{"id":828,"date":"2017-07-22T08:29:28","date_gmt":"2017-07-22T07:29:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=828"},"modified":"2017-07-22T08:29:28","modified_gmt":"2017-07-22T07:29:28","slug":"aquellos-dias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/07\/22\/aquellos-dias\/","title":{"rendered":"Aquellos dias"},"content":{"rendered":"<p>Hacia m\u00e1s de treinta a\u00f1os que no volv\u00eda a verla. Y encontrarme con ella fue volver de nuevo a uno de los varios pasados m\u00e1s tristes de mi vida. Podr\u00eda no haberla reconocido, veinte o treinta o casi cuarenta a\u00f1os pueden no sean nada seg\u00fan el bolero, pero lo cierto es que ese tiempo causa\u2026 ciertas devastaciones en rostro y cuerpo. No obstante, he de confesar que, salvo los michelines que le hac\u00edan perder la forma de la cintura, conservaba una fisonom\u00eda intacta: la misma nariz, algo m\u00e1s aguile\u00f1a, la misma boca de labios finos casi imperceptibles, las facciones m\u00e1s prominentes y endurecidas y la misma mirada. Aquella mirada heladora de Medusa que me convert\u00eda en piedra cuando la fijaba en m\u00ed.<\/p>\n<p>Ella era doble, o sea, gemela de otra y ambas compart\u00edan, adem\u00e1s de una imagen exacta, una misma maldad inaudita para su edad.<\/p>\n<p>Ha sido necesario que pasaran muchos a\u00f1os para que yo me enterara de que las putadas que ese par de individuas me hac\u00edan, y que yo en mi inocencia llamaba \u201ccosas malas\u201d, en realidad eran puro y duro acoso escolar o bullying.<\/p>\n<p>Desde los siete a\u00f1os hasta los once que, gracias al cielo, las perd\u00ed de vista sufr\u00ed en mis carnes y en mi mente una angustia constante que llenaba mis d\u00edas de tristeza, y de desesperaci\u00f3n cada vez que llegaba la hora de ir al colegio. Imagino que no fui la \u00fanica ni\u00f1a que sufr\u00eda sus maldades y que rebotaba de una de ellas a la otra como si fuera una pelota cada vez que les entraba ganas de maltratar a alguien. Como tambi\u00e9n s\u00e9 que muchos de mi generaci\u00f3n lo fueron en otros lugares. La maldad, tristemente, no tiene fecha de caducidad. Y, de igual manera, s\u00e9 que ellos tambi\u00e9n callaron. No dijeron nada en sus casas porque, como yo, pensaron que eso ser\u00eda lo normal, que unas ni\u00f1as eran m\u00e1s traviesas que otras y que alg\u00fan d\u00eda se cansar\u00edan y nos dejar\u00edan en paz. Lo malo era que no se cansaban nunca y a m\u00ed se me acababan los pretextos y las enfermedades para no ir al colegio. Una vez hasta me atrev\u00ed a hacer \u201cnovillos\u201d y me escond\u00ed entre los verdes macizos del jard\u00edn m\u00e1s cercano. El problema estuvo en que, como para m\u00ed era tan largo el tiempo en el colegio, calcul\u00e9 casi dos horas m\u00e1s del horario escolar para volver a casa. Dos horas de angustia para mi familia que se acrecent\u00f3 al enterarse de que ni siquiera hab\u00eda asistido a clase. Todos me buscaron con desesperaci\u00f3n y la tunda que me dio mi madre cuando llegu\u00e9 me quit\u00f3 para siempre las ganas de volver a eludir mis problemas haciendo mutis por el foro. Sobra decir que aguant\u00e9 estoicamente aquel largu\u00edsimo periodo como algo habitual en mi vida, hasta que cre\u00ed que hab\u00eda pasado todo al perderlas de vista en el instituto. Qu\u00e9 equivocada estaba. Para entonces yo me hab\u00eda convertido en una ni\u00f1a que rehusaba amablemente el contacto con otras, \u201cquien quita la ocasi\u00f3n quita el peligro\u201d deb\u00ed pensar. En contrapartida desarroll\u00e9 un rico mundo interior que me ha llevado a convertirme en lo que siento que soy ahora: una contadora de historias, una aprendiz de escritora, una novicia de la poes\u00eda.<\/p>\n<p>Lo curioso de todo fue que al reencontrarme con ella, tras tanto tiempo, busqu\u00e9 r\u00e1pidamente su copia\u00a0 y, por unos instantes, me vi de nuevo rebotando de una a la otra. Y \u00a0deje de ser la mujer madura, m\u00e1s o menos segura de m\u00ed misma, que tanto me ha costado construir durante todos estos a\u00f1os; la mujer con experiencia y bastantes muescas en el alma por los golpes sufridos. En ese instante volv\u00ed a ser la ni\u00f1a acobardada, temerosa y solitaria. Todos desaparecieron a mi alrededor para quedarnos solas las dos, como en esas pel\u00edculas del oeste en un duelo final donde s\u00f3lo quedan el bandido y el sheriff, solo que yo no ten\u00eda pistola y ella segu\u00eda teniendo su mirada.<\/p>\n<p>Sin embargo, no era verdad que yo estuviera desarmada, las muchas horas de soledad me condujeron a leer hasta los prospectos de las medicinas. Ahora sab\u00eda qui\u00e9n era Medea. Y tambi\u00e9n sab\u00eda que exist\u00edan los perseos.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Hola, Ana Mar\u00eda!, te veo muy bien\u201d, me dijo la sabandija con cierta sorna. \u201cMuy bien \u00bfpara qu\u00e9?\u201d me pregunt\u00e9 yo, \u00bfpara lo mucho que me hab\u00eda jodido la infancia ella y su gemela?&#8230; \u00a0Yo, sin pronunciar palabra y sin dejar de sonre\u00edrle, me acerqu\u00e9, le agarr\u00e9 el vestido por la pechera con mi mano izquierda y con el \u00edndice de la derecha le dibuj\u00e9 una l\u00ednea recorri\u00e9ndole toda la base de su cuello mientras le susurraba al o\u00eddo: \u201cTe he vencido, Medea\u201d. Despu\u00e9s me gir\u00e9 dej\u00e1ndola de piedra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hacia m\u00e1s de treinta a\u00f1os que no volv\u00eda a verla. Y encontrarme con ella fue volver de nuevo a uno de los varios pasados m\u00e1s tristes de mi vida. 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