{"id":1031,"date":"2019-03-09T10:00:13","date_gmt":"2019-03-09T09:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=1031"},"modified":"2019-03-09T10:00:13","modified_gmt":"2019-03-09T09:00:13","slug":"mis-amadas-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2019\/03\/09\/mis-amadas-mujeres\/","title":{"rendered":"Mis amadas mujeres"},"content":{"rendered":"<p>Tuve la suerte de nacer en una especie de tribu de mujeres. En casa viv\u00edan mis abuelas, ambas viudas, la hermana de la madre de mi abuela materna y obviamente mi madre. Luego la familia aument\u00f3 con la llegada de mi hermana. Y m\u00e1s tarde se incorporaron a ella dos primas hermanas que tuvieron la desgracia de perder a sus padres. Podr\u00eda decirse que mi familia era un matriarcado, sin embargo, mi padre, por obra y gracias de las mujeres m\u00e1s mayores y, por consiguiente, del resto, era el \u201charenero\u201d absoluto del lugar, harenero no de arena, sino de har\u00e9n. Cargo en donde la \u00fanica supremac\u00eda que ejerc\u00eda era la de un inmenso amor, cuidado y generosidad para con sus amadas mujeres.<\/p>\n<p>Imagino que como muchas ni\u00f1as de todos los tiempos, en mi adolescencia me excluyeron de grupos y de pandillas, o me exclu\u00ed, y reduje mi territorio a un par de amigas tan excluyentes o excluidas como yo. Sin embargo, la vida me ha ido regalando e incorporando mujeres amigas, hermanas del alma, que me acompa\u00f1aron en las primeras ilusiones amorosas, las alegr\u00edas de la boda y los embarazos, y tambi\u00e9n los primeros problemas, aquellos granos de arena que entonces convert\u00edamos en monta\u00f1as y que con el tiempo y los soplamocos recibidos por la vida luego nos producen un moh\u00edn de ternura y nos remiten a esa otra reflexi\u00f3n de \u201cQuien sabe de tormentas, ve lloviznar y sonr\u00ede\u201d.<\/p>\n<p>En ese s\u00edmil magn\u00edfico que compara la vida propia con un tren en marcha en donde los pasajeros se van subiendo o bajando seg\u00fan las estaciones que atravesemos, he de reconocer, con cierto orgullo, que muy pocas mujeres se han bajado y que han sido muchas las que han ido subiendo. Han subido en estaciones familiares enriqueciendo mi baluarte; otras en andenes repletos de poes\u00eda o de prosa y que han expandido mi horizonte y mi cultura; en paradas en c\u00edrculos m\u00e1gicos que han provisto a mi alma de b\u00e1lsamos curativos y andamiajes de crecimiento personal; en apeaderos de baile o de gimnasio y que me han llenado de m\u00fasica el coraz\u00f3n y el camino; en estaciones de oraci\u00f3n y recogimiento espiritual que han iluminado mi v\u00eda con su luz. Otras mujeres han ido subiendo a esos vagones de las mil y una formas diferentes e inesperadas pero en todos los casos han llegado a ese tren para aumentar mi tesoro personal. Quiz\u00e1 entre las sorpresas menos esperadas est\u00e9 el reencuentro con aquellas ni\u00f1as escolares a las que no supe o quise acercarme y en las que muchos a\u00f1os despu\u00e9s descubr\u00ed que aquellos temores absurdos que me paralizaban, tambi\u00e9n ellas los hab\u00edan vivido o, simplemente, se hab\u00edan sentido tan lejanas a m\u00ed como yo de ellas, pero que una vez convertidas en mujeres nos reencontr\u00e1bamos -\u00bfo nos encontr\u00e1bamos realmente por primera vez?- y nos descubr\u00edamos las unas en las otras lo mejor de todas.<\/p>\n<p>La vida me ha puesto siempre mujeres extraordinarias de las que he aprendido el arte de vivir: mi madre, a quien adoro y que es mi espejo, mi icono, mi referente, mi br\u00fajula; mis abuelas, mi hermana, mis primas, mi suegra, mis hijas, mis cu\u00f1adas, mis t\u00edas, mis sobrinas, mis amigas, mis conocidas\u2026 Mujeres valios\u00edsimas que lo han sido por s\u00ed mismas, solas, o acompa\u00f1adas por hombres que quiz\u00e1 no siempre han entendido toda su grandeza pero que las han apoyado incondicionalmente.<\/p>\n<p>Recuerdo, hace ya tantos a\u00f1os\u2026, cuando mi novio reparaba en c\u00f3mo nos desviv\u00edamos todas las mujeres de mi casa por atender a mi padre, las ilusiones que se hac\u00eda de emular a su suegro. En su casa era justo al rev\u00e9s, su madre pari\u00f3 cinco hombres, m\u00e1s su marido y eran todos ellos los que giraban en torno a los deseos u \u00f3rdenes de la matriarca. Claro, he de confesar que yo tambi\u00e9n me las ve\u00eda cambiando el orden de los factores para verme como mi suegra en un avance, por aquel entonces, \u201cdesmesurado\u201d de feminismo. Sin embargo, la vida ense\u00f1a que, s\u00f3lo cuando el fiel de la balanza est\u00e1 en el centro, el equilibrio es perfecto. Y que el poder que tiene que tener la mujer no es tanto sobre el hombre como sobre s\u00ed misma.<\/p>\n<p>\u00a1Ah! Pero les estaba hablando a ustedes de mis amadas mujeres con las que comparto una de las mejores partes de mi vida. Es\u2026 porque como dijo, no recuerdo qui\u00e9n, cuando les hablo de m\u00ed es porque es la mujer que tengo m\u00e1s a mano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuve la suerte de nacer en una especie de tribu de mujeres. 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