{"id":673,"date":"2016-04-02T09:35:48","date_gmt":"2016-04-02T08:35:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=673"},"modified":"2016-04-02T09:35:48","modified_gmt":"2016-04-02T08:35:48","slug":"jardines-del-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2016\/04\/02\/jardines-del-alma\/","title":{"rendered":"Jardines del alma"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Siempre he querido creer que el coraz\u00f3n humano no es voluble ni caprichoso. Que amar a alguien era m\u00e1s una cuesti\u00f3n de decisi\u00f3n que de vientos que llevaran o trajeran enamoramientos o amor\u00edos. Bien es verdad que mi abuela siempre me advirti\u00f3 de que el coraz\u00f3n de los hombres resid\u00eda algunos palmos por debajo de donde se le supone, concretamente en la entrepierna y que no importaba cu\u00e1nto amor, tiempo, dedicaci\u00f3n o vida le hubiese entregado una mujer si otra se cruzaba por en medio de ellos y, de alguna manera, le pareciera mejor en alg\u00fan aspecto. Y cuando dec\u00eda esto levantaba el \u00edndice de su mano derecha al tiempo que arqueaba las cejas para subrayar que no necesariamente podr\u00eda ser mejor que la que ten\u00eda o que, incluso, podr\u00eda no llegarle ni a la suela de los zapatos, pero que lo \u00fanico que primaba era que se encendiera una lucecita situada en el \u201cdescendido coraz\u00f3n\u201d para que mandase a tomar viento a la primera y \u201csi te he visto no me acuerdo\u201d.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas no pude evitar que sus palabras me vinieran a la mente ante el despliegue glamuroso, despilfarrador e hip\u00f3crita del cumplea\u00f1os de Vargas Llosa. Sobra gastar tinta en explicar lo de glamuroso y despilfarrador, pero s\u00ed que voy a indicar por qu\u00e9 a\u00f1ado el adjetivo \u201chip\u00f3crita\u201d, y no, no es por \u00e9l, creo que la confesi\u00f3n amorosa y p\u00fablica de que la \u201cfelicidad ten\u00eda el nombre de Isabel Preysler\u201d no pudo ser m\u00e1s sentida y sincera. Es por todos nosotros, por esta tramoyista sociedad que, seg\u00fan quien sea el que se deje llevar por esos vientos que invalidan la raz\u00f3n, se le trata de una manera o de otra. No tenemos m\u00e1s que comparar la misma historia \u201camorosa\u201d de Vargas Llosa y la Preysler con la de Juli\u00e1n Mu\u00f1oz y la otra Isabel: la Pantoja; por supuesto, hay que reconocer que carente de glamur alguno, pero ambas historias paralelas a la hora de sustituir el objeto amoroso de la noche a la ma\u00f1ana y en donde, en ambas, ha quedado una mujer humillada p\u00fablicamente.<\/p>\n<p>Cada vez que tropiezo con la evidencia de la volubilidad del amor, les confieso que me siento igual que el d\u00eda que me enter\u00e9 de qui\u00e9nes eran los Reyes Magos. Y ese sentimiento se intensifica y me arrastra hasta la tristeza de las mazmorras del alma, sobre todo, cuando se trata de personajes relevantes (no es que a m\u00ed la Preysler me lo parezca, pero claro que en esto de la relevancia tendr\u00edamos mucho para conversar) y macean en los medios de comunicaci\u00f3n una y otra vez las bondades del men\u00fa, de los regalos, de los modelitos y del \u201cmummxo\u201d amor que se tienen.<\/p>\n<p>Por eso, cuando saltan a las portadas noticias como la del se\u00f1or Kuroki, que por salvar a su mujer de una depresi\u00f3n fue capaz de convertir la granja que ten\u00eda como medio de vida en un inmennns\u00edsimo jard\u00edn de innumerables y varias flores\u2026 mi coraz\u00f3n emerge del l\u00fagubre s\u00f3tano para pasear por los jardines del alma.<\/p>\n<p>La historia del Sr. Kuroki es digna de ser recogida en uno de esos famosos libros que escribe el Sr. Vargas Llosa. Kuroki y su mujer, dos ancianos casados desde el 1956 viv\u00edan en una granja en Jap\u00f3n como productores de leche. En ella criaron a sus hijos y disfrutaba felices del discurrir de la vida hasta que una complicaci\u00f3n con la diabetes de su mujer la dej\u00f3 ciega. Esto la sumi\u00f3 en una depresi\u00f3n tan profunda que la manten\u00eda inm\u00f3vil en una habitaci\u00f3n de la casa sin querer salir de all\u00ed para nada.<\/p>\n<p>Su anciano esposo buscando c\u00f3mo sacarla de su apat\u00eda perge\u00f1\u00f3 la idea de plantar un inmenso jard\u00edn alrededor de la casa, tan enorme que, aunque no lo viera, s\u00f3lo el aroma de las flores la invitara a pasear por \u00e9l. Y lo mejor de todo es que tan excelso acto de amor tuvo su recompensa y logr\u00f3 que la se\u00f1ora Kuroki volviera a sonre\u00edr mientras disfrutaba de la miles y miles de flores plantadas para ella por su amado. Pero no s\u00f3lo ella, miles de personas peregrinan hasta la granja para complacerse con tan hermoso vergel y poder conocer al autor de tan entra\u00f1able gesto.<\/p>\n<p>Dec\u00eda Tagore \u201cCuando mi voz calle con la muerte, mi coraz\u00f3n te seguir\u00e1 hablando\u201d.\u00a0 Y a m\u00ed me gusta pensar que, mucho despu\u00e9s de que se hayan extinguido las voces de los se\u00f1ores Kuroki, sus corazones seguir\u00e1n hablando en el aroma de esas flores y en el recuerdo de quienes las visiten. Y eso me reconcilia con el coraz\u00f3n de los hombres, algunos, a pesar de lo que dec\u00eda mi abuela, siguen teni\u00e9ndolo en el pecho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Siempre he querido creer que el coraz\u00f3n humano no es voluble ni caprichoso. Que amar a alguien era m\u00e1s una cuesti\u00f3n de decisi\u00f3n que de vientos que llevaran o trajeran enamoramientos o amor\u00edos. 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