La Verdad

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Puente térmico
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Isabel Franco | 05-06-2009 | 01:31| 0

Definitivamente he optado por descartar la búsqueda de un individuo, con nombre y apellidos, a quien culpar de lo que me ha ocurrido. El abandono no es casual, he llegado a un punto en que me temo que, de seguir, acabaría topando con mi partida de nacimiento.

Descartado el rencor, el castigo, la venganza y otros tantos sentimientos tan humanos como viles, me aterra ahora el futuro. En primer lugar, porque ya puedo contar con los dedos de una mano los tratamientos que me quedan, y me sobran dedos. Ni que decir tiene que, mientras me están dando caña en Oncología, me siento en cierto modo protegida ante el cáncer. Y, por tanto, más segura.

Ahora que ya veo como una realidad el final del camino que emprendí hace 16 meses, aunque me queda tratamiento hormonal para 4 años y medio, me temo que voy a pasar un poco de miedo al final del verano. Y es que, cuando vea que pasan las semanas y no me ‘chutan’ mi dosis, no voy a poder evitar el temor, que espero no se convierta en pánico.

Esto también es característico de mi, adelantarme a los acontecimientos. E inevitable. Sigo explicándome. Hasta ahora, la medicación está siendo como un paraguas que me protege hipotéticamente de recaer. Sin ella, me temo que me sentiré desprotegida. A merced de que los cambios que esta experiencia ha introducido en mi, sean suficientes para forzar el cambio de vida necesario para huir de aquel modelo que me produjo cáncer.

Y en ello estoy, tratando de traer al mundo a la nueva mujer en que supuestamente me he convertido, para darme la oportunidad de continuar con mi día a día habitual, sin volver sobre mis pasos para una secuela de este último capitulo de mi vida.

He comenzado señalando que me temo ser la única responsable de lo ocurrido. Según la psico-oncóloga, es así. Ella me explicó que, mientras no se conocen las causas exactas que dan lugar al cáncer, sí se ha podido comprobar que existen una serie de circunstancias que lo favorecen. Ese es el denominado estilo de vida. Y el mío, a la vista de la experiencia, era cancerígeno.

Llegados a este punto, y aceptado este planteamiento no con pocas reservas, lo necesario ahora es saber qué quitar y qué dejar, para cambiar siendo la misma. Divertido el juego de palabras ¿verdad?

Pues bien, yo creo que tengo la respuesta. En primer lugar no se trata de cambiar la familia, los amigos, el trabajo, el lugar de residencia… O al menos eso creo, aunque muchas personas optan por introducir cambios drásticos en estos aspectos. En mi caso, más bien se trata de asimilar cada experiencia de una manera diferente. De tomarme todo menos a pecho, de ser menos apasionada quizá, o exhaltada, no sé.

Y aquí es cuando me asalta el recuerdo de una frase habitual en las memorias de calidades de las viviendas que se construyen en esta calurosa región: “Óptimo aislamiento térmico y acústico gracias al doble acristalamiento con puente térmico que impide la entrada de frío o calor…”

¡Eso es lo que nos falta! Al menos a mi, un puente térmico que nos permita mantener las vivencias a la distancia suficiente, mientras evaluamos si dejarlas acceder a nuestra memoria puede resultar pernicioso.

Y es que, como hay personas que pasan por la vida sin conocer el verdadero valor de la amistad o el amor, otras corremos el riesgo de perder la vida sin haber aprendido a disfrutar de ella. Porque para lograrlo hace falta saber separar el grano de la paja, y eso no siempre es fácil cuando estás ocupado viviendo. Que si el trabajo, que si el consumo, que si, que si.

No voy a votar
Este domingo estamos todos convocados a las urnas para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Pero he decidido que no voy a votar. Formo parte de los españoles que se sienten decepcionados por una clase política que, inmersa en la grave crisis que nos ocupa, está más preocupada por señalarse con el dedo que por aportar soluciones imaginativas que nos permitan capear el temporal.

