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Categoría: Madrid
Madrid, entre daiquiris y piscos

 

A veces las estadísticas no dan en el pleno. Porque mucho análisis del big data, muchas macroencuestas, pero el poder de seducción que tiene un manjar te lleva, si hace falta, a cruzar océanos. La de viajes que han surgido alrededor de un mantel.

Y, allende los mares que nos vamos con dos bebidas, pero también con sus platos típicos, que el buen beber requiere siempre que sea posible una “compañía” masticable.

Viajamos de Cuba a Perú. Bueno lo de “nos vamos” es un decir. Hoy es un viaje de esos de mesa y mantel. El paladar sí viajará. Nosotros nos quedamos sentados en dos pequeños restaurantes de Madrid: de esos con pocas mesas pero con mucho encanto.

Una estudiante cubana en Madrid

Inés no terminó sus estudios. Las circunstancias duras, esas que te pone la vida, se le cruzaron antes de los exámenes finales. La obligaron a emigrar. Llegó a España y abrió un pequeño restaurante: unas cuantas mesas y un menú bien rico desde los entrantes hasta el último postre. Perdió el contacto con sus compañeras y profesoras del colegio. Su infancia, se quedó en Cuba.

Muchos años más tarde, la directora del centro donde estudiaba llegó a España y claro, después de un tiempo a este lado del Atlántico, esta maestra sentía la morriña de su tierra. Para mitigarla fue a un restaurante cubano que le llamaba la atención cuando paseaba por el centro de Madrid. Y es que la comida tiene un poder de transportación emocional que ipso facto, al primer mordisco, uno puede sentirse en la tierra de origen.

A la hora de cobrar, la dueña del restaurante cuando vio los apellidos en la tarjeta de crédito, le resultaban familiares. Se acercó a la mesa para saber de quién era la tarjeta. Y sí, eran los de la directora del centro, que ella no había olvidado. Y así fue como, casi veinte años después de dejar Cuba, la alumna volvió a ver a su profesora. Lloraron las dos. Y mucho. Luego ya, pudieron hablar.

Fue María, la nieta de esta directora, quien me contaba la historia entre la “ropa vieja”, los “tostones de maíz” y el “coco con crema de queso”. Yo la notaba aún un poco emocionada. Cuando pregunté a los camareros por Inés, la dueña, yo quería conocer a aquella alumna que ahora ronda los ochenta años, se encontraba en París y no pude charlar con ella para que me siguiera relatando aquel bonito reencuentro que surgió gracias al registro de datos que deja una tarjeta de crédito.

Volveré al restaurante “Zara” para investigar. Bueno, les confieso que también tengo una segunda poderosa razón: probar más platos de este pequeño rincón cubano en Madrid. Se encuentra en la calle Barbieri (muy céntrica, en la zona de Chueca) por si Vds. también gustan. Por favor, prueben sus daiquiris: es dar un primer sorbo y, “pisar” Cuba.

De Perú a Madrid, pasando por Avilés

Los piscos nos llevan a Perú, bueno nosotros -ya saben- seguimos cómodamente sentados, pero ahora en el barrio de Salamanca. Su dueño comenzó en Avilés y ha abierto su segundo restaurante (“japo-peruano”, ¡menuda fusión!) en Madrid. Eso sí, un poquito del verde asturiano lo ha trasladado a su “Ronda 14”. Les cuento. El techo, muy original, parece un jardín colgante; Uno de sus platos “roll de mar y montaña”: auténtica combinación asturiana hasta en el nombre de la tapa.

En este restaurante también elegir plato es tarea complicada. Si uno pide un pisco para ir abriendo apetito, la carta es tan apetitosa y, como el pisco entra casi sin darnos cuenta, vaya que es posible que sean dos los que nos bebamos. Lo mejor es ver cómo los hacen delante de nosotros en la misma barra. ¡Cuánto arte hay en estos lugares!

Y ya, de regreso, llegó el turno de tomar una sangría, porque la sangre española que corre por las venas parece que se pone hasta celosa entre tanto daiquiri y pisco. Así que hoy me despido con aquello tan a tino, cuando hay un poco vino: ¡A su salud!

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Posaderas y un ósculo un poquito más arriba

 

¿Se animan a un viaje hasta “los límites de la honestidad”? No se alarmen ¡por favor! Nada de cometer un delito. Seguimos aquel juego lingüístico cervantino y con él llegaremos a cuatro lugares que se encuentran justo… “donde la espalda pierde su honesto nombre”. ¡Ejem! Ya me entienden.

