La Verdad

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Autor: castelo_1431594424
Clemente Leal García
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Carmen Castelo | 18-05-2006 | 9:48| 0

García Martínez – 18 mayo 2006

Clemente ya sabemos que lo es, pues que su propio nombre lo indica. Pero se supone que lo adornan también otras virtudes. La suma y resumen de todas ellas se contiene en una sola palabra: lealtad.
El hallazgo de este adjetivo compendiador -toma ya- no es mérito mío, sino que corresponde a Antonio Reverte, que lo sacó a relucir en la presentación que hizo, en la Asamblea Regional, del nuevo libro de Clemente García, alcalde capitalino que fue en la transición.

Sus Crónicas de la Autonomía de Murcia son la continuación de otras. Esta vez, lo que se cuenta es cómo ha funcionado lo autonómico murciano, desde 1997 a 2004. Si Quien Corresponda le da salud, algún día llevará a la imprenta lo que todavía está por suceder. Desde luego, este libro no es el Código Da Vinci. Hay que mirarlo (y sobre todo consultarlo) despacico. Constituye sin duda un capítulo de la Historia de Murcia, que servirá para que quienes vengan después sepan qué sucedió realmente en este primer tramo de la democracia regional.

Clemente ha sido un tipo leal. Una cualidad ciertamente rara en los tiempos que corren, cuando las deslealtades ganan a las lealtades por goleada. El motivo tendrán que buscarlo los sociólogos, aunque en muchos casos el ciudadano podrá sacar sus propias conclusiones, mirando con una miaja de atención el panorama de cada día.

Fue nuestro personaje leal a sus convicciones incluso durante el franquismo que lo nombró edil principal de Murcia. No hace falta entrar aquí en detalles, ni buscar en los documentos, pues las gentes de su generación me creo yo que no lo necesitan. Leal a aquello en lo que creía -que no era por entonces, ni mucho menos, la doctrina oficial que emanaba de El Pardo- y leal a Murcia y a los murcianos. Y esto lo escribe alguien que, con Franco mandando, ya le soltaba algún que otro pescozón municipal, usando de una libertad de expresión que aún estaba por venir.
No se revolvió Clemente contra la crítica, ni echó mano del delegado provincial -¿ay!- de Información y Turismo. Aceptó la regañinas (quizás no siempre justas) con lo que después se llamaría talante democrático.

Así, pues, lo dejamos en Clemente Leal García.

-Una cosa que esté bien.

 

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El regreso del Pequeño Luchador
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Carmen Castelo | 11-05-2006 | 7:46| 0

García Martínez – 11 mayo 2006

Me entero de que Valcárcel ha recuperado a Gómez Fayrén para la política murciana. Lo veo bien. Y aprovecho para lamentar que se haya perdido un tiempo precioso, como es el que va desde la dimisión a la recuperación. Aunque, como dice el dicho: «Bien está lo que bien acaba».
-O «Nunca es tarde, si la dicha es buena» o «A caballo regalado…»
¿Vale, vale! Con uno bastaba. El lector, cuando se encana, es tremendo.

Una vez lamentado que Fayrén se retirase a sus cosas, paso a decir, como justificación del lamento, que no estamos tan sobrados en Murcia de gente útil como para permitirnos ciertas ausencias.
-¿Qué pasa con usted? Que es su amigo, ¿no?
Por tal me tengo, ¿qué quiere usted que le diga? Pero, aparte de eso, es que no se puede negar -pues que es algo objetivo- que Gómez Fayrén se manifiesta eficaz en política y el pueblo en general lo quiere. Me supongo que el mérito del regreso corresponde a Valcárcel, que a fin de cuentas es quien manda. Lo mismo que dije entonces que me parecía mal que lo dejase escapar, ahora le hago saber que somos muchos los que aplaudimos la vuelta del Pequeño Luchador. (¿No se acordáis de los tebeos?).

