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	<title>FUEGO EN EL CUERPO | Escribir es vivir - Blogs laverdad.es</title>
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	<description>El blog de Ana María Tomás</description>
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		<title>FUEGO EN EL CUERPO | Escribir es vivir - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Apr 2011 18:39:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana María Tomás</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p class="MsoNormal" style="text-align:justify"><span lang="ES-TRAD" style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman mso-ansi-language:es-trad><img src="/anamariatomas/wp-content/uploads/sites/17" id="img_0" class="imgizqda"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify"><span lang="ES-TRAD" style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman mso-ansi-language:es-trad>“Fuego en el cuerpo”, imagino que lo saben muchos de ustedes, es una maravillosa película dirigida por Lawrence Kasdan, que cuenta la historia de una exuberante y bella mujer, encarnada por Kathleen Turner, dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de quitarse a su marido de encima. Para ello, teje una sutil tela de araña alrededor de un seducido y rendido a sus encantos, William Hurt, que encarna el papel de todo un abogado a quien sus conocimientos no le valen para nada a la hora de quitarse el inmenso marrón que la bella mujer le echa encima con la muerte del marido. La película es de 1981, pero resulta siempre absolutamente actual a la hora de poner el ejemplo de cómo una mujer “lista” es capaz de manipular hasta extremos insospechados a casi cualquier hombre. En la película queda claro para el espectador quién es quién y cuáles son las motivaciones de cada uno, sin embargo, para abogados, jueces y demás familia enjuiciadora las pruebas dejan totalmente libre a la mujer con el absoluto desconcierto y castigo para el hombre.<p></p></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"><span lang="ES-TRAD" style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman mso-ansi-language:es-trad>Y como la realidad siempre supera a la ficción, la verdad es que no me gustaría estar en la piel de abogados, jueces y jurado que tengan que juzgar casos por el estilo. Estos días, por ejemplo, se está celebrando en nuestra ciudad el juicio del llamado “Crimen del funerario”, y, al parecer, podríamos decir que “supuestamente” es casi una réplica de la película: dos amantes que quieren estar juntos y, por extraño que parezca, les es más fácil eliminar al tercero en discordia en lugar de divorciarse. Y digo que es casi una réplica porque aunque los acontecimientos han desembocado en lo mismo, es decir, en la muerte del marido, aquí la cosa no está tan clara o, mejor dicho, está clarito que hay muchos indicios que implican a la mujer en el crimen aunque ella insista en que son poco menos que trampantojos que hacen ver el único autor confeso del crimen.<p></p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"><span lang="ES-TRAD" style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman mso-ansi-language:es-trad>La literatura no pocas veces se ha adelantado a la realidad armando historias perfectas de crímenes y tramas<span style="mso-spacerun:yes">  </span>truculentos en donde los culpables organizan las pruebas de forma que puedan irse de rositas y que, de conocerlos quienes los han querido copiar en la realidad, no hubiesen convertido sus acciones en puras chapuzas. Por ejemplo, ¿cuántas veces se han escrito novelas en donde se constata que uno de los principios básicos de quienes se enriquecen con acciones poco legales consiste en no hacer alarde de esas riquezas? Y, sin embargo, en la realidad van los bobos y lo primero que hacen es comprarse coches superlujosos y <i style="mso-bidi-font-style:normal">chaletes espectaculares. Sin ir más lejos, hace apenas unas semanas se dio con capo traficante porque sin pegar clavo, ni tener oficio reconocido, montaba un coche de la hostia. Pues de igual manera, si el inculpado y confeso autor del crimen del funerario hubiese conocido la película de “Fuego en el cuerpo”, probablemente se lo habría pensado un poco más a la hora de matar por… ¿amor? ¡Ay, Dios mío! El amor… que es ciego, pero sólo momentáneamente. Menudo oftalmólogo ha utilizado la mujer del muerto para devolverle la vista: echarle el muerto -nunca mejor dicho- al amante, que sí, que no lo elude, pero que asegura que todo lo hizo por el amor abrasante y demostradamente perverso de su ahora desdeñosa amada.<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p></p></i></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"><span lang="ES-TRAD" style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman mso-ansi-language:es-trad><span style="mso-tab-count:1">            </span>Definitivamente, no me gustaría estar en la piel de quienes tienen que dilucidar la historia de ese matrimonio. Como dice Woody Allen: “Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida”. Y, a fin de cuentas, este ha acabado de cine para ella. </span><span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman><p></p></span></p>
<p style="text-align:justify"><span style="font-family:" arial color:black><span style="mso-spacerun:yes">                            </span>www.anamariatomas.com</span><span style="font-size:10.0pt;font-family: " arial><p></p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="color:black"> </span><span style="mso-ascii-font-family:Calibri;mso-hansi-font-family:Calibri;color:black">                       </span> </p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"><span style="font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:" times new roman><p> </p></span></p>
</body></html>
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