{"id":959,"date":"2018-08-14T22:29:57","date_gmt":"2018-08-14T21:29:57","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=959"},"modified":"2018-08-14T22:29:57","modified_gmt":"2018-08-14T21:29:57","slug":"sentidos-tacto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2018\/08\/14\/sentidos-tacto\/","title":{"rendered":"Sentidos: tacto"},"content":{"rendered":"<p>Uno de mis primeros recuerdos con respecto al tacto es el de sentir las manos de mi madre ahuec\u00e1ndome los rizos con una mano y con la otra intentando sujetarme un hombro para que me mantuviera quieta. Le sigue en intensidad otro que me trae las huesudas y ancianas manos de la hermana de la madre de mi abuela acarici\u00e1ndome la espalda y contando los huesos salientes de mis vertebras, mientras yo me balanceaba en su halda, para conminarme a comer m\u00e1s. Me detengo apenas unos instantes en buscar recuerdos t\u00e1ctiles en mi memoria y me vienen en tumulto, como las cerezas, enredados unos en otros, que me hacen comprender la importancia del tacto en mi vida o la ausencia de \u00e9l. Ahora, por ejemplo, se aconseja tomar en brazos al beb\u00e9\u00a0todas las veces que sea necesario para evitar que llore o interrumpa el sue\u00f1o, sin embargo, mi abuela y todas las mujeres de su generaci\u00f3n manten\u00edan la idea de que a los hijos hab\u00eda que tocarlos poco y tomarlos en brazos menos porque se acostumbraban y luego no dejaban trabajar. Teniendo en cuenta que ten\u00edan que hacer desde la masa del pan que com\u00edan hasta lavar toda la ropa de la familia a mano a mucha distancia de la casa, acarrear el agua para todos y ayudar a sus maridos en las tareas del campo, pasando por otra mucha intendencia casera\u2026 era normal tener ese pensamiento, pobre madres\u2026 por suerte, la alimentaci\u00f3n era casi \u00fanicamente de sus pechos y ese contacto, si no supl\u00eda a otro, al menos aminoraba un tanto la a\u00f1oranza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tristemente se ha podido comprobar que los hu\u00e9rfanos que fueron \u201cliberados\u201d en Ruman\u00eda, tras la ca\u00edda de Ceausescu, de terribles orfanatos en donde jam\u00e1s se les tocaba \u201chan desarrollado serios problemas emocionales como depresi\u00f3n, esquizofrenia, trastorno bipolar y otras enfermedades mentales, sumadas tambi\u00e9n a una serie de dolencias f\u00edsicas\u201d. Tal es la importancia del tacto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La piel es el \u00f3rgano m\u00e1s extenso que tenemos y por tanto a trav\u00e9s de ella y de su tacto podemos experimentar numerosas sensaciones. En un solo cent\u00edmetro cuadrado de piel hay m\u00e1s de cinco mil receptores sensitivos que env\u00edan informaci\u00f3n instant\u00e1nea al cerebro que es el que decide c\u00f3mo actuar en base al est\u00edmulo. Porque hay que tener en cuenta que un mismo est\u00edmulo en seg\u00fan qu\u00e9 ocasiones puede desencadenar una reacci\u00f3n u otra. Por ejemplo, imaginen que est\u00e1n viendo una pel\u00edcula rom\u00e1ntica con su pareja y,\u00a0en un momento determinado, nos toca el brazo\u2026 la sensaci\u00f3n que tendremos variar\u00e1 notablemente si ese mismo gesto nos lo hace en mitad de una acalorada discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los dedos, el tacto, son los ojos de los ciegos, a trav\u00e9s de ellos leen y son capaces de percibir rostros y objetos. Y a trav\u00e9s de una primera impresi\u00f3n de estrechar una mano podemos hacernos una idea de la persona que tenemos dependiendo de la energ\u00eda que imprima a ese apret\u00f3n, de la calidez, de la forma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tocar es algo instintivo aunque la educaci\u00f3n y la cultura nuestra nos hayan reprimido hacerlo porque eres un \u201cpulpo\u201d o una \u201ccalentorra\u201d. Sin embargo, tocamos, nos tocamos unos a otros mientras hablamos, mientras comemos, mientras nos saludamos\u2026 y las yemas de los dedos nos env\u00edan un mensaje directo a la mente para decirnos que todo va bien o que\u2026 extra\u00f1amente nos ha huido al contacto, o hemos sentido una frialdad desconocida al pasar la mano por su hombro. Pero tocamos. Seguimos tocando. Algunas tiendas de regalo est\u00e1n plagadas de letreritos donde se nos exhorta a \u201cno tocar\u201d. Y llevamos fritos a los artesanos ambulantes porque no hay pendiente, colgante, piedrecita o pulsera que no manoseemos uno tras otro para terminar no comprando nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Necesitamos tocar para acariciar m\u00e1s all\u00e1 de la piel, \u201capapachar\u201d es una palabra preciosa que se utiliza en M\u00e9xico para decir que se acaricia con el alma porque muchas veces, cuando decimos \u201cestoy bien\u201d lo que queremos\u00a0es que alguien nos mire a los ojos, nos sonr\u00eda, nos abrace apapach\u00e1ndonos, y nos susurre al o\u00eddo: \u201cYo s\u00e9 que no es verdad, pero conmigo puedes permitirte estar como quieras\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de mis primeros recuerdos con respecto al tacto es el de sentir las manos de mi madre ahuec\u00e1ndome los rizos con una mano y con la otra intentando sujetarme un hombro para que me mantuviera quieta. 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