La Verdad
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Autor: Inma
Pasen y toquen
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Inma | 10-01-2018 | 9:12| 0

 

¿Cuánto tiempo podemos estar dentro de un museo? Ya hay una respuesta a lo que se conoce como “la fatiga en el museo”. Más de dos horas dentro y nos convertimos en un “espectador durmiente”. Sí, podemos continuar una sala más, luego otra, pero ya no prestamos interés. Avanzamos en modo “automático”, como adormecidos. Y ya, al llegar a la tienda, aquí las estrategias de marketing, nos “despiertan” del letargo y activan el monedero, para pasarlo al modo “open”.

Para evitar no sólo el cansancio sino también llamar la atención a lo largo de toda la visita, se han ideado muchas técnicas. Viajamos hoy con una de ellas: cartelas que sí permiten tocar el arte. Y nos adentramos en dos museos situados en Cartagena y Valladolid.

Tocar o no tocar, he ahí el dilema

No crean que está siendo fácil lograr su éxito. Tenemos tan metido en la cabeza aquello de “no tocar” que nos hemos vuelto demasiado obedientes. Y somos algo reacios al cambio. Vaya que se nos antoja muy atrevido y seguimos tímidos con aquello de estirar el brazo y palpar.

Hace poco un investigador que ha estudiado durante meses cómo se comporta el público dentro del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) de Cartagena contaba la siguiente anécdota: Existe un diminuto cartel solitario que indica que sí se puede tocar. Pero está colocado justo en una esquina, algo retirado del circuito por el interior del museo. Sin ninguna pieza de arte a su lado. El púbico sigue la trayectoria normal de la visita por el camino más corto y no se acerca a leer qué pone en ese cartelito de la esquina. Y claro, al no salirse de la ruta, continúa por la segunda parte del museo sin saber que podía tocar todo lo que veía en ella.

Las responsables del Museo de Arte Africano de Valladolid también me contaban que habían colocado, ahora sí, en lugar bien visible la señal con grandes letras: “Permitido tocar, obligado sentir”. Querían que el público pudiera palpar –sí, manosear también- la textura del barro, la de una tela, etc. Y, para su desconsuelo, tampoco nadie se atrevía. Ya no era cosa de un cartel chiquitito ni de otro colocado en una esquina.

Casi caricias con el arte

Vladimir Bazan ha fotografiado el comportamiento de los visitantes en los museos. Los hay que duermen la siesta (pasaron del adormecimiento al sueño profundo); otros que se mimetizan con la obra que están viendo…

vladimir-bazan-louvreLes dejo mi favorita de esta serie de retratos de nuestros comportamientos en los museos. Porque en ocasiones la atracción que provoca el arte es de tal fuerza que, con o sin cartela, sea ésta diminuta o llamativa, no podemos evitar estirar el brazo.

El profesor de arte ante la obra

Les confesaré que un día el profesor de arte tuvo la magnífica idea de dar la clase en el museo. Había una pequeña escultura vestida y claro, siendo adolescentes, vaya que nos asomamos un poco –llevando cuidado eso sí- por debajo de la estatua. Queríamos saber los entresijos (e intimidades, ¡ejem!) de aquella pieza. El profesor nos pilló a todos con la cabeza retorcida. Pensamos que nos iba a reñir y que se nos había acabado la aventura de dar las clases fuera del aula.

Pero sucedió algo que no habíamos esperado: Se acercó a nosotros y se asomó él también por debajo de la ropa para ver el interior de aquella pequeña estatua. Como si fuera un “Nene” más (¡qué bien puesto tenía su apodo!). Y sí, dimos muchas más clases en los museos.

Porque sí, la curiosidad nos une a todos desde que somos niños. Y cosa buena es que nos siga acompañando, ¿verdad? Seamos estudiantes, profesores, tímidos, osados… Da igual, nos “despierta” a la vida.

 

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Espérame de pie
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Inma | 26-12-2017 | 11:08| 0

 

-Dentro de 80 días regresaré y habré dado la vuelta al mundo.

‑Venga, déjate de tanto postureo y chulería, que somos amigos. ¡Un gentleman como tú, diciendo esas barbaridades! A ver si te van a oír…

– ¿Cuánto te apuestas a que cruzaré este hall con pruebas fehacientes de haber dado la vuelta al mundo?

– ¿Ah, pero vas en serio? ¿Quieres apostar? No me tientes Phileas… ¿Te jugarías la mitad de tu fortuna?

– ¡Acepto la apuesta! Tú espérame aquí, de pie, justo debajo del umbral de esta puerta.

Y alzando la mano a modo de despedida le gritaba ya dando los primeros pasos: “Nos vemos en 80 días. Me voy que tengo un poquito de prisa”.

