional de familiares, amigos, conocidos y, en mi caso, incluso desconocidos que a lo largo de los meses se alistan en tu ejército demostrando que la mina del ser humano tiene una de sus más valiosas vetas en la solidaridad. Sentimiento del que saben mucho las personas que cada día contribuyen a ayudar a los enfermos y sus familiares desde la Asociación Española Contra el Cáncer, a través de sus juntas locales como la de Alcantarilla, y de otros tantos colectivos.

Para ayudarte a pasar este tiempo, en que la enfermedad te ha mandado al arcén paralizando tu agenda, nada como las palabras que llegan a modo de transfusión de ánimo en unas ocasiones, y de lluvia ácida en otras. Ésta última es la forma que adoptan expresiones tales como “una larga y terrible enfermedad”, las comparaciones desafortunadas como “es el cáncer de la sociedad” o los peores epitafios; “perdió la batalla”. Porque hay muchas largas y terribles enfermedades, un variado vocabulario para describir lo bueno o malo que le ocurre a la sociedad y, sobre todo, porque no existe batalla perdida ante el cáncer. Sólo el hecho de haber existido, de haber sido tal cual uno se reconoce y de haber compartido momentos inolvidables con otras personas es una victoria tal que ni el cáncer puede acabar con ella.

Por último, admito un fracaso, y es a pesar de haber pedido que dejen el tabaco a todos los fumadores de mi entorno, personas en su mayoría a las que alguna vez he dicho un ‘te quiero’, no he logrado que ninguno me haga caso. Ni uno sólo se ha dejado impresionar pese a verse convertidos en espectadores de primera fila de mi enfermedad. Espero que estas líneas les den, a ellos y a muchos otros, ese empujón definitivo.

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El ahora es inaplazable
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Isabel Franco | 08-10-2009 | 01:47| 0

Esa es la primera y más importante lección que he aprendido de esta experiencia. También es la causa de que, cada vez, encuentre menos tiempo para sentarme a escribir. Y es que, si damos por cierto que la vida se compone de momentos, también lo es que esos momentos no pueden ser programados en la mayoría de las ocasiones.

Para muestra un botón. No, no es el anuncio del coche ese que hace referencia a esto que digo. Os invito a mirar en la mochila del pasado, a asomaros a vuestros recuerdos y analizar, entre los mejores, cuántos estaban programados. Pues eso.

Que al final la vida nos coge por sorpresa en muchas, muchas ocasiones. Que vivimos experiencias que nos sacan de lo cotidiano y esas, precisamente, son la sal que realza el sabor de todo. Hasta de un dolor de muelas.

Y así las cosas, yo no me pierdo una. Que toca sentarse a ver los dibujos animados de la tele con mi hija, pues hala. Que se le apetece ver una vez más, y ya van 20, su película favorita, pues también. Que me echo en la cama con ella y me agarra fuerte y me abraza, pues yo me rompo el cuello en la postura que haga falta para disfrutar de ese instante. Porque eso, y los cariños de mi queridísimo, son algunas de las cosas que más pena me dará perder cuando me marche, que espero que sea dentro de mucho tiempo.

Un golpe de mar
Hace unos días nos dejó Alex , el capitán que con tanto acierto tripuló una embarcación de piratas hasta que la enfermedad le dio un golpe de mar. Le echó del barco a los 16 años.

Esa ola me pilló a mí de refilón. Conocer la noticia de su muerte me sacudió. Era una persona-tesoro, de esas que te enriquecen sin apenas esfuerzo. Un ‘amarillo’ que diría Albert Espinosa . Y seguir caminando ya no va a ser lo mismo. Pero no tanto porque ya no esté, que seguirá mientras no le olvidemos, como porque ahora me doy cuenta de todo lo que me aportó, y pienso llevar conmigo la experiencia de haberle conocido. Durante toda mi vida.

En este punto me rebelo. Lo siento, pero ya no puedo seguir a expensas del dolor que el cáncer me puede causar. Con tristeza, con ansiedad, con pena por los que se han ido y por los que sufren, voy a mirar hacia delante.

