La Verdad

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Categoría: China
Rojo que te quiero rojo

 ¿Por qué todos los comercios chinos son rojos?

Por favor, no se alarmen si les digo que China está… ¡al rojo vivo! Allí este color es símbolo de la felicidad y de la suerte. Y son muy supersticiosos con el tema.

Simulación Festividad de Año Nuevo en Fitur

Botón de muestra lo tenemos cerca: Es imposible encontrar una tienda china y que su fachada no sea colorada. Yo cada vez que abre un nuevo comercio chino en mi ciudad, vigilo este detalle y siempre el resultado es: monocolor.

En la festividad de año nuevo, uno de los días más bonitos es el de los farolillos rojos que sueltan al aire. Las calles también están decoradas con el mismo color. Y es que, como ven, nuestro querido  y español “rojo pasión” se convierte en pura felicidad allá por tierras chinas. Hasta los centros comerciales te invitan a entrar con detalles colorados y, el caso es que a mí se me iban los pies. ¿Sería que inconscientemente sentía la llamada de la felicidad?

Centro comercial. Pekín

Centro comercial. Pekín

A la hora de hacer regalos, hay que estar atentos a este detalle bermellón. Más aún si el destinatario es un posible cliente, pues podríamos dar al traste una futura relación comercial. Por ejemplo, si a un chino le regalamos algo que esté envuelto en color rojo con algún detalle dorado (por ejemplo un lazo) será un acierto total. Si da la casualidad de que es este ciudadano chino con quien queremos negociar, ya tenemos una ventaja ganada con el envoltorio en cuestión.

Por el contrario, si por lo que sea decidimos regalarle a este cliente o amigo chino un reloj o un sombrero verde entonces, hasta es posible que lo rechacen y todo. Ya que, sin quererlo, le podemos estar ofendiendo un poquito, porque con el sombrero le estamos diciendo –sutilmente, eso sí- que está siendo víctima de alguna traición amorosa por su pareja.

Y ya, si queremos rizar el rizo, y causar una buena primera impresión, a la hora de intercambiar las tarjetas, debemos entregarlas con las dos manos y hacer una pequeñísima inclinación justo en el momento del intercambio. Igual protocolo a la hora de recibirlas. Estos pequeños detalles de cortesía aportan mucho para ellos.

Así las cosas, y sabiendo de la densidad de población china, no resultaría del todo exagerado parafrasear aquello de: Rojo… ¡Hasta la bandera!

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Entrando en pista

El mundo de los aeropuertos tiene vida propia. Les cuento tres casos peculiares, que tienen su aquel.

La ciudad de México DF es tan sumamente grande que es impresionante cómo el avión desciende y, durante más de media hora, el avión va sobrevolando la propia ciudad. A mi lado iba un mexicano que me decía: “Ahorita aterrizamos”. Yo, pasados unos quince minutos lo volví a mirar pues seguíamos igual, sobrevolando la ciudad, y él con mucha calma me dijo de nuevo: ”Ahorita aterrizamos”. El crecimiento desmedido de esta capital ha ocasionado que el aeropuerto quede ubicado… ¡dentro de la misma ciudad!

Eso sí, una vez que ya hemos aterrizado y aquel “ahorita” –que se antojó bien largo- se hizo realidad, antes de salir del aeropuerto, en el control del equipajes es la suerte la que decide por nosotros. Hay un semáforo pequeño. Y si la luz se pone verde, podemos pasar sin tener que abrir la maleta. Pero, si es el rojo el color que se enciende, entonces, toca “desnudarse” un poquito y mostrar lo ordenados que fuimos al hacer la maleta o, por el contrario, la prisa con la que metimos las cosas dentro. Son unos minutitos de pequeña tensión, desde que uno toca el botón hasta que ve qué color se enciende. Yo aquí tuve suerte: ¡salió el verde!

Hablando de semáforos. Hay otro aeropuerto que también guarda relación con ellos. Pero en este caso, sí querremos que nos toque la luz roja. En Gibraltar, la pista de aterrizaje y despegue coincide, en perpendicular, con la carretera de acceso. Si vamos con nuestro coche y el semáforo nos pilla en rojo, vemos pasar por el “paso de cebra”, en lugar de peatones que sería lo normal, un avión camino del despegue. Algunos pasajeros, por la cercanía entre los coches y los aviones, hasta se saludan entre sí y todo. Yo también tuve suerte: ¡el semáforo se puso en rojo! Y ya puestos… ¡fui de las que saludó y todo!

En Pekín podríamos decir aquello de: “el tamaño importa” (hablando de aeropuertos grandes, no me malinterpreten, por favor). En la mayoría de aeropuertos es normal que, tras dejar el mostrador de facturación, uno busque la puerta de embarque y, en unos minutos ya está en ella. Allí, sin embargo, la cosa se complica un poquito. Después de facturar, uno debe necesariamente tomar un tren. Viene a ser como un “tren de cercanías” con una duración de unos veinte minutos de trayecto y ya uno, cuando se baja el tren, entonces ya sí está en la zona de embarque. A mí me dio tiempo a hacer un nuevo amigo en este trayecto dentro del tren.