Con esta conversación, en versión libre actualizada, dos caballeros ingleses, con sus monóculos y largos bigotes, en uno de los clubes privados londinenses de la calle Pall Mall apostaban: Uno, convencido de que en tan breve plazo de tiempo no se podría cumplir la promesa. El otro, ya se había puesto de camino.

¿El resultado? ¿Quién ganó? Todos lo conocemos por “La vuelta al mundo en 80 días”.

londresredjulioEste edificio y, para ser aún más precisos, la puerta donde le esperaba el amigo incrédulo, está a unos cinco minutos caminando desde Trafalgar Square. Ante esta cercanía merece la pena ser testigos del lugar donde se localizó aquel acto ¿valiente?, ¿demasiado osado?, ¿aventurero?… Porque para hacer una apuesta así y jugarse la mitad de su fortuna hay que tener la autoestima muy alta (sí, sabido es que los dos amigos eran muy pudientes. Pero aún así). En un momento además en el que el cielo aún no estaba lleno de aviones de aquí para allá.

Londres cuenta con muchos rincones que nos trasladan a la infancia. Cuando me preguntan amigos, siempre aconsejo este destino para ir con niños. Y no falla, a su regreso, los veo satisfechos: a padres e hijos por igual.

Nuevas rutas

De la parada y desafío londinense seguimos de aventura por Suiza. No sé si también les pasa a Vds. Saber cómo surgen las primeras rutas en el mundo es siempre muy interesante. En el colegio asistía con los ojos abiertos a las explicaciones de Cristóbal Colón. Aprobado sin necesidad de repasar antes del examen. Porque dónde esté una buena historia… Y un buen maestro también. Binomio perfecto sin necesidad de deberes después.

De la literatura pasamos a la geografía: El primer ascenso al Mont Blanc también tuvo su punto de osadía. Aquí no fue una apuesta sino un concurso que convocó el geólogo y buscador de minerales Saussure. Este (también) aristócrata quería saber cuál era la altitud de aquella montaña nevada. Y para ello prometió una buena recompensa económica a quien lograra encontrar un camino para llegar a lo alto. Se presentaron al concurso el doctor Paccard con Balmat. Lo lograron. El ascenso -también estuvo lleno de aventuras como las de Julio Verne- marcó el inicio del alpisnismo. Aquí hay otra buena historia de esas que dejan huella.

Cruzar “fronteras”

Ya nos convenció Ryszard Kapuscinski, con aquello de: “el sentido de la vida es cruzar fronteras”. Tanto en sentido literal (él era reportero) como metafórico pues siempre, comenzar un año nuevo nos abre nuevos caminos. Y con ellos nuevos destinos. Así pues, les deseo ¡Feliz Año Nuevo! Y que con él comiencen también “nuevas rutas y aventuras personales” para todos Vds.

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Los días grises
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Inma | 10-12-2017 | 2:56| 0

 

En Bilbao son especialmente bellos. Este color es un continuum en toda la ciudad. Se vincula a su pasado industrial. Sobre todo al acero que tanto bienestar económico trajo consigo.

De tiempos pasados quedan aún huellas. Una es la chimenea rodeada de una explanada de hierba, muy cerca del centro histórico justo donde estaban las industrias Echevarría, que dan hoy nombre al parque. “Antes eran tres chimeneas. Dejaron una a modo de memoria y homenaje”, me contaba un señor mayor que bien conocía esta zona de primera mano.

Seguimos en modo grisáceo

Y el mismo color gris nos lleva al presente. Y todo pasa por la planificación urbanística de la ciudad tras unos años de crisis. El foco se puso en una proyección futura de Bilbao vinculada a la cultura.

Aunque al principio este objetivo se antojaba difícil por ser algo intangible, hay muchos lugares que dan fe bien visible (ver para creer) de haberlo logrado.

Muchos edificios que fueron industrias, hoy tienen una nueva vida, un uso destinado a temas culturales. Una buena muestra es “La Alhóndiga” (Centro Azkuna). En él queda el despacho de su director tal y cómo estaba cuando era un almacén de vino. En este centro aquel sabio lema latino “mens sana in corpore sano” lo cumple a rajatabla: una piscina en lo alto (se la recomiendo, está abierta al público hasta altas horas de la noche); cómoda biblioteca (de esas para leer en un sillón orejero); terraza (también para detenerse)… Ya les digo una parada de esas que uno sale como nuevo, en cuerpo y alma.

Del acero al titanio

niebla1redSi en el pasado el gris lo protagonizaba el acero, hoy esta tonalidad la tiene el titanio que rodea el Museo Guggenheim. Y nos vamos a quedar en su exterior, embelesados en este color.

Ya saben que este museo es rompedor. Sí, literalmente sigue la estrategia de “trasvasar muros”, pues tiene varias piezas de arte fuera de su recinto construido. Una de las más populares es “Puppy”. Hay un chiste local que dice que el perrito llegó antes y que, ya luego, le construyeron su “casita” detrás.

