{"id":649,"date":"2016-01-09T00:30:50","date_gmt":"2016-01-08T23:30:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=649"},"modified":"2016-01-09T00:30:50","modified_gmt":"2016-01-08T23:30:50","slug":"y-la-vida-continua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2016\/01\/09\/y-la-vida-continua\/","title":{"rendered":"Y la vida contin\u00faa"},"content":{"rendered":"<p>La maleta era grande, pero no lo suficiente como para guardar setenta y cinco a\u00f1os de vida. Hab\u00eda colocado sobre la cama la ropa que se llevar\u00eda, no es que fuera mucha pero se preguntaba d\u00f3nde meter\u00eda todo, ocupaba tanto lo poco de invierno que, vestidos de verano, camisetas, bragas, sujetadores, camisones, etc. parec\u00edan exiliados de anticipo del reducido territorio de aquella caja de pl\u00e1stico duro. Al principio intent\u00f3 colocarlo de la forma m\u00e1s ordenada posible, evitando que las arrugas asaltaran sus preciadas prendas, pero termin\u00f3 recalcando y apretando la maleta hasta la imposibilidad de poder cerrarla.<\/p>\n<p>Busc\u00f3 en uno de los armarios varias bolsas de viaje de lona y cremallera. Era un juego de tres valijas de diferente tama\u00f1o; se las hab\u00eda regalado el director de la sucursal bancaria por la que cobraba la exigua pensi\u00f3n de jubilaci\u00f3n. Calibr\u00f3 el espacio de cada una de ellas y del resto de objetos que segu\u00edan ordenadamente apilados sobre su cama: \u00e1lbumes de fotos, algunos libros, su neceser de aseo, el peque\u00f1o cofre de madera que le hab\u00eda tallado su antepasado mientras hizo el servicio militar en Filipinas y que le serv\u00eda de joyero, algunos pares de zapatos, su inseparable radio, una bolsa llena de medicamentos, el juego de tocador de su madre, las estilogr\u00e1ficas y algunos objetos personales de su marido, todos los dibujos que le hab\u00edan hecho sus hijos por el d\u00eda de la madre, los primeros zapatitos de su hija, un gorrito de su hijo, un peque\u00f1o costurero, algunos ovillos de lana de colores, agujas&#8230;<\/p>\n<p>Era demasiado, al menos para poder colocarlo todo en cuatro maletas.<\/p>\n<p>Pens\u00f3 que las fotos ocupar\u00edan menos espacio si las arrancaba de los \u00e1lbumes. Busc\u00f3 una caja de hojalata y comenz\u00f3 a meterlas all\u00ed: la primera comuni\u00f3n de sus hijos y mucho despu\u00e9s la de sus nietos, fotos de navidades, de fiestas, de vacaciones, donde se le ve\u00eda fuerte, plet\u00f3rica, dirigiendo las actividades de la cocina mientras sonre\u00eda burlona al fot\u00f3grafo; fotos que mostraban el orgullo de una madre acompa\u00f1ando a su hijo al altar el d\u00eda de su boda, la ternura de una abuela con sus reci\u00e9n nacidos nietos en sus brazos, la felicidad de una mujer junto a su amado&#8230; Sac\u00f3 de la carpetita azul las pocas fotos que ten\u00eda de su madre y la \u00fanica de su padre y las incorpor\u00f3 tambi\u00e9n a la caja. No tuvo reparo en doblar las m\u00e1s grandes para que cupieran en ella, no pod\u00eda dejarlas.<\/p>\n<p>Con los libros era m\u00e1s complicado. Ya llevaba tres selecciones exhaustivas tras las cuales el primitivo mont\u00f3n se hab\u00eda reducido considerablemente, ya no pod\u00eda dejar ninguno m\u00e1s. Todos y cada uno de los libros que estaban all\u00ed ten\u00edan para ella un significado especial, los meter\u00eda en la bolsa mediana junto a los zapatos.<\/p>\n<p>La bolsa peque\u00f1a alberg\u00f3 la caja de hojalata, el cofre joyero, las medicinas, eso s\u00ed, fuera de la bolsa y diseminadas aprovechando espacios muertos y los peque\u00f1os recovecos que dejaban los objetos principales.<\/p>\n<p>Todav\u00eda quedaba mucho sobre la cama y no hab\u00eda m\u00e1s que una bolsa. Intent\u00f3 no perder la calma, sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n y recorri\u00f3, agarrada al andador, una a una las habitaciones de su casa: los dormitorios que fueron de sus hijos, todav\u00eda con algunos juguetes de sus infancias, el saloncito donde se reun\u00edan todos, donde hac\u00edan los deberes y jugaban sus peque\u00f1os y donde m\u00e1s tarde tomaba el caf\u00e9 con sus amigas mientras hablaban de su soledad; sus muebles, su confortable butaca de lectura, sus manteler\u00edas bordadas primorosamente por sus propias manos y las de su madre, el juego de caf\u00e9 de su boda, la sopera de la Cartuja que perteneci\u00f3 a su abuela&#8230; El recuento se detuvo porque los objetos comenzaron a titilar en sus ojos para resbalar despu\u00e9s por sus mejillas y hacerse a\u00f1icos en el suelo.<\/p>\n<p>Sus hijos viv\u00edan sin sosiego ni tiempo para ellos mismos y andaban preocupados por ella, cada vez m\u00e1s torpe y enferma,\u00a0 as\u00ed que entre todos convinieron que lo mejor era que se instalara en la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los Desamparados, o sea, en el asilo. Dejaba tanto atr\u00e1s que poco importaba ya que no pudiese llevarse el peque\u00f1o resto que segu\u00eda esperando sobre la cama.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 la ventana del dormitorio y con la mirada bes\u00f3 la calle y se despidi\u00f3 de los viejos edificios, de los transe\u00fantes, del olor a caf\u00e9 que todas las ma\u00f1anas sub\u00eda del bar de la esquina, de su vida&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s marc\u00f3 un n\u00famero en el tel\u00e9fono, intent\u00f3 sonre\u00edr al escuchar la voz de su nuera y dijo: \u201cCari\u00f1o, dile a mi hijo que ya estoy lista. Cuando pueda que pase a recogerme, creo que ya me esperan para cenar las Hermanas\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La maleta era grande, pero no lo suficiente como para guardar setenta y cinco a\u00f1os de vida. 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