La Verdad

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Cosas que pasan cuando el semáforo se pone en verde
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Inma | 10-10-2014 | 07:15

Descendemos de la alturas de las nubes de nuestro último viaje y vamos hoy, a ras del suelo. Nos toca callejear y, en el camino, el semáforo se pone en verde. ¿Cruzan conmigo al otro lado? Hay muchas curiosidades –e incluso pedacitos de historia- que se ven en un paso de cebra.

Uno de los más famosos del mundo está en Japón. ¡Allá que nos vamos!  Se trata de un cruce formado por cinco pasos de cebra donde el trasiego humano es tal que, si nos quedáramos parados en mitad, la propia “marea humana” nos llevaría, sin querer, al otro lado.

Se encuentra en el barrio de Shibuya, en Tokio. Es espectacular ver la aglomeración humana que cruza a paso ligero, sin chocar entre sí, tan pronto el semáforo se pone en verde. Uno de los lugares privilegiados para observar este movimiento veloz es la cafetería que tiene un ventanal en planta alta. Desde él la visión es aún más llamativa.  Pero, por supuesto, no dejen de aventurarse a cruzar andando por el paso de cebra. Estarán rodeados por más de cinco mil personas que van de un lado a otro. ¡Sálvese quien pueda!

Lo mejor si vamos con amigos o familiares es, antes de cruzar, despedirnos y quedar con ellos al otro lado de la calle porque, es fácil, con tanta gente alrededor, que uno pueda perder de vista incluso a los más cercanos. Llegado el caso, ¡agarren fuerte de la mano a los más pequeños!

Callejear por una ciudad desconocida es uno de los grandes placeres en todo viaje. Y en Japón este placer se acrecienta, sin lugar a dudas. Es una de las cosas más sorprendentes y curiosas para conocer el país. Este paso de cebra está catalogado como una de las atracciones turísticas sine qua non de Tokio. Hay películas que lo han reflejado con maestría. En una de ellas, al no contar con el permiso de grabación, se utilizó una cámara pequeña y, camuflada entre tanta gente que cruzaba, pegados unos con otros, no fue alertada su presencia.  Hasta en el cine ha quedado plasmada la “inundación humana”.

Otro semáforo en verde que también tiene vida propia lo tenemos más cerquita, en Alemania. Les presento al  conocido –y querido- Ampelmann. El cariño es tal que “el hombrecito verde”  del semáforo, en posición de caminante que nos invita a cruzar sin temor a ser atropellados, se ha convertido casi en una seña de identidad del país, sobre todo de la ciudad de Berlín.

Su origen tiene una historia muy bonita. En la plaza Postdamer Platz se instaló el primer semáforo de Europa. Para promover, sobre todo entre los más pequeños,  una buena educación vial, (pues en los años cincuenta el tráfico rodado no estaba tan a la orden del día como hoy acostumbramos a ver) un psicólogo creó la figura de un hombrecito verde en movimiento que indicaba la posibilidad de cruzar. Los habitantes, sobre todo los niños, le fueron cogiendo cariño. Hasta salía en programas de radio y en comics.

Tras la caída del Muro, en los años noventa, con la idea de rediseñar la ciudad, no siguió siendo utilizado. Pero años más tarde, se le echaba de menos y, el clamor y la nostalgia fue tal, lograron que volviera a brillar de nuevo en los semáforos. Un diseñador vio los restos del que había sido un semáforo con este hombrecillo y creó una serie de lámparas –seguía dando luz-. Y ahí comenzó el éxito de una campaña de merchandasing.

Se ha convertido, no sólo en un símbolo de la unificación alemana (pues comenzó en la parte oriental y se utilizó más tarde en la occidental) sino también en una imagen de marca de Berlín.

Hay tiendas de regalos especializadas que sólo venden productos con este logotipo. Es difícil salir de ellas sin caer en la tentación. Yo resistí, pero he de confesarles que me costó lo suyo. La variedad de artículos es casi infinita. Si uno desea regalar café o una cerveza, podrá comprarlo con el muñeco estampado en el regalo que elija.  Incluso, por aquello de aprovechar el tirón comercial, los expertos del marketing, nos han presentado a su hermano “mayor”, que es más alto (pues siempre está “por arriba”). Es el hombrecito rojo con los pies juntos, queriendo en la postura simular el “alto”. Y, claro, también se puede comprar como souvenir.  Y cuando uno se anima a comprar, la pareja cae, seguro.

Como ven, en este paseo no hay riesgo alguno de ser atropellado, salvo que uno se distraiga al cruzar porque… ¡Hay que ver las cosas que pasan cuando el semáforo se pone en verde!

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