La Verdad

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Categoría: Hoteles
Mujer blanca soltera busca

¿Playa? ¿Montaña? Resulta que quien toma la decisión de cómo serán nuestras vacaciones, no somos nosotros. Les presento a la “persona” que se encarga de pensar por nosotros.

Cuando los datos del INE pasaron a la historia

Es curioso cómo nos están clasificando los portales de hoteles y de vuelos. Aquellos datos de edad, estado civil, sexo, etc. han pasado a la historia, en lo que al turismo se refiere. No se alarmen, para el Instituto Nacional de Estadística, sí son sumamente útiles.

¿Cómo nos ven los buscadores de vuelos?

Hace poco contaba el director general de un gran portal de internet de búsqueda de vuelos que ellos ya funcionan desde hace tiempo con otros parámetros, mucho más prácticos. Nos tienen clasificados (sí, sí a Vd. también) de forma muy curiosa. Les cuento algunos “grupos” y así pueden ver cuál es el suyo.

Un research que nos conoce mejor que nuestra madre

Comenzamos por el perfil de “familia con niños”. Este grupo busca viajar seguro y con una planificación extrema. Por lo que su motor de búsqueda en cuanto los catalogue (él decía: “el research dará con ellos en un santiamén”), les venderá la compra de un paquete global con algunos servicios sueltos (como alguna excursión de aventura light o cultural).

Ya no se lleva aquello de: ¿playa o montaña?

Y como lo que más les preocupa es la seguridad, estarán dispuestos a pagar un poquito más. De ahí que el listísimo research, una vez que los ha catalogado en este grupo, no les ofrezca descuentos, ni gangas asociadas a peligro. Por ejemplo, si buscan alquilar un coche (en el caso raro de que ya el paquete global inicial no lo haya incluido), un viejo Seat Panda descapotable sin aire acondicionado no saldrá en la primera página a buen seguro. Tampoco en la segunda.

Un nuevo viajero: el ya conocido como “buscador de chollos”.

Otro grupo social que a mí me llamó mucho la atención son los denominados “maestros de las comparaciones” o, también está el curioso: “buscador de chollos”. En este caso, el susodicho research cual si fuera un gurú sabe ya cómo actúan en todo el ciclo completo del viaje: preparación, estancia en destino, desplazamientos. Y ellos sí, recibirán de forma sucesiva numerosas ofertas, chollos de última hora, grandes descuentos… que resultarán irresistibles. Y es que, sabido es, que muchos pocos, hacen una caja final grande. He ahí el truco.

El retrato social de andar por casa pero con mucha sabiduría

Los hay que piensan mucho. El research no para.

Me contaba un amigo que dirige un camping en la costa mediterránea el retrato social tras muchos años de experiencia al frente, que él tiene realizado de los viajeros según su procedencia. Los del norte del Europa (“sobre todo los holandeses”, me decía), antes de llegar, ya sabían dónde estaban los supermercados más cercanos y, no sólo eso sino que tenían un comparativo de precios en cada uno de ellos (una hojita de cálculo incluso ha llegado a ver) para comprar la leche en uno y el café en otro.

En cambio, cuando llegamos los españoles -también los portugueses-, la primera pregunta es siempre “dónde está la piscina”. La segunda dónde está la zona de marcha. Y luego ya, preguntamos al día siguiente por el supermercado más cercano.

Así que, toca actualizarse. Aquello tan típico de preguntar a los amigos: “¿Qué, este verano: playa o montaña?”, ya no se lleva. ¡No vayamos a hacer el ridículo preguntándolo! Hay que estar ojo avizor a las fotos, nos dirán dónde está el vecino del quinto o el amigo del alma. Y lo mejor de todo, por fin, queda superado el trance que antaño se puso de moda de reunir a los amigos y familiares para someterlos a la tortura de ver todas las fotos tras el viaje. ¡Menuda prueba de superación!

