{"id":382,"date":"2013-07-13T13:28:26","date_gmt":"2013-07-13T12:28:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=382"},"modified":"2013-07-13T13:28:26","modified_gmt":"2013-07-13T12:28:26","slug":"pobres-abuelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2013\/07\/13\/pobres-abuelos\/","title":{"rendered":"POBRES ABUELOS"},"content":{"rendered":"<p>Mi primer hijo, de peque\u00f1o, era un rabo de lagartija cruzado con alguno de canguro. No paraba quieto ni cuando dorm\u00eda, cosa que tampoco sol\u00eda hacer m\u00e1s que a horas alternas y con mucha suerte. No pod\u00eda perderlo de vista ni un segundo. Viv\u00eda (bueno y sigo viviendo pese a sus treinta a\u00f1os) obsesionada con protegerlo de todos los peligros que lo acechaban y de los que \u00e9l mismo era capaz de inventarse como, por ejemplo, encerrarse tras cualquier puerta que tuviera un pestillo. Casi me muero un verano en una casa alquilada de playa, ausente de protecciones para ni\u00f1os, cuando con dos a\u00f1icos, tras apestillar la puerta de un dormitorio, sali\u00f3 al balc\u00f3n e intent\u00f3 encaramarse a \u00e9l. Yo estaba sola y presa del p\u00e1nico, o sea, incapaz de pensar. Un vecino desconocido hasta entonces y al que bendigo desde ese d\u00eda, Jer\u00f3nimo para m\u00e1s se\u00f1as, sac\u00f3 una escalera enorme, no s\u00e9 de d\u00f3nde, y trep\u00f3 por ella hasta el balc\u00f3n agarrando al peque\u00f1ajo, abriendo la puerta y devolvi\u00e9ndome a mi hijo y la mism\u00edsima vida que se me iba con la angustia de verlo en peligro.<\/p>\n<p>Cuando se lo cont\u00e9 a mi suegra, su respuesta fue: \u201c\u00bfTe das cuenta, hija, de lo sabia que es la Naturaleza? Los hijos se tienen cuando tambi\u00e9n se tienen las fuerzas para cuidar de ellos. Los abuelos ya no estamos para tanto trote, ni mucho menos para tanta responsabilidad\u201d. Confieso que, en aquellos momentos, no la entend\u00ed. Casi me pareci\u00f3 una elegante forma de darme entender que, pese al amor que le ten\u00eda a su primer nieto, no contara con ella para ciertos menesteres mientras mi madre aceptaba dicha responsabilidad con gozo. Pero, con el paso del tiempo, y, a medida que me voy acercando a la edad de poder tener nietos, la comprendo cada d\u00eda m\u00e1s y mejor.<\/p>\n<p>Es injusto, absolutamente injusto lo que estamos haciendo con los abuelos. Los investimos de una responsabilidad que s\u00f3lo nos corresponde a los padres, s\u00f3lo que, en este caso, para los abuelos no existen las contraprestaciones que tenemos los padres. Ellos s\u00f3lo tienen obligaciones, responsabilidades y angustias m\u00faltiples pero no pueden decidir nada sobre la vida y milagros de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Claro que se los dejamos porque \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de los padres trabajadores sin la incalculable ayuda de los abuelos? \u00bfY qu\u00e9 ser\u00eda de los ni\u00f1os? Que se lo pregunten a quienes no pueden contar con ellos. Que les pregunten c\u00f3mo se devanan los sesos viendo a qu\u00e9 escuela de verano, guarder\u00eda,\u00a0 canguro, t\u00eda, vecina o amiga encuentran para colocarle a los cr\u00edos mientras se curran las habichuelas.<\/p>\n<p>Y claro que es cierto que toda la vida los abuelos han cuidado, criado, educado o maleducado a los zagales, pero desde una distancia prudente. Sin embargo, ahora, por trabajo o porque estamos muy estresados y los fines de semana tambi\u00e9n tenemos derecho a salir por ah\u00ed con los amigos y\u2026 los cr\u00edos son un engorro\u2026 o porque no tenemos m\u00e1s remedio o porque la necesidad es imperiosa\u2026 a los abuelos, a los pobres abuelos les robamos el \u00faltimo aceite de su extinta l\u00e1mpara y les impedimos que disfruten de una merecida senectud con la tranquilidad de disfrutar de sus nietos sin tener todo el tiempo el alma en vilo, sin el desasosiego de controlar a todas horas a un renacuajo que no hay huevos a tener quieto m\u00e1s de dos segundos. Les obligamos a ejecutar movimientos para los que sus huesos se niegan o resienten y, sobre todo, los condenamos a la amargura de tener que pagar culpas que no les corresponden.<\/p>\n<p>Un grupo de mis amigas que\u00a0 sol\u00eda\u00a0 reunirse una vez a la semana para disfrutar de una tarde de compras o caf\u00e9 han tenido que eliminar dicho entretenimiento \u00a0porque sus hijas han parido. Ya ni siquiera pueden estar en sus casas porque eso conllevar\u00eda que tuvieran que sacar al beb\u00e9 de la cuna a primeras horas de la ma\u00f1ana para llev\u00e1rselos. As\u00ed que, ah\u00ed est\u00e1n ellas: madrugando a su vejez m\u00e1s que cuando ten\u00edan peque\u00f1os a sus hijos y saliendo de sus casas todos los d\u00edas, aunque est\u00e9n cayendo chuzos de punta, para cuidar de los nietos. Cocinando para hijos, yernos y nueras, muchas veces a la carta y sin reconocimiento alguno, como si fuera su obligaci\u00f3n. Y perdiendo el \u00faltimo tren de contemplar una puesta sol, sosegados.<\/p>\n<p>Eso lo tendr\u00e1n\u2026 por supuesto, cuando sean incapaces de cuidarse de ellos mismos. Entonces, como hacemos con las naranjas cuando les hemos exprimido todo el zumo, levantaremos la tapadera del cubo de la basura y los lanzaremos a la distancia justa para que no nos salpique.<\/p>\n<p>Pobres abuelos\u2026 qu\u00e9 generaci\u00f3n m\u00e1s ingrata y ego\u00edsta les ha tocado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi primer hijo, de peque\u00f1o, era un rabo de lagartija cruzado con alguno de canguro. No paraba quieto ni cuando dorm\u00eda, cosa que tampoco sol\u00eda hacer m\u00e1s que a horas alternas y con mucha suerte. No pod\u00eda perderlo de vista ni un segundo. 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