El otro día pedí el alta, de manera voluntaria, y me han dicho que en breve recibiré la carta que me permite incorporarme de nuevo a esa vida de superficialidades que la mayoría lleváis. Y lo digo sin acritud, más bien con envidia. Sana envidia ¿Qué digo? ¿Sana?

Para hacerme a la idea, mientras llega el momento, trato de identificar mi entorno…

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¿Y a quién no?
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Isabel Franco | 27-09-2009 | 14:18| 0

Mañana otoñal en Murcia, está lloviendo, algo que no ocurre habitualmente. Y llueve mucho, porque se ha activado el plan de inundaciones. En fin, es un día apacible para quedarse en casa, con las persianas arriba para ver caer la lluvia y escribiendo…

La visita al centro de salud mental fue muy bien. Antes de entrar a la consulta de la psiquiatra, la enfermera te hace un pequeño cuestionario. Una vez más, otra, antes de 5 minutos ha conectado conmigo por completo, tocada como está por el cáncer. “No debería contarte esto, pero hace un año falleció mi marido de cáncer de páncreas”, a partir de ahí comienza la historia. Me cuenta su caso, otro caso de lucha, de superación y de victoria, aunque acabara con su muerte, porque fue una muerte digna.
Unos minutos más, y en la consulta de la psiquiatra vuelve a ocurrir. Noto que se resiste, pero es totalmente receptiva a lo que le voy contando; el impacto, los tratamientos, las dudas, la angustia, el miedo, la ansiedad… No tarda mucho, ella no da tantos detalles, pero vuelve la expresión “te comprendo más de lo que imaginas”. La atención y el trato, impecables.
Pero sí imagino, más de lo que los demás creen. Llevo 19 meses escuchando y leyendo expresiones de personas que se han visto afectadas por un diagnóstico de cáncer. El penúltimo, hace unos días, el de Fina, que vino a conocerme con su marido Francisco desde Fuente Álamo.
Y, por el camino, una mala noticia, otra familia sacudida por el dolor y la pérdida el pasado mes de agosto. Una mujer de mi edad, con mi mismo tipo de cáncer, un marido que la adoraba -y que me obsequia con su amistad desde hace muchos años- con dos hijos pequeños a los que ya no verá crecer…
Y es que pensamos, cuando nos anuncian que hemos sido llamados a la guerra por nuestra salud y nuestra vida, que el nuestro es un caso aislado que nos afecta a nosotros y a nuestro entorno. Nada más equivocado, esto cada vez es una causa más común. A cada segundo, desgraciadamente, hay más personas afectadas, más guerreros sintiendo los mismos miedos, más familias conmocionadas, más amigos abatidos, más compañeros y vecinos afectados… Y todos sentimos de similar forma. No hay muchas diferencias, aunque lo parezca.
Hace poco vi, en un reportaje de La2, que en Estados Unidos había surgido un grupo de mujeres afectadas por el cáncer de mama, y que promovían concentraciones silenciosas en diversas ciudades para llamar la atención de los demás sobre la verdadera incidencia de esta enfermedad. Para ello, se visten todas del mismo color y así logran transmitir una imagen más expresiva que cualquier afirmación; somos multitud.
En fin, que tengo cita de nuevo el 29 de octubre, y mientras debo tomar unas pastis que se supone me van a ayudar a prepararme para la vuelta a la vida normal. Algo que, sobre todo, merecemos mi adorado marido, mi hija y yo. Eso espero.
ESPECIAL: No es habitual en mí, pero quiero enviar un paquete de cariño y ánimo a 3 hombres a los que aprecio sinceramente; JM que aún llora por la pérdida de su adorada esposa, el conocido juez de Granada Emilio Calatayud y a su esposa Azucena, y a Nacho de la Fuente y Marta, que están ahora atravesando el túnel. Un abrazo gigante.