A mí me preocupa este sabelotodo research que con sus algoritmos planifica nuestras vacaciones y nosotros, mientras tanto, tan tranquilos, pensando que tenemos capacidad de decisión. SOS.

 

 

 

 

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Visitas guiadas… ¡dentro de un hotel!

 

¿Se imaginan recorrer un hotel con su dueña como guía? Les cuento lo que me pasó.

La vida de los hoteles, no sé a Vds. pero yo, nada más cruzar el umbral de recepción, estoy ya ¡como viviendo otra vida!

Galerías subterráneas

Hace poco estaba alojada en un hotel pequeño, de unas veintiocho habitaciones nada más, en Teruel. En el desayuno la dueña iba ofreciéndonos por todas las mesas dulces típicos hechos por ella misma. Un día eran los famosos “suspiros del amante”: unas tartaletas pequeñas de queso que nos hacían suspirar a más de uno por su ricura.

Otro día eran tartas de yogurt con arándonos y muchos manjares más, de esos en los que una estira el placer del desayuno con agrado.  Y podíamos repetir las veces que quisiéramos.  ¡Cuánta generosidad!

En estas que la dueña nos indicó que al terminar el desayuno comenzaba la visita guiada por las galerías subterráneas del hotel. Ella ya iba provista de pequeñas linternas para todos. ¿Visita guiada? ¿Dentro del hotel? ¿Subterráneos? ¡Se antojaba que el día iba a empezar con su dosis de aventura!

Allí estábamos todos, recién madrugados y ya, con el ánimo de aventura metido en el cuerpo.

Bajamos las escaleras y la luz ya no se veía. Qué bien nos venían las linternas.

Detalles de la decoración que abocan a la nostalgia

Su dueña, Mª José un encanto de persona, nos iba contando mil historias. Había adquirido el inmueble colindante con el fin de ampliar el hotel. Tras obtener la licencia de derribo, nada más comenzar la excavación del solar, vio un gran arco en el sótano. Llamó al arqueólogo quien, tras consultar en el archivo oficial todos los documentos de la fecha de construcción, descubrió que en su día la vivienda había sido la residencia del cura. Al mismo tiempo que la excavación  iba avanzando poco a poco, se descubrió toda una galería subterránea que comunicada la antigua casa del cura con la sacristía de la Iglesia del Salvador, muy próxima situada en la misma calle.

Es más, en este pasadizo estrecho que íbamos recorriendo, una de sus paredes da justo con el lugar donde actualmente está la taquilla para acceder a la Torre del Salvador. Yo había visitado esta torre mudéjar y había quedado maravillada. ¡Una auténtica belleza! Además las explicaciones son de esas llenas de detalles didácticos graciosos. Así que, pensar que cuando compré la entrada está pisando “mi hotel”, vaya que me gustó más si cabe.

La de historias y trasiegos que tuvieron que existir por aquellos pasillos que ahora los huéspedes descubríamos absortos con las cosas que nos iba contando la dueña.

Torre del Salvador: Una auténtica belleza con un secreto en la taquilla

La propietaria ha sabido llevar este detalle de siglos pasados de los sótanos a las habitaciones con mil y un elementos en la decoración. Les dejo un botón –nunca mejor dicho lo de “botón”- de muestra de los interruptores de la luz que a mí me recordaban los de la casa de mi abuela donde me pasaba el día girándolos (y ella regañándome con cariño). ¡Sí, mucha nostalgia al utilizarlos!

Y es que, por arriba, por abajo, en las habitaciones, en el hall… se mire donde se mire, los hoteles están llenos de vida y… ¡de secretos!

Ah, el hotel por si se “aventuran” a recorrer las galerías y sus sótanos se llama “El Mudayyan” que, curiosidades lingüísticas, significa “el que ha venido para quedarse”. Y es que este hotelito es de esos en los que uno, si puede, quiere quedarse más días.

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Viajar, ¡qué estrés!