Una parada a lo Marilyn

En otro de sus rincones exteriores podemos emular la famosa escena de Marilyn jugando con el vapor del subsuelo neyorquino; Pero aquí –que estamos en Bilbao-, ¡a lo grande! No sólo a ras de suelo entre las piernas, sino que este vapor recorre todo nuestro ser, de arriba abajo.

Se trata de la pieza de arte extramuros -también de tonalidad gris- conocida como “la escultura de niebla”. Deben prestar mucha atención porque puede llegar a ser “invisible”. Sólo se puede ver y sentir a las horas punta. Luego ya, pasados unos minutos, a eso de y diez, se desvanece.

A mí me encanta porque es la sensación de poder ir caminando dentro de una nube. El mejor lugar para sentir este gran abrazo de aire es paseando por la ría, cerca de la araña “Mamá”.

Una obra de arte que “te acaricia”

niebla3redSu autora es una artista japonesa muy graciosa: Fujiko Nakaya. Su padre era físico, todo un experto trabajando con hielo y nieve. Contaba con un buen maestro en casa a la hora de hacer los deberes. Yo me la imagino haciendo experimentos entre el congelador y el horno con su padre, los dos mano a mano.

La idea de crear obras de arte con vapor le surgió porque en una exposición universal uno de los edificios le pareció muy soso y no le gustaba. Se las ingenió para poder “hacerlo desaparecer” por completo. Una forma sui generis de transformarlo en arte, ¿verdad?

Aquí también en algunas ocasiones el espesor de esta bruma artística puede llegar casi a ocultar el edificio. Me contaba un trabajador del museo que cada día la obra es diferente porque juega con las condiciones meteorológicas y se crea un microclima con un toque muy intimista, según cómo empuje el viento o penetre la luz solar. Ése era el propósito de la artista: “esta obra es una reflexión sobre el cambio”.

Porque Bilbao ha sabido cambiar aquella fuerza motora de la industria por otra dirigida hacia la cultura. Ha ganado el premio a “la mejor ciudad europea para 2018”. He aquí mi felicitación por este “casi Nobel urbanita”.

Sabido es que después de la niebla siempre sale el sol. Por eso los días grises en Bilbao nada tienen que ver con la tristeza. Y sí mucho con la belleza. Y también con el arte.

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Aeropuertos, ¡qué lugares!
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Inma | 24-11-2017 | 7:10| 0

 

El mundo está de nuevo dividido en dos grandes bandos y, no sólo futbolísticamente hablando. ¿Cuáles son las catedrales en el siglo XXI? Unos –los del balón- lo tienen claro: los estadios. La respuesta para otros: los aeropuertos. Como les digo, he ahí la cuestión urbanística que los enfrenta.

Hace poco el arquitecto de la famosa T.4 desvelaba todos los secretos del proyecto. Uno de ellos, bien bonito, era la utilización del bambú, planta flexible y resistente a la vez. Pero sincero, Richards Rogers reconocía la excesiva amplitud del espacio interior. Vaya que a nada que uno se descuide con su café y libro, puede llegar a perder el avión, aunque su puerta de embarque esté… ¡en la misma terminal!

El día que todo cambió

Hubo un momento crucial en el que todos los aeropuertos sufrieron un “giro copernicano”.  Fue toda una acrobacia de marketing. Les cuento cómo fue la voltereta, digo, la estrategia. Estos edificios ya contaban con todas las tiendas abiertas. Pero había un problema. Los pasajeros que llegaban, iban directos a las cintas para recoger sus maletas y en cuestión de unos diez, quince minutos máximo, ya las tenían y, camino al hotel o a casa.

aeroredLa idea fue: “tenemos que lograr que todo este grupo de pasajeros de llegada, pase sí o sí por la zona de tiendas para que puedan comprar o tomar algo en los restaurantes”. Primaba hacer caja. Poca compasión con su prisa por abrazar en destino. Tampoco con el sufrimiento del jet-lag. Y sólo después de “haber hecho el paseíllo del consumo”, ya sí, permitirle que recoja sus maletas. Compasión tardía la del nuevo diseño de los aeropuertos, como ven.

Así las cosas, sin apenas darnos cuenta, vamos siguiendo cual rebaño estos recorridos de flecha por aquí y por allá y, los que vienen como los que van ahora pueden encontrarse en el trasiego de la zona comercial del aeropuerto. Sálvese quien pueda.

Y el día que me perdí dentro de un aeropuerto. Y eso que era de los pequeños.