La guerra está siendo demasiado sucia. Mucho para el partido que gobierna a nivel nacional, porque tanto juego sucio delata su sentimiento de culpa. Demasiado para la oposición, que debería sentirse suficientemente segura gracias a lo mal que lo están haciendo sus contrincantes. Y, sin embargo, no ha dudado en tirarse al barro a plantar cara desde el mismo nivel. Es lo que pienso. En estas situaciones es cuando realmente tenemos ocasión de demostrar nuestra valía, aunque no sea fácil, pero con gallardía y respeto por encima de todo.

Nacho de la Fuente  ha vuelto, recientemente, a citar uno de los artículos  de este blog en La Huella Digital . Ya van tres . Y dado que ya le he agradecido por activa y por pasiva la atención en su blog, pues ahora he optado por hacerlo en el mío. Gracias, maestro, tú que sin saberlo me has enseñado a avanzar por tantos caminos desconocidos dentro de este blogomundo.

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A fuego lento
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Isabel Franco | 20-05-2009 | 20:30| 0

Mi vida sigue recuperando tintes de normalidad, mientras mis pestañas crecen. Las maquillo todos los días, por el simple placer de comprobar que están ahí. Otra vez.

Desde que esto comenzó he tenido la ocasión de aprender mucho, de elaborar una receta tras otra en mi olla particular, siempre a fuego lento. Porque esa ha sido una de las características de mi nueva vida; el sosiego, la calma. 
El otro día reflexionaba sobre mi trabajo, trataba de encontrar una explicación para la sensación que tengo cada vez que voy por allí, solo pienso en salir corriendo. 
Y es que volver a trabajar se me presentó desde un principio como una de las señales más claras del regreso de la normalidad. De hecho, uno de los pasos que más doloroso me resultó al principio, fue dejar el trabajo. 
Desde entonces y durante meses ha sido mi principal objetivo. Si volvía a trabajar es porque ya estaba bien. El trabajo es algo inevitable y a la vez hermoso si haces lo que te gusta. Fase tras fase de los tratamientos me he llevado diversos chascos. Nunca llegaba el momento de volver.  Y así sigo.
Pero ahora ha perdido el valor que tuvo al principio, el de volver a situar el suelo bajo mis pies y acabar con este vértigo. Ya me he acostumbrado al vértigo. 
Entre chute y chute, aguadillas
He logrado hacer realidad una de mis mayores ilusiones para este año; las vacaciones para la familia. Llevo todo 2009 tratando de compensar a los míos con buenos momentos, a la vez que recupero las fuerzas para que me vean cada vez más ‘sana’.
Entre otras cuestiones, que no desvelo porque soy supersticiosa y creo que no se cumplirían, se encontraba la de lograr un lugar donde veranear este año con mi marido y mi hija. Y quien nos quiera visitar. 
Se trata de llevar a la nena a la playa, que por cierto descubrió el otro día mientras yo me escondía bajo un gran sombrero y mucha ropa, para que disfrute este año de ella por primera vez. Y lo hemos logrado. Del 1 al 15 de agosto, D.M., estaremos en la playa de Vera (Almería). Cerca de ese lugar tan bonito al que finalmente no pude viajar para recomponerme tras la quimio; el Cabo de Gata.
Dado que en agosto acabarán los tratamientos, las vacaciones me van a pillar entre chute y chute. Pero no me importa. Porque pienso hacer aguadillas. 
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Quemada por los paños calientes
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Isabel Franco | 05-05-2009 | 10:51| 0

Llevo 15 meses en el proceso de recuperación del cáncer y todavía no he terminado. Eso pesa, pero estos días me pesan más los cientos de comentarios que llevo oyendo todo este tiempo; “no digas eso, no te va a pasar nada”, “esto no es grave, ya lo verás”, “estás mejor que nunca”… Son, en la mayoría de ocasiones, tópicos o ‘paños calientes’ que la gente utiliza para tratar de aliviar su situación en la conversación, además de mi situación clínica.