 

¡Hay que ver lo que engañan esas fotos de playas tranquilas y tumbonas bajo las palmeras! Prometen un relax de esos en los que uno no sabe en qué día de la semana está. Pero, lo que no advierten es que para llegar a disfrutar de este edén paradisiaco, primero estaremos al borde de un ataque de nervios, casi rozando el infarto. Y también, cerquita del borde de la ley. Sí, sí, les cuento.

Cuba. ¿A relaxing beach? Fotógrafa: Ana Baizán

¿Qué hay detrás de estas imágenes idílicas?

Les presento a un nuevo “amigo” en nuestros viajes: el estrés de compra.

A la hora de comprar un billete de avión o reservar una habitación de un hotel, muchos portales introducen lo que ya se denomina un “estrés de compra”. Se trata de “animar” al usuario a que se decida. Y a ser posible de forma rápida, sin titubeos.

Tú estás tan tranquilo en la intimidad del cara a cara a escasos sesenta centímetros de distancia de la pantalla de tu pc, mirándola fijamente, pensando que si esta ruta aérea, que si aquel hotelito de la foto… y, ¡zas! salta de repente en la parte inferior “un intruso” que rompe la privacidad: una pestaña que te dice (como si fuera una voz en off en la distancia): “en este momento tres personas están mirando la misma habitación que Vd”. O, en otra variante: “la última habitación de este hotelito se ha reservado hace tres minutos”. La secuencia de advertencias es muy amplia. Y claro, justo en ese momento y sin darte cuenta, la prisa ya la tienes metida en el cuerpo.

La letra pequeña… ¿quién puede con ella?

Pero no acaba ahí la tensión emocional. A la ilusión inicial con la que empezamos a ver los portales de reservas y buscadores se sube la presión sanguínea un poquito más.Pues, con las prisas, hemos cumplimentado todos los datos personales y, queda aún una prueba más: una última cruz, la del “acepto”, ahí está la clave de todo. Con ella siempre nos toca pagar y asumir obligaciones.

Costa Rica. Naturaleza al borde del agua

Y he aquí que si uno se lee pacientemente toda la letra… ¿pequeña? ¡Diminuta! de la reserva en cuestión, cuando hayamos terminado de leer y vayamos a teclear en el “acepto”, la habitación o vuelo que queríamos reservar, habrá sido ya “aceptada” por otro viajero (estresado) que no leyó las condiciones jurídicas del anexo y puso la cruz rápidamente. Además de nerviosos, nos entrará una sensación de haber perdido una ganga por leer todo aquello que, a ver quién se acuerda ya del relax de aquella tumbona frente al mar con la que soñábamos.

La aceptación mediante un clic

Y yo, que soy adicta a las leyes, leo que en los contratos de compraventa (y en otros muchos más) el consentimiento se debe prestar de forma pausada, libre y nunca, ¡bajo presión!

Entonces, la cuestión que no me dejar dormir tranquila es: Si hay que reservar un vuelo o una habitación sin prisas, estos “estrés de compra” de las webs de viajes y alojamientos ¿son legales?

Un coche eléctrico baratísimo

Y aquí les cuento el caso famoso del Sr. Jaouad El Majdoub, un concesionario de automóviles alemán que encontró un coche eléctrico baratísimo en un portal de venta de vehículos. La web quiso dejar sin efecto “el acepto” que velozmente había tecleado el señor alemán.

Una vez superado el estrés... camino del paraíso

La discusión por la ganga llegó hasta el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europa que dictó Sentencia favorable al comprador. El Tribunal precisó que este clic del acepto sí sirve siempre y cuando el portal de venta permita imprimir y guardar el texto con todas las condiciones antes de la compra del billete o la reserva del hotel.

Y esta posibilidad de imprimir y guardar antes, ni siquiera los más cautelosos pueden hacerlo porque muchas webs no lo permiten. Y es que como ven, el botoncito del “acepto” tiene mucha enjundia legal. Pero, por favor, no se estresen.

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“Matrimonio de conveniencia”

 

Hoy viajamos casi a… ¡la historia del turismo de “sol y playa”!

