{"id":824,"date":"2017-07-08T09:42:41","date_gmt":"2017-07-08T08:42:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=824"},"modified":"2017-07-08T09:42:41","modified_gmt":"2017-07-08T08:42:41","slug":"dejacion-de-responsabilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/07\/08\/dejacion-de-responsabilidad\/","title":{"rendered":"Dejaci\u00f3n de responsabilidad"},"content":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas decidimos salir a comer a un restaurante situado en una avenida muy transitada por coches -incluyo este dato por su relevancia en lo que voy a decir m\u00e1s tarde-. Posiblemente, coincidi\u00f3 el d\u00eda con alg\u00fan fin de curso de guarder\u00eda o, simplemente, un grupo de madres decidi\u00f3 celebrar la cercana llegada de las vacaciones. El tema est\u00e1 en que junto a nosotros hab\u00eda una mesa de madres y al lado otra doblemente larga llena de ni\u00f1os \u201ccelebrantes\u201d y de hermanos algo mayores. Bueno, lo de la mesa con ni\u00f1os es un decir porque, en realidad, los ni\u00f1os estaban, como Dios, en todas partes. Corr\u00edan entre las mesas jugando al escondite entre los cuerpos de los dem\u00e1s comensales, entraban y sal\u00edan como locos del ba\u00f1o tirando de la m\u00e1quina expendedora de papel para secar las manos, mojando el papel en el lavabo, tir\u00e1ndolo al w\u00e1ter\u2026 Reconozco que me permit\u00ed reprocharles la cosa y salieron de all\u00ed corriendo a llamar a su mam\u00e1 para decirle que alguien les hab\u00eda rega\u00f1ado. No les puedo describir la cara de impotencia e indignaci\u00f3n que dibujaban las caras de los due\u00f1os del lugar que, varias veces, con una sonrisa m\u00e1s falsa que una moneda de tres euros, les conminaron a sentarse en la mesa con la promesa de llevarles helado. Los clientes asist\u00edamos at\u00f3nitos al despliegue de criaturitas sin comprender c\u00f3mo las madres segu\u00edan charlando felices sin inmutarse, sin hacerles el m\u00e1s m\u00ednimo reproche, sin preocuparse de las molestias que estaban ocasionando al local, a los camareros que ten\u00edan que sortearlos entre bandejas, y al resto de comensales que nos mir\u00e1bamos unos a otros alucinando ante el espect\u00e1culo. Pero no crean que la cosa par\u00f3 ah\u00ed. No. A la persecuci\u00f3n de alguna madre a su ni\u00f1o para intentar arrebatarle el m\u00f3vil (cosa imposible) hubo que a\u00f1adir la entrada en acci\u00f3n de tres chavales que acudieron a comer provistos de su monopat\u00edn, que aparcaron, con sumo cuidado, bajo sus asientos. En cualquier otra circunstancia hubieran estado a salvo, pero, teniendo en cuenta los Gremlins que andaban sueltos por all\u00ed, fue un error garrafal. Los peque\u00f1ajos no tardaron en hacerse con ellos ante la perplejidad de los adolescentes que sent\u00edan verg\u00fcenza de arrebatarles \u201csu tesoro\u201d a unas tiernas criaturas. Por poca imaginaci\u00f3n que tengas ustedes pueden hacerse una idea de lo que se form\u00f3 all\u00ed paseando en patinete entre mesas y bolsos colgando en las sillas hasta que, de pronto, hubo un silencio y una paz incre\u00edble hasta ese momento. Todos los enanos salieron fuera del local provistos de los tres monopatines. Lo realmente incre\u00edble es que ni los due\u00f1os advirtieron la fuga de sus veh\u00edculos, ni las madres de sus hijos. Nadie se movi\u00f3, nadie pens\u00f3 en el riesgo que supon\u00eda el tr\u00e1nsito continuo de coches, la exposici\u00f3n a cualquier pederasta, la temperatura infernal del mediod\u00eda\u2026 A m\u00ed no me pasaba la comida, a pesar de lo tostoneros que hab\u00edan sido, pensaba en los peligros a los que estaban exponi\u00e9ndose esos ni\u00f1os, y me resultaba sorprendente que ninguna madre hubiera saltado de la silla para asegurarse de que estaban bien. Yo miraba hacia la mesa donde estaban situadas y las ve\u00eda hablar felices, tranquilas, despreocupadas\u2026 y pens\u00e9\u00a0en la maravillosa labor que hace cada d\u00eda el \u00c1ngel de la Guarda de los ni\u00f1os y en la dejaci\u00f3n total que se ha hecho en la actualidad de la responsabilidad como padres, en la falta de educaci\u00f3n, de urbanidad, de respeto\u2026 Podr\u00eda asegurar que ser\u00eda impensable que alguna de las madres que estaban all\u00ed se hubiera conducido tan \u201csalvajemente\u201d en su ni\u00f1ez, y no s\u00f3lo en casa sino en la calle y, mucho menos en un restaurante. Hasta hace unos a\u00f1os los padres correg\u00edan a sus hijos, pon\u00edan l\u00edmites, les ense\u00f1aban lo que estaba bien y lo que estaba mal\u2026 Y que nadie me venga diciendo que ahora tambi\u00e9n lo hacen y que esos cr\u00edos no son la representaci\u00f3n de nuestra sociedad porque tan s\u00f3lo les acepto que, efectivamente, hay padres h\u00e9roes que luchan contracorriente para que los nenes no tengan m\u00f3viles antes que chupetes y para demarcarles el terreno, pero luego est\u00e1 la presi\u00f3n social de \u201cmam\u00e1 a Leo o a Ronaldo (porque, claro, lo de la moda de los nombrecicos es otra cosa) los dejan \u00bfpor qu\u00e9 t\u00fa no?, porfi, porfi, porfi\u2026)&#8221;.\u00a0Y una vez puede que resista, dos, y hasta tres, pero despu\u00e9s\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La verdad es que tras la experiencia vivida dudo mucho de la frase de Young: \u201cEducas a un hombre y educas a un hombre. Educas a una mujer y educa a una generaci\u00f3n\u201d. Pero, visto lo visto, va a ser que no.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas decidimos salir a comer a un restaurante situado en una avenida muy transitada por coches -incluyo este dato por su relevancia en lo que voy a decir m\u00e1s tarde-. 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