{"id":855,"date":"2017-10-21T09:53:13","date_gmt":"2017-10-21T08:53:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=855"},"modified":"2017-10-21T09:53:13","modified_gmt":"2017-10-21T08:53:13","slug":"mi-cuentahuesos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/10\/21\/mi-cuentahuesos\/","title":{"rendered":"Mi cuentahuesos"},"content":{"rendered":"<p>La llam\u00e1bamos la chacha Catalina. En mi pueblo, Jumilla, y en mi infancia, a los t\u00edos se les sol\u00eda llamar \u201cchaches\u201d, palabra que ha degenerado actualmente para referirse a alguien con aspecto viejuno o de apariencia cansada. La chacha Catalina viv\u00eda con nosotros, al igual que su sobrina, mi abuela. Era la hermana de la madre de mi abuela materna. Muri\u00f3 con ciento tres a\u00f1os cuando yo contaba nueve. No ten\u00eda pensi\u00f3n econ\u00f3mica alguna, ni hijos, ni otra familia que no fu\u00e9ramos nosotros, o sea, que de no haberse responsabilizado mis padres de ella hubiera tenido que terminar sus d\u00edas en lo que era com\u00fan hace casi medio siglo, en un asilo. Pero, que no se llamen a enga\u00f1o los m\u00e1s j\u00f3venes, un asilo de entonces nada ten\u00eda que ver con la idea que hoy puede tenerse de una residencia para mayores. Yo hice el \u201cServicio Social\u201d, una especie de mili femenina, en uno de ellos. Hab\u00eda un ala para los hombres y otra para las mujeres. En ellas dorm\u00edan aquellos a los que les quedaba alg\u00fan sue\u00f1o, y quienes hac\u00eda mucho que s\u00f3lo ten\u00edan insomnio, que sol\u00edan ser la mayor\u00eda, olvidados de los suyos y del mundo. Siendo un lugar tan triste, como siguen siendo muchas de las mejores residencias actuales, era lo mejor que pod\u00edan tener para finalizar sus vidas quienes nada ten\u00edan ya. Sin embargo, eso era una posibilidad jam\u00e1s considerada en casa. Las limitaciones del hogar contrastaban con la inmensa riqueza de tenernos los unos a los otros.<\/p>\n<p>Nunca escuch\u00e9 a mis padres re\u00f1irnos a mi hermana o a m\u00ed por tratar sin respeto a las personas mayores o por maltratarlos de alguna forma. Aunque no era m\u00e9rito nuestro, simplemente imit\u00e1bamos la forma de tratarlas ellos. Mi padre le gastaba bromas a la chacha Catalina porque no hab\u00eda forma de que se terminara el trozo de pan de las comidas, siempre dejaba un rosig\u00f3n que se lo com\u00eda en la siguiente. Ese era, seg\u00fan ella, el secreto de su larga vida: al Se\u00f1or no le gustaba que se dejara pan, con el hambre que hab\u00eda en el mundo, as\u00ed que le permit\u00eda seguir viva para que se lo comiera m\u00e1s tarde, pero ella, conocedora del secreto, volv\u00eda a dejar otro trozo de pan para la pr\u00f3xima comida. La recuerdo como si la estuviera viendo ahora mismo. Con empaque, sabia, demasiado culta para su \u00e9poca, recitaba a Campoamor como nadie; me contaba historias maravillosas mientras me obligaba a ponerme de rodillas en el suelo volcada en su halda para contarme las costillas. \u201cDemasiadas salen, tienes que comer m\u00e1s, me dec\u00eda mi cuentahuesos.<\/p>\n<p>Han pasado un mont\u00f3n de a\u00f1os desde que se fue y todav\u00eda la echo de menos y manoseo con amor sus gafas de cristales redondos y apenas unos alambres para sujetarlas en las orejas, y una diminuta bolsa de Judas en la que guardaba las pesetas que mi padre le daba y que eran su tesoro para suministr\u00e1rmelas a m\u00ed y con las que yo compraba \u201cpuromoro\u201d.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os y los ancianos siempre se han llevado bien. Unos tienen la aljaba vac\u00eda y los otros repleta y dispuesta para el trasvase. Sin embargo, hace a\u00f1os que algo viene fallando en esa hermosa relaci\u00f3n, es como si el puente que los uniera estuviera defectuoso y de peligroso paso. Obviamente, el puente son los adultos que olvidaron la ilusi\u00f3n y la inocencia de su ni\u00f1ez y que todav\u00eda no han alcanzado la madurez para comprender c\u00f3mo se camina con esos torcidos y titubeantes zapatos. Los adultos como puentes\u2026 casi nada. Adultos atrapados en un mont\u00f3n de obligaciones, haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s ego\u00edstas, m\u00e1s distantes\u2026, hura\u00f1os a las necesidades de sus mayores, siempre y cuando no necesiten de ellos para salvarles de alg\u00fan problema econ\u00f3mico, y ni siquiera en esos momentos tienen, muchas veces, la ternura, la capacidad de ponerse en la piel de ellos.<\/p>\n<p>Mi chachica Catalina era muy refranera; yo entonces no entend\u00eda mucho, pero el tiempo me ha regalado entenderlo todo. Ella dec\u00eda que era de \u201cbien nacidos ser agradecidos\u201d, as\u00ed que, cuando las noticias vomitan los maltratos de hijos a sus padres y, sobre todo, cuando esos agravios se producen de manera reiterada y tan preocupante que hasta nuestros pol\u00edticos han que tomar cartas en el asunto y editar Gu\u00edas para concienciarnos de que muchos de los actos que les infligimos a nuestros mayores y que consideramos \u201cnormales\u201d no son sino un maltrato puro y duro\u2026 pienso que ella pensar\u00eda que esta sociedad se nos est\u00e1 llenando de malnacidos.<\/p>\n<p>Imagino que ella tendr\u00eda en estos momentos el proverbio exacto que nos definir\u00eda. A m\u00ed s\u00f3lo se me ocurre decir que si el coraz\u00f3n necesita una gu\u00eda que no sea la del amor\u2026 \u201cmala burra hemos comprado\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La llam\u00e1bamos la chacha Catalina. 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