¿Cómo empezó todo? Ponemos el reloj en el tiempo: finales de los años 60.

Primera línea de franja hotelera

No fue la sociedad española la que tuvo la iniciativa. Fueron los grandes operadores turísticos del norte de Europa los que buscaban un territorio virgen y con sol. El “maná” estaba en España. Kilómetros infinitos de playas de arena y un sol reluciente. ¡El paraíso que buscaban! Se hicieron rápidamente con el “dominio del territorio”e implantaron su modelo de negocio.

Les cuento cómo fueron las operaciones jurídicas. A los propietarios de la franja marítima  (la mayoría, agricultores) les ofrecían la financiación para construir hoteles: Grandes, de cien habitaciones mínimo. No había problema con las transferencias bancarias.  Les garantizaban la devolución del préstamo pues también en el contrato quedaba avalada la plena ocupación del hotel recién construido durante, como mínimo, una década. ¿Quién se podría resistir a un “novio” así?

El acuerdo consistía en síntesis: “Vd. construya el hotel. Aquí encima de la mesa tiene el dinero para sufragar la obra. Contrate al arquitecto, al albañil, etc. Y, no se preocupe, que nosotros tenemos los clientes para ocupar el hotel”. La notificación de la licencia de apertura y los clientes extranjeros hospedados entrando sonrientes por la puerta con sus maletas, eran casi una misma secuencia temporal.

Con los beneficios de los hoteles a rebosar (llegamos a los años 70 y 80), devolvían el préstamo en un abrir y cerrar de ojos (hubo muchos casos de amortización anticipada). Y, además, tenían excedente. Y todo, desde el momento cero del fin de obra. ¿Qué inversión inmobiliaria se amortiza en tan breve plazo?

Horizontes sobre el Mediterráneo

¿De dónde obtenían los fondos? Estos tour operadores gestionaban los cruceros y los vuelos. Los turistas llegaban por mar y por aire y ya tenían solucionado el problema del alojamiento que necesitaban. Dejamos, pues, que vinieran desde fuera a planificarnos. Pero, toca hacer balance: fue un “matrimonio consentido”, con intereses convergentes ya que ellos tenían los clientes y, nosotros obtuvimos parte de las ganancias también. Eso sí, en muchos casos, los hoteles quedaron en manos de estos mayoristas que fijaban incluso la política de los precios y, con ella, el margen de beneficio. Aprendimos lo que significa “overbooking”, una palabra desconocida hasta entonces. Un tira y afloja que aún perdura en ciertos puntos de la costa mediterránea.

Hoy el turismo es una de las aportaciones a nuestro PIB más destacadas. Las semillas se plantaron desde fuera. Los frutos aún los estamos cosechando. El día a día sí ha sido cosa nuestra. Ahora buscamos otros modelos de negocio que complementen el famoso “sol y playa”. Ahí andamos. Mira que si encontramos un nuevo maná. ¡Ojalá que seamos nosotros quienes demos con él!

 

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Érase una vez…

Dos historias que parecen un cuento, pero que son ciertas. La primera comenzó en Paris. La segunda, en México.  Las dos tienen mucho en común: En ellas, lo que fue una carencia a la hora de viajar, ha pasado a ser un negocio. Les cuento.

Se acercaba la Navidad. Por fin tendría unos días de vacaciones. ¡Qué ganas de dejar París y estar con su familia! Pero cuando fue a comprar un billete de tren, ¡ya no quedaban! Recurrió al autobús, y también, ¡todo vendido! Casi derrotado, ya se veía pasando solo la Navidad en París. Al final, a través de la cadena de conocidos y amigos (que a todos alguna vez nos ha sacado de algún apuro),  encontró plaza en un coche que -¡menuda suerte!- se dirigía a su mismo destino.

