{"id":957,"date":"2018-08-04T09:12:16","date_gmt":"2018-08-04T08:12:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=957"},"modified":"2018-08-04T09:12:16","modified_gmt":"2018-08-04T08:12:16","slug":"sentidos-gusto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2018\/08\/04\/sentidos-gusto\/","title":{"rendered":"Sentidos: gusto"},"content":{"rendered":"<p>\u201c\u00a1Ay, que te como y te como!, \u00a1Ay, que te voy a comer!\u201d Dice una popular sevillana para indicar que, cuando alguien nos gusta mucho, nos lo comer\u00edamos. Es lo mismo que pasa con nuestros hijos, que de peque\u00f1os son tan ricos que nos los comer\u00edamos, y luego, de mayores, nos arrepentimos de no haberlo hecho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con la comida disfrutamos del sentido del gusto. Y le damos tanta importancia a este sentido que no hay acto social que se precie que no incluya una buena comida en sus variadas formas de tapa, banquete o fiestorra pantagru\u00e9lica. Aunque, en esto de meter pitanza entre pecho y espalda, bien es verdad que tanta civilizaci\u00f3n nos priva de saborear algunos alimentos compartiendo su disfrute con todos los sentidos. Porque, a ver, como dice mi amigo Gustavo, me van a decir ustedes que es lo mismo pinchar con el tenedor un trozo de tomate partido de manera as\u00e9ptica en un plato, despu\u00e9s de haber estado horas en un frigor\u00edfico y, probablemente, cultivado en un invernadero y fuera de temporada, que comerse un tomate a temperatura ambiente, en su \u00e9poca de cosecha, una buena ma\u00f1ana en un bancal, rodeado de tomateras, tras haberlo seleccionado cuidadosamente con la mirada entre otros muchos, acariciar su piel lisa con la mano para eliminarle alg\u00fan resto de tierra, sentir su tacto en los labios al besarlo justo antes del mordisco mientras resbala por la barbilla el jugo fresco hasta chorrearnos el pecho, escuchar el chasquido al hincarle el diente y el consiguiente sorbit\u00f3n del fragante l\u00edquido\u2026 todo eso inundando la nariz con tan penetrante olor mientras que el gusto disfruta con la boca inundada de tan sabroso caldo mezclado con la suave pulpa y las bailarinas pepitas\u2026 \u00a1Por Dios, por Dios! y si a todo eso le a\u00f1adimos una miajica de sal\u2026 vamos, gloria bendita. O sea, nada que ver con el pinchar un trozo de tomate del plato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los sabores, como los olores, tienen la llave maestra para abrirnos recuerdos cerrados por mucho tiempo, incluso por comparaci\u00f3n negativa. Una amiga m\u00eda me dec\u00eda que cada vez que cocinaba lentejas se acordaba de su madre. Y no precisamente porque se las recordara, sino todo lo contrario, no lograba entender c\u00f3mo le sal\u00edan tan ricas a su madre, y tan malas a ella. Yo me precio de ser una buena cocinera, aprend\u00ed de mi madre que la comida es alquimia pura, que materiales tan r\u00fasticos como la harina o el aceite, mezclados sabiamente con la piedra filosofal del amor son capaces de convertirse en un rico pastel dulce, o en una contundente y sabrosa gachamiga. Y, aunque es verdad que hay comidas a las que les doy casi el mismo toque de sabor que ella, tambi\u00e9n hay otras en que no lo logro. Y mira que las hago como ella, \u00bfmedidas? un chorrico de aceite, un pu\u00f1aico de tal o cual cosa, una pizquica de sal, un polvico de pimienta, una puntica de esto o de aquello\u2026 todo igual, pero sus dedos guardan una medida de amor que quiz\u00e1 yo a\u00fan no he alcanzado. Mis hijas se rebelan ante tales formas de calibrar ingrediente y especias pero yo s\u00e9 que si les diera como medida\u2026 pues no s\u00e9, una cucharadita de caf\u00e9,\u00a0 de postre,\u00a0 sopera\u2026 se perder\u00eda el secreto de la alquimia de la familia. Porque ese secreto est\u00e1 en el cuenco de las manos de mi madre\u2026, en la vista, en el tiempo, en la paciencia\u2026 en el fuego. Las prisas, la distancia del trabajo a casa y la falta de tiempo imponen sofisticados aparatos de cocina que fagocitan alimentos y los preparan el\u00e9ctricamente para vomitar m\u00e1s tarde una especie de comida que en nada se parece a la que cocinaban nuestras abuelas con sarmientos o carb\u00f3n, pero esto es lo que hay. Y esto, \u00a1por suerte!, es lo que tenemos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Afortunadamente, no solo acercamos hasta nuestros labios alimentos que nutren nuestro cuerpo, nos alimentamos tambi\u00e9n el alma con los besos que les damos a quienes amamos porque, como dice la canci\u00f3n de V\u00edctor Manuel: \u201cNada sabe tan dulce como su boca\u2026\u201d a veces, ni la mejor comida preparada por nuestras madres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00a1Ay, que te como y te como!, \u00a1Ay, que te voy a comer!\u201d Dice una popular sevillana para indicar que, cuando alguien nos gusta mucho, nos lo comer\u00edamos. 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