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	<title>TODAS LAS CALLES DE MI ALMA LLEVAN SU NOMBRE | Escribir es vivir - Blogs laverdad.es</title>
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	<description>El blog de Ana María Tomás</description>
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		<title>TODAS LAS CALLES DE MI ALMA LLEVAN SU NOMBRE | Escribir es vivir - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2012 10:51:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana María Tomás</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anda que no ha llovido nada -y eso que estamos en sequía la tira de tiempo- desde que el insigne Machín cantara aquello de “Tu cariño es mi bien, madrecita,/ en la vida tú has sido y serás/ el refugio de todas mis penas/ y la cuna de amor y verdad.”   No sólo la música [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="/anamariatomas/wp-content/uploads/sites/17/2012/05/madreybebe.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-256" title="madreybebe" src="/anamariatomas/wp-content/uploads/sites/17/2012/05/madreybebe.jpg" alt="" width="300" height="221" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/17/2012/05/madreybebe.jpg 400w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/17/2012/05/madreybebe-300x221.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></p>
<p>Anda que no ha llovido nada -y eso que estamos en sequía la tira de tiempo- desde que el insigne Machín cantara aquello de <em>“Tu cariño es mi bien, madrecita,/ en la vida tú has sido y serás/ el refugio de todas mis penas/ y la cuna de amor y verdad.”</em></p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>No sólo la música o la poesía homenajean a la figura de la madre. También lo hacen artes como la pintura o la escultura, en donde pueden encontrarse las más hermosas maternidades. Y hasta las diferentes religiones se ponen de acuerdo cuando se trata de honrar la figura materna. Dicen que le preguntaron al profeta Mahoma: <em>“¿A quién debo amar más: a mi padre o a mi madre?”; su respuesta fue: “A tu madre, a tu madre, a tu madre, y después a tu padre”.</em>  El libro de Isaías dice que <em>“Dios consuela como una madre”</em>, o sea, que una madre consuela como Dios;  y  el Eclesiastés añade: <em>“Maldito del Señor quien irrite a su madre”</em>; claro, que son tantos los que irritan a sus madres que, o bien no leen el “Eclesiastés”, o les importa un pimiento la maldición divina.</p>
<p> </p>
<p>Hasta hace unos cuantos años no se tenía muy claro si el padre podía ser uno o varios, pero siempre se ha tenido muy clara la idea de que “madre no hay más que una” (al menos hasta la llegada de la fecundación in vitro y las donantes de óvulos). Y el refranero -que muchas veces es un compendio de estupideces, en lugar de una recopilación de sabiduría – extendía esta idea hasta los abuelos: <em>“Los hijos de mis hijas sí son mis nietos, los de mis hijos no lo hago cierto”</em>.</p>
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<p>Y todo esto viene a cuento porque mañana es el día de la Madre y, aunque públicamente he mostrado mi rechazo en más de una ocasión a este tipo de días (madre, padre, enamorados), más comerciales que especiales, no estaría de más que mañana tuviésemos para nuestra madre un regalo, que no tiene por qué ser material, ni caro (recuerdo que mi mejor regalo fue un diploma que mi hijo me confeccionó con sus propias manos cuando tenía ocho añicos). Porque, aparte de que esto de ser madre es muy difícil, es también una especie de peaje que no se termina de comprender y, por supuesto, de pagar hasta que una no se convierte en madre. La angustia que me aprieta cada día la garganta cuando mis hijos (pequeños o grandes, da igual, siempre hay un peligro que acecha a cada edad) salen solos de casa, pertenece, como eslabón, a la cadena que, soldada con cordones umbilicales, une a las madres desde el principio de los tiempos. Cuando mis hijas aprendían a montar en bicicleta y yo tenía que soltarlas, la inquietud porque pudiesen lastimarse era superior a mí misma; recuerdo que mi madre me sonreía cómplice, sabedora de mi preocupación, y probablemente yo lo haga también con mis hijos… Al fin y al cabo la vida no es más que eso, enseñar a los hijos a montarla y después dejar que rueden solos.</p>
<p> </p>
<p>Y como parece que me estoy poniendo trascendente y no quiero caer en los topicos y sensiblerías a las que se presta el día de mañana, sólo les diré: que se pongan manos a la obra y que, en plan casero o gran almacén, les hagan sentir a sus madres lo importantes que son para ustedes. Merece la pena.</p>
<p> </p>
<p>Machín terminaba la canción asegurando que, por muchos amores que le trajera la vida, jamás ninguno de ellos se arrimaría, ni por el forro, al entregado por la Madre -hablamos de madres normales, no desnaturalizadas, que las hay-. Por supuesto, pretenderlo, compararlo, o buscarlo en otro lugar o cuerpo que no sea el materno, es el desastre-fracaso más estrepitoso que pueda generarse a sí mismo un ser humano.</p>
<p>Lo malo de todo esto relativo a los sentimientos es que el ser humano no aprende chichones en cabeza ajena. Y, por mucho que veamos lamentar a hijos que han perdido a sus madres sin haberles dicho o hecho saber cuánto las amaban, necesitamos golpearnos en cabeza propia sobre las mismas piedras. Claro, ¿qué podemos esperar si somos hijos de una sociedad carroñera que solo valora la pieza cuando deja de existir? Entonces, sí, entonces no dudamos en colocarles medallas o poner a nuestras calles los nombres de esos hijos tan ilustres ya desaparecidos.</p>
<p>Pues, miren, no. Organicemos (los que todavía tengan la bendita oportunidad de hacerlo) una cofradía de indignados a quienes les repela la idea de ir a las tumbas a decir lo que deberían haber dicho en vida. Y gritemos a los cuatro vientos que abracen con nosotros a nuestras madres y digámosles, llenos de amor, que todas las calles de nuestra alma llevan su nombre.</p>
</body></html>
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