conversaciones viajeras

Cuando iba por la autovía se dio cuenta de que eran muchos los coches que iban casi vacíos. La mayoría con tan sólo el conductor. Pensó en cuánta gente habría tenido el mismo problema que él y, paradójicamente tantas plazas vacías en los coches. En este trayecto hacía su casa, tomó la decisión de crear una plataforma on line para dar solución a este problema. Él había tenido suerte pero se preguntaba cuánta gente se habría quedado en París, pasando sola la Navidad por no haber podido encontrar un billete, ni tampoco una plaza en alguno de esos coches que iban casi vacíos camino de la campiña francesa. Hoy a más de uno, el coche parlanchín blablacar nos ha sacado también de algún apuro. A su fundador incluso le ha permitido conocer “lugares de película”, pues en una ocasión coincidió en los asientos delanteros con un director de cine. En el trayecto que compartían, el director  le habló de una playa donde se podía correr. En ella se organizaban maratones sobre la arena y allí que fue a descubrirla.

Hablando de playas, nos vamos al lindo México. En este caso un señor quería pasar unos días en Playa del Carmen con su esposa. Buscaba un lugar que fuera muy especial. Fueron a la agencia de viajes y el señor (como seguro que a todos nos ha sucedido alguna vez) salió cargado de folletos con fotos magníficas. En su casa, los hojeaba tranquilamente con su mujer y le preguntaba por este y aquel otro hotel. Lógicamente ella elegía las opciones más caras y lujosas. Él, en su insistencia de querer encontrar algo con verdadero encanto (y también, a ser posible, algo más baratito), se puso a buscar por internet. Después de muchas, muchísimas horas mirando la pantalla, encontró un blog de una señora que, cosas de la vida, hablaba mal del hotel que había elegido su esposa.

Pensó que si existiera alguna plataforma en la que todos pudieran dejar opiniones y comentarios, él no habría estado horas y horas ante la pantalla. Y de ahí creó la web tripadvisor.

Hoy en día los sociólogos están ya estudiando el fenómeno denominado “sabiduría de las masas”, en el sentido de cómo nos pueda influir una opinión de un desconocido, de quién nada sabemos de sus gustos ni de sus preferencias, para guiarnos por él y tomar una decisión, según cómo le haya ido a otra persona (quien nunca nos fue presentada). También, desde otra perspectiva los analistas están preocupados por el grado de certeza que estos comentarios puedan tener, ya que pueden ser objeto de segundas intenciones.  Me comentaban los directores de comunicación de esta plataforma que tienen activadas alertas para detectar falsos comentarios (son conscientes de que el ser humano es más proclive a quejarse, que a manifestar su satisfacción por escrito). Pero también son muchos los directores de hoteles que me dicen preocupados que algunos clientes son propensos a añadir una queja aún sabiendo que están pidiendo algún servicio que no está incluido en la tarifa que ellos eligieron.

Y pensar que mi madre de pequeña me decía que no me montara en coche con desconocidos, ni que tampoco me fiara de ellos. ¡Cómo cambian los tiempos!

 

 

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De una a cinco estrellas… ¡ese camino al lujo!

Somos muchos los que tan sólo con las llamadas: “tres D” de un hotel: Dormir, ducharse y desayunar, ya nos damos por bien atendidos. Pero los hoteles van muchísimo más lejos. ¿Nos vamos con ellos?

Hoy hacemos un recorrido… ¡hacia el lujo! De una a cinco estrellas, ésa será la ruta de este viaje. Contar con una u otra categoría, determina un régimen legal de menos a más exigencias, por ejemplo en el tamaño mínimo de las habitaciones; los servicios obligatorios, etc. Hoy en día, este sistema de estrellas ha perdido la estela que tenía hace años. Ahora el nivel de satisfacción se mide más por comentarios de personas que ya estuvieron alojadas o por la prestigio y seriedad de una marca que respalda el trabajo que hay detrás de un hotel. No obstante, sigue siendo válido como punto de referencia.

