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Categoría: Dubai
Lío en el zoco

Marrakech

En las ciudades árabes, nada más entrar en su zoco, la primera sensación es de laberinto. Un lío tal de callejuelas estrechas que se cruzan unas con otras, que perderse en ellas es lo más fácil del mundo. Con más peligro aún si entramos durante el día, cuando todos los puestos están operativos y vamos paseando tan tranquilos viendo babuchas por aquí, lámparas por allá; Cuando nos venimos a dar cuenta: ¡No sabemos cómo regresar!

Pero resulta que detrás de este lío de callejuelas hay una estructura invisible. Todo tiene su razón de ser y es esta inteligencia escondida la que les quiero contar hoy por si acaso se pierden (que hay una alta probabilidad de que así sea, se lo digo por experiencia propia), para que puedan –al menos- hallar la salida. Seguiremos algunos trucos al estilo de “Pulgarcito”.

Cuando visité el de Tetuán íbamos un grupo muy numeroso de personas de varias nacionalidades y un colaborador del guía iba el último, evitando que algún despistado se perdiera. El guía me comentó que resultaba muy práctico contratar a este lazarillo en la retaguardia, sobre todo porque evitaba el tiempo que le llevaría encontrar a un turista ensimismado en un perfume o probándose una túnica. Ya les digo, estos tenderetes tienen una vis atractiva, ante la que es fácil sucumbir, sin que nos demos cuenta.

El origen de los zocos se remonta a la época de las caravanas, solían ir de una ciudad a otra y vendían en cada ciudad lo que ésta no tenía, y que los mercaderes –buenos previsores- habían comprado antes en otros lugares. Ya se les esperaba un día fijo a la semana. Con el devenir del tiempo se establecieron en localizaciones fijas.  Pero en algunas zonas rurales de Egipto sigue funcionando a la antigua usanza. He asistido a charlas del personal de las embajadas en las que contaban que se quedaban sorprendidos y maravillados por estas caravanas ¡en pleno siglo XXI!

Marrakech

Hay un dato muy curioso. Todos los puestos que venden un mismo producto (pe. oro, frutas, etc.) están en la misma calle. Yo siempre les he preguntado a mis amigos árabes sobre esta ubicación “puerta con puerta” porque me costaba entender esta disposición tan cercana, más que nada por la dura competencia que ello podía suponer. Me cuentan que los comerciantes están felices, les resulta más fácil hacer gestiones y pequeñas colaboraciones entre ellos. Además conciben que serán más atractivos para la gente al estar todos en la misma zona, pues los posibles clientes rápidamente entenderán que están justo en el lugar y descartarán la idea de seguir buscando por más sitios. Y a su vez atraerá a más clientes. Como les decía, está todo pensado. Yo he sido testigo de estos “acuerdos entre vecinos”, cuando he pedido alguna talla o color concreto por ejemplo, los vendedores me decían que sí. Hablaban con los vendedores de otros puestos próximos y en menos de un minuto ya tenía yo lo que quería. El comerciante de la otra tienda les daba el producto que a él se le había acabado.

Dubai

Aún así y pese a haberlo vivido en primera persona, no crean, tardé en convencerme de la bondad económica de esta colocación, pues un comerciante más avispado bajará un poco los precios, y los vecinos de los demás puestos que venden lo mismo se verán casi obligados a seguir la misma política. Pero de nuevo me comentaban que rige una máxima del Islam sobre el reparto de la riqueza según la cual todo el mundo tendrá su parte justa y desarrollarán algún tipo de cooperación entre ellos para lograrlo.

Dentro del zoco se encuentran una o varias mezquitas. En los lugares cercanos a ellas todos los puestos de productos que desprendan malos olores (pe. carnicerías, etc.) o ruidos molestos (pe. herrerías, etc.) nunca se sitúan como señal de respeto. Dejan ciertos márgenes de distancia mínima. También la respetan los comercios que tienen autorizada la venta de alcohol.

Los horarios de la oración son los que van marcando un poco el ritmo de los zocos. A mí me sucedió que estaba cambiando dinero en un banco, y el empleado me preguntó si podía esperar un poco. Se retiró a una parte trasera y dejó la puerta entornada. Yo, como tardaba, me asomé un poco por el mostrador y vi que estaba rezando sobre una alfombra. Seguí esperando un poquito más, claro.

