{"id":1061,"date":"2019-06-01T11:37:03","date_gmt":"2019-06-01T10:37:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=1061"},"modified":"2019-06-01T11:37:03","modified_gmt":"2019-06-01T10:37:03","slug":"desde-la-grada-desde-la-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2019\/06\/01\/desde-la-grada-desde-la-arena\/","title":{"rendered":"Desde la grada. Desde la arena"},"content":{"rendered":"<p>Nada como caminar con los zapatos del otro para entender d\u00f3nde le aprietan. Lo que ocurre es que, por regla general, somos expertos en ver la paja en ojo ajeno y casi nunca la viga en el nuestro, y que eso de cambiarse los papeles\u2026 pues como que no. Que s\u00ed, que controlamos el tema de la teor\u00eda, que si mucha empat\u00eda, que si yo lo har\u00eda as\u00ed o asao, que en su lugar jam\u00e1s habr\u00eda reaccionado de ese modo\u2026 lo dicho: mucha teor\u00eda y poca pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Yo les he confesado que observo con atenci\u00f3n algunos de esos programas de la llamada telebasura, primero porque un profesor me ense\u00f1\u00f3 que hab\u00eda que ver lo que la gente ve\u00eda porque con ello se aprend\u00eda mucho. Y as\u00ed es. Y, segundo, porque no siempre es tan curioso estudiar las consecuencias que producen determinadas circunstancias en otros cuando se puede ver a esos otros mostrandotelas de primera mano.<\/p>\n<p>Hay un programa que no deja lugar a dudas: en \u00e9l, el jefe de alguna gran firma es camuflado cambi\u00e1ndole totalmente su fisonom\u00eda e infiltr\u00e1ndolo en su propia empresa como un supuesto trabajador desde los puestos m\u00e1s bajos con el fin de ver realmente c\u00f3mo se comportan sus subordinados.<\/p>\n<p>En esa ocasi\u00f3n se trataba de una empresa de verduras. Y dato curioso: nada m\u00e1s comenzar el programa, cuando el jefe actuaba a\u00fan de jefe, le advirti\u00f3 seriamente a un trabajador encargado de enlazar dos camiones con un pedido de fruta y que no hab\u00eda logrado llegar a tiempo para tal efecto, que en esa ocasi\u00f3n se la pasaba, pero que la pr\u00f3xima iba a la calle.<\/p>\n<p>El jefe infiltrado fue puesto en un lugar donde ten\u00eda que recibir, desde una cinta transportadora, un sinf\u00edn de kiwis e ir coloc\u00e1ndolos en los huecos de las cajas preparadas a tal efecto. Demostr\u00f3 una incapacidad que llev\u00f3 al borde de un ataque de nervios a la compa\u00f1era que responsabilizaron de \u00e9l. M\u00e1s tarde lo colocaron con una carretilla elevadora a transportar cajas cargadas de fruta hasta el cami\u00f3n con otro chaval que conduc\u00eda la m\u00e1quina como si fuera un coche de carreras y con la que iba hasta el bar pr\u00f3ximo a comprar el almuerzo. El jefe echaba babas ante la irresponsabilidad del trabajador y solo pensaba en volver a ser jefe para largarlo. Pero todav\u00eda ten\u00eda que acompa\u00f1ar a una trabajadora a podar los frutales. Esta le dij\u00f3 que ten\u00eda que llevar sus propias tijeras de podar puesto que la empresa no pon\u00eda las herramientas, cosa que dej\u00f3 al infiltrado de piedra. Despu\u00e9s vino lo mejor: le toc\u00f3 recoger sand\u00edas con un trabajador cuya vida entregaba sin medida a aquellas tierras desde las cinco de la ma\u00f1ana hasta casi las once de la noche. Hab\u00eda sufrido un infarto pero se agachaba y levantaba del tractor al surco, de las sand\u00edas al remolque, como si le fuera la vida en ello. Tras comprobar, una vez m\u00e1s, la incapacidad del jefe para cargar las frutas sin reventarlas del\u00a0golpe, el agricultor estall\u00f3 y lo larg\u00f3 con viento fresco. Le dijo con una claridad meridiana que no serv\u00eda para ese trabajo, que su vida era ese bancal y las sand\u00edas y que no iba a permitir (tras reventar tres) que cargara una m\u00e1s.<\/p>\n<p>En los descansos de todos y cada uno de esos trabajos, el jefe conversaba con sus trabajadores, que hablaban sin tapujos de lo que pensaban y sent\u00edan con respecto a su trabajo. Madre de Dios si eso se pudiera hacer en muchas ocasiones, si los que est\u00e1n arriba arribita pudieran abajarse a codearse con los problemas, las esperanzas, los sue\u00f1os y las frustraciones de aquellos que est\u00e1n por debajo de ellos, escuchando lo que dicen y piensan desde el coraz\u00f3n sin miedo a perder el trabajo, sin el \u201crespeto\u201d que impone saber que uno est\u00e1 situado en la arena y el otro en la grada con el dedo preparado para girarlo hacia arriba proporcionando el pasaporte a aquello que necesitamos, o dirigirlo hacia abajo y mandarnos al foso de la desesperaci\u00f3n. El jefe, pese a lo que, en un principio parec\u00edan anomal\u00edas, irresponsabilidades o una incapacidad manifiesta de preparar a una persona novata para un puesto determinado, comprob\u00f3 c\u00f3mo todos pon\u00edan la vida en sus puestos de trabajo, escuch\u00f3 sus problemas personales y su entrega a sus familias. Justific\u00f3 su propia incapacidad para desarrollar bien los diferentes puestos de trabajo reclamando m\u00e1s oportunidades, pero olvid\u00f3 que \u00e9l no las daba en el puesto de mando.<\/p>\n<p>Ni se imaginan lo que se puede aprender en una noche. Si todas las cadenas de poder tuviesen la oportunidad de convertirse, aunque fuera por poco tiempo, en simples cadenas de bicicletas\u2026 ni un Ferrari tendr\u00eda pistones para adelantarle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada como caminar con los zapatos del otro para entender d\u00f3nde le aprietan. 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