Todo empezó hace unas cuantas décadas con el fin de unificar criterios, para poder saber de antemano, cuando se reservaba un hotel en otro lugar lejano y desconocido, qué nos esperaba en destino. Sí tenía su importancia cuando no existía internet y no se podían ver al momento fotos ni otros datos del hotel.

Funciona con un sistema de puntos. Son en total 270 criterios ordenados por áreas (limpieza, confort, equipamientos, habitaciones, etc.) Cada criterio tiene asignado un valor numérico. Y a su vez, estos criterios se dividen en voluntarios y obligatorios.

Por ejemplo, el servicio de recepción cuando se trata de un hotel de una estrella es obligatorio pero puede estar dentro o fuera del propio hotel. A mí me sucedió en una ocasión cuando llegué -en plena siesta-, la puerta del hotel estaba cerrada y tan sólo había un cartel con un número de teléfono al que llamar. A los minutos llego la directora que venía en bikini con un pareo. Me comentó que si no quería hacer lo propio de la hora, que me podía ir al río con ella y con su familia, porque el sitio era una maravilla. Maravillada quedé yo con tanta amabilidad.

Ya cuando subimos en este “universo estelar” y llegamos a las tres estrellas es obligatorio que se preste dentro del establecimiento con personal bilingüe y, para cinco estrellas, ha de serlo multilingüe.

En el área de tratamiento a los clientes, en un establecimiento de cinco estrellas, las muestras de bienvenida si son con flores frescas en la habitación o con algún regalo, suman 6 puntos más. En los productos de cuidado personal, en un hotel de cinco estrellas deben estar en frascos, mientras que en uno de una estrella basta una pastilla de jabón pequeña embolsada. Detalles que, como ven, tienen su baremo en puntos. Y así hasta un largo sumatorio.

Les cuento una anécdota que me sucedió en un hotel de cinco estrellas para que vean cómo es la atención a los clientes en ellos. Fui a la boda de una amiga en Egipto y estaba yo alojada con el resto de los invitados en uno de estos hoteles. Una mañana temprano estaba en el hall yo sola esperando que llegara un autobús que me recogería para ir a bucear al Mar Rojo. Parecía que nadie más había madrugado ese día. Miré alrededor y era yo la única en varios metros de lujo a la redonda. En el hall junto a mí y como única “compañía” en ese momento, había una silla grande preciosa de madera. Tenía una pinta de ser muy cómoda. Junto a ella había una placa con una leyenda escrita en árabe, que hacía pensar que podría ser la que hubiera utilizado algún jeque importante tiempo ha, y que hoy era tan sólo una pieza de arte valiosa, propia de estar en un museo. Pero que allí estaba en el hotel. No se sabía si para uso o como decoración.

Ante la duda y, mirando antes a ambos lados, me senté en ella. Lo hice despacito y con mucho cuidado eso sí. De repente, de lo lejos, se acercó un señor muy bien vestido que iba dando grandes zancadas hacia mí, diciéndome algo que no entendía. Yo me levanté de un brinco pues pensé que estaba vulnerando una obra de arte al haberme sentado en ella. Y él, en árabe, me insistía con gestos para que me volviera a sentar. Yo obediente volví a hacerlo, pero ya no tan acomodada como la primera vez, cuando pensaba que nadie me veía. Y el señor elegante entonces, de los reposabrazos sacó unas maderas dobles ocultas que se desplegaban y articulaban hacia fuera, en sentido horizontal y me indicó que podía poner las piernas en alto si lo deseaba. Ahora sí que estaba yo cómoda en aquel sillón.

¿Quién me iba a decir que aquella silla-pieza de arte escondía este secreto y que el Director (luego ya después de este encuentro nos hicimos amigos) era una persona tan eficiente que velaba por la máxima comodidad de su clientela? Y, allí estaba yo tan cómoda cuando, llegó el autobús.
He leído minuciosamente el listado de 270 criterios. Y en él no se encuentra ponderado el intangible que es la amabilidad. Pero siempre, de una a cinco,  la he encontrado en todo el “universo estelar hotelero”.

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