El caso es que, aunque los agradezco, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones me bloquean la conversación, impidiendo que diga lo que necesito decir, que me exprese con libertad. En otras, demasiadas, niegan la realidad con sus afirmaciones. El resultado es que me encuentro ante alguien que, preocupándose por mi, no sabe como resolver el diálogo y me bloquea. Mala solución.

Esto ha sido llevadero hasta ahora, tampoco se trata de pedir demasiado a los demás cuando están conmocionados por lo ocurrido. Pero ahora me apetece un trato más sincero. A la vez que me encuentro mejor, me apetece un poco de soltura al hablar, de la conveniencia de lo dicho ya nos preocuparemos después. Sólo pido una conversación fresca y espontánea ¿es mucho?

Una de las cosas buenas que está teniendo el paso del tiempo es que se me están cayendo todas esas ramas postizas que se me pegaron al tronco cuando comenzó todo, con la excusa de la fraternidad, para procurar un poco de sosiego a su conciencia. Y menos mal, porque un olmo con ramas de peral, manzano y limonero quedaba un poco ortopédico.

Adiós al paraiso
Ayer estuve en cirugía plástica, en la Unidad de Reconstrucción de la Mama ¡Qué nombre tan feo para un sitio tan relacionado con la belleza!

El caso es que me echaron un jarro de agua fría por encima. Sin reparos. Cuando yo pensaba que este trance sólo requiere de aguantar las molestias de los expansores y las prótesis, resulta que no va a ser así.

El seroma que retrasó la cicatrización de mi pecho ha lesionado la piel y, en esas circunstancias, no es elástica. Por lo que no se pueden poner implantes a menos que se aplique la técnica del colgajo, la que se utiliza en las mastectomías radicales.

-Cuando se practica una tumorectomía o una cuandrantectomía es para que no sea necesaria la reconstrucción- me dijo el cirujano.
-Eso puede ser así en pechos grandes, a los que quitar una parte les supone una reducción, pero el mío es tan pequeño que, al quitar el tumor, me han dejado con la mitad de lo que tenía.- Le contesto. -Tengo 38 años y quisiera que, lo vivido durante el último año, no acabe condicionando mi futuro hasta el punto de limitar mi aspecto o mi indumentaria.- Añadí.

El caso es que, después de meses mentalizándome para llevar implantes de silicona bajo la barbilla, lo único que puede ayudarme a recuperar un pecho aceptable es un autotrasplante de mi propia grasa “y corremos el riesgo de que se reabsorba” me avisan.

Esta es una técnica que aún no ha comenzado a aplicarse por parte de la Seguridad Social, aunque parece que tienen previsto iniciar una experiencia piloto a partir del verano.

-Mire usted, estoy aquí a pesar de que aún no se ha cumplido el preceptivo año de la radioterapia, porque quisiera pensar que 2010 va a ser un año libre de cáncer para mi. Para ello, quisiera que todos los tratamientos e intervenciones que quedan se realicen este año. Así serán ‘sólo’ 2 años, 2008 y 2009, fuera de juego. -Expusé así los mismos argumentos que llevo unas semanas repitiendo ante todos los especialistas.
-No es seguro que usted resulte aceptada para este proceso. En cualquier caso, la lista de espera es de unos 6 meses, porque hay gente antes que usted a la que atender. Pasado ese tiempo, le llamarán y le dirán si la intervienen o no.

Sin palabras.

Padecí un cáncer cuando tenía un 2% de probabilidades de sufrirlo. Me rechazaron cuando me ofrecí voluntaria para los estudios experimentales de nuevos tratamientos contra el cáncer que padezco “porque no reúno el perfil”. Y, cuando trato de poner un punto seguido a todo antes de volver a la vida, vuelvo a encontrarme con una cuesta arriba que por supuesto acabaré subiendo.

