La Verdad

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Clemente Leal García
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Carmen Castelo | 01-03-2017 | 12:46| 0

García Martínez – 18 mayo 2006

Clemente ya sabemos que lo es, pues que su propio nombre lo indica. Pero se supone que lo adornan también otras virtudes. La suma y resumen de todas ellas se contiene en una sola palabra: lealtad.
El hallazgo de este adjetivo compendiador -toma ya- no es mérito mío, sino que corresponde a Antonio Reverte, que lo sacó a relucir en la presentación que hizo, en la Asamblea Regional, del nuevo libro de Clemente García, alcalde capitalino que fue en la transición.

Sus Crónicas de la Autonomía de Murcia son la continuación de otras. Esta vez, lo que se cuenta es cómo ha funcionado lo autonómico murciano, desde 1997 a 2004. Si Quien Corresponda le da salud, algún día llevará a la imprenta lo que todavía está por suceder. Desde luego, este libro no es el Código Da Vinci. Hay que mirarlo (y sobre todo consultarlo) despacico. Constituye sin duda un capítulo de la Historia de Murcia, que servirá para que quienes vengan después sepan qué sucedió realmente en este primer tramo de la democracia regional.

Clemente ha sido un tipo leal. Una cualidad ciertamente rara en los tiempos que corren, cuando las deslealtades ganan a las lealtades por goleada. El motivo tendrán que buscarlo los sociólogos, aunque en muchos casos el ciudadano podrá sacar sus propias conclusiones, mirando con una miaja de atención el panorama de cada día.

Fue nuestro personaje leal a sus convicciones incluso durante el franquismo que lo nombró edil principal de Murcia. No hace falta entrar aquí en detalles, ni buscar en los documentos, pues las gentes de su generación me creo yo que no lo necesitan. Leal a aquello en lo que creía -que no era por entonces, ni mucho menos, la doctrina oficial que emanaba de El Pardo- y leal a Murcia y a los murcianos. Y esto lo escribe alguien que, con Franco mandando, ya le soltaba algún que otro pescozón municipal, usando de una libertad de expresión que aún estaba por venir.
No se revolvió Clemente contra la crítica, ni echó mano del delegado provincial -¿ay!- de Información y Turismo. Aceptó la regañinas (quizás no siempre justas) con lo que después se llamaría talante democrático.

Así, pues, lo dejamos en Clemente Leal García.

-Una cosa que esté bien.

 

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El regreso del Pequeño Luchador
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Carmen Castelo | 01-03-2017 | 12:41| 0

García Martínez – 11 mayo 2006

Me entero de que Valcárcel ha recuperado a Gómez Fayrén para la política murciana. Lo veo bien. Y aprovecho para lamentar que se haya perdido un tiempo precioso, como es el que va desde la dimisión a la recuperación. Aunque, como dice el dicho: «Bien está lo que bien acaba».
-O «Nunca es tarde, si la dicha es buena» o «A caballo regalado…»
¿Vale, vale! Con uno bastaba. El lector, cuando se encana, es tremendo.

Una vez lamentado que Fayrén se retirase a sus cosas, paso a decir, como justificación del lamento, que no estamos tan sobrados en Murcia de gente útil como para permitirnos ciertas ausencias.
-¿Qué pasa con usted? Que es su amigo, ¿no?
Por tal me tengo, ¿qué quiere usted que le diga? Pero, aparte de eso, es que no se puede negar -pues que es algo objetivo- que Gómez Fayrén se manifiesta eficaz en política y el pueblo en general lo quiere. Me supongo que el mérito del regreso corresponde a Valcárcel, que a fin de cuentas es quien manda. Lo mismo que dije entonces que me parecía mal que lo dejase escapar, ahora le hago saber que somos muchos los que aplaudimos la vuelta del Pequeño Luchador. (¿No se acordáis de los tebeos?).