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Calentito, calentito
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Isabel Franco | 16-09-2009 | 23:58| 0

Medito, medito, y al final me le quedo calentito, calentito. Llevo más de 10 días pensando en lo que iba a escribir para seguir a mi última reflexión. Tanto lo he pensado, que ha pasado más tiempo del que hubiera querido, demasiado.

En primer lugar quiero pedir perdón a aquellas personas que esperaban que mi reaparición tratara sobre vacaciones felices en familia, veraneos idílicos, relaciones maravillosas y la culminación de un renacimiento que todos esperamos. Lo siento, me permití ser egoísta y plasmar lo que me estaba ocurriendo en ese momento, sin pensar en que otras personas podían esperar de mi lo contrario. Vuelvo a pedir disculpas, aunque trato de defenderme con el argumento de que, una vez más, fui honesta.
Ahora estoy mejor, he logrado dormir un poco con ayuda de la gabapentina y gracias a la tregua del calor. Y la verdad es que mi estado de ánimo lo ha notado. Que no nos engañen, la privación del sueño es una de las peores formas de tortura, y yo doy fe de ello. El verano ha sido especialmente duro para esto, para lo único, tanto que llegado un momento pasaba días y días sin apenas dormir más de 30 minutos seguidos. Eso puede con cualquiera.
El caso es que parece que ha pasado. Ya estamos casi en otoño y las cosas comienzan a tomar forma de normalidad. He estrenado un nuevo formato de blog, y no me refiero al diseño, como habréis podido comprobar he introducido nuevos contenidos relacionados con el cáncer. Así trato de hacerlo más variado, porque no voy a dar por acabada esta historia aún. No hasta que verdaderamente la vida cotidiana se imponga en mi día a día, y para eso aún falta.
Mañana tengo cita con la psiquiatra, para contarle que estoy frustrada porque no me esperaba una banda de música al salir de la consulta de la oncóloga (me habría bastado un músico callejero), que me agobia la gente que no para de preguntarme sobre mi incorporación al trabajo, que no tengo noticias del cirujano que me habrá de realizar la próxima intervención y que se me forma un nudo en el estómago cuando pienso en volver a soportar la presión de antes. En fin. Seguiré contando.
Mientras, algunos renacimientos nos recuerdan que la vida tiene sus momentos, algunos muy buenos, otros para olvidar, y nos dan fuerza para seguir adelante.


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Lamentablemente, no lo logró
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Isabel Franco | 16-09-2009 | 23:55| 0

Una triste noticia, aunque con final digno, este es el mejor enfoque que he visto de la información sobre la muerte de Patrick Swayze, no habla de “perdió la batalla”, “no perdió la esperanza”, ni cita ninguna de esas frases hechas que tanto daño pueden hacer, como han hecho otros periodistas en otros medios sin ningún pudor.

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El futuro más cerca
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Isabel Franco | 16-09-2009 | 23:25| 0

(Foto forouniversitario.net)
Leer estas noticias en el periódico le alegran el día a una…
http://www.laverdad.es/murcia/20090912/sociedad_murcia/estudio-sobre-quimioprevencion-cancer-20090912.html
Te hacen pensar que el futuro está cada vez más cerca, y en todo el sufrimiento que se podrá evitar.

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Una lección de ¿vida?
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Isabel Franco | 02-09-2009 | 02:50| 0

Aquí estoy de nuevo. Si. Ha pasado el verano y he tenido ocasión de disfrutar como no lo había hecho el año pasado. Pero no todo ha sido cobrar mi compensación…

Vamos por partes. Julio comenzó genial, la playa de Los Alcázares nos estaba esperando y las instalaciones del cuartel en que Jose trabajó durante todo el mes nos acogieron muy bien. Pasamos una primera mitad del verano rodeados de las mejores personas que nos podían acompañar y, entre ellas, una familia muy especial que espero que se aliste en nuestras vidas; la familia Blasco con Javier, Alicia y Carla en la plantilla.