Lo siento por los pícaros que me anunciaban meses atrás que “cuanto más grande es el tamaño de la prótesis, mayor es la parcela que tendrás reservada en el paraiso”. Se van a quedar con las ganas. Y puede ser que yo también.

(Gracias a todos; Sauron, Lumalu, Frank, Rosalia, Moncayo, Rosita, Zombi, Anónimo, Joaquín, Melisa, y a los demás. A todos, por seguir a mi lado)

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Entre dos vidas
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Isabel Franco | 25-04-2009 | 02:37| 0

Esto es una transición, lo tengo claro. Estoy viviendo con un pie en cada una de mis posibilidades ¡menos mal que solo son dos! Por un lado, sigo siendo una convaleciente de los tratamientos contra el cáncer, me sigo recuperando de los ataques sufridos, y cada día puedo comprobar cómo mis reservas de energía se restablecen. Por el otro, escucho a mi cuerpo gritar que ya está bien, que esto dura demasiado, que quizá esté demasiado pendiente del cáncer, y que necesita algo de vida corriente.

En medio estoy yo. Percibiendo que debo soportar esta etapa, la 3ª de 4, que pasará en unos meses. Tratando de pensar en lo siguiente, la reconstrucción, y de mirar hacia adelante. De paso, hago los deberes que me pone la psicóloga y elaboro mis emociones, para que no se enquiste lo que no ha salido.
Lo que sí es cierto es que éste es el verdadero descanso, el que estoy experimentando ahora. Me explico. Algunas personas, con la buena intención de animarme, señalaban el paréntesis que el cáncer iba a abrir en mi vida como un ‘descanso’. Nada más lejos de la realidad. Es agotador, te lleva a vivir unos meses muy ‘intensos’, inundados de sensaciones y experiencias. Cuando acabas, has perdido las fuerzas, ‘agotamiento psíquico y físico’ lo denominan. 
Ahora, que me voy alejando de aquellos meses y que comienzo a creer que los olvidaré, si que puedo plantearme leer, escribir o no hacer nada. Si estoy cansada, me quedo en casa. Si me siento bien, me voy a la calle. Las comuniones de mis dos ahijados, que coinciden este año, me mantienen ocupada. 
Y, mientras, me encuentro bien, muy bien. Tanto que me preocupa que esto no dure. No me refiero a que piense en que vuelva el cáncer, que si lo pienso, sino que temo volver a ser la neurótica de antes. Ya veremos.
Sobre el cangrejo traidor, poco que decir, el único lugar de mi cuerpo en que aparece es en mi mente. Pero no le permito a ese pensamiento enlazar con mis emociones, no estoy dispuesta a someterme a ese desgaste, y no sirve para nada. 
Sigo mirando hacia los míos y hacia todos aquellos que se han preocupado por mi,  agradecida por el apoyo y el cariño recibidos, que no paran de llegar ¿lo había dicho antes? ¡Gracias!

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Misión cumplida
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Isabel Franco | 15-04-2009 | 01:47| 0

De antemano, lamento la reacción de quienes no entiendan lo que voy a expresar. Porque en estos precisos instantes, me dispongo a teclear sobre mi ordenador una frase que puede provocar reacciones diversas.

Estoy muy orgullosa de mi. De cómo he afrontado esta enfermedad. De cómo he encajado los tratamientos. De cómo he atravesado este oscuro túnel, siempre acompañada. Y de comprobar como, con tiempo y paciencia, vuelvo a recuperar las fuerzas y salgo adelante.

Y no es que no hubiera podido hacerlo mejor, es evidente que si. Con menos angustia, también. El caso es que está hecho, y a juzgar por la relación que mantienen conmigo los médicos, bien hecho.

Y yo me propongo aferrarme a ello para seguir adelante más segura, más firme, más fuerte si cabe y más grande. Porque es verdad que se crece con estas experiencias.

Ahora necesito cerrar un par de heridas, para lo que espero contar con la ayuda de mi psico-oncóloga. Me hace falta que pase el tiempo, hasta acabar con el chute trisemanal, y despegar hacia una vida más convencional y menos convaleciente.