Essaouira

Si visitan un zoco en hora punta, el trasiego de vendedores, de compradores, de repartidores que saben esquivar a los turistas a la velocidad del rayo… es tal que uno siente en este lugar el alma de la ciudad. Les contaré un truco por si van con prisa, pues en medio de este ajetreo, a veces resulta imposible avanzar. Estaba pasando el verano en Essaouira (Marruecos) y tenía que ir justo a la otra punta de la ciudad. Le pregunté a un chico que trabajaba donde yo estaba alojada la dirección exacta del lugar. Me debió ver con una cara de esas que hablan por sí solas. Que después de dos giros que si derecha e izquierda ya estaría yo extraviada, así que me preguntó si podía acompañarme.  Me dijo que me quería mostrar “la otra” ciudad. Y de nuevo surge esta “estructura urbanística invisible”: Si no desean comprar, sepan que existe otro laberinto paralelo de callejuelas, éste sin ninguna tienda ni puesto. Y, efectivamente, en menos de cinco minutos habíamos atravesado toda la ciudad. Luego les quise enseñar esta “ciudad paralela” a la comercial a mis amigas Ana y María, pero ellas, en nada que me descuidase, se quedaban enganchadas en los collares, bolsos y pañuelos que veían por el zoco. De nuevo, la fuerza casi irresistible de los tenderetes, ante la que yo también sucumbía.

Así que ahora que ya saben el truco de los zocos, pueden adentrarse sin miedo a perderse y disfrutar en los tenderetes y puestos. ¡Ah, y… no olviden regatear! O, si lo prefieren, “darle la vuelta” a la ciudad comercial y atravesar esas otras callejuelas más silenciosas. En las dos, el sonido de la llamada a la oración se puede oír y es un buen punto de referencia sonoro que, a buen seguro, Pulgarcito habría utilizado.

 

 

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Besos en Dubai

Dicen que los aeropuertos y las estaciones de tren son los lugares donde se han visto los besos más sinceros del mundo. Yo tengo un gran defecto, soy de las personas a las que les gusta llegar con tiempo más que de sobra a estos lugares. Y claro, ante tanta espera que una lleva a sus espaldas, me conozco las listas de precios de las cafeterías de las estaciones y de los aeropuertos. Hasta he llegado a conocer los bares donde comen a diario el personal del aeropuerto y los taxistas de El Altet, con precios mucho más baratos. ¡Dónde va a parar! He sido testigo de muchos encuentros y, de muchas despedidas también. De esas que sientes tanta pena, que te dan ganas de sumarte al largo abrazo para ver si, al menos, puedes consolar un poquito a los que se van o, a los que se quedan. Como no los conoces, pues te prestas a colaborar de forma desinteresada con las dos partes implicadas en el trance.

En algunos países árabes, las muestras de afecto en público están prohibidas por las leyes locales. En especial, los besos. En Dubai una pareja puede ser arrestada si se da un beso en los labios en la calle. Pasará de la pasión a la prisión en un santiamén. Cuando estuve, me preguntaba si nuestros dos castos besos en la mejilla entrarían en el listado de los prohibidos. Así que, por prudencia, convenía salir de la situación con un buen apretón de manos, no fuera a ser que…

Y ya que estamos en la península arábiga, hace unos meses comenzaron las obras del trazado ferroviario La Meca-Medina (Arabia Saudí). Este trayecto, de casi 500 kilómetros, está ideado para atender el elevado número de peregrinos que todos los años acude a estas dos ciudades sagradas. Es un viaje lleno de sentimientos para quienes pueden hacerlo;  Constituye una etapa trascendental en sus vidas. En algunos aeropuertos –en los que yo estaba esperando, según el defecto que les comentaba-, he visto el momento justo cuando regresaban de la peregrinación, todos vestidos de blanco, y la espiritualidad se palpaba en el ambiente traducida en silencios y abrazos. Familias enteras esperaban a los peregrinos y terminaban todos llorando. Y yo, mirándoles desde lejos. En plan discreto, eso sí. Me contaban después que, en muchos casos, los ahorros de toda una vida se invertían en esta peregrinación.

Pero claro, ahora que ya van avanzando las obras del AVE en Arabia Saudí yo ya empiezo a preguntarme… Si no están permitidos los besos: ¿Qué será de las estaciones de estos trenes en Arabia Saudí sin ellos? Así las cosas, la alta velocidad va dejando ya su huella en el desierto, pero me temo yo que los besos se quedarán aparcados en los hangares.

 

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