{"id":643,"date":"2015-12-19T00:35:02","date_gmt":"2015-12-18T23:35:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=643"},"modified":"2015-12-19T00:35:02","modified_gmt":"2015-12-18T23:35:02","slug":"encuentros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2015\/12\/19\/encuentros\/","title":{"rendered":"Encuentros"},"content":{"rendered":"<p>La televisi\u00f3n muestra la imagen de las calles de un peque\u00f1o pueblo, despu\u00e9s, las de un anciano\u00a0 llamando por tel\u00e9fono a todos y cada uno de sus lejanos hijos: m\u00e9dicos, juristas, ocupados\u2026 para invitarlos a casa por Navidad. Todos justifican su imposibilidad a ir. Demasiado trabajo. El anciano queda consternado. A los pocos d\u00edas, sus hijos reciben una notificaci\u00f3n: su padre ha muerto. Apenados, doloridos, arrepentidos y enlutados, los hermanos se encuentran llegando a las proximidades de la casa familiar. Cuando abren la puerta, encuentran la mesa del comedor preparada para recibirles llena de apetitosa comida y el anciano padre esper\u00e1ndolos con una amplia sonrisa. El anuncio est\u00e1 realizado en alem\u00e1n para una conocida cadena de supermercados germanos. Y, confieso, que cuando lo vi, me impact\u00f3 por el mensaje tan esclarecedor que lleva de manera tan expl\u00edcita: no podemos aparcar las innumerables tareas urgentes que nos llevan como una ola a una tabla de surf, de otras que, sin ser tan urgentes -aunque no dejen de serlo: nuestros padres no van a estar indefinidamente con nosotros-, son much\u00edsimo m\u00e1s importantes. Pero s\u00ed podemos hacerlo para enterrarlos, cuando ellos ya no se enteran.<\/p>\n<p>El anuncio, que ha corrido como la p\u00f3lvora, deja al descubierto una trist\u00edsima realidad: la dolorosa soledad de los ancianos a los que aparcamos en panteones vivientes cuando dejan de sernos \u00fatiles. Pero tambi\u00e9n viene a hacernos presente la importancia de la familia y no s\u00f3lo en unos determinados d\u00edas, aunque tambi\u00e9n, sino a lo largo de toda nuestra vida.<\/p>\n<p>Mi sobrino Fernando M., <em>quasi<\/em> historiador, me envi\u00f3 hace unos d\u00edas la transcripci\u00f3n de la carta de \u201cPolion\u201d, un soldado romano del s. III d.C,\u00a0 que alejado de su familia les escribe una conmovedora misiva. Esta ep\u00edstola fue descubierta por Bernard Grenfell y Arthur Hunt a finales del XIX y ahora ha sido descifrada por Grant Adamson de la Universidad de California, y me viene como anillo al dedo para poner sobre la mesa sentimientos universales que ni guerras, ni tiempo, ni nada han conseguido empa\u00f1ar. El joven Polion les dice que reza d\u00eda y noche para que ellos se encuentren bien, es decir, en unos momentos en los que quien est\u00e1 en peligro es \u00e9l, su preocupaci\u00f3n primera es que los suyos est\u00e9n bien. Le angustia sobremanera no recibir noticias de los suyos. Les suplica que no lo olviden, para terminar enviando saludos para quienes tanto ama.<\/p>\n<p>La carta es una joya porque muestra c\u00f3mo los mismos miedos han acompa\u00f1ado desde siempre al hombre: miedo al dolor; miedo a perder a quienes amamos, miedo a que les sucedan cosas terribles que no podamos impedir nosotros; miedo a no ser amado, a no ser reconocido en nuestra esencia, a tener que dejar de ser nosotros mismos para ser aceptados\u2026 Miedos en soldados de ej\u00e9rcitos de a.C y de d.C., miedos ancestrales reverdecidos con la soledad y el paso del tiempo.<\/p>\n<p>Hasta hace unos a\u00f1os nos conmov\u00eda el coraz\u00f3n el archifamoso anuncio de \u201cVuelve a casa por Navidad\u201d, en donde el s\u00edmil era que el hijo volv\u00eda, como el turr\u00f3n, por fiestas, pero el problema es que ahora la vida le ha dado la vuelta a la cosa y ya no es \u201ctoda\u201d la familia la que espera al \u201cindividuo\u201d lejano, sino que es precisamente \u201cuno solo\u201d quien espera a toda una \u201cfamilia\u201d que siempre est\u00e1 demasiado ocupada como para dejar las angustiosas obligaciones en pro de lo substancial y festejar unas fechas concretas y se\u00f1aladas con quienes tanto\u2026 nos aman, aunque a nosotros se nos haya olvidado amarles.<\/p>\n<p>Ahora bien, tampoco nos equivoquemos al hablar de familia que ya ese Ni\u00f1o, cuyo nacimiento celebramos y que reconocemos como Dios, lo dej\u00f3 bien claro en el Evangelio cuando le dijeron que su madre y sus hermanos lo esperaban fuera: \u201cMi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen\u201d. O sea, que hay familias que son una bendici\u00f3n \u00a1estupendo! Pero, desgraciadamente, no siempre es as\u00ed o, simplemente, no se tiene una familia de sangre pero s\u00ed esa otra que nos regala el Cielo. Dicen que los amigos son la familia que la Vida te permite elegir, los que nos aman y a quienes amamos como si fueran sangre de nuestra sangre cumpliendo as\u00ed el mayor de los Mandatos.<\/p>\n<p>Es una pena que sea el \u201cconsumismo\u201d quien nos haga pensar y \u201cs\u00f3lo\u201d por estas fechas en nuestros mayores, en los que est\u00e1n solos o en los que no podr\u00e1n reunir a los suyos porque siempre haya cosas m\u00e1s forzadas a las que acudir. Deber\u00edamos retomar el consejo de los ascetas de tener cerca una calavera que nos recuerde que el cementerio est\u00e1 lleno de imprescindibles, sobre todo cuando nuestro coraz\u00f3n se\u00a0 llena de obligaciones y se vac\u00eda de sentimientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La televisi\u00f3n muestra la imagen de las calles de un peque\u00f1o pueblo, despu\u00e9s, las de un anciano\u00a0 llamando por tel\u00e9fono a todos y cada uno de sus lejanos hijos: m\u00e9dicos, juristas, ocupados\u2026 para invitarlos a casa por Navidad. Todos justifican su imposibilidad a ir. Demasiado trabajo. El anciano queda consternado. 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