Vivir como lo hicimos allí es fácil, más que fácil, un sueño que se hizo realidad. La playa, la comida hecha cada día, buena compañía, la visita de nuestros familiares más cercanos y sol, mucho sol. Yo mantuve todo el tiempo una expresión de felicidad y relax que, sinceramente, me hacía falta después de los últimos meses. Me acabé convirtiendo en el juguete favorito de mi hija, y la mejor clienta de cremas protectoras de las farmacias de la zona.

Bueno, tonteos aparte, agosto no fue peor en lo que a veraneo se refiere. Vera es una maravilla, sus playas son una fuente de energía que te permiten reponer fuerzas en un entorno idílico, pero civilizado, como a mí me gusta. Y a mi marido, y a mi hija, y…

Pero no todo fue tan bueno, la muerte de Medeles y alguna que otra mala noticia más lastró la alegría inicial. Eso, y que de todo se cansa una. Si, si, aunque parezca injusto así es. Al final, el puente de agosto que este año no fue puente ni nada, nosotros lo disfrutamos en casa, con todo cerrado para favorecer un trasvase de calor entre nosotros y las paredes del hogar. Gracias al aire acondicionado la cosa no acabó en tragedia.

El caso es que llegó el 24 de agosto, fecha elegida por mi oncóloga para dar por concluido el ciclo de tratamientos y comenzar con las revisiones. Ese día para mí era como una jornada de Reyes, lo esperaba con ansia desde hacía meses. Pues bien, chasco, los demás no lo vivieron igual, incluida la protagonista, que no era yo sino mi oncóloga.

El caso es que del famoso informe que señalaría que estoy apta para trabajar, nada. En su lugar, una nueva relación de los tratamientos recibidos y una simple nota al final; no hay evidencia de enfermedad. Nada de las palabras que tantas veces habíamos repetido las dos en su consulta, nada de apta para trabajar, nada de recuperación, nada de restablecimiento, nada de nada, de nada, de nada. Y estallé.

Lo que el cáncer no ha podido hacer en 18 meses lo ha conseguido la absurda burocracia de este país y la psicosis de los médicos a las demandas. No puedo más. He aguantado todo lo que han considerado mejor para tratar mi cáncer, he firmado todo lo que me han pedido sin entender en la mayoría de las ocasiones mas que era por mi bien, he seguido todas las instrucciones con una precisión que para sí quisiera un reloj suizo. Pues bien, no ha servido más que para acrecentar la sensación de inmunidad de los demás a mi alrededor. Y esta vez me refiero a los médicos, porque ahora sí me hacía falta una palabra de ánimo. Una palabra escrita en mi informe que reconociera la lucha por la vida que supone este trance, la prueba de superación que pasamos, la tragedia que vivimos. Algo que me permitiera pensar que todo podría volver a ser como antes. Estaba en un error.

Y en esas nos encontramos, tratando de encajar que nadie está dispuesto a afirmar por escrito que puedo volver a ser la de antes, que no tengo que temer, que debo pasar página. Así que no pasaré página, ahora trato de construirme esa nueva realidad en la que, junto al amargo recuerdo de lo vivido, se une la incertidumbre de cara al futuro y la nueva persona en que me ha convertido todo esto. Sabiendo, eso sí, que si vuelvo a recaer, los médicos se pondrán guantes. No es fácil.

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Te escribo a ti
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Isabel Franco | 20-07-2009 | 10:31| 0

Te escribo a ti, dolor, para decirte que no me impresionas, aunque me asustas. He logrado superar todo lo que implica mi lucha contra el cáncer teniéndote cerca, pero te voy a dar una patada en el culo en cuanto te descuides.

El sufrimiento es el peor compañero de todo ser humano, y sin embargo parece que forma parte de la vida llorar sangre de vez en cuando. Escribo esto porque mi sicóloga me ha recomendado que lo hiciera “aunque no lo lea nadie”. No me conoce aún.

Necesito pasar página, dejar atrás todo el dolor de los últimos meses, y parece ser que sólo es posible mirando de frente, otra vez, lo que tanto rechazo me produce.

