{"id":405,"date":"2013-10-11T22:47:17","date_gmt":"2013-10-11T21:47:17","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=405"},"modified":"2013-10-11T22:47:17","modified_gmt":"2013-10-11T21:47:17","slug":"lagrimas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2013\/10\/11\/lagrimas\/","title":{"rendered":"L\u00c1GRIMAS"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>He visto llorar a muchas personas. He visto l\u00e1grimas de alegr\u00eda, de rabia, de dolor, de impotencia, de soledad, de desesperaci\u00f3n\u2026\u00a0 Pero he de decirles que me impactaron profundamente las l\u00e1grimas de la alcaldesa de Lampedusa mientras rescataban cad\u00e1ver tras cad\u00e1ver de las costas de su peque\u00f1a isla.<\/p>\n<p>Me sigue impactando, a Dios gracias, leer noticias de la muerte de un mont\u00f3n de seres humanos huyendo del hambre y de la violencia junto a otras tan fr\u00edvolas como que David Beckham vende su palacio por catorce millones de euros para comprar una mansioncita de tres alturas en pleno centro de Londres.<\/p>\n<p>Y me sigue pareciendo incomprensiblemente obsceno que en una sociedad del bienestar, por no decir de obesos, en donde hasta hay concursos televisivos para ver qu\u00e9 participante es capaz de quitarse m\u00e1s kilos, ocurran cosas como la muerte de un joven polaco indigente y desnutrido en un albergue municipal de Sevilla, mientras esperaba en la cola para recibir su raci\u00f3n de comida. El joven ten\u00eda 23 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Nos cansamos de ver a nuestro paso mendigos reclam\u00e1ndonos unas monedas. Unas veces alcanzamos a escuchar una voz interior que nos urge a calmarla con apenas unos c\u00e9ntimos, otras la acallamos convenci\u00e9ndola de que se trata de mafias que utilizan a pobres gentes para llenar sus arcas. Y pasamos de largo. \u201cAdem\u00e1s -nos decimos- es que no puede ser todos los d\u00edas\u2026\u201d\u00a0 Pero en \u00c1frica hay un proverbio que dice: \u201cAl amanecer, tanto la gacela como el le\u00f3n han de salir corriendo\u201d. Y esos indigentes tienen las mismas malas costumbres que nosotros: comer cada d\u00eda. O, al menos, intentarlo.<\/p>\n<p>Hace unos meses apareci\u00f3 por mi tierra, entre otros muchos que van de paso, un joven mendigo de veintipocos a\u00f1os -al leer lo del chico polaco me pareci\u00f3 incre\u00edble su similitud aunque el final haya sido tan distinto-. El muchacho se refugiaba en jardines y ped\u00eda algo para comer. Algunas pandillas de j\u00f3venes lo adoptaron, como quien adopta una mascota, le llevaban comida y le dejaban dormir en alguna cochera. Se turnaban. Hasta que les pareci\u00f3 que \u201cno pod\u00eda ser todos los d\u00edas\u201d y fueron espaciando su ayuda hasta hacerse pr\u00e1cticamente nula. Entrados ya en los fr\u00edos del invierno del Altiplano, el muchacho, desnutrido, enfermo, sin posibilidad de asearse o cobijarse decentemente, busc\u00f3 un refugio en mitad del campo y all\u00ed sobrevivi\u00f3 como pudo hasta que la madre de uno de aquellos chicos que, al principio, le ayudaron, le pregunt\u00f3 a su hijo si es que ya no estaba con ellos el amigo para el que le ped\u00eda ropa o comida.<\/p>\n<p>Esta mujer, que siempre se hab\u00eda interesado por las circunstancias que pueden llevar a un adolescente como \u00e9l a abandonar su hogar y preferir estar en la calle a acercarse a otros humanos, al saber de las condiciones de degradaci\u00f3n y violencia que hab\u00edan rodeado la vida del chaval, como dijera el poeta\u00a0 Jos\u00e9 M\u00aa Gabriel y Gal\u00e1n, en \u201cEl vaquerillo\u201d, pens\u00f3 en todo lo que ten\u00eda su hijo mientras el otro muchacho carec\u00eda de todo. Y consider\u00f3 que, a veces, basta una peque\u00f1a oportunidad para recuperar una vida. Y se prometi\u00f3 que ella no iba a dejarle morir sin d\u00e1rsela. Busc\u00f3 al muchacho, despu\u00e9s de haberle alquilado un peque\u00f1o piso s\u00f3lo para \u00e9l, que ella sigue pagando religiosamente desde hace casi un a\u00f1o. Le hizo que se aseara y se alimentara. Pag\u00f3 la desparasitaci\u00f3n y la limpieza de un chucho ruinoso que le acompa\u00f1aba. Gestion\u00f3 su empadronamiento; le pag\u00f3 cursos que le permit\u00edan incorporarse a la vida laboral; propici\u00f3 una exhausta revisi\u00f3n m\u00e9dica en donde le encontraron par\u00e1sitos suficientes como para haber sido devorado vivo\u2026 Y lo ha recuperado para la vida. Y no, no me digan para calmar sus pepitos grillos, que ella lo hace porque puede y que si usted pudiera har\u00eda algo as\u00ed. Seamos sinceros, al menos con nosotros mismos. Hace falta mucha generosidad y valent\u00eda para hacer algo as\u00ed. Porque eso, a los ojos de su familia, como a los ojos de muchos de nosotros es\u2026 sencillamente, complicarse la vida. As\u00ed que somos muy pocos quienes compartimos su secreto. Montarle su casita con lo imprescindible en cacharros y ropa le cost\u00f3 vender a escondidas sus joyas. Pero me dice sonriendo: \u201cMerece la pena. Quiz\u00e1 ese joven polaco que muri\u00f3 en la cola de la comida, si alguien le hubiese dado una oportunidad\u2026\u201d Y, cuando habla, el brillo de unas l\u00e1grimas de serenidad asoma a sus ojos.<\/p>\n<p>El muchacho desconf\u00eda, quiz\u00e1 tiene miedo de volver a convertirse en calabaza. No sabe de la firmeza de su tutora, pero estoy segura, de que al entrar cada noche en esas s\u00e1banas limpias y perfumadas de suavizante que le proporciona ese \u00e1ngel de mujer, alguna vez, se le escapar\u00e1 una l\u00e1grima de gratitud.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; He visto llorar a muchas personas. 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