{"id":441,"date":"2014-01-04T00:44:06","date_gmt":"2014-01-03T23:44:06","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=441"},"modified":"2014-01-04T00:44:06","modified_gmt":"2014-01-03T23:44:06","slug":"princesas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2014\/01\/04\/princesas-2\/","title":{"rendered":"PRINCESAS"},"content":{"rendered":"<p>Dice mi hija que, si los padres son los Reyes Magos, todas las hijas son\u00a0 princesas m\u00e1gicas. Yo no me atrever\u00eda a afirmar lo de m\u00e1gicas, aunque no cabe duda de que, para\u00a0 los padres\u00a0 -a no ser alg\u00fan desnaturalizado-, los hijos son, no ya\u00a0 pr\u00edncipes, sino los reyes del mambo. Escuch\u00e9 decir, en varias ocasiones, a la abuela de la ahora princesa Letizia que, cuando \u00e9sta era una ni\u00f1a, sol\u00edan llamarla princesa. Y ya ven c\u00f3mo qued\u00f3 la cosa. No es que haya mucha oferta de pr\u00edncipes para un futuro inmediato pero, por si las moscas, una de mis amigas llama a su nieta de meses \u201cPrincesita\u201d y la muy bichillo atiende al apelativo m\u00e1s que a su propio nombre, o sea, que ya apunta maneras.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 duda cabe que los padres querr\u00edamos ser reyes y, desde luego, magos para poder hacer realidad los sue\u00f1os de nuestros hijos. Pero esos sue\u00f1os son tan diversos como lugares pueblan nuestro mundo\u2026 C\u00f3mo, si no, comparar el sue\u00f1o de una ni\u00f1a \u201cpija\u201d sobrepasada de atenciones y caprichos en un territorio del primer mundo \u00a0con el de una ni\u00f1a de un pa\u00eds tercermundista o en guerra, por ejemplo.<\/p>\n<p>He tenido que escuchar, con cierta grima, el testimonio de la madre de una adolescente de catorce a\u00f1os a la que, al parecer, hab\u00edan timado vendi\u00e9ndole para Nochevieja entradas para una discoteca a la que no pudo entrar, precisamente por tener catorce a\u00f1os. La madre argumentaba, con un tono de voz entre Carmen Lomana y Antonio Ozores, que su ni\u00f1a \u00a1su ni\u00f1a! hab\u00eda sido la primera vez que se hab\u00eda puesto un vestido de Nochevieja, o sea, de pillar pulmon\u00eda fijo; que hab\u00eda sido la primera vez que se hab\u00eda hecho un mo\u00f1o y puesto tacones y que, en lugar de haber estado en la discoteca por la que pag\u00f3, la hab\u00eda tenido llorando toda la noche en casa (el ordenador deber\u00eda tener la posibilidad de poner emoticonos, ya saben, caritas que expresan emociones, como los m\u00f3viles, para poder ponerles yo c\u00f3mo se me qued\u00f3 la m\u00eda). Me qued\u00e9 estupefacta porque, una vez m\u00e1s, comprob\u00e9 lo absolutamente rid\u00edculos que podemos llegar a ser los papis con las cosas de nuestros nenes cuando no sabemos relativizar ni dar a los acontecimientos el verdadero valor que tienen. Claro que es un fastidio, un fraude o una decepci\u00f3n para una joven no asistir a una noche de baile para la que hab\u00eda comprado las entradas y engalanado con ilusi\u00f3n, pero no es un drama. En el mismo orden de sue\u00f1os en el que estamos hablando, est\u00e1n los ni\u00f1os de Bolivia, ni\u00f1os de menos de catorce a\u00f1os que han tenido el arrojo de entrevistarse con su Presidente para pedirle que no apoye en el Congreso del pa\u00eds andino la pol\u00e9mica ley que intenta regular el trabajo infantil y evitar, de esa manera, que trabajen ni\u00f1os de menos de catorce a\u00f1os. Ya ven c\u00f3mo est\u00e1n las cosas a un lado y a otro de un charco grande de agua. Evo Morales, que sabe bien lo que es trabajar duro de ni\u00f1o haciendo ladrillos, entendi\u00f3 las razones que argumentaban los peque\u00f1os que necesitan trabajar para ganarse el sustento, el propio y, en muchos casos, el de su familia. Lo que ocurre es que esa salida es m\u00e1s bien una puerta de entrada a la explotaci\u00f3n infantil. Y claro, despu\u00e9s de ver las im\u00e1genes de unos cuantos ni\u00f1os cargados de ladrillos con m\u00e1s altura que la de sus propios cuerpecitos, o la de otros ni\u00f1os mineros arrancando, durante jornadas eternas, de las entra\u00f1as de la tierra el mineral que les permita apenas subsistir\u2026 pues qu\u00e9 quieren que les diga, mis queridos lectores, que entonces me parece todav\u00eda mucho m\u00e1s fr\u00edvolo que haya sido noticia la estafa de la discoteca de los nenes.<\/p>\n<p>En un mundo que pretendemos supuestamente globalizado -salvo \u201cdeshonrosas\u201d excepciones- no creo que podamos deso\u00edr el grito aterrador de las pesadillas de muchos ni\u00f1os, m\u00e1xime cuando nuestros hijos duermen tan pl\u00e1cidamente.<\/p>\n<p>En fin, una vez rota la magia de los Reyes (que se lo digan si no al nuestro, que ser\u00e1 rey, pero no mago para sacarse\u2026 m\u00e1s que de la chistera, de su vida al hijo pol\u00edtico) \u00bfa ver qu\u00e9 hacemos?. Este a\u00f1o, o le pedimos los regalos a alguno de los muchos que han hecho acopio ambicioso y desmedido de cuartos -y no de los que dan los relojes- o tendremos que decir como en el chiste: \u201cEn casa, m\u00e1s que de amigos invisibles, somos de regalos invisibles\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dice mi hija que, si los padres son los Reyes Magos, todas las hijas son\u00a0 princesas m\u00e1gicas. Yo no me atrever\u00eda a afirmar lo de m\u00e1gicas, aunque no cabe duda de que, para\u00a0 los padres\u00a0 -a no ser alg\u00fan desnaturalizado-, los hijos son, no ya\u00a0 pr\u00edncipes, sino los reyes del mambo. 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