Ha sido Fayrén uno de los escasos personajes públicos añorados por la gente de Murcia. Esto, en el negocio político, es poner una pica en Flandes. Constituye, por lo tanto, un activo -así lo llaman- con el que hay que contar como sea. Aparte de sus cualidades para gestionar, hay dos en concreto que le otorgan peculiaridad: una, su murcianía, en parte mamada, en parte adquirida. Otra, el sentido del humor, que lo tiene entreverado de genuina coña murciana.
Estos dos atributos lo convierten en un tipo familiar, asequible, uno más entre nosotros los pobres.
-¿Y no es bajito de más?
¿Joder con el lector! Tampoco es cuestión de pedir la Luna. Es bajito, pero se crece cuando es menester, el jodío de él. Si tiene buena la cabeza y buenos también el verbo y la capacidad de trabajo, amén de caerle bien al personal…

Quiero decir que si reluce sobrada la estatura moral, ¿qué más dará que no toque suelo cuando se siente de nuevo en la poltrona?

-Parece un buen zagal, dende luego.

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La pilila de Gallardón
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Carmen Castelo | 01-03-2017 | 12:36| 0

García Martínez – 9 mayo 2005

Un grupo nutrido de madrileños (con la Tita Cervera, en calidad de viuda del Barón, abriendo marcha) ha protestado en Madrid por el intento municipal de talar unos árboles en el Paseo del Prado.
En una de las pancartas se podía leer: «Gallardón, pódate tú la pilila». Esta es una muestra gozosa de que en España hay libertad de expresión. Tras largos años de mordaza franquista, el ciudadano puede ahora expresar lo que siente, tanto si ello es políticamente correcto como si no.
Hablar libremente, sin cortapisas, ni censuras es muy saludable para los cuerpos y para los espíritus. Vomitando su reivindicación, el ser que somos cada uno se esponja, se libera y hasta se pone cachondo.
-Sin molestar al vecino, ¿eh?

Desde luego. Pero sepa que el político, aunque viva en tu calle, no tiene la consideración de vecino a estos efectos. Si alguien hubiera escrito en una pancarta lo de la pilila -y la posibilidad de que se la poden-, refiriéndose al Conde de Mayalde, que fue alcalde de Franco, al autor se le habría caído el pelo.

La libertad de expresión es una cosa buena. Lo que pasa es que, ahora, después de unos años ejerciéndola como defensa ante decisiones arbitrarias del poder, ya apenas sirve para nada. Y eso porque a quienes son objeto de las críticas que vienen del pueblo les ha salido un callo en el cerebro. Justo en la zona donde reside la que llamaremos sensibilidad hacia las opiniones ajenas.

En los primeros tiempos de la transición, el político en general estaba atento a lo que pensaban de ellos los de abajo. Pero ha llegado un momento en que se lo pasan todo por el arco de triunfo. Sencillamente, se han acostumbrado. Tú puedes decir lo que sea sobre ellos y sus actuaciones, pero no se inquietan. Han asumido como lema propio lo de: «Ladran luego cabalgamos».
Más aún. Hasta prefieren que se les dé caña. Porque de esta manera salen en los periódicos, en las radios y en las teles. Para su mentalidad, es lo único que cuenta: salir. Que sepan de ti, aun cuando sea para mal. La deseada libertad de expresión se queda así en pataleo. Y por lo mismo pierde su razón de ser.

Sepa el lector, por tanto, que Gallardón, ni se va a podar el rabo, ni permitirá que se lo pode la Baronesa.

 

 

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Y la casa sin barrer
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Carmen Castelo | 01-03-2017 | 12:32| 0

García Martínez – 7 mayo 2006

Vamos a mirar las cosas -si el Señor nos da inteligencia bastante- con una miaja de sentido común.
-Mucho pide usted en los tiempos tan malos que corren.
Eso ya me lo sé, pero merece la pena intentarlo. Vivimos tiempos de corrupción urbanística.
-Bueno, tampoco es eso -protesta la autoridad.
Déjeme de coñas, por favor. Si algo hay evidente en la Región son las corruptelas del ladrillo, en las que están implicados tantos y tantos munícipes.
-Es que los ayuntamientos necesitamos fondos…