Oviedo, vista al fondo

Comenzamos “a lo grande”.

La primera parada, en Oviedo, en la calle Pelayo donde se encuentra la famosa estatua “Culis Monumentalis” de Úrculo. Aquí el latín se deja traducir fácilmente. Recuerdo que cuando paseábamos, un amigo me dijo que esta calle te arrastra, quieras o no, hacia  “el  monumento”. Vaya que tiene una “vis attractiva” –que también dirían los latinistas-, que te hace cambiar la ruta inicial y evitar cualquier otra trayectoria distinta que no sea la línea recta. Convendrán conmigo que es fácil entender las muchas razones por las que Woddy Allen cayó seducido por el embrujo ovetense. Y es que, esta ciudad es de las que atrapan a todo visitante.

Coimbra, nalga con mucho ritmo

Nalgas al son de la música

En Portugal tenemos otra parada con nalgas bellas, en este caso, unidas al mundo de la música. Escondida en una pequeñísima plaza de Coímbra, callejeando por el casco histórico, se puede admirar una estatua en forma de guitarra muy sexy y, por partida doble, esto es, se mire por delante o por detrás. En la foto, por aquello de no ser demasiado indiscreta he puesto la parte trasera nada más.

Yo la descubrí porque vi a un señor dando una vuelta en redondo por la plaza con una gran sonrisa pícara. Y la curiosidad –y la intriga por saber la razón de su sonrisa- me alertó del secreto que aquella guitarra tenía. Para más inri, se trata de una guitarra típica portuguesa que, como saben, en su forma, es más curvilínea y abombada que la española. Sobran las semejanzas para inspirarse. Éstas, saltan a la vista.

Madrid, atención a las zonas más brillantes de la estatua

La felicidad que transmite una hermosa posadera

Este recorrido por el mundo trasero nos lleva a Madrid. Ahora menos escondida. Es un lugar muy fotografiado: la estatua de Botero en la Plaza Colón y que también es fácil que nos haga sonreír.  Pues sí, a falta de playa, ella parece que está tomando el sol. Y tranquilamente además. El dato gracioso es prestar atención a qué partes de la estatua son las que están más brillantes. Vaya que se nos van las manos.

Barcelona, donde una dama desnuda posa sin que nadie la visite

Pero ahora sí que sería un delito –con su agravante y todo- hacer un recorrido por zonas vinculadas con esta parte de la anatomía humana y no detenernos en Barcelona, tierra de “culés”. Qué buena fotografía, digna de estar en el museo por supuesto. En ella, los aficionados, todos alineados en lo alto de un muro, con sus cuerpos hacia delante, a modo de contrapeso y, también para no perder el equilibrio, y con los culos respingones.

La última parada de este tour tan sexy, la hacemos en Barcelona, con los glúteos de una buena moza que pese a estar en la transitada Plaza Cataluña, es toda una desconocida y eso que tiene mucha sensualidad y belleza. Es una dama con una postura parecida –pero más sugerente, dónde va a parar- a los de los “culés”. La cosa es que, estando a tiro de piedra de la futbolera fuente de Canaletas… pues eso que las posaderas de esta bella dama pasan desapercibidas.

Helsinki, diseño de una silla muy amorosa por la espalda

Ósculos también por la espalda

No quería yo terminar este recorrido sin un ósculo a modo de despedida que, como no, también lo es por la parte trasera del cuerpo humano. Pero ya, saliendo de la zona peligrosa de las lumbares y subiendo a las dorsales.

No es el sillón rojo besucón de Dalí, pero tiene su puntito amoroso también. Tomen asiento –¡qué mejor silla!- si esta ruta se les antojó larga. Y lo dicho, el viaje termina hoy con una silla-beso del Museo del Diseño de Helsinki.

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Teatros: tres triquiñuelas tras el telón

 

Se alza el telón y… ¡comienza este viaje! El recorrido nos lleva a tres “escenarios”: Madrid, Almagro y Murcia. La parada será en sus teatros. Los conoceremos a través de las anécdotas que sucedieron en ellos un buen día que…

PRIMER ACTO: El día que un gong se escapó del escenario.

Comenzamos por Madrid, en el Teatro Real. La anécdota está vinculada a la música. Y más concretamente a un instrumento de la orquesta que pocas veces pasa desapercibido: el gong. La fuerza sonora –y sí, su tamaño también-, de este “personaje” musical impide no prestarle atención.

