La Verdad
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Calles Franquicia
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Inma | 13-02-2018 | 18:14

 

Vas caminando por una ciudad y, si no fuera porque los ruidos que percibes alrededor no te resultan familiares, por un momento podrías pensar que estás en una calle que ya has recorrido mil veces antes, por ejemplo, en la calle Serrano de Madrid, cuando tal vez te encuentres a más de mil kilómetros: en Oxford Street en Londres; en la Quinta Avenida de Nueva York o, ¿por qué no? en la avenida Chang’an en Pekín.

De unos años para acá todas las ciudades se parecen cada vez más entre ellas. Sí, se están copiando descaradamente. “Son los estragos de la globalización”, sentencian los expertos. Uno de los fenómenos más osados son las ya conocidas como “calles franquicia”.

La mayoría de estos comercios –todos muy luminosos y llamativos-, con grandes puertas abiertas (“pasen” nos invitan de forma sutil) están regidos a través de contratos de franquicia que conllevan muchas horas de negociación, de reuniones y de redacción definitiva; Son de esos contratos que, como mínimo, se tarda una media hora en firmarlos por tantas páginas, anexos, adendas, logos a usar, tarifas a aplicar, etc.

¿Ladrones por doquier?

Los antropólogos apuntan con una flecha inquisitiva más tensa aún: ¿Les estamos robando el alma a las ciudades? Mira que si al final, ¿vamos a ser unos ladrones? Lo digo sin ánimo de ofenderles, con todas las eximentes posibles.

Estos estudiosos del mundo urbano parten de la idea de que todas las ciudades tienen (bueno, tenían) su alma: su “genius loci”. Pero cuando llega a estas calles el potencial económico de las franquicias (de ropa sobre todo, pero también de alimentación, decoración, cosmética, etc.), entonces aquel espíritu singular termina por desaparecer y se da un giro copernicano: el metro cuadrado pasa a cotizarse con varios dígitos de ceros.

Venecia, un caso de estudio

Y todo parece ser que comenzó con el “made in China”. En una ocasión debatíamos con un profesor en clase sobre qué queda realmente de auténtico en una ciudad. Ponía el caso de Venecia. Tengo que decirles que –tristemente- esta ciudad ya es estudiada en todos los foros como paradigma del “hundimiento”. Léase por favor en sentido metafórico. callesred1

Y si por ejemplo, ahora que estamos en carnavales, nos compramos una máscara en Venecia, aun cuando pensemos que es una pieza de artesano (y así paguemos su precio), nada más mirar la etiqueta, veremos que pecamos de ignorantes, porque se tratará casi seguro de una fabricación en serie.

Ahora una vez que tenemos asumido el “made in China”, nos toca hacer de tripas corazón: porque nos lo venderá un paquistaní o un chino también. Entonces, nos preguntaba el profesor en el examen: ¿Qué hay de auténtico en esa compra, en ese souvenir? Costaba dar con la respuesta.

Hay esperanza ante estos “robos masivos urbanos”

Últimamente la he recuperado. Algunas ordenanzas han logrado una política urbana de “reinserción” de estos “ladrones” que pululan por las principales avenidas. Con más frecuencia en muchas ciudades ya es fácil ver cómo en algunas calles estas franquicias están sí, pero han llegado a un buen entendimiento con la idiosincrasia del destino y respetan la arquitectura propia de cada lugar (que si fachadas, que si rotulación, etc). callesred2

Un precioso botón de muestra es la histórica calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria donde todas las fachadas semejan las antiguas casas, con sus mismas puertas, ventanas, balcones, coloridos… Incluso en el interior, también se han respetado los patios de aquellas antiguas viviendas.

Y sí, da gusto comprar en estas “casa-franquicias” (aunque sea lo mismo que uno podrá seguramente encontrar en su ciudad). Pero lleven cuidado, a nada que uno se despiste un poquito, pueden pasar desapercibidas porque incluso los escaparates están bien escondidos en las ventanas. Cosa curiosa, y digna de cotillear. Con lo que a mí me gusta entrar en las casas ajenas y, en éstas además, se puede comprar.

 

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