{"id":857,"date":"2017-11-04T10:15:12","date_gmt":"2017-11-04T09:15:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=857"},"modified":"2017-11-04T11:52:26","modified_gmt":"2017-11-04T10:52:26","slug":"grandes-hombres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2017\/11\/04\/grandes-hombres\/","title":{"rendered":"Grandes Hombres"},"content":{"rendered":"<p>En la ya peque\u00f1a habitaci\u00f3n del hospital, dividida, adem\u00e1s, por el leve muro de una escueta cortina blanca que la separa en dos mitades para repartirla entre dos enfermos, en una de sus partes un hombre agonizaba. Junto a \u00e9l, api\u00f1ados, contraviniendo cualquier orden de l\u00f3gica, higiene o aforo, decenas de manos de hijas, nietos y yernos disputaban turnos para aferrarse a las doloridas manos llenas de v\u00edas de sueros, besarle las descoloridas mejillas, acariciarle el ralo pelo, pasarle una gasa mojada por los labios, otra con un poco de suero fisiol\u00f3gico por los ojos, limpiarle el fr\u00edo sudor de la frente y susurrarle <em>abonico<\/em> pero con toda el alma el amor sentido por \u00e9l. Unos y otros se pisaban la voz recordando su tremenda generosidad con ellos, con los vecinos, con los desconocidos. Comentaban su exquisita educaci\u00f3n y consideraci\u00f3n al pedir perd\u00f3n a las enfermeras por molestarlas con su dolor, al darles las gracias por sus \u201ctorturas\u201d. Jam\u00e1s una palabra altisonante, un mal gesto con nadie. Encontrando siempre una palabra de disculpa para los errores o las malas acciones de los dem\u00e1s. Siempre entregado a propios y ajenos, con una capacidad de servicio infinita. Ilusionado eternamente por las cosas m\u00e1s nimias que le hac\u00edan parecer un eterno ni\u00f1o: \u00abMira qu\u00e9 nido en aquel \u00e1rbol\u00bb o \u00abF\u00edjate en los colores tan bonicos de esos peces\u00bb. Era el yayo por antonomasia, abuelo no solo de sus nietos, sino de los amigos de todos sus nietos y de todos los vecinos a quienes les ten\u00eda ganado el coraz\u00f3n. Era el padre m\u00e1s cari\u00f1oso y generoso del mundo, siempre dispuesto a quitar trabajo a sus hijas, a llevarlas o traerlas en su coche para que ellas no anduvieran buscado aparcamiento. \u00abYo voy\u2026 yo recojo\u2026 yo llevo\u00bb, colgaban de continuo de su boca. Cuidando invariablemente de todos y evitando molestar aun a costa de s\u00ed mismo, aguantando \u2013\u00a1ya es aguantar!\u2013 durante horas un dolor de infarto por no importunar en mitad de la noche. Y si como padre era el mejor, como persona <em>se sal\u00eda<\/em>. No se le conoce un enemigo o alguien que, a pesar de su avanzada edad, no lamente su valiosa p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, entre tanto amor, tanta caricia, tanto beso, aunque eso no pudiera evitarle sufrimiento, se march\u00f3 mi padre, como lo hacen los grandes hombres; los hombres buenos, desconocidos, los que no tendr\u00e1n monumentos, ni calles a su nombre, salvo en los corazones de los suyos; los que no han realizado una \u00fanica gran haza\u00f1a porque sus vidas se han resumido en realizarlas a peque\u00f1a escala cada d\u00eda de manera an\u00f3nima. Los hombres grandes que cambian el mundo porque a su paso no dejan tras de s\u00ed solo una estela de bondad, sino personas con valores que puedan mejorar el mundo y hacerlo cada vez m\u00e1s habitable. Esos son tambi\u00e9n y por derecho <strong>Grandes Hombres<\/strong>. Y aunque jam\u00e1s los recojan los libros de historia, s\u00ed lo har\u00e1 el libro de la Vida.<\/p>\n<p>Puede parecer que todo sigue igual pero no es verdad. Las parras que plant\u00f3 esperar\u00e1n en vano su mano salvadora en tiempo de poda, y el agua que le demos a beber ya no ir\u00e1 acompa\u00f1ada de la caricia de sus dedos. Y su caja de herramientas \u2013capaces ellas, junto a sus h\u00e1biles manos, de arreglar hasta el m\u00e1s complicado de los desperfectos\u2013 extra\u00f1ar\u00e1 su mirada escrutadora eligiendo con cuidado cu\u00e1l de ellas ser\u00eda la id\u00f3nea para el estrago. Y su sill\u00f3n nos expulsar\u00e1 de su halda porque conserva memorizados el molde exacto de su encorvada espalda y la huella perfecta de sus brazos y piernas. Y se negar\u00e1 a aceptar otra presencia, pues nadie en el mundo podr\u00eda sustituirlo en nada, ni siquiera en un sill\u00f3n.<\/p>\n<p>Y mi madre, acostada en el hueco de la cama que dej\u00f3 su bien amado, abrazada a la almohada de su compa\u00f1ero de siempre seguir\u00e1 musitando las mismas palabras que durante tantos a\u00f1os le pos\u00f3 en el o\u00eddo. Esas expresadas por los mejores boleros del mundo, sin m\u00e1s m\u00fasica que la de la percusi\u00f3n de su alma: \u00abToda una vida te estar\u00eda cuidando, te estar\u00eda mimando\u2026 porque nuestro amor es tan grande, tan grande, que nunca termina. Y esta vida es tan corta y no basta para nuestro amor\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras que a nosotras, sus hijas, a quienes no nos qued\u00f3 un \u00abtequiero\u00bb o un \u00abgracias\u00bb que decirle, s\u00ed nos queda el inmenso desconsuelo de sabernos hu\u00e9rfanas de padre, el \u00fanico hombre que nos ha amado siempre y que jam\u00e1s nos traicionar\u00eda por nada del mundo. Pero nos queda, tambi\u00e9n, la enorme riqueza y el orgullo de sabernos hijas de un buen padre y de un gran hombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la ya peque\u00f1a habitaci\u00f3n del hospital, dividida, adem\u00e1s, por el leve muro de una escueta cortina blanca que la separa en dos mitades para repartirla entre dos enfermos, en una de sus partes un hombre agonizaba. 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