La Verdad

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Categoría: Compamías aéreas
El “caso Vueling” y un bocadillo de jamón

 

Y llegó la revolución del mundo aeronáutico. Hace unos años lo notamos en tres hitos:  se abrió a la libre competencia con nuevos operadores que entraron en el mercado; fusiones de empresas (nuestra querida Iberia entre ellas) y surgieron las low-cost. ¡Bienvenidas al espacio aéreo!

“Se pasó de un transporte caro y elitista, a otro barato y de masas”, así resumen muchos expertos este cambio legal.

Puerta de Embarque especial para familias

Pero, había un límite en esta liberalización: No podía serlo en detrimento del consumidor. Había que protegerlo. Y de ahí, la normativa que tenemos de “derechos de los pasajeros”.

Hay un listado de incumplimientos frecuentes por parte de las aerolíneas (como son la denegación del embarque, el famoso overbooking, los grandes retrasos, etc). Algunos supuestos ya tienen hasta su nombre propio: Caso Melendi; Casi Kate Moss, etc.

Hoy les cuento el ya conocido como “caso Vueling”. Yo lo he sufrido en primera persona.  Concretamente el “derecho de asistencia o atención”. Anunciaron debidamente el retraso (sí cumplieron con el derecho de información). Viajaba en el mismo vuelo el equipo femenino senior de tenis de mesa de Corea. Todas las deportistas, nada más enterarse del retraso, se pusieron a hacer ejercicios de estiramientos utilizando los asientos de la puerta de embarque. Los restantes pasajeros nos dirigimos como cosacos al bar; Era la hora de la cena y allá que nos marchamos, abandonando este “gimnasio improvisado”.

La ley dice literalmente que, en estos casos de grandes retrasos, “la aerolínea debe ofrecer comida y refrescos suficientes de manera gratuita”. Normalmente se entregan vales canjeables en los restaurantes del propio aeropuerto.  Yo los he recibido en otras ocasiones por parte de Vueling. Pero no fue así en esta última ocasión.

Edificio cual torre de control. Universidad de Alicante

El precepto es un poco ambiguo. Dice que este ofrecimiento de comida y bebida ha de serlo de forma “suficiente”. Así que, si hay un gran retraso y no nos dan los tickets (que sería lo suyo), tendremos que ir al bar y, aquí entra en juego el mundo apasionante de los “conceptos jurídicos indeterminados”.

Si yo me pedí una cerveza y un bocadillo de jamón, ¿Me pasé, abusé de mi derecho? ¿Habría sido “suficiente” con un botellín de agua y un montadito de chorizo? Ando inmersa en un gran dilema: si me niegan la convalidación de mis tickets del bar (que tengo bien guardados), entonces: ¿acabará mi caso en los tribunales y será un juez quién decida qué es una cena “suficiente”? La queja, mientras tanto, sigue su curso camino del juzgado.

Casi a pie de pista

Pero no todo son desgracias. En otra ocasión, como consecuencia del overbooking sufrí un cambio de clase. Y hete aquí que me ubicaron en primera. De turista a primera, eso sí que no me supuso ningún contratiempo. El Sr. venezolano enchaquetado que había en el sillón (que no asiento) de al lado, al verme venir tan contenta (yo creo que tuvo que notar mi falta de experiencia en estos grandes y desconocidos espacios del avión), me dijo que la palabra “no” no existía en primera clase. Así que cuando la azafata nos preguntaba: “¿Les gustaría tomar…?”, antes de que terminara la frase, ya tenía nuestra respuesta afirmativa. Casi contestábamos a la vez, pues hasta nos hicimos grandes amigos. Y es que yo, ante un buen consejo, sucumbo con facilidad.

Bueno, quiero que sepan que si al final me validan mis tickets del bar y un juez me dice que mi cena sí fue “suficiente” y me reconocen el derecho a la compensación económica, quedan invitados a un bocadillo de jamón pero, esta vez, de pata negra. Que, desde que viajé en primera clase, le he cogido el gustillo a los pequeños placeres culinarios. Y no acepto un “no” como respuesta.