Yo que me estudié concienzudamente este cambio de ecuación se ve que no hice bien los deberes, pues en un aeropuerto pequeño de Portugal, recién llegada, cómo será que llegué a perderme en todo el trajín de tiendas. Gracias a la ayuda de la señora de la limpieza pude escapar y dar con la salida. Me veía ya como el protagonista de “La Terminal”. No vayan a pensar que soy demasiado peliculera por favor.

Pero siempre hay un toque humano.

Dentro de este laberinto comercial sutil de los aeropuertos, hay también recovecos humanos. Uno de ellos es una iniciativa reciente denominada “Relatos de Aeropuertos”. Sus creadoras empezaron observando a las personas que allí estaban e imaginaban qué historia habría detrás de cada una. Yo creo que todos alguna vez nos hemos visto inmersos en este juego de la observación en los lugares de tránsito. Se dieron cuenta de que podían rescatar esas historias, y pasaron de mirar a charlar con estos pasajeros. Unos días del mes se van a la T.4 con su cámara, se acercan y los entrevistan. Trocitos de estos ratos de conversación los cuelgan en su página web.

(..) Tan gratos para conversar.

Y en este recorrido humano por los aeropuertos, siempre nos quedarán los abrazos de Carlos del Amor que llegan cada año unos días antes de Navidad con sus reportajes en la puerta de llegada para compartir ese momento del encuentro de familiares y de amigos que llevan meses largos –a veces hasta años- sin verse y que a más de uno nos han hecho llorar.

(..) No hay como el calor del amor ‘al llegar’.

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Playas verticales versus Costa Rica
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Inma | 14-11-2017 | 2:32| 0

 

Hace poco tuve la oportunidad de conocer a dos chicos costarricenses que durante los fines de semana de todo un año, aprovechando que no tenían que trabajar, han realizado un inventario de las playas de su país. Compartíamos nominación, junto con Chile, a un premio turístico en la categoría <<originalidad>>. Al final, este curioso catastro de las playas de Costa Rica triunfó.

El día que la economía se coló en una charla

playavertical2redAl terminar la ceremonia de entrega de premios y, una vez superados los nervios que aprisionan el estómago cuando se oye aquello de: “Y el ganador es…”, me acerqué a felicitar a los dos autores de este bonito proyecto. Nada más conocernos, todos confesamos muy sinceros que habíamos seguido –casi de forma intuitiva- muchas de las reglas de economía. La más popular: “vigila y analiza a tu competencia”. Vaya que sí, que sin tapujos reconocimos que habíamos estado inspeccionándonos en secreto.

Hay otra máxima también de economía, quizás más difícil de poner en práctica, según la cual “comparte y acrecienta el saber con los que están en tu mismo sector”, que también de forma espontánea, la seguimos en nuestro duelo turístico Costa Rica versus España. Les cuento cómo la economía se coló en nuestra conversación inicial.

Comenzamos platicando, como no, sobre playas. Su inventario es de esos que te deja con ganas de visitar de inmediato el país (premio merecido por este “factor llamada”, ya lo creo). Pero en este debate amistoso a uno le sale -también de manera inesperada- la vena patriótica y, si se deja llevar, se suma la vecindad civil; Vaya que me subí a lo más alto, porque les hablaba de algunas de nuestras “playas verticales” del Mediterráneo formadas en unos casos por la recopilación de la sal que generosamente nos regala el mar y que hace las veces de montañas y espejismos. Y otras, formadas por arena, que atestiguan el paso del tiempo en sitios donde muchos años antes era fondo marino.

playavertical1redEllos quedaron asombrados porque no conocían por su tierra estas formaciones en altura. No sé si me pasé a la hora de presumir de “mis playas”, pero coincidencias o no, el caso es que uno de ellos vendrá pronto a España y tomó buena nota para visitarlas. ¿Será también el “efecto llamada” desde este otro lado del océano?

También les hablé de las de “arena negra” que tenemos en algunas de las Islas Canarias, donde la lava llega hasta el mismo mar. Y como no, de algunas de la costa levantina -como las de Altea- en las que los de fuera nos quejamos de “las piedras” y, los residentes insisten en tono de humor en que son de arena, pero “gorda”.

Y, después de la economía, se coló también la amistad

Ellos me contaban que en su país, la seña de identidad es que la vegetación llega rozando casi el mar: del verde se salta al agua. A muchas de aquellas playas sólo se puede acceder con un 4×4 (“no hay peligro de masificación”, me tranquilizaban). Y les contaré que en la inspección secreta que yo llevé a cabo antes de conocerles, hay unas de agua transparente donde las tortugas se pasean tranquilamente que… Vaya que yo también he tomado nota de las suyas. Viva la sana competencia que nos enriquece allende y aquende la mar.

Porque una de las cosas bonitas de esta contienda dialéctica playera que les cuento es que terminó transformada en una charla de amigos porque nos dimos cuenta que teníamos algo que nos unía: la grandeza del mar.

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