Vale, vale. Los ayuntamientos necesitan fondos para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Pero el fin, tan loable, no justifica los medios, tan deleznables. Si el bienestar del conjunto ha de pasar por el enriquecimiento ilícito de quienes nos mandan, apague usted el candil y vámonos.
Aludo a quienes gobiernan, en el bien entendido de que en unos lugares gobiernan los del PP y en otros los del PSOE. De tal manera que lo más escandaloso no es ya que robe el Fulano o el Mengano, sino que roben todos. Los del PP denuncian a los del PSOE y los del PSOE denuncian a los del PP. ¿Y qué es lo que hay entre pan y pan? ¿Cuál es el companaje? Pues ni más ni menos que el ciudadano. Así de sencillo.
Por lo que ellos mismos denuncian, no hay buenos y malos, sino que todos son malos, malísimos. La gente de a pie necesita agarrarse a algún tablón para no hundirse en el desánimo. Pero tenemos que tanto los tablones PP como los tablones PSOE no son de madera, sino de plomo. Por lo tanto, todos al fondo.
-¿Y la Izquierda Unida?

Hombre, mire usted: esa no gobierna en casi ninguna parte. No toca lana. Y mientras no la toque, nadie puede decir si le tiene afición a trasquilar. La honradez, mientras tanto, se le supone.
La cara dura de los políticos acusándose los de un lado y los del otro de lo mismo, no sé si tiene precedentes -pues los hombres se ve que somos ladrones por naturaleza-, pero lo cierto es que clama al Cielo.

Lo jodido es que el Cielo tampoco nos escucha. Por lo que sea. Y, al final, lo único que podrá hacer la masa para no desesperar, será chisparse.

 

 

 

 

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Que se vea Jumilla
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:32| 0

García Martínez - 31 diciembre 2005

Todavía está sin resolver, me creo, la disputa acerca de por dónde irá exactamente la autovía de Fuente de la Higuera a Murcia, pasando por Jumilla. Y mira que hubo un tiempo en que la autoridad regional lanzó las campanas al vuelo, proclamando en la Asamblea que todo estaba arreglado.
Ignoro si sucederán estas mismas cosas en regiones más y mejor desarrolladas que la nuestra. Todo estriba en que la autovía se acerque un algo más o un algo menos a Jumilla. Si ese algo más se impone, el viajero soportaría cinco minutos añadidos en ir de Yecla a Murcia. Por eso me preguntaba si otras regiones padecen también esta absurda falta de entendimiento entre sus gentes.
El diputado yeclano Domingo Carpena, que vivió unos años en Jumilla, me comentaba con cierta decepción que este pequeño gran asunto no se hubiera resuelto todavía. Hablamos de Castillo-Puche y de sus esfuerzos para que Jumilla y Yecla dejaran de tirarse los trastos a la cabeza. Ese patrioterismo absurdo no tiene hoy razón de ser.
El propio Carpena me hizo saber que uno de los argumentos jumillanos es que quieren que se vea el pueblo desde la autovía. Y a mí me pareció un razonamiento que manda mucha romana. Más aún, si me apuras, que cualquiera otro.
Si no se ve el pueblo, si no se hace evidente que esa vía comunica Yecla con Murcia, pero viéndose Jumilla al pasar por Jumilla, la obra carece de sentido para los jumillanos. Yo lo entiendo. Y no sólo porque me han parido allí. ¿Cómo vas tú a salir de Yecla para empalmar con la autovía de Albacete, sin enterarte de que has pasado por Jumilla?
-Pondrán carteles…
Sí, pero unos carteles que, en esta circunstancia, ni la Juanita Reina ni yo podríamos mirar. Digo sin cabrearnos.
-Están tozudos tus paisanos -me decía Carpena.
Y muy bien que veo que lo estén, porque lo que no puede ser no debe ser. Un pueblo, sin una torre de iglesia que lo señale, se queda tan chato como una autovía sin que se divisen las casas del vecindario al que sirve.
Yecla, probablemente más emprendedora, alcanzó hace tiempo su éxito industrial con la madera. Jumilla intenta, por fin, obtener el suyo con el vino.
¿No es eso justo? ¿Coño, vamos a arreglarlo con un chatico de Jumilla/Yecla!

