{"id":799,"date":"2017-05-06T10:29:19","date_gmt":"2017-05-06T09:29:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=799"},"modified":"2017-05-06T10:29:19","modified_gmt":"2017-05-06T09:29:19","slug":"desmitificando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/05\/06\/desmitificando\/","title":{"rendered":"Desmitificando"},"content":{"rendered":"<p>Suelo aprovechar cualquier ocasi\u00f3n, por peque\u00f1a que sea, para realizar tareas inexcusables -como hacer la compra- o l\u00fadicas -como ir al cine- acompa\u00f1ada por alguno de mis hijos. La casualidad hace que la mayor\u00eda de las veces me encuentre con una encantadora se\u00f1ora entrada en a\u00f1os, viuda y sin hijos que pasea a un peque\u00f1o perrito. No hay vez que nos crucemos que no tenga para nosotros unas palabras amables, elogiosas y a\u00a0la vez te\u00f1idas de una triste pelusa al comparar su situaci\u00f3n y la m\u00eda. Yo -casi me siento culpable al considerarme tan afortunada- intento restar importancia y afirmo que no siempre tener hijos es sin\u00f3nimo de felicidad, lo cual es verdad, y me escurro los sesos en buscar ejemplos de padres que ambas conocemos cuya desgracia es, precisamente, el hecho de tener unos v\u00e1stagos que los llevan por la calle de la amargura. Despu\u00e9s nos despedimos cordialmente, seguras de volver a reproducir la conversaci\u00f3n en el pr\u00f3ximo encuentro. La se\u00f1ora, tal vez un poco harta de que yo, tan feliz como se me ve con mis hijos, no le d\u00e9 la raz\u00f3n a sus tristes argumentos, la \u00faltima vez que nos vimos en similares circunstancias opt\u00f3 por decirme que ese d\u00eda paseaba sola porque su perrito se hab\u00eda quedado durmiendo en su camita, y que mir\u00e1ndolo dormir tan pl\u00e1cidamente se le hab\u00eda encogido el coraz\u00f3n al pensar que ella no hab\u00eda podido sentir nunca \u201ceso\u201d que tienen que sentir las madres cuando ven dormir a sus hijos en la cuna. Touch\u00e9. Sin embargo, en mi af\u00e1n conmiserativo hacia ella, me levant\u00e9 r\u00e1pidamente al igual que un tentetieso para rebatirle que no todo es verlos dormir, que hay criaturas, pero tambi\u00e9n\u00a0<em>criaturos\u00a0<\/em>que acaban con la salud f\u00edsica y mental de las madres, que no duermen ni cargadas hasta el culo de somn\u00edfero pedi\u00e1trico \u00a1si lo sabr\u00e9 yo! Y que, desde el momento de quedarse embarazada, toda la vida de la mujer gira en torno al beb\u00e9, como si dejase de pertenecerle a ella: cuidado con el alcohol, el az\u00facar, las grasas, los medicamentos, el deporte, los golpes o roces en la barriga, y ahora hasta con el jam\u00f3n \u00a1Por Dios! (con los antojos de jam\u00f3n que me met\u00ed yo entre pecho y espalda), vamos, cualquier cosa que pueda afectar al cr\u00edo. Y no hablemos ya de lo que ocurre despu\u00e9s del nacimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No es que yo est\u00e9 empe\u00f1ada en amargar a la buena se\u00f1ora, sino todo lo contrario, me parece adorable y s\u00f3lo intento desmitificar la sublimaci\u00f3n a la que ha llevado el hecho de ser madre, entre otras cosas, precisamente, por no serlo. Mi pretensi\u00f3n no es otra que hacerle ver unas ventajas que ella tiene que nunca tendr\u00e1n otras mujeres: ella es libre y due\u00f1a de su coraz\u00f3n, cosa que jam\u00e1s es una madre. Adem\u00e1s, los hijos son regalos que da la vida, joyas, pero no siempre es oro todo lo que reluce. Ella est\u00e1 tan obcecada, tan dolorida con esa ausencia, que est\u00e1 ciega para poder ver cualesquiera otros regalos que la vida le haya proporcionado. Me entran ganas de decirle que ser madre no es siempre parir, que hay hijos que se gestan dentro del coraz\u00f3n y no debajo de \u00e9l, que la maternidad es tanto de cuerpo como de alma y que ella podr\u00eda ser una maravillosa madre si, en lugar de quejarse de su suerte, dejara florecer el amor maternal de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sabiamente la lengua francesa nombra la figura de la abuela como la \u201cgran madre\u201d y no todas las abuelas responden al estereotipo, aunque, bien es verdad, hay otras que se pasan tres pueblos en seguir siendo m\u00e1s que madres, grandes madres para sus hijos y los hijos de \u00e9stos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Reconozco que, dada mi experiencia tanto a nivel de hija (mi madre es generosidad, entrega, perfume, refugio, caricia, seguridad, amor incondicional y constante) como de madre (mis hijos son la mejor y m\u00e1s hermosa de las bendiciones) deber\u00eda darle la raz\u00f3n a la buena mujer, aunque la hundiera en sus lamentaciones, y aceptar que soy m\u00e1s afortunada que ella. Pero no es menos cierto que hay hijos por ah\u00ed que van a las casas de putas no a buscar relaciones sexuales, sino a ver a sus madres, y que ni la m\u00e1s puta de ellas querr\u00eda tenerlos ni de visita.<\/p>\n<p>O sea&#8230;, vamos, que todo es relativo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Suelo aprovechar cualquier ocasi\u00f3n, por peque\u00f1a que sea, para realizar tareas inexcusables -como hacer la compra- o l\u00fadicas -como ir al cine- acompa\u00f1ada por alguno de mis hijos. 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