Para prepararme, voy a engrasar mis alas, a revisar mis plumas -que las tengo- y a limpiar la pista. Porque cuando llegue el momento voy a despegar con la fuerza de un reactor supersónico…

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Las cosas que me gusta hacer
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Isabel Franco | 07-04-2009 | 15:33| 0

Poco a poco se va haciendo realidad mi reencuentro con la vida. Cada pequeño acto, cada sencillo acontecimiento, se convierte en una razón para sentirme alegre de seguir aquí. Y no es broma. Aquellos gestos que antes podían resultar sosos por monótonos, ahora se han incorporado a mi larga lista de cosas que me gusta hacer.

Y de ello se benefician los míos, claro está, mi tesoro grande y mi tesoro pequeño. Porque ahora disfruto como nunca de cocinar, que antes era un acto reflejo, de tender la ropa o de limpiar.

Durante estas semanas, desde que terminara los tratamientos más fuertes, he procurado tener fe. He querido creer que todo pasaría, aunque muchas veces no lo tuve claro. Pasaba el tiempo y yo seguía arrastrando un cuerpo magullado y débil.

Ahora la fuerza vuelve, y con ella mi confianza en recuperar las riendas de mi vida, y le dedico el tiempo a eso. Ayer, sin ir más lejos, logré caminar más de 45 minutos seguidos. Y la semana pasada salí todos los días a la calle y estuve fuera bastante tiempo. Esos, para mí hoy, son logros importantes.

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Se acabó la tempestad
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Isabel Franco | 22-03-2009 | 06:58| 0

Aquí sigo. Ha costado casi un mes barrer de la orilla todo lo que trajo la marea, pero al final ha sido posible y la playa está despejada de nuevo. Dejé la natación, mi ritmo era demasiado fuerte para este cuerpo aún magullado (no sé si por los efectos de los tratamientos recibidos o por los que sigo recibiendo). Ahora camino, haciendo caso a María Antonia , para restablecer poco a poco mi masa muscular ¡He llegado a sentirme como una anciana!

Afortunadamente, el tiempo pasa y no aparecen nuevos efectos, las pruebas son positivas y parece que todo va bien. Y me alegro. Y no soy la única. Además, mi oncóloga me ha estado comentando que las revisiones se pueden espaciar, una vez que acabe de recibir el tratamiento con trastuzumab  (o Herceptin ), y yo estoy de acuerdo. 

De hecho, me ha dicho que prácticamente se pueden reducir a la mamografía y la citología anuales, y me parece bien. A mí, que cuando todo comenzó me alegraba pensar lo bien cuidada que iba a estar a partir de ahora por los médicos. La realidad es distinta, lo cierto es que apetece salir de las batas blancas, de los pasillos de hospital, de las salas de espera. Y eso que todas mis experiencias han sido positivas. 

La verdad es que, pensar en ello me produce cierto vértigo, como volver a saltar del avión, pero también me alivia. Entiendo que esa es la única manera de dejar atrás lo  ocurrido, de pasar página y no volverme a sentir enferma, hasta que realmente lo esté. 
Mientras, siguen mis infusiones cada 21 días, a modo de ciclos como los lunares, aunque aderezados con sueros, gasas y agujas. Y yo, que cada vez me reconozco más a mí misma, comienzo a pensar que todo esto ha sido un eructo del corazón. 
Lo descubrí el otro día, durante la ecocardiografía trimestral. Al fin y al cabo, esto me salió justo encima del corazón. No creo que sea tan descabellado pensar que se trata de malos gases que alguien produjo en algún momento y se transformaron en… basura ¿qué sino?
Ahora, que la inactividad me comienza a pesar cada vez más, me entretengo asistiendo los mediodías de cada martes a las tertulias de Onda Regional.  Además, estoy publicando una columna en la edición impresa de 20minutos  en Murcia.