Ha sido Fayrén uno de los escasos personajes públicos añorados por la gente de Murcia. Esto, en el negocio político, es poner una pica en Flandes. Constituye, por lo tanto, un activo -así lo llaman- con el que hay que contar como sea. Aparte de sus cualidades para gestionar, hay dos en concreto que le otorgan peculiaridad: una, su murcianía, en parte mamada, en parte adquirida. Otra, el sentido del humor, que lo tiene entreverado de genuina coña murciana.
Estos dos atributos lo convierten en un tipo familiar, asequible, uno más entre nosotros los pobres.
-¿Y no es bajito de más?
¿Joder con el lector! Tampoco es cuestión de pedir la Luna. Es bajito, pero se crece cuando es menester, el jodío de él. Si tiene buena la cabeza y buenos también el verbo y la capacidad de trabajo, amén de caerle bien al personal…

Quiero decir que si reluce sobrada la estatura moral, ¿qué más dará que no toque suelo cuando se siente de nuevo en la poltrona?

-Parece un buen zagal, dende luego.

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La pilila de Gallardón
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Carmen Castelo | 09-05-2006 | 7:37| 0

García Martínez – 9 mayo 2005

Un grupo nutrido de madrileños (con la Tita Cervera, en calidad de viuda del Barón, abriendo marcha) ha protestado en Madrid por el intento municipal de talar unos árboles en el Paseo del Prado.
En una de las pancartas se podía leer: «Gallardón, pódate tú la pilila». Esta es una muestra gozosa de que en España hay libertad de expresión. Tras largos años de mordaza franquista, el ciudadano puede ahora expresar lo que siente, tanto si ello es políticamente correcto como si no.
Hablar libremente, sin cortapisas, ni censuras es muy saludable para los cuerpos y para los espíritus. Vomitando su reivindicación, el ser que somos cada uno se esponja, se libera y hasta se pone cachondo.
-Sin molestar al vecino, ¿eh?

Desde luego. Pero sepa que el político, aunque viva en tu calle, no tiene la consideración de vecino a estos efectos. Si alguien hubiera escrito en una pancarta lo de la pilila -y la posibilidad de que se la poden-, refiriéndose al Conde de Mayalde, que fue alcalde de Franco, al autor se le habría caído el pelo.

La libertad de expresión es una cosa buena. Lo que pasa es que, ahora, después de unos años ejerciéndola como defensa ante decisiones arbitrarias del poder, ya apenas sirve para nada. Y eso porque a quienes son objeto de las críticas que vienen del pueblo les ha salido un callo en el cerebro. Justo en la zona donde reside la que llamaremos sensibilidad hacia las opiniones ajenas.

En los primeros tiempos de la transición, el político en general estaba atento a lo que pensaban de ellos los de abajo. Pero ha llegado un momento en que se lo pasan todo por el arco de triunfo. Sencillamente, se han acostumbrado. Tú puedes decir lo que sea sobre ellos y sus actuaciones, pero no se inquietan. Han asumido como lema propio lo de: «Ladran luego cabalgamos».
Más aún. Hasta prefieren que se les dé caña. Porque de esta manera salen en los periódicos, en las radios y en las teles. Para su mentalidad, es lo único que cuenta: salir. Que sepan de ti, aun cuando sea para mal. La deseada libertad de expresión se queda así en pataleo. Y por lo mismo pierde su razón de ser.

Sepa el lector, por tanto, que Gallardón, ni se va a podar el rabo, ni permitirá que se lo pode la Baronesa.

 

 

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Y la casa sin barrer
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Carmen Castelo | 07-05-2006 | 7:36| 0

García Martínez – 7 mayo 2006

Vamos a mirar las cosas -si el Señor nos da inteligencia bastante- con una miaja de sentido común.
-Mucho pide usted en los tiempos tan malos que corren.
Eso ya me lo sé, pero merece la pena intentarlo. Vivimos tiempos de corrupción urbanística.
-Bueno, tampoco es eso -protesta la autoridad.
Déjeme de coñas, por favor. Si algo hay evidente en la Región son las corruptelas del ladrillo, en las que están implicados tantos y tantos munícipes.
-Es que los ayuntamientos necesitamos fondos…

Vale, vale. Los ayuntamientos necesitan fondos para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Pero el fin, tan loable, no justifica los medios, tan deleznables. Si el bienestar del conjunto ha de pasar por el enriquecimiento ilícito de quienes nos mandan, apague usted el candil y vámonos.
Aludo a quienes gobiernan, en el bien entendido de que en unos lugares gobiernan los del PP y en otros los del PSOE. De tal manera que lo más escandaloso no es ya que robe el Fulano o el Mengano, sino que roben todos. Los del PP denuncian a los del PSOE y los del PSOE denuncian a los del PP. ¿Y qué es lo que hay entre pan y pan? ¿Cuál es el companaje? Pues ni más ni menos que el ciudadano. Así de sencillo.
Por lo que ellos mismos denuncian, no hay buenos y malos, sino que todos son malos, malísimos. La gente de a pie necesita agarrarse a algún tablón para no hundirse en el desánimo. Pero tenemos que tanto los tablones PP como los tablones PSOE no son de madera, sino de plomo. Por lo tanto, todos al fondo.
-¿Y la Izquierda Unida?