Si, he sufrido, he llorado, he temido y me ha dolido pese a quedarme sin apenas fuerzas para respirar. Así, como se lee. Se pueden perder las fuerzas y conservar la capacidad de sufrir, un error de funcionamiento de la máquina humana que somos. Habrá que reclamar al fabricante por no realizar las comprobaciones oportunas antes de lanzar el producto a la calle ¡je!¡je!

El caso es que empezaba a escribir esto para desterrar el recuerdo del dolor psicológico que aún me queda, especialmente después de la quimioterapia, y al final me resulta imposible mantener ese tono tan oscuro. Así que no lo voy a hacer. Confiemos en que acabaré olvidando.


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Una lucha cruel
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Isabel Franco | 30-06-2009 | 02:06| 0

Estoy experimentando la más exagerada expresión de la neurosis que podría imaginar. En mi interior se está desarrollando una batalla que nada tiene que ver con mi lucha contra el cáncer -o eso creo- y mucho con la clase de persona que va a resultar de todo esto.

Y puedo asegurar que las dos, la vieja y la nueva Isa, se están tirando de los pelos sin reparos ni remilgos de ningún tipo. Vamos que las luchas de barro no tienen nada que envidiarle al reparto de codazos que, en mi interior, se están dando las dos.
Entre arañazo y arañazo, la vieja Isa trata de imponerse y mantener la titularidad de mis acciones y mi carácter, aferrándose con uñas y dientes a un lugar que intuye perdido. Tratando de evitar que la página, que ya pasa, le caiga encima. Está luchando con pasión y vehemencia, como era yo antes, y no cede terreno con facilidad a lo inevitable, sigue obstinada a la espera de verse finalmente desterrada.
Porque eso es lo que le va a ocurrir, que acabará vencida por la renovación que trae la nueva persona que ha nacido de un proceso, cuyo final parece que ya está más cerca, a 3 chutes y unas cuantas revisiones.
Lo cierto es que esto no deja de divertirme. Se da una situación y comienzo reaccionando como era yo antes para, poco después, dar un golpe de timón e imponer otra trayectoria, impulsada por los cambios que han sufrido mis escalas de valores y prioridades.
Así me doy cuenta de que ahora me gusto más, estoy más serena, más centrada y más tranquila. Esa es la actitud que la nueva Isa impone, por eso sé que va a ganar, porque ahora más que nunca me siento ganadora.
Que nadie se equivoque, soy consciente de que el cáncer me sigue pudiendo dar un golpe mortal, pero gano porque valoro cada segundo, cada instante, una sonrisa, una palabra cariñosa y, lo que es más importante, mis propios sentimientos hacia los demás y la manera en que se expresan.
Por eso, os digo a todos ahora y en voz alta que os quiero, que me siento profundamente agradecida por esta familia blogosférica que tengo y que espero que la vida me dé las oportunidades necesarias para demostrar mi gratitud.
Y mientras eso ocurre, me sumo a quienes ya piden un homenaje para una gran cantautora de mis región, Mari Trini:

Esa estrella puede ser una que, mientras se buscaba a sí misma, perdió su color y su norte, degradándose hasta dejarnos a todos y llevándose consigo un retazo de nuestras vidas enredado en sus canciones:




Por cierto ¡que horrible insistencia la de llevar calcetines blancos!
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Se abre el debate
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Isabel Franco | 10-06-2009 | 00:58| 0

Sin prentenderlo, resulta que mi último post ha sido protagonista del Axel’s Blog . Allí se ha abierto un debate sobre las causas del cáncer que, más allá de lo científico, nos puede ilustrar a todos sobre nuestras propias conclusiones acerca de esta grave enfermedad.

Así que, os invito a participar. Y mientras, para quien leyera la referencia de Alex a Albert Espinosa, pues unas risas con él:
¡¡Gracias, capitán!!

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Sobre el autor Isabel Franco
Periodismo. Social Media. Formación. Aprendiz eterna. Sobreviviente del cáncer. Una entre tantos. Ni más, ni menos.

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