La anécdota fue dónde se colocó el gong. El compositor de la obra había estudiado minuciosamente cada movimiento, cada secuencia. Me contaba que tenía treinta y cuatro altavoces escondidos y distribuidos por todo el escenario.

Quería que en el clímax de la tragedia sonara un gong justo en el lado opuesto del escenario. Allí donde no se le espera. Y, precisamente en ese mismo instante del golpe, se encendían luces que, reflejadas en grandes espejos, enfocaban directamente al público, en la intención -bien estudiada- de que lo que estaban viendo representado a todos nos sucederá (cuando no lo esperamos).

Y claro, el mejor lugar por altura y distribución central para colocar el gong no era otro que el Palco Real. Ni corto ni perezoso pidió permiso a la Casa Real para poder colocarlo. Por motivos de protocolo le fue denegado, pues –decían- “jamás en dicho lugar se había colocado ningún elemento escenográfico”. Pero fueron los propios reyes quienes prestaron su consentimiento final. Eso sí, el día que ellos asistieron, por razones obvias, el gong fue desplazado hacia otro palco lateral.

SEGUNDO ACTO: El día que en un lugar de comedias, brotaron las lágrimas

Corral de Comedias. Almagro. Hubo un día que se llenó de lágrimas puertorriqueñas

Seguimos esta ruta teatral por Ciudad Real. Cómo no, en el Corral de Comedias de Almagro. Aquí la anécdota, pese al nombre animoso del lugar, tuvo lugar con el llanto. Sin llegar a la tragedia, no se alarmen.

Una compañía teatral puertorriqueña acudió al Festival de Teatro Clásico de Almagro para poner en escena una de sus obras. Los mismos actores se encargaron de transportar todo el material de la decoración de allende los mares. Recién llegados a Almagro, el director de la compañía les dijo que antes de cenar quería ir a ver el Corral de Comedias donde representarían la obra y con el que tantas veces había soñado y visto en fotografías. Y estando allí sólo, todo en silencio, con nocturnidad… la emoción fue tal que comenzó a llorar de felicidad ante tanta belleza. Un lugar de comedias invadido por lágrimas del corazón.

Al regresar al hotel les dijo a todos los actores que dejaran tal cual todo el material de decorado que traían consigo, sin desembalar, que no pondría nada que privara al público de la contemplación de tan bello escenario. Y es que cuando la belleza al natural es tan abrumadora, no necesita ningún “maquillaje”.

TERCER ACTO: El día que una crónica se coló en el teatro

Y con la última anécdota me van a perdonar un poquito porque voy a barrer (mopear como dicen los puertorriqueños) para casa. Terminamos esta troupe teatral en Murcia, en el Teatro Circo. Aquí la anécdota tiene que ver con una antigua nota de prensa que da la bienvenida al espectador.

Teatro Circo. Murcia: Lo que una columna esconde

Teatro Circo de Murcia: Una noticia “escondida” en una columna.

El equipo de arquitectos que asumió la tarea de remodelar el Teatro Circo de Murcia buscó documentación para ver cómo era en su origen. Querían hallar “el alma” del inmueble. Y, en estas pesquisas, dieron con una nota de prensa del año 1891 que describía cómo era por dentro. Y un extracto de esta crónica literal de aquel viejo diario ha quedado “casi escondida” en uno de los pilares del hall de entrada. Sólo se puede ver con un cierto juego de luces. Yo cada vez que voy me fijo según qué iluminación tenga ese día y, allí está: una noticia que sigue teniendo “actualidad” transformada en un elemento de la arquitectura.

DESENLACE: Y toca terminar el tour de estos tres trazos teatrales no vaya a ser que me tilden de tediosa por tanto teclear.

Se baja el telón.

PD. En mi familia me dicen que soy muy teatrera. Yo creo que exageran un poco  ¿No les parece?  😉

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Conversaciones con mi jardinero

 

El destino de nuestro viaje nos lleva a un rincón en pleno centro de Madrid, al centro de arte CaixaForum. Y lo vamos a conocer a través de dos conversaciones.

Un rincón que se conoce a través de las palabras

Promesas que sorprenden.

Los arquitectos insistían una y otra vez, muy seguros de sí mismos: “Que sí, que vamos a crear una plaza diáfana, con una gran zona verde y, por supuesto vamos a respetar la idiosincrasia del edificio industrial antiguo”.