Hombre, mire usted: esa no gobierna en casi ninguna parte. No toca lana. Y mientras no la toque, nadie puede decir si le tiene afición a trasquilar. La honradez, mientras tanto, se le supone.
La cara dura de los políticos acusándose los de un lado y los del otro de lo mismo, no sé si tiene precedentes -pues los hombres se ve que somos ladrones por naturaleza-, pero lo cierto es que clama al Cielo.

Lo jodido es que el Cielo tampoco nos escucha. Por lo que sea. Y, al final, lo único que podrá hacer la masa para no desesperar, será chisparse.

 

 

 

 

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Que se vea Jumilla
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Carmen Castelo | 31-12-2005 | 7:00| 0

García Martínez - 31 diciembre 2005

Todavía está sin resolver, me creo, la disputa acerca de por dónde irá exactamente la autovía de Fuente de la Higuera a Murcia, pasando por Jumilla. Y mira que hubo un tiempo en que la autoridad regional lanzó las campanas al vuelo, proclamando en la Asamblea que todo estaba arreglado.
Ignoro si sucederán estas mismas cosas en regiones más y mejor desarrolladas que la nuestra. Todo estriba en que la autovía se acerque un algo más o un algo menos a Jumilla. Si ese algo más se impone, el viajero soportaría cinco minutos añadidos en ir de Yecla a Murcia. Por eso me preguntaba si otras regiones padecen también esta absurda falta de entendimiento entre sus gentes.
El diputado yeclano Domingo Carpena, que vivió unos años en Jumilla, me comentaba con cierta decepción que este pequeño gran asunto no se hubiera resuelto todavía. Hablamos de Castillo-Puche y de sus esfuerzos para que Jumilla y Yecla dejaran de tirarse los trastos a la cabeza. Ese patrioterismo absurdo no tiene hoy razón de ser.
El propio Carpena me hizo saber que uno de los argumentos jumillanos es que quieren que se vea el pueblo desde la autovía. Y a mí me pareció un razonamiento que manda mucha romana. Más aún, si me apuras, que cualquiera otro.
Si no se ve el pueblo, si no se hace evidente que esa vía comunica Yecla con Murcia, pero viéndose Jumilla al pasar por Jumilla, la obra carece de sentido para los jumillanos. Yo lo entiendo. Y no sólo porque me han parido allí. ¿Cómo vas tú a salir de Yecla para empalmar con la autovía de Albacete, sin enterarte de que has pasado por Jumilla?
-Pondrán carteles…
Sí, pero unos carteles que, en esta circunstancia, ni la Juanita Reina ni yo podríamos mirar. Digo sin cabrearnos.
-Están tozudos tus paisanos -me decía Carpena.
Y muy bien que veo que lo estén, porque lo que no puede ser no debe ser. Un pueblo, sin una torre de iglesia que lo señale, se queda tan chato como una autovía sin que se divisen las casas del vecindario al que sirve.
Yecla, probablemente más emprendedora, alcanzó hace tiempo su éxito industrial con la madera. Jumilla intenta, por fin, obtener el suyo con el vino.
¿No es eso justo? ¿Coño, vamos a arreglarlo con un chatico de Jumilla/Yecla!

 

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Sobre el autor Carmen Castelo
Esta página contiene las Zarabandas publicadas en el diario La Verdad desde 1964 a 2005. Es una de las propuestas que surgió como consecuencia del trabajo de investigación que dio lugar a la tesis doctoral 'Análisis e interpretación de la columna de opinión en la obra periodística del murciano José García Martínez', que defendí en 2015 en la Universidad de Murcia y que obtuvo la calificación de 'Sobresaliente Cum Laude". La tesis analiza 300 columnas de opinión de García Martínez, publicadas entre los años 1975 y 2010, para identificar las particularidades y características en cuanto a temas, enfoque, estructura y lenguaje. http://www.tdx.cat/handle/10803/300306

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