 

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El porqué del empate
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:32| 0

García Martínez - 30 diciembre 2005

Casi todas las cosas de este mundo tienen su porqué y su justificación. Menos las trifulcas entre los líderes del PP y PSOE. Eso queda fuera del alcance de una mente honrada.
Jamás en la vida, ni siquiera cuando estuve en Alaska, ha pasado tanto frío este cronista como en el partidico de estreno de la Selección Murciana. Durante todo el segundo tiempo me temblaban las piernas, como si padeciese el baile de San Vito. Y eso que ya había alimentado la andorga con un bocata de atún, un pastel de carne, unas olivas de Cieza -en homenaje a Camacho- y, lo mejor de todo, un pinchito de cordial y carne de membrillo.
El pinchito, muy original, se componía de las dos piezas que digo y me fue suministrado generosamente por Mejías, el confitero de Zarandona. Y ni aún así se me quitó el tembleque.
Ayudó también a mi nerviosidad el susto tan grande que me llevé en el descanso. Como estaba en lo más alto de la grada, detrás quedaba un pasillo a mi juicio peligroso, ya que nunca sabes quién te puede atacar por la espalda.
De pronto me embargó la intuición de que algo grave estaba ocurriendo en el pasadizo. Y vaya si ocurría, pues me volví y pude ver que estaban desfilando todo los conspicuos de Murcia. La que llaman gente guapa. Entre ellos, el mismísimo presidente de la Comunidad Autónoma. Menos mal que no pasó nada. Sólo iban al bar tomarse los carajillos precisos para un calentón. (Sépase que a la autoridad también le afecta el frío. Aunque mucho más la sequía).
Parecía que el encuentro se estuviera disputando en la helada Lituania más que en la cálida Condomina. Nuestros muchachos, todos con sangre de aquí de la zona, mostrábanse cual nazarenos salzillos, por esa equipación que lucen tirando a morado. Y Camacho, nada, que no lograba sudar como sudó en Corea.
Lo que se dice fútbol vimos poquico. Pero, en esta ocasión, de lo que se trataba era de dar lustre al patriotismo local, como se lo dan a diario los catalanes, vascos y tal. ¿Viva Murcia, manque empate! Y ahora desvelaré por qué no hubo goleada a favor. Sencillamente, porque a nuestros chicos los mandaron al césped… ¿en manga corta!
-¿Y la de los lituanos?
Larga y bien larga.
-Eso lo explica todo.

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Rebuzna, que algo queda
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:33| 0

García Martínez - 29 diciembre 2005

Hay personas muy escolimadas que no soportan que alguien rebuzne no siendo burro. Son quienes se la cogen con papel de fumar, no chupan las cabezas de las gambas o, si las chupan, lo hacen sin producir ruido ninguno. En fin, unos mea abonico.
Estos que digo lo pasarían muy mal, si alguien los llevara a la Fiesta del Rebuzno, que se celebra todos los años en Las Balsicas. A mí esa gente me cae mal. Muchos de ellos, sin embargo, de tan cursis como son, aceptarían de buen grado el festejo si se llamara Fiesta de la Onomatopeya. Creo que no deberíamos darles ese gusto. A las cosas hay que nombrarlas por su nombre. Y no hay más que hablar.
Como su propio nombre indica, lo que hay que hacer en Las Balsicas, llegado el momento, no es sino rebuznar. ¿Por qué no, vamos a ver? Imitar el lenguaje de los animales es algo atávico. Forma parte de la naturaleza del ser humano. El lector preguntará por qué los animales no imitan al hombre. Pues por lo mismo, pero al revés: porque no forma parte de su naturaleza.
Además de eso, los bichos en general saben muy bien que los hombres no hacemos nada más que decir tonterías. ¿Para qué iban a imitarnos?
-Y el lorito, ¿qué?
Vaya, hombre. Ya salió el lector con su peteras. Tengo hasta tres razones para justificar lo del lorito. Una: se trata de la excepción que confirma la regla. Dos: cuando el lorito dice, por ejemplo, “capullo”, siempre es en plan de burla. Y tres: los loritos con unos gilipollas y, por eso mismo, no hay que tenerlos en cuenta.
Desde muy pequeñitos, sin que nadie los estimule, los hombre imitamos a unos cuantos animales: hablo del burro, de la cabra, de la vaca y del gallo. Con lo que se demuestra que la afición nos viene de nacimiento.
Por todo esto que digo, lo que habrá que hacer es declarar Patrimomio de la Humanidad la Fiesta del Rebuzno. Y si, para hacer más fuerza, hay que llevar a donde sea a Paco el Ministro, a Bartolo el Tabilla y a Paco el Chota, pues se les lleva. No creo que la consejería de Cultura ponga pegas para sufragarles el viaje. Y, si hubiere que hablar con el consejero Precioso, se habla.
-¿Y por qué le rebuznan, antes que a nadie, al cura de Las Balsicas?
Eso queda para otro día, ¿vale?

