{"id":1048,"date":"2019-04-27T12:09:37","date_gmt":"2019-04-27T11:09:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=1048"},"modified":"2019-04-27T12:09:37","modified_gmt":"2019-04-27T11:09:37","slug":"happycracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2019\/04\/27\/happycracia\/","title":{"rendered":"&#8220;Happycracia&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>Tuve la suerte de nacer en Jumilla, unos de los pueblos m\u00e1s maravillosos de Espa\u00f1a; a ver, que no pongo en tela de juicio que cada quien considere al suyo el mejor, aunque, sin duda alguna, el mejor sea el m\u00edo. Como mi tierra es eminentemente agr\u00edcola, me cr\u00ede entre capazos de vendimiar de pleita que mis vecinos pon\u00edan a secar al sol a lo largo de las aceras de mi calle, una vez terminada la vendimia y lavados convenientemente; y el trasiego de las esteras de esparto para recoger la cosecha nueva de oliva. Pude disfrutar de tomar el fresco, al caer los calurosos d\u00edas de verano, sentada en los portales de las casas mientras las mujeres m\u00e1s ancianas de la calle adoctrinaban a la chiquiller\u00eda con cuentos de mujeres hacendosas u holgazanas y las consecuencias que se derivar\u00edan de una u otra actitud. Recuerdo que una de las veces que les recit\u00e9 el consabido mon\u00f3logo de Segismundo, de Calder\u00f3n de la Barca: \u201c\u00bfQu\u00e9 es la vida? Un frenes\u00ed\/ \u00bfQu\u00e9 es la vida? Una ilusi\u00f3n, una sombra, una ficci\u00f3n\u2026\u201d una de las mujeres que hac\u00eda encajes de gachillo sin mirar a la tarea y casi sin luz me respondi\u00f3 que eso ser\u00eda en otro sitio. Que en Jumilla la vida era vendimiar y coger oliva. Sonri\u00f3 y sigui\u00f3 a lo suyo. Busco en mi memoria situaciones y momentos festivos de mis ancianos vecinos que pasaban en los campos las temporadas precisas para que la tierra les proporcionara el sustento necesario y, la verdad, no encuentro demasiadas por no decir ninguna. Pero si recuerdo en sus rostros una sonrisa de gratitud despu\u00e9s de una lluvia buena o una cosecha abundante. Y, sobre todo, cuando pienso en ellos los asocio, inmediatamente, a una sosegada aceptaci\u00f3n a las circunstancias que la vida les pon\u00eda a su paso, desde una tormenta de piedra que les dejaba sin una uva en las cepas hasta la p\u00e9rdida de un hijo. Evidentemente, no creo que a la \u201caceptaci\u00f3n\u201d de unas situaciones dolorosas se le pueda llamar felicidad, pero estoy convencida de que saber que en la vida son necesarias las sombras para poder calibrar y valorar la luz s\u00ed que proporciona el sosiego necesario para conducirnos en nuestra existencia.<\/p>\n<p>Pero, hete aqu\u00ed, que hace unos d\u00edas me tropiezo en el XLSemanal con el t\u00e9rmino \u201cHappycracia\u201d para definir la \u00faltima de las enfermedades de nuestro tiempo: la necesidad de ser feliz a toda costa y todo el tiempo. A nadie se le escapa que estamos en la era de los libros de autoayuda que prometen las mil y una f\u00f3rmulas para evitar el sufrimiento, que huimos de personas infelices como de la peste, que nos enfermamos de impotencia en \u00e9pocas especiales como la Navidad en donde hay que ser feliz por narices y que indagamos obsesivamente en congresos motivacionales, \u201ccoaching\u201d (manda huevos, no se puede decir entrenadores) especializados, libros y audioconferencias de personas que nos aseguran que, si seguimos, al pie de la letra sus consejos, seremos felices para siempre jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Es verdad que no nos educan para ser felices, ni para amarnos y aceptarnos tal y\u00a0 como somos, que tambi\u00e9n podr\u00eda ser una buena fuente de felicidad al dejarnos libres de estar continuamente pendiente de la aceptaci\u00f3n ajena, que no ser\u00eda poco. Y tambi\u00e9n es verdad que hace unos a\u00f1os nada de eso se cuestionaba, se admit\u00edan las cosas tal y como ven\u00edan en un conformismo digno de encomio. Aunque tambi\u00e9n es cierto que cubrir las \u00a0necesidades b\u00e1sicas en medio de tantas carencias y adversidades no te dejaba demasiado tiempo como para platearse si se era o no feliz. \u00a0Pero lo que en un principio, a finales de los noventa naci\u00f3 de la mano del psic\u00f3logo norteamericano Mart\u00edn Seligman como \u201cEl estudio cient\u00edfico de lo que hace que la vida merezca la pena\u201d o tambi\u00e9n llamado \u201cpsicolog\u00eda positiva\u201d hay que reconocer que se nos ha ido de las manos.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que no vamos a ser m\u00e1s felices por repetirnos, tal y como aconsejan algunos libros de autoayuda, \u201csoy feliz\u201d, o \u201csoy rico\u201d, sin embargo, s\u00ed se ha demostrado, cient\u00edficamente, que el estr\u00e9s o el sufrimiento influyen poderosa y negativamente en nuestro estado f\u00edsico y mental; somos materia, pero tambi\u00e9n somos esp\u00edritu, o energ\u00eda como quieran llamarlo, \u00a0algo que siempre han sabido los m\u00edsticos y los gur\u00fas de todos los tiempos. Y que anclarnos en pensamientos o estados frustrantes o dolorosos nos impide privarnos de posibilidades favorables. Quiz\u00e1 la frase \u201cEs un gran error arruinar el presente recordando un pasado que ya no tiene futuro\u201d era el secreto de aquella sonrisa que recuerdo en mis viejas vecinas y, probablemente, resuma a la perfecci\u00f3n muchos libros de autoayuda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuve la suerte de nacer en Jumilla, unos de los pueblos m\u00e1s maravillosos de Espa\u00f1a; a ver, que no pongo en tela de juicio que cada quien considere al suyo el mejor, aunque, sin duda alguna, el mejor sea el m\u00edo. 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