En la blogosfera, estoy trasladando este blog al portal de blogger , para permitir que siga activo cuando yo acabe de escribir. Tiene el mismo nombre ‘Yo también tengo cáncer’ . He creado otro para publicar los artículos que se pueden leer en 20minutos. Se llama como la columna ‘¿A quien le toca ahora?’  y trata de ofrecer otra perspectiva de las experiencias que voy viviendo día a día, o semana a semana.

Mientras este blog languidece, y la vida se abre paso entre sus líneas con la misma fuerza que la naturaleza cada primavera, aquí cerca he encontrado, en el blog de un navegante indecente , una de estas cosas que te alegran la vida:

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Hablando con Pepito Grillo
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Isabel Franco | 26-02-2009 | 12:39| 0

Me sigo reencontrando con la realidad a cada instante. Lo hago incluso con más intensidad ahora, que he rescindido mis contratos con el pasado y el futuro. El primero ya no me es útil, no más allá de la capacidad de influir en mis decisiones que puede tener la experiencia. Con el futuro he roto porque no conozco el saldo que tengo en esa cuenta. Nadie puede decirme si es de 5 minutos, 5 ó 50 años. Así que, si no tiene nada que decirme, yo tampoco quiero hablar con él.

Y esto me pasa ahora que tengo mi Pepito Grillo  particular, mi psico-oncóloga. Y vaya, si que me está dando caña el tratamiento psicológico, si. Si. 
Además, y aunque parezca ingenuo, en mi declaración de intenciones para la Nueva Isabel he decidido incorporar más humanidad. Y lo siento por quienes se puedan decepcionar, pero esa voluntad no pasa por ser mejor persona, santificarme y subir a los cielos. Más bien todo lo contrario. Ahora me planteo vivir feliz con mi humanidad, que implica una existencia llena de defectos. Y cuidado, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra ¡eh!
Pensar de otra manera en una misma (primera recomendación de mi Pepito Grillo) comienza a estar bien. Además, he tenido tiempo de reflexionar durante el K.O. técnico al que me ha sometido el cansancio, después de 3 semanas cuidando de la nena; resfriado, bronquitis y virus. Es verdad que ahora percibo las cosas de manera diferente, y mi cuerpo también. Antes las sensaciones eran otras, ahora debo aprender a conocer las nuevas señales que me manda un organismo al que hemos atiborrado durante meses de medicación, radiación e interferencias externas. Un nuevo idioma, un nuevo aprendizaje por delante. 
Ayer estuve en Oncología Radioterápica. Revisión 3 meses después de finalizar las sesiones: 
– Le veo a usted muy bien. – Ese doctor menudo y tranquilo que te mira fijamente a los ojos y habla despacio, estaba más encantador que nunca.
– Así es como quiero estar, y seguir mucho tiempo. – Yo nunca pierdo ripio y meto siempre que puedo el deseo en el saco de otro. 
– Pues lo va a conseguir. Porque la experiencia nos demuestra que, evoluciones como la suya, suelen ir a mejor. 
¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!¡Si!

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Otro beso para ti, Mavi guapa
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Isabel Franco | 19-02-2009 | 09:55| 0

Yo había visto mensajes en botellas, en móviles, en sobres y hasta alguno dentro de un papel pillado con un limpiaparabrisas, pero el lunes me llevé la gran sorpresa de encontrarme uno ¡en el lugar menos esperado!

Fui a recibir mi descarga trisemanal en vena y, cuando ya estaba conectada a la máquina, mi hermana me llamó la atención sobre una pegatina colocada en una de las bolsas. Ponía “Un beso para la más guapa. Mavi. Laboratorio”.

A las dos nos llamó la atención, y nos agradó mucho, aunque como no sabíamos a qué obedecía pensamos que, igual, era un mensaje para las enfermeras o alguien de oncología.

Aún así, el mensaje conservaba todo lo que lo hacía agradable y simpático. Un buen deseo, un pensamiento positivo para otra persona, lanzado a través del plástico mundo de los citostáticos.