Los propietarios, escuchaban algo incrédulos, pues no terminaban de imaginar que en una zona de calles estrechas, sin ninguna plaza, sin zonas verdes y con una fábrica, fuera posible esta promesa.

Y se hizo el milagro tras aquella charla.

Finalmente el pliego con todas estas condiciones de futuro se firmó. Y los arquitectos cumplieron con lo estipulado. La sensación de estar en una plaza diáfana lo han conseguido liberando de construcciones toda la planta baja, con la sola excepción de la caja de escaleras. El edificio comienza en voladizo en la primera planta.

También respetaron las restantes cláusulas pues se ha mantenido la fachada de ladrillo visto de la antigua industria (una central eléctrica). Y lo mejor de todo, “ha brotado” un verdadero jardín allí donde nadie pensaba, donde no había terreno, donde la línea vertical no daba ninguna pista de que sería el parterre de un edén.

Conversaciones interesantes

Parece que estás caminando dentro de un diamante gigante.

El caso es que he visto muchas exposiciones interesantes en el interior de CaixaForum. Es casi una parada de esas obligadas cuando viajo a Madrid. El acceso por la escalera de caracol es una “auténtica joya” pues a mí siempre me parece estar en el interior de un diamante. Pero aún esta bonita acogida que te anima a entrar, sigo pensando que la verdadera obra de arte está en el exterior. El protagonista que te paraliza antes de entrar. Sí, sí hablamos del jardín.

En ocasiones el arte se escapa fuera de los museos.

Un botón de muestra es justamente este jardín vertical. A mí me encanta hablar con los “artistas”, en este caso con los jardineros.

¿Una pared? ¿Un jardín? No. Se trata de una auténtica obra de arte.

Estos jardineros cuentan ya con tanta experiencia que el botánico que ideó el mural les ha dado carta libre. Patrick Blanc vino inicialmente pero ahora, son ellos los que van diseñando, según qué época del año sea, variando las formas, los tonos… Vaya que se trata de una obra de arte verdaderamente “viva”. Con la ayuda de un vehículo “tijera”, van “podando” el boceto vegetal hasta el punto más alto.

Al principio ellos mismos no creían que pudiera mantenerse el verdor desafianzado la línea horizontal de todo jardín. Pero luego, cuando han visto crecer algunas plantas más de un metro y medio, saben que la naturaleza puede con los retos más difíciles. Eso sí, en verano con el sol, es cuando el mantenimiento de la obra es más delicado. Y estos expertos toman sus precauciones con plantas más resistentes.

En estas charlas siempre me cuentan algunos trucos propios de la maestría de todo artista. Uno de ellos es que allí donde no llega el ángulo de visión de las cámaras de seguridad los amigos de lo ajeno aprovechaban para llevarse un trozo de esta obra de arte. Ahora en este lugar, ponen las plantitas más feas y, claro, ahí se quedan. Ya no resulta tan tentador aquello de arrancarlas.

La parte trasera de este “lienzo” esconde dos puertas para poder dejar dentro todos los utensilios. Y también hay una escalera interior para poder “trepar” por el jardín. Es complicado subir por ella, según me dicen.

Recién puestas las bolsitas, hay que fijarse bien para verlas. Pero ya, cuando han pasado unas semanas y las plantas han crecido, me animan orgullosos a que las toque y así comprobar “los gorditas” que están las plantas. El sistema de riego por goteo –con sus vitaminas y todo- aporta también su parte a este crecimiento.

Cada vez que veo a los jardineros me regalan una de estas bolsitas que van poniendo y cambiando. Son los parterres sui generis de estas plantas. Se trata de un trozo de tela de textura parecida al fieltro, del tamaño de media cuartilla que retiene un poco la humedad y sujeta la planta. Si se acercan un poco a esta pared artística se pueden ver con mucha facilidad. Me insisten para que en mi casa comience con mi propio jardín vertical. En ello estoy aún.

El verdor que no cesa

Tengo que ir a ver otro jardín que también cuidan los mismos jardineros, mucho más pequeño en la planta veinticinco de uno de los edificios del norte de Madrid. Ahí el reto, me cuenta el “artista” ha sido aún más complicado, porque ahora no es sólo la línea vertical sino que además, está en el interior, allí donde el sol no choca directo. Pero a un artista, los retos… ¡los que sean!

Pues sí, hablando se entienden -también- los lugares.