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Mujer blanca soltera busca

¿Playa? ¿Montaña? Resulta que quien toma la decisión de cómo serán nuestras vacaciones, no somos nosotros. Les presento a la “persona” que se encarga de pensar por nosotros.

Cuando los datos del INE pasaron a la historia

Es curioso cómo nos están clasificando los portales de hoteles y de vuelos. Aquellos datos de edad, estado civil, sexo, etc. han pasado a la historia, en lo que al turismo se refiere. No se alarmen, para el Instituto Nacional de Estadística, sí son sumamente útiles.

¿Cómo nos ven los buscadores de vuelos?

Hace poco contaba el director general de un gran portal de internet de búsqueda de vuelos que ellos ya funcionan desde hace tiempo con otros parámetros, mucho más prácticos. Nos tienen clasificados (sí, sí a Vd. también) de forma muy curiosa. Les cuento algunos “grupos” y así pueden ver cuál es el suyo.

Un research que nos conoce mejor que nuestra madre

Comenzamos por el perfil de “familia con niños”. Este grupo busca viajar seguro y con una planificación extrema. Por lo que su motor de búsqueda en cuanto los catalogue (él decía: “el research dará con ellos en un santiamén”), les venderá la compra de un paquete global con algunos servicios sueltos (como alguna excursión de aventura light o cultural).

Ya no se lleva aquello de: ¿playa o montaña?

Y como lo que más les preocupa es la seguridad, estarán dispuestos a pagar un poquito más. De ahí que el listísimo research, una vez que los ha catalogado en este grupo, no les ofrezca descuentos, ni gangas asociadas a peligro. Por ejemplo, si buscan alquilar un coche (en el caso raro de que ya el paquete global inicial no lo haya incluido), un viejo Seat Panda descapotable sin aire acondicionado no saldrá en la primera página a buen seguro. Tampoco en la segunda.

Un nuevo viajero: el ya conocido como “buscador de chollos”.

Otro grupo social que a mí me llamó mucho la atención son los denominados “maestros de las comparaciones” o, también está el curioso: “buscador de chollos”. En este caso, el susodicho research cual si fuera un gurú sabe ya cómo actúan en todo el ciclo completo del viaje: preparación, estancia en destino, desplazamientos. Y ellos sí, recibirán de forma sucesiva numerosas ofertas, chollos de última hora, grandes descuentos… que resultarán irresistibles. Y es que, sabido es, que muchos pocos, hacen una caja final grande. He ahí el truco.

El retrato social de andar por casa pero con mucha sabiduría

Los hay que piensan mucho. El research no para.

Me contaba un amigo que dirige un camping en la costa mediterránea el retrato social tras muchos años de experiencia al frente, que él tiene realizado de los viajeros según su procedencia. Los del norte del Europa (“sobre todo los holandeses”, me decía), antes de llegar, ya sabían dónde estaban los supermercados más cercanos y, no sólo eso sino que tenían un comparativo de precios en cada uno de ellos (una hojita de cálculo incluso ha llegado a ver) para comprar la leche en uno y el café en otro.

En cambio, cuando llegamos los españoles -también los portugueses-, la primera pregunta es siempre “dónde está la piscina”. La segunda dónde está la zona de marcha. Y luego ya, preguntamos al día siguiente por el supermercado más cercano.

Así que, toca actualizarse. Aquello tan típico de preguntar a los amigos: “¿Qué, este verano: playa o montaña?”, ya no se lleva. ¡No vayamos a hacer el ridículo preguntándolo! Hay que estar ojo avizor a las fotos, nos dirán dónde está el vecino del quinto o el amigo del alma. Y lo mejor de todo, por fin, queda superado el trance que antaño se puso de moda de reunir a los amigos y familiares para someterlos a la tortura de ver todas las fotos tras el viaje. ¡Menuda prueba de superación!

A mí me preocupa este sabelotodo research que con sus algoritmos planifica nuestras vacaciones y nosotros, mientras tanto, tan tranquilos, pensando que tenemos capacidad de decisión. SOS.

 

 

 

 

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