Al principio, si uno no sabe nada, y llega de buenas a primeras, la situación despista un poco. Imagínense después de un vuelo largo y, a buen seguro con el horario de sueño alterado. Nada más salir del avión y transitar por el aeropuerto, somos todos reacios a subir a un tren. Lo lógico es pensar que nos saldremos del aeropuerto si subimos a ese tren; Pues… ¿a saber dónde nos va a llevar? A mí me sucedió: zona de llegada al aeropuerto y vi una estación de trenes. Y lo que no sabía es que precisamente tenía que subirme al tren para encontrar la salida.

Menos mal que preguntando se llega a Roma. Y al final el destino sale a nuestro encuentro y, casi siempre, nos maravilla.

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Los chinos también duermen la siesta

Nuestra sana costumbre de dormir la siesta, ya está siendo “exportada”. Nos creíamos originales y nos gustaba presumir de este rato tan peculiar que nos da “vidilla” al partir el día en dos, y hacer de la noche –y de la madrugada, ya puestos- parte del día también. Y ahora, con la globalización, van los chinos, que tienen fama de copiar cosas y, ¡cómo no!, nos han copiado nuestra esencia.

En China la empresa “Baidu” hace las veces de un gran buscador de internet. Como sabemos, Google tiene algunas restricciones en aquel país. Este motor de búsqueda chino tiene implantadas unas reglas laborales muy curiosas. Los empleados pueden acudir a la oficina vestidos como deseen, incluso en pijama, si ese día no sabían qué ponerse o se levantaron perezosos. Los horarios son flexibles, no rigen controles de horas de entrada ni de salida.

Una vez dentro, tienen zonas de juego; de deportes (hasta pistas de tenis); de descanso y, aquí es donde nos copiaron, un área específica para poder dormir la siesta. Son unas habitaciones en forma de semicircunferencia gigante, que están insonorizadas y a oscuras. ¡Muy apetitosas si a uno, de repente, le entra el sueño entre una llamada de teléfono y papeleos varios!

Cuando visité la sede de la empresa tenía curiosidad por ver qué éxito tenían estas “bolas del sueño” y, en silencio, eso sí, ¡entré en todas ellas! Dentro había unas chicas jóvenes chinas que dormían en ellas con sus osos de peluche. ¡Llevar un oso de peluche al trabajo! Aquí, aparecer de esta guisa en una oficina o en una fábrica, es decir, con un peluche bajo el brazo y en pijama, podría ser motivo de sospecha bien fundada de un bajo rendimiento laboral. El jefe de recursos humanos estaría ojo avizor. Y allí, no pasa nada. Es más, las ofertas de solicitud de trabajo en esta empresa se reciben… ¡a millares por día!

¡Y yo que pensaba que los chinos solo copiaban bolsos…!

 

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China, una mirada desde dentro

Un director general de una entidad financiera española reunió a sus jefes de oficinas bancarias chinos con el fin de organizar sus trabajos de cara a un nuevo presupuesto. Comenzó la reunión diciendo: “Vamos a ver los Diez Mandamientos para este año”. Los directivos chinos no sabían a qué se refería, qué era eso de los Diez Mandamientos y de qué iban a hablar. Hubo un silencio inicial, con caras de desconcierto entre todos.

Esta anécdota, verídica, tiene un enorme calado en lo que se refiere a entendimiento entre dos países que no tienen la misma cultura, ni proceden de un mismo entorno, ni comparten tradiciones. Si acudimos a China con nuestra mirada, podemos provocar que no se nos entienda. Y poco llegaremos nosotros a entenderles a ellos. Es por ello que se impone cambiar la perspectiva y situarnos en su posición.

Un ejemplo de sabiduría inteligente y práctica fue el que utilizó una empresa de refrescos. Con el fin de acercarla al público chino, a la hora de introducir su bebida en aquel mercado, en sus ingredientes, añadió un componente más que era una medicina muy popular en aquel país. Y este ingrediente adicional, adaptado a la idiosincrasia china, logró la plena aceptación de la bebida de cola.

Estamos ante un gran país con una tasa de crecimiento muy elevada (en torno al 10%). Estos progresos tan rápidos, no lo son de forma uniforme ya que crean grandes bolsas de pobreza y desigualdades. El gran coste de este gran crecimiento es la destrucción del medio ambiente. El símil para explicar ritmo de crecimiento de China es el de una máquina excavadora: va abriendo camino allí por donde avanza pero –al mismo tiempo-, va destruyendo lo que encuentra a su paso. En la secuencia de las tres fotografías tomadas en un intervalo de apenas tres días se ve el aumento de la contaminación, impidiendo la vista –el tercer día- de uno los edificios próximos. Y… no están trucadas, tan solo he utilizado el aumento de la cámara.

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Sobre el autor Inma

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