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La Fuente de Cibeles tiene una hermana gemela

Pues sí, resulta que esta fuente amante del fútbol, tiene una “hermana gemela”. Casi se podría formular el juego de buscar diferencias y…. ¡difícil saber cuál es la madrileña!  Pensamos que la conocemos bien, pero claro al descubrir que hay otra y, para colmo casi idéntica, entonces ya, si nos pusieran a las dos juntas, la cosa se complica.

Su “hermana” también tiene una situación privilegiada: en mitad de una gran plaza. Visión: 360 grados. ¡Nada que ocultar! Podemos rodearla con coche por aquí, con “carro” por allá. Por supuesto, de tan parecidas que son también comparten la afición futbolística. Todo un emblema en temas de este deporte (aunque no sé yo si los muy “culés”…). Tanto en España como en su réplica, en momentos de victorias de ligas y campeonatos, después de haber gritado un gol (o, mejor aún, varios) alargando mucho en ellos la letra “o” y forzando también en demasía las cuerdas vocales (¡Cómo sufren los otorrinos en el campo!), el punto de encuentro para compartir la victoria es este lugar. Eso sí, vallas y policías la tienen que custodiar en estos victoriosos momentos. Sería difícil poder saber con exactitud el número de celebraciones en las que estas fuentes han sido testigos silenciosos. Pues ellas, como si nada. Que si bufanda por aquí, por allá, que si el capitán del equipo les pisa un poquito la túnica, pero luego las besa, y ellas, impertérritas.

La nuestra por su cercanía, la conocemos bien. Así que nos toca presentar a su hermana, por aquello de darle un poco la bienvenida. Se encuentra en México D.F. La primera pregunta que nos hacemos es cómo llegó y cruzó el Atlántico. Fue la comunidad de residentes españoles en México quienes la donaron. Querían un símbolo de hermanamiento entre las dos ciudades. Así que detrás de esta estatua se halla una de esas razones intangibles y bonitas que no se ven. Es pues un “símbolo de lazo de amistad” entre México DF y Madrid.

Hay un dato curioso, de esos que aúnan culturas: muchos comercios que rodean la fuente Cibeles mexicana, están caracterizados por un estilo español y, a la vez, conviven con puestos callejeros con típica comida mexicana, cocinada justo delante de nosotros. 

Coinciden también, como no podía ser menos, en los “atuendos”. Las dos fuentes, representan a la diosa Cibeles con los mismos símbolos de poder (corona, cetro y llave) y tiradas por un carruaje por dos leones, que no se miran entre sí. ¿Estarán enfadados?

Yo tengo que confesarles que cuando conocí a “la hermana” gemela, la verdad es que no le presté mucha atención. En mi descargo les diré que justo en el momento en el que estaba paseando por aquellas cuadras (¡qué barrio tan bonito!), estaban rodando una película de acción, con coches accidentados y actores guapísimos. El caso es que se me fue la atención hacia los actores. Y no me fijé mucho en la estatua.

Ahora que conocen a las dos, sólo queda preguntarles: ¿Se atreven a adivinar quién es quién? Tarea imposible, como les digo… ¡son gemelas! La de la foto ¿es la madrileña? O, tal vez ¿la mexicana? Les doy una pista: Si miran al fondo, a la espalda de la fuente no se pueden ver los arcos de la Puerta de Alcalá.

Y claro puesto que son fuentes, pues no sería muy exagerado decir aquello de… ¡Anda, pero si son como dos “gotas de agua”!

 

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Secretos y escondites en la plaza Mayor de Madrid

Los que tuvieron la idea fueron los Reyes Católicos. Se dieron cuenta de que era necesario crear un espacio común para el comercio pues ya la vida en la ciudad iba adquiriendo ritmo. Por esta razón muchas ciudades españolas cuentan en sus centros históricos con una plaza mayor. ¡A cuál más bonita!

Y claro, la capital de España no podía quedarse al margen. La plaza Mayor tiene una ubicación privilegiada, cualquier visitante que pasee por el centro histórico de Madrid, llegará a ella. Las callejuelas estrechas casi sin quererlo, se encargarán de guiarnos hasta la plaza.

