{"id":1091,"date":"2019-08-29T17:07:32","date_gmt":"2019-08-29T16:07:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=1091"},"modified":"2019-08-29T17:07:32","modified_gmt":"2019-08-29T16:07:32","slug":"relegados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2019\/08\/29\/relegados\/","title":{"rendered":"Relegados"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando llevas unos a\u00f1os poniendo la sombrilla en la misma playa, m\u00e1s o menos en el mismo lugar y en el mismo mes, terminas sinti\u00e9ndote vecino de las sombrillas adyacentes y conociendo, queriendo o sin querer, a quienes se resguardan bajo ellas. As\u00ed que, aun sin pretenderlo, te sorprendes comentando para ti misma lo alta que est\u00e1 la ni\u00f1a que casi ayer mismo bajaba en brazos de su madre y la manten\u00eda a remojo en una min\u00fascula piscina hinchable; o lo envejecido que est\u00e1 el anciano gru\u00f1\u00f3n que siempre pone la sombrilla el primero de la playa; o compruebas con tristeza que este a\u00f1o ya no acompa\u00f1a a la se\u00f1ora del pareo florido el encantador caballero que siempre te pon\u00eda al corriente de la temperatura y la transparencia del agua. Ves, aun sin quererlo. Incluso intentando abstraerte porque no quieres hacer juicios, porque est\u00e1s de vacaciones o porque s\u00ed. Pero ves, porque a quienes vivimos para dejar en el estepario espacio de un folio un fragmento de ese universo, que sabemos compartido por tantas vidas, nos resulta muy dif\u00edcil bajar la guardia, no seguir con la mirada una figura humana y percibir lo que tus ojos ven y lo que tu imaginaci\u00f3n contin\u00faa creando alrededor de ella.<\/p>\n<p>As\u00ed que le dir\u00e9 que los ve\u00eda, los ve\u00eda bajar con otros ni\u00f1os, pero estaba claro que los adultos que los acompa\u00f1aban eran solo los padres de los otros chiquillos. A estos dos peque\u00f1os de entre ocho y once a\u00f1os, aproximadamente, se les notaba algo que los hac\u00eda diferentes de los otros\u2026 no s\u00e9, como una sombra de tristeza o de responsabilidad porque cuidaban de que sus dos amigos, aquellos que s\u00ed iban con sus padres, no me molestasen esparciendo arena cerca de m\u00ed, o se metiesen demasiado dentro del agua. Adem\u00e1s se les ve\u00eda dispuestos a complacer a los adultos que los acompa\u00f1aban, como agradecidos de que los trajesen con ellos.<\/p>\n<p>Y ya saben, una cosa trae la otra\u2026 y la curiosidad que mat\u00f3 al gato tambi\u00e9n contribuy\u00f3 a descubrir grandes avances para la humanidad. Ya, ya s\u00e9 que la m\u00eda no traer\u00eda ning\u00fan progreso a la sociedad pero tampoco pensaba que mi inter\u00e9s pudiera descubrirme la soledad de unos ni\u00f1os invisibles y relegados por el exceso de amor. Exceso de amor de sus padres, s\u00ed, pero no hacia ellos sino hacia uno de sus hermanos que sufr\u00eda una discapacidad ps\u00edquica.<\/p>\n<p>No les voy a decir los subterfugios que utilic\u00e9 para acercarme a ellos, la verdad es que cuando alguien est\u00e1 sediento tampoco pregunta mucho a quienes le ofrecen agua. Y esos ni\u00f1os estaban sedientos de atenci\u00f3n. Yo me pregunt\u00e9 si sus padres eran realmente conscientes del sufrimiento que experimentaban esos hijos \u201ctan autosuficientes\u201d; si sent\u00edan en su alma la fragmentaci\u00f3n entre entregar todo su tiempo, \u00a0su energ\u00eda, su atenci\u00f3n y\u2026 todo su amor, al hijo m\u00e1s d\u00e9bil, m\u00e1s fr\u00e1gil, m\u00e1s necesitado y, por otra parte, lidiar con la culpa por no poder dedicar una peque\u00f1a porci\u00f3n de atenci\u00f3n del inmenso e inagotable caudal que proporcionan a ese hijo. O, por el contrario, estaban tan abducidos por \u00e9l y por su propio dolor que poco o nada importaban el resto de hijos.<\/p>\n<p>Entiendo que los padres a los que les nace un ni\u00f1o con alguna discapacidad, f\u00edsica o ps\u00edquica, en un primer momento tendr\u00e1n que elaborar un duelo porque el hijo que esperaban no ha venido y no sabr\u00e1n c\u00f3mo enfrentarse a la situaci\u00f3n que trae ese ni\u00f1o especial. S\u00e9 que todo el mundo da consejos al respecto, aunque esas recomendaciones sean absolutamente contrarias unas de otras. Pero es posible que pocas veces se repare en los hermanos cuyo duelo a elaborar es doble: por el hermano y por los padres que ya jam\u00e1s volver\u00e1n a ser con ellos los mismos que fueron.<\/p>\n<p>Era tan f\u00e1cil percibir por las palabras de mis nuevos amiguitos playeros su madurez, tan precoz, una fortaleza desconocida a su edad, altas dosis de responsabilidad, de sensibilidad\u2026 la consciencia de que sus padres deb\u00edan anteponer las necesidades del hermano a las suyas; de que era normal defenderlo de la crueldad o la incomprensi\u00f3n de otros ni\u00f1os\u2026 Era tan f\u00e1cil\u2026 que a trav\u00e9s de sus poros yo pude sentir su desvalimiento, su necesidad de que los vieran y los reconocieran.<\/p>\n<p>Les dije que al llegar a casa besaran fuerte, fuerte, a sus padres. Asintieron sin preguntar la raz\u00f3n, pero en mi coraz\u00f3n abrigu\u00e9 la esperanza de que, como en el cuento, ese beso de amor los despertara y les dieran a esos ni\u00f1os un lugar tan preferente como le hab\u00edan dado a su hermano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cuando llevas unos a\u00f1os poniendo la sombrilla en la misma playa, m\u00e1s o menos en el mismo lugar y en el mismo mes, terminas sinti\u00e9ndote vecino de las sombrillas adyacentes y conociendo, queriendo o sin querer, a quienes se resguardan bajo ellas. 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