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Di Stéfano
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:34| 0

García Martínez - 28 diciembre 2005

Don Santiago Bernabéu de Yeste, que era jefe y padre indiscutido de la cuadrilla blanca -poco que ver con Florentino-, navegaba en su barquita el mar de Santa Pola. Cuando las aguas se mostraban calmas y el sol del llamado entonces Sureste se sentaba en la gorra del líder, don Santiago metía en su mente al Real Madrid y maquinaba grandes éxitos deportivos.
Desde la mar, mandaba inspiraciones diversas a la cabeza, tan receptiva, de una Saeta Rubia que animaba los oscureceres madrileños y encandilaba a medio mundo.
El Real Madrid de entonces blanqueaba, enjalbegándolos, aquellos tiempos grises del franquismo. Y este mismo franquismo tan gris se beneficiaba de su fama en la Europa libre, que ya empezaba a guiñarnos el ojo. No por mérito de Franco, sino por el de aquellos muchachos de la camiseta impoluta, que bailaban al ritmo que imponía Bernabéu desde su retiro santapolero.
Luciendo una rubiedad algo exótica que perdió con los años, Di Stéfano era la estrella y el blasón de España. Su genio ayudó a que se borrara definitivamente una autarquía que había sido la reacción a nuestro orgullo humillado por las democracias que iban surgiendo alimentadas por el Plan Marshall. A nosotros sólo se nos daba por saco, salvo una leche en polvo y un queso amarillo excelentes, pero que el pueblo despreciaba porque le sabía a poco.
La España que iba saliendo del hoyo que los mismos españoles propiciamos matándonos los unos a los otros, ha de agradecer a Di Stéfano que las naciones civilizadas nos miraran con menos desprecio y más simpatía. Lo que no lograba el Caudillo desde El Pardo, lo iba consiguiendo la rubia saeta en los verdes campos del fútbol.
Recuerdo tardes/noches gloriosas, con los bares atestados de gente embobada, mirando la televisión todavía en blanco y negro, pero más blanco que negro, pues sólo se veían las camisolas madridistas -como dijera Matías Prats- insistiendo una y otra vez en la línea frontal del área.
Di Stéfano -que se hizo español con papeles- contribuyó a que España saliera de su aislamiento mucho más que aquel general Eisenhower que se paseó por Madrid, en coche descubierto, con Franco a la verita suya.

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Aviso de Dios
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:35| 0

García Martínez - 27 diciembre 2005

Se podrá o no creer en su existencia -que eso ya es cosa de cada particular-, pero lo que todos tenemos claro es que el Señor no es tonto. Y, por lo mismo, cuando alguien está haciendo lo que no debe, te da un aviso.
-¿Como en los toros?
(Pues más o menos. ¿Dónde se produjo el desplome del helicóptero en el que viajaban la Esperanza por Dios y Rajoy? Justo encima de un coso taurino. O sea, que nada. Las cosas son como son y ellas solas cantan.
Los accidentes de aviación en los que se han visto implicados, bien que sin bajas, conspicuos elementos -más una elementa- de la política española, son claro síntoma de lo que digo.
Vamos a recordarlos, aunque están en la mente de todos y principalmente en la de sus protagonistas. Tenemos el ya mentado de Rajoy  y Esperanza por Dios. Y, en seguida, viene Bono con el aparato que se esfaró y se salió de la pista allá en Bosnia.
Los politólogos, que para eso están, sugieren que el accidente de Bono es una consecuencia del otro. Como bien se sabe (y se sufre) los partidos mayoritarios, como lo son el PP y el PSOE, andan siempre a la greña y queriendo demostrar que los unos son mejores que los otros. Al producirse la caída de Esperanza por Dios y Rajoy, los socialistas se dieron cuenta de que eso le daba puntos al PP. No por nada, sino porque se generó en el pueblo una inevitable simpatía hacia los sobrevivientes.
Salvo que se trate de un hijo puta redomado, quien más quien menos se pone a favor de las víctimas, aunque leves, de un accidente que pudo ser fatal. De modo que Rubalcaba le mandó a Zapatero que le dijese a alguien importante del PSOE -menos al propio Rubalcaba, claro- que sufriera un cebollazo de parecida índole. De ese modo compensarían la pizca de popularidad que le dio al PP la cosa del helicóptero que se escoñó
Le elección fue sencilla. Si Bono anda volando esos días, el más indicado para accidentarse no podía ser otro que este ministro tan curioso. Y entonces pasó lo del Hércules. Como el propio Bono viajaba en la cabina, con que le diera una patada al sistema de frenado sería suficiente para salirse de la pista.
Sin embargo, lo que yo creo es que Dios les está avisando por lo mal que lo están haciendo, los jodíos de ellos.