En el centro se encuentra la estatua del Rey Felipe III a lomos de su caballo. La importancia que fue adquiriendo la plaza fue tal, que este “antiguo selfie tridimensional” de bronce verde oscuro dejó su ubicación original en la residencia de caza del monarca, para ubicarse en este lugar donde pudiera ser bien visto por todos los comerciantes que hacían sus gestiones y negocios en la plaza. Cuenta la leyenda que la estatua estaba hechizada. Ningún tendero quería colocar su puesto junto a ella. Hasta que hallaron la razón del hedor que dicha estatua desprendía: Muchos pájaros buscaban el calor del metal y, tras posarse en la estatua, ésta se convertía en una trampa mortal para ellos al no poder escapar de sus zonas huecas estrechas.

El trasiego del comercio estaba bien organizado. Existía una zona para cada oficio. Hoy sabemos cuál era su ubicación pues el nombre de las calles hace alusión a qué se vendía o arreglaba en los accesos a la plaza (calle de los cuchilleros; calle de los alfareros, de los hileros, etc.). ¡Fácil intuir qué comprar en ellas!

Pero esta plaza tiene muchos secretos. Les cuento uno de ellos se encuentra en el subsuelo. En este nivel, la plaza estaba comunicaba con túneles, que conocía al dedillo el héroe local Luis Candelas: Un ladrón que, sin derramar ni una gota de sangre, esquivaba a la autoridad de pasadizo en pasadizo. Actuaba también con el sobrenombre de D. Luis Alvárez de los Cobos para parecer noble y ganarse así, la confianza de los ricos a quienes, después, robaba. Repartía luego sus ganancias entre los pobres de ahí el apodo de parecer un “Robin Hood madrileño”.

Hoy, aquellos escondites se han convertidos en cuevas, donde los restaurantes ofrecen espectáculos de flamenco.  Es por la noche, a la hora de la cena, donde estos recovecos escondidos en el perímetro exterior de la plaza acogen a los turistas. A la plaza le gusta trasnochar en estas cuevas, donde la sonoridad de la guitarra española se crece.

Pero esta plaza también tiene una vida propia matutina. “Se despierta” un poquito antes de las once de la mañana. A esa hora sólo están abiertos unos cuantos ventanales y ya empiezan a tomar sus posiciones las estatuas humanas. Les lleva una media hora poder camuflarse. Me contaba una chica rumana -que luego sería un árbol con muchas ramas musicales- con un escueto vocabulario español que “ya trae casi todo preparado antes”.

Y ya, a eso de las 13.00 horas, -ahora ya sí- alcanza su esplendor: ventanales –a esta hora, ya, muchos-, abiertos de par en par. Y, en las terrazas, también muchas -muchísimas si el día está soleado- mesas ocupadas para la alegría de las cafeterías y restaurantes de la plaza. La plaza aglutina visitantes de muchas nacionalidades, japoneses entre ellos no podían faltar. Es un bullicio continuo. Sólo permanecen quietos Felipe III –por razones obvias- y “las estatuas humanas”. Éstas, entre moneda y moneda.

Pero esta plaza, no es sólo su zona porticada, para cobijar a los, antaño tenderos; Hoy, tiendas de recuerdos. Tiene otra dimensión que está justo fuera de sus muros. Hay que conocerla por dentro y por fuera. Y en este callejear por fuera encontramos el restaurante más antiguo del mundo (que acaba de cumplir 289 años, ¿quién no se siente joven a su lado? Los “notarios” del Libro Guiness dan fe de ello con la placa de rigor en la fachada); una barbería que quedó parada en el tiempo (aunque yo siempre que paso me fijó y veo a jóvenes que se cortan el pelo en ella y me encanta esta querencia por lugares así). Y, sobre todo, el Mercado de San Miguel. Parece que el centro de la plaza ya no gira en torno a la estatua, sino que está desplazándose al barrio de los Austrias. ¡El devenir del tiempo, será!

Esta plaza toca el corazón de mucha gente. Todo empezó cuando una víspera de Nochebuena un abuelo afónico perdió en esta plaza a su nieto, Chencho. Se trata de una historia televisa de esas que dejan huella. Una generación entera de españoles, tuvieron –tuvimos- nuestra primera visión de la Plaza Mayor en la pantalla de televisión en esta escena del extravío de un familiar. Hoy en día, cada año en Navidad vuelve a surgir la plenitud del comercio con la venta de belenes de Navidad. Y seguro que todos los padres que vieron la película, agarrarán con más fuerza las manos de sus hijos, recordando la escena.

Así que, qué mejor lugar que la playa Mayor para desearles: ¡Feliz Navidad! Y, por supuesto, bien agarraditos.

 

 

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