{"id":641,"date":"2015-12-12T00:33:57","date_gmt":"2015-12-11T23:33:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=641"},"modified":"2015-12-12T00:33:57","modified_gmt":"2015-12-11T23:33:57","slug":"lo-obvio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2015\/12\/12\/lo-obvio\/","title":{"rendered":"Lo obvio"},"content":{"rendered":"<p>Lo obvio ser\u00eda que las mujeres, que tanto sabemos de lucha por lograr puestos que durante muchos a\u00f1os han pertenecido en exclusiva a los hombres, cuando\u00a0 logramos uno, tuvi\u00e9ramos una sensibilidad especial con el resto de mujeres que, de una u otra manera, encontraremos ah\u00ed.<\/p>\n<p>Sin embargo, la realidad, en algunos casos, dista mucho de ser ejemplarizante en relaci\u00f3n a lo expuesto. Aunque ser\u00eda una temeridad, adem\u00e1s de una mentira, decir que eso es la t\u00f3nica general, s\u00ed es cierto que muchas de nosotras adoptamos un rol en el que no entra ponernos en la piel de la mujer que tenemos enfrente. Como si el puesto que defendemos nos inoculara el veneno de la anti-empat\u00eda hacia las mujeres con las que trabajaremos. Jefas que pueden ser infinitamente m\u00e1s hijas de puta con otras mujeres que hombres jefes. Hombres que, en momentos determinados, quiz\u00e1 incluso llevados por su ancestral instinto de protecci\u00f3n, pueden entender que haya d\u00edas en los que a una mujer, por indeterminadas y variadas circunstancias, no vayan a creer ahora que me estoy refiriendo tan s\u00f3lo a unos d\u00edas mensuales, no se le puede pedir que d\u00e9 el cien por cien de su capacidad. Sin embargo, cuando es una mujer la que tiene que exigirle a otra, no tiene caridad ni contemplaciones a la hora de hacerlo\u00a0 -y vaya por delante que no estoy generalizando, que luego algunas colegas se me tiran a la yugular-. Ya s\u00e9 que m\u00e1s de una que se identifique con lo que acabo de decir, me gritar\u00e1 que porque a ella, para llegar hasta ese puesto de mando, nadie le regal\u00f3 nada, ni hombre o mujer alguna tuvieron con ella las contemplaciones que, de alguna manera, yo estoy reclamando hoy. Pero, precisamente, por eso, porque las mujeres que son capaces abrirse paso entre el triple de dificultades que encontrar\u00eda un hombre para llegar hasta un trabajo por el que, con seguridad, cobrar\u00e1 menos por hacer el doble que un hombre, tienen la ineludible responsabilidad de no olvidarlo y facilitar las condiciones al resto de mujeres que encuentre a su paso. Y no, no me vengan diciendo que esto que hablo es trasnochado y que hace mucho que se super\u00f3, les aseguro que no, y les voy a poner un ejemplo cercano en el tiempo y en el sentimiento: la hija adolescente de una amiga, a la que convencimos, con Dios y ayuda, de que, por sus trastornos ginecol\u00f3gicos, deb\u00eda ir a un especialista, habl\u00f3 con su m\u00e9dico de cabecera y pidi\u00f3 expresamente que, aunque tuviera que esperar algo m\u00e1s, quer\u00eda que fuera una ginec\u00f3loga quien la explorara. Por \u201csupuesto\u201d, su pudor le impidi\u00f3 que su madre entrara con ella a la consulta. El resultado de la exploraci\u00f3n que le hizo esa impresentable m\u00e9dico, mujer para m\u00e1s se\u00f1as, adem\u00e1s de ser denunciable,\u00a0 ser\u00eda como para que no la volvieran a dejar pasar consulta el resto de sus d\u00edas. De entrada lleg\u00f3 con m\u00e1s de una hora de retraso para comenzar la consulta. Vale. Todos tenemos imprevistos que nos pueden hacer llegar tarde al trabajo. Es comprensible. Lo que ya no lo es que te metas un redbull en el culo y quieras adelantar, como si dice vulgarmente en nuestra tierra, <em>a pijo sacado<\/em>, el trabajo que ya llevas retrasado. No se puede explorar a una joven, ni a nadie, con prisas, sin la m\u00ednima sensibilidad introduciendo en ella la helada \u201cboca de pato\u201d -instrumento que permite observar si hay anomal\u00edas en el cuello uterino- lo mismo que si introdujeras un cuchillo en una sand\u00eda. Haciendo gala ostensible de una premura que impidi\u00f3 a la joven realizar las preguntas pertinentes e impeli\u00e9ndola a salir casi a medio vestir.<\/p>\n<p>A ninguna mujer se le escapa el momento de terrible vulnerabilidad que supone una consulta ginecol\u00f3gica con un m\u00e9dico. Tener la posibilidad de colgar nuestras piernas abiertas ante una mujer y m\u00e1s si hablamos de un primer reconocimiento es, adem\u00e1s de un lujo, una bendici\u00f3n. Pero si encuentras a mujeres que hacen lo que un hombre no se atrever\u00eda a hacer ni en sue\u00f1os\u2026 \u00a1Apaga y v\u00e1monos!<\/p>\n<p>Si he querido escribir hoy de esto es porque s\u00e9 la cantidad de mujeres que se dejan la piel en su trabajo y que no les duelen prendas en alargar sus manos, una y otra vez, a otras mujeres que est\u00e1n por debajo de ellas, que vienen detr\u00e1s o que tienen enfrente. Si quiero decir hoy p\u00fablicamente que hay mujeres indignas de pertenecer a nuestro g\u00e9nero, es porque conozco y trato a la cantidad de mujeres que nos subliman y nos hacen sentir orgullo de serlo. Si hoy hablo de la mala praxis de algunas es porque, como siempre, una vez m\u00e1s: \u201cLas carretas vac\u00edas hacen m\u00e1s ruido que las llenas\u201d. Y no\u00a0 podemos permit\u00edrnoslo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo obvio ser\u00eda que las mujeres, que tanto sabemos de lucha por lograr puestos que durante muchos a\u00f1os han pertenecido en exclusiva a los hombres, cuando\u00a0 logramos uno, tuvi\u00e9ramos una sensibilidad especial con el resto de mujeres que, de una u otra manera, encontraremos ah\u00ed. 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