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La TeleValcárcel
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Carmen Castelo | 21-02-2017 | 12:36| 0

García Martínez - 26 diciembre 2005

Con tal de mortificar a quienes llevan la cosa de la gobernación aquí en Murcia, tanto el PSOE como la IU denominan TeleValcárcel al canal de televisión que pretende poner en marcha el PP. Hasta el punto de que la dicha irónica alusión se ha convertido ya en la tonta de las culás. Pues, cada vez que quienes se oponen no tienen nada que arrojar a los que gobiernan, sacan el asunto a relucir.
El pueblo, que no es tonto, se hace la siguiente pregunta: «Si gobernara el PSOE o incluso la IU…»
-Tocante a IU es misión imposible.
Bueno, pare usted. En esto de la política nunca se sabe. Mire lo que ha pasado con los de la Izquierda Republicana de Cataluña.
-Vale, vale. Lo que usted diga.
¿Ve usted? Ya se me ha mosqueado el lector. Pero, vaya, no nos amilanemos. Digo que, en buena lógica, si mandaran en Murcia los socialistas o los izquierdaunidos…
-O los dos a la vez.
O los dos a la vez, venga, vale. Si eso se diera, ni que decir tiene que ni el PSOE ni la IU se gastarían los cuartos en una televisión autonómica. Esto debería estar fuera de toda duda.
Pero demos un paso más. Una vez que la oposición gane las elecciones y se encuentre con que la TeleValcárcel ya está funcionando, ¿qué ocurrirá? La coherencia que hemos de suponerle al PSOE y a la IU nos dice que la barrerán de un plumazo. Así no tendrían que soportar lo que se llama herencia recibida. Esto no tiene vuelta de hoja. O sea, no quieras para ti lo que no quieres para otros. Lo dijo el Señor.
-Sí, pero ya estará hecho el gasto.
Eso no es problema. Siempre tendremos un particular a mano dispuesto a comprar. Una televisión funcionando es una pera en dulce para quienes dispongan de posibles, que los hay. Es más: hasta se podría sacar una pasta gansa añadida. Quiero decir una plusvalía.
-Ya sabe usted que a la izquierda no le molan las plusvalías.
Y las recalificaciones, ¿qué? Lo que pregunto es si el PSOE y la IU nos firmarían ahora un papelico haciendo saber que, cuando llegue el momento, se quitarán de encima la TeleValcárcel.
Y, con eso, la posibilidad de una TeleSaura o una TeleCayetano.

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Sobre el autor Carmen Castelo
Esta página contiene las Zarabandas publicadas en el diario La Verdad desde 1964 a 2005. Es una de las propuestas que surgió como consecuencia del trabajo de investigación que dio lugar a la tesis doctoral 'Análisis e interpretación de la columna de opinión en la obra periodística del murciano José García Martínez', que defendí en 2015 en la Universidad de Murcia y que obtuvo la calificación de 'Sobresaliente Cum Laude". La tesis analiza 300 columnas de opinión de García Martínez, publicadas entre los años 1975 y 2010, para identificar las particularidades y características en cuanto a temas, enfoque, estructura y lenguaje. http://www.tdx.cat/handle/10803/300306

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