{"id":819,"date":"2017-06-24T09:11:55","date_gmt":"2017-06-24T08:11:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=819"},"modified":"2017-06-24T09:11:55","modified_gmt":"2017-06-24T08:11:55","slug":"es-ojo-porque-te-ve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/06\/24\/es-ojo-porque-te-ve\/","title":{"rendered":"&#8220;Es ojo porque te ve&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>A ra\u00edz del art\u00edculo que escrib\u00ed la semana pasada titulado \u00abRetratos\u00bb, un amable lector me hizo llegar la reflexi\u00f3n de que, curiosamente, pocas veces coincide la visi\u00f3n que otros tienen de nosotros con la que tenemos de nosotros mismos. Y tan es as\u00ed, que no me resisto a compartir con ustedes unas interesantes pinceladas.<\/p>\n<p>Con toda seguridad, sin entrar \u2013de momento\u2013 en el plano mental, m\u00e1s de una vez se habr\u00e1n comparado con alguna amiga, un compa\u00f1ero de instituto, una antigua vecina de la ni\u00f1ez\u2026 al menos yo suelo hacerlo con relativa frecuencia y con un resultado poco favorecedor para ellos. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 estropeada est\u00e1 la pobre!\u00bb, me digo. (Comparada conmigo, claro). Es como cuando me preguntan que c\u00f3mo est\u00e1 mi marido. Compar\u00e1ndolo con qui\u00e9n, pregunto. No es lo mismo \u2013a ver\u2013 hacerlo con George Clooney que con Chiquito de la Calzada. Y es que cuando nos miramos en el espejo, o cuando miramos el mundo, en realidad, quien est\u00e1 mirando es la joven que, en su interior, detuvo su decadencia neg\u00e1ndose a seguir sumando a\u00f1os m\u00e1s all\u00e1 de los <em>\u00a0taitantos<\/em>. Y no importa que nuestro cuerpo nos desobedezca siguiendo una absurda ley de gravedad (por mucho que fuera el gran Newton quien se descolgara con ella) porque a trav\u00e9s de esas pupilas que miran se sigue seleccionando aquello que se hubiera hecho hace a\u00f1os.<\/p>\n<p>F\u00edjense: siempre me parecieron rid\u00edculos los viejos verdes. Esa especie de ligones pat\u00e9ticos que intentan \u00abseducir\u00bb a mujeres con bastantes menos calendarios que ellos haciendo imbecilidades o a golpe de tarjeta de cr\u00e9dito. Sin embargo, a medida que cumplo a\u00f1os, mi opini\u00f3n sobre ellos cambia hasta llegar a sentir una especie de ternura, de comprensi\u00f3n. Es la propia vida, el incansable instinto de supervivencia, la incapacidad de aceptar nuestro imparable crep\u00fasculo, quien puede conducir hasta lo risible o lo grotesco, pero solo para el mundo, para aquellos que todav\u00eda no han envejecido y no saben lo doloroso que puede llegar a ser, para quienes a\u00fan no han caminado con nuestros zapatos y no podr\u00edan entenderlo ni en mil a\u00f1os\u2026 En tanto que para esos <em>ecol\u00f3gicos<\/em> ancianitos el sentir de los dem\u00e1s les importa un bledo, porque, en primer lugar, no son conscientes de todos esos movimientos de \u00e1lgebra en el tablero de la vida. Tan solo son conscientes de que cada d\u00eda quedan menos oportunidades de ligar, de darse una buena comilona, de sentirse vivos por ellos mismos al margen de nietos <em>porculeros<\/em> o hijos controladores\u2026 Y, si para eso han de enga\u00f1arse estimando que son ellos y no sus visas quienes obran el milagro\u2026 \u00bfqu\u00e9 importancia puede tener la cosa? La verdad es que mi lector ten\u00eda mucha raz\u00f3n, que diferente es, tantas veces, como nos vemos nosotros a c\u00f3mo nos ven los dem\u00e1s. Y, si dejamos por un momento el aspecto f\u00edsico para centrarnos, aunque sea de pasada, en las cosas del alma\u2026 ya <em>p\u00b4aqu\u00e9, p\u00b4aqu\u00e9<\/em>\u2026 Admiro \u2013y me repelen a partes iguales, respectivamente\u2013 los grandes hombres y los golfos in\u00fatiles. Situamos, por un lado a las personas humildes que en silencio construyen, d\u00eda a d\u00eda, una sociedad mejor, un mundo m\u00e1s pr\u00f3spero, m\u00e1s justo, que con su trabajo dan ejemplo de superaci\u00f3n y que cuando les reconocen \u00abextra\u00f1a y escasamente\u00bb sus m\u00e9ritos, aducen que no es para tanto, que se limitan a cumplir con su deber. Mientras que otros \u2013carretas vac\u00edas que solo saben hacer ruido y pavonearse ante los dem\u00e1s como si fueran los salvadores del mundo\u2013 consumen la vida venerando su ombligo y consider\u00e1ndose los escogidos del mundo mundial. Y no crean que eso de creerse los reyes del mambo lo determina alg\u00fan tipo de profesi\u00f3n o escalaf\u00f3n social, no se\u00f1or, dicho molde de mindundi se extiende desde presidentes de grandes empresas a barrenderos. Y en ambos casos, poco importa el retrato que los dem\u00e1s les hagan, poco la visi\u00f3n que el ojo ajeno capte de lo que emanan. El humilde seguir\u00e1 a lo suyo sin darle importancia a su labor en tanto que el eg\u00f3latra idiota continuar\u00e1 mirando al mundo por debajo del hombro.<\/p>\n<p>Dec\u00eda Machado \u2013don Antonio\u2013 en uno de sus poemas: \u00abEl ojo que ves no es\/ ojo porque t\u00fa lo veas;\/ es ojo porque te ve\u00bb. Aunque, todos sepamos que \u201clo esencial es invisible a los ojos del rostro y que solo puede verse con los ojos del coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A ra\u00edz del art\u00edculo que escrib\u00ed la semana pasada titulado \u00abRetratos\u00bb, un amable lector me hizo llegar la reflexi\u00f3n de que, curiosamente, pocas veces coincide la visi\u00f3n que otros tienen de nosotros con la que tenemos de nosotros mismos. Y tan es as\u00ed, que no me resisto a compartir con ustedes unas interesantes pinceladas. 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