{"id":584,"date":"2015-05-23T00:35:31","date_gmt":"2015-05-22T23:35:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=584"},"modified":"2015-05-23T00:35:31","modified_gmt":"2015-05-22T23:35:31","slug":"cenicientas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2015\/05\/23\/cenicientas\/","title":{"rendered":"Cenicientas"},"content":{"rendered":"<p>Cort\u00f3 la lechuga en trozos peque\u00f1os y la lanz\u00f3 dentro de un cuenco lleno de agua. Pas\u00f3 el dorso de su mano por la frente y restreg\u00f3 el sudor que le chorreaba por el intenso calor de las planchas y el horno. \u201c\u00a1Dos de calamares y una de sepia con champi\u00f1ones! \u00bfO\u00eddo, cocina?\u201d. \u201cO\u00eddo\u201d confirm\u00f3 con desgana. Pel\u00f3 uno, dos, tres pepinos, los mismos que le importaba el debate electoral que proyectaba la pantalla de la peque\u00f1a televisi\u00f3n encaramada en lo alto de una de las paredes de la cocina. \u201c\u00bfPara qu\u00e9 tanto mitin si siempre van a escucharlos los que son del mismo palo que quienes los dan?\u201d se escuch\u00f3 decir a s\u00ed misma. Total, ni unos ni otros la sacar\u00edan de la cocina. Y, encima, dando gracias de poder trabajar, aunque fuera como una esclava de ollas y sartenes.<\/p>\n<p>Prepar\u00f3 con diligencia el pedido solicitado desde la barra y se acerc\u00f3 hasta el mostrador que separaba la cocina del bar cuidando de no mostrarse mucho. Se daba pena a s\u00ed misma: sudaba por todos los poros de su piel; toda ella, sobre todo su pelo recogido siempre bajo una cofia, ol\u00edan a aceite requemado, a cebolla cruda, a sofrito de ajos, a gambas a la plancha\u2026 y sus manos parec\u00edan las de <em>Eduardo Manostijeras<\/em> cortando, a velocidad de v\u00e9rtigo, toda clase de alimentos. Mientras dejaba los platos, cuidando de no ser vista desde la barra, observ\u00f3 c\u00f3mo su marido sonre\u00eda y tonteaba mientras le serv\u00eda una marinera a una rubia preciosa. Suspir\u00f3 con resignaci\u00f3n. Era una de las enfermeras del cercano Centro de Salud. Siempre iba all\u00ed a desayunar y, muchas veces, a tomarse la cerveza del mediod\u00eda. Ella y otras como ella siempre aparec\u00edan cuidadas, perfectamente vestidas, peinadas y perfumadas, todo lo contrario de c\u00f3mo siempre estaba ella, que parec\u00eda haberse vuelto simplemente un robot de cocina que expende comida. Invisible como mujer hasta para su marido.\u00a0 Pero el negocio es el negocio y hombro con hombro hab\u00edan logrado abrirse camino en la vida con su modesto bar y sacar a su familia adelante, aunque lo del hombro fuera s\u00f3lo una met\u00e1fora y al hombro de su marido ella le a\u00f1adiera los brazos, las manos y el cuerpo entero al que apenas dejaba reposar entre los \u00faltimos friegues de la noche y los primeros vasos y platos del desayuno.<\/p>\n<p>Claro que pod\u00eda entender que a su marido se le fueran los ojos detr\u00e1s de esas mujeres bonitas, alguna vez ella tambi\u00e9n se sinti\u00f3 as\u00ed aunque ahora los humos de los fritos la diluyeran hasta hacerla desaparecer. A ella tambi\u00e9n la seduc\u00eda el perfume que cada ma\u00f1ana tra\u00edan las clientes, hasta la cocina le llegaba el aroma de unas flores que no sabr\u00eda reconocer pero que le recordaban el balc\u00f3n de su abuela en primavera. Pero lo importante era lo que cada d\u00eda constru\u00eda con su marido y el amor que siempre le entreg\u00f3, y eso le daba fuerzas para enfrentarse a la ardua tarea que cada amanecer le esperaba en el negocio com\u00fan.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas me la encontr\u00e9 de dependienta en una perfumer\u00eda atendiendo a un se\u00f1or que le ped\u00eda consejo sobre qu\u00e9 perfume regalar a su mujer. \u201c\u00bfC\u00f3mo es ella?, \u00bfEn qu\u00e9 trabaja?, \u00bfQu\u00e9 le gusta?\u201d Le pregunt\u00f3 al cliente. Observ\u00e9 c\u00f3mo guiaba al comprador hac\u00eda unos frascos determinados despu\u00e9s de que este le dijera que a su mujer le encantaba el olor del campo y el de la hierba. La salud\u00e9, la abrac\u00e9 y le dije que la encontraba, adem\u00e1s de muy guapa, mucho m\u00e1s delgada. \u201cClaro, me he quitado setenta kilos de grasa de un golpe\u201d. Le dije que no fuera exagerada que en aquella cocina no hab\u00eda tanta grasa. \u201cPerdona \u2013acot\u00f3\u2013 no me has entendido: me he separado. De nada han servido todos los a\u00f1os entregada a \u00e9l y al negocio que levantamos juntos ni todas las horas en aquella cocina sudando vida. Descubr\u00ed que me enga\u00f1aba con una pelirroja perfumada que ten\u00edamos como cliente. Claro que, para perfumada, yo.\u201d<\/p>\n<p>Siempre hay un momento, en la vida de toda cenicienta, en el que aparece un hada madrina, incluso con la forma de la mayor hija de puta posible, capaz de convertir a la m\u00e1s \u201capestosa\u201d de las cenicientas en una fragante princesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cort\u00f3 la lechuga en trozos peque\u00f1os y la lanz\u00f3 dentro de un cuenco lleno de agua. 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