La duda se despejó 2 días después, un mensaje nuevo por una vía distinta que me voy a permitir no desvelar, y Mavi se ocupó de aclararme que el beso era para mí. Había leído el reportaje que La Verdad publicó sobre mi blog y le sonaba mi nombre porque tiene una amiga que se llama igual. Mi colaboración semanal  en 20 minutos hizo el resto. 

Hablamos, quedamos para conocernos y le dí las gracias.

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Dos hermanas mellizas
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Isabel Franco | 10-02-2009 | 11:52| 0

Admito que la primera vez que tuve constancia real de que algún día moriría fue el pasado 30 de enero de 2008. Hasta entonces, nunca antes había pensado en la certeza de que la muerte va de la mano de la vida y pueden cambiarse en cualquier momento. Y eso que me la jugué alguna vez. La vida, claro, con prácticas de riesgo muy emocionantes que, a buen seguro y tras pagar el peaje de estar viva, hoy no repetiría. 

Pero también es verdad que, una vez descubierta la hermana melliza de la vida, a la que nadie quiere mirar de frente porque es fea, yo he descubierto ciertos matices que hacen a su hermana mayor mejor. Y me explico, porque es sencillo.
Antes, percibía la belleza de la vida a través de momentos extraordinarios, de esos que hay pocos y no todos viven, o creen vivir. Para mí, por ejemplo, un viaje en barco o en avión, un maratón de compras. Si, si, cada instante con mi hija era especial, pero lo atribuía más al hecho de ser madre que al simple gesto de respirar. 
Pues bien, el cáncer me ha cambiado las gafas, las anteriores estaban sucias y sólo se dejaban traspasar por acontecimientos demasiado brillantes. Estas son más pequeñas y tienen menos aumentos, ni falta que les hace. Porque ahora he descubierto que cada pequeña estampa que la vida me ofrece a diario, y que experimento con agrado, es un tesoro para mí. 
Así, cuando miro a mi marido jugando con mi hija, o aleccionándola, disfruto y sufro a la vez. Pero es una sensación muy llevadera, porque el sufrimiento de pensar que puedo verme privada de compartir con ellos estos momentos, se queda pequeño ante la felicidad que me produce tener la certeza de que van a continuar produciéndose. Y de igual manera, percibo los retazos de vida de mis seres queridos, de quienes me acompañan a diario. 
Y así, con la esquina superior de mi glúteo izquierdo condolida aún por el sello de ‘consumir preferentemente antes que el cáncer’, voy engullendo cada día con más intensidad y ganas. Las mismas que me restan tiempo para encerrarme en la habitación y escribir, porque si me da sueño al dormir a mi hija, me quedo con ella en la cama, o me voy a la de mi ‘huesitos’ (mi marido) y me abrazo a él. 
Con la certeza de que siempre, me quedará la alegría de saber que las personas con que he tratado en este mundo, y a las que he regalado una parcela en mi corazón, lo merecían, por aquello de lo que son capaces, más que por lo que ya han hecho. Que no es poco. 
Tengo 500 mensajes de ánimo y cariño guardados en el móvil. Este blog cuenta ya con más de 500 comentarios. Ha recibido a miles de visitantes, varios miles. Y me quedan fuerza, ánimo y alegría para vivir, al menos, 500 meses más. 
(Este post quiero dedicarlo a una persona que espero algún día se convierta en mi amiga. Alguien que comparte con sus alumnos, además de la voluntad de acceder al conocimiento, sus emociones cotidianas, por duras que puedan resultar)

Otra vez, gracias a Nacho de la Fuente, por las agradables experiencias que me proporciona a través de La Huella Digital
Y gracias a La Verdad y su gran familia, por el reportaje que publicó sobre mí el pasado 31 de enero  
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Sobre el autor Isabel Franco
Periodismo. Social Media. Formación. Aprendiz eterna. Sobreviviente del cáncer. Una entre tantos. Ni más, ni menos.

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