{"id":965,"date":"2018-09-01T10:01:09","date_gmt":"2018-09-01T09:01:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=965"},"modified":"2018-09-01T10:01:09","modified_gmt":"2018-09-01T09:01:09","slug":"el-ladron-de-jazmines","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2018\/09\/01\/el-ladron-de-jazmines\/","title":{"rendered":"El ladr\u00f3n de jazmines"},"content":{"rendered":"<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Mi madre no puede ver los jazmines ni de lejos. No es que no le gusten o sea al\u00e9rgica a su aroma. Simplemente, no puede verlos porque rompe a llorar como una magdalena. El llanto no le viene de antiguo, sino desde que mi padre fue llamado para que siguiera esparciendo su bondad y su amor <\/span><\/span><span class=\"s5\"><span class=\"bumpedFont15\">all\u00e1 arriba<\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">. Y porque, desde siempre, en la \u00e9poca estival, \u00e9l se levantaba antes del d\u00eda para poder pasear por las calles adyacentes al domicilio playero buscando los jazmineros que ofrec\u00edan su flor m\u00e1s all\u00e1 de las lindes de la casa a la que pertenec\u00edan y regalaba \u2013o se dejaba robar por los transe\u00fantes madrugadores\u2013 un pu\u00f1adito de sus flores.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Uno de esos ladrones de jazmines era mi padre. <\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">H<\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">ab\u00eda que verlo aparecer luego por casa con esa sonrisa p\u00edcara de un ni\u00f1o que sabe que ha hecho una travesura perdonable y le ofrec\u00eda a mi madre un ramito peque\u00f1o y oloroso que ella pon\u00eda en un vaso con agua.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Este es el primer verano sin jazmines en casa, y sin mi padre. Hace poco intent\u00e9 emular su acci\u00f3n y tambi\u00e9n tom\u00e9, con permiso del jazminero, unas ramitas de sus fragantes y blancas flores para mi madre. Tuve la precauci\u00f3n de avisarle mientras entraba de que hab\u00eda sido un impulso con toda seguridad inspirado por mi padre, as\u00ed que era \u00e9l quien se las enviaba, pero se puso a llorar con tal desconsuelo que yo dudaba si com\u00e9rmelas all\u00ed mismo para hacerlas desaparecer cuanto antes.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Todos llevamos en el zurr\u00f3n biogr\u00e1fico experiencias similares con alg\u00fan ser amado: una comida determinada que nos esperaba en casa de nuestra madre en alg\u00fan d\u00eda concreto; las expectativas que nos creaban nuestros abuelos antes de llevarnos a alg\u00fan lugar com\u00fan, y a veces hasta sin encanto, pero que ellos hac\u00edan sumamente extraordinario y m\u00e1gico con su presencia y sus palabras; la generosidad de la pareja a la hora de sacar la basura, algo tan cotidiano, tan normal, tan absurdo, tan\u2026 <\/span><\/span><span class=\"s5\"><span class=\"bumpedFont15\">es su tarea<\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">, que solo lo apreciamos cuando <\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">ellos ya no est\u00e1n <\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">y el cubo de la basura nos mira esper\u00e1ndonos; traer el pan caliente todos los d\u00edas a la hora de la cena; preparar la mesa y la comida amorosamente y esperarnos sentados en ella sin probar bocado hasta que llegamos, por tarde que sea; mantener impolutos los armarios, los vestidos, las camisas para nosotros; reponer el papel higi\u00e9nico; llegar a casa con un dulce para el caf\u00e9 o un helado; hacernos la cama; sostener un libro entre las manos de una manera determinada; mirar por encima de las gafas para indicarnos algo que no nos gusta o\u00edr\u2026<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Gestos que una vez definitivamente ausentes las personas que llenaban nuestra vida con esas peque\u00f1eces amorosas, o, simplemente, usuales caracter\u00edsticas de ellos, durante mucho tiempo no podemos repetirlas o nos encoge el coraz\u00f3n el hacerlo, pero que, pasado un tiempo \u2013al menos eso aseguran quienes ya lo han vivido as\u00ed\u2013, el dolor se <\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">convierte en una ternura que te hace sonre\u00edr al rememorarlo. Mi padre, por ejemplo, fue un ni\u00f1o de la guerra, pas\u00f3 mucha hambre \u2013habitual durante aquellos a\u00f1os\u2013, as\u00ed que sol\u00eda pelarnos los melocotones con tal arte y tan finamente que la piel eliminada podr\u00eda haber pasado perfectamente por papel de fumar. En consecuencia, cuando nos ve\u00eda a nosotros desperdiciar medio melocot\u00f3n con la piel se lo llevaban los demonios. De momento, este verano, yo solo puedo lavarlos y com\u00e9rmelos con piel (con pelusa incluida). Soy incapaz de pelarlos sin que me resuenen las palabras de mi padre. Imagino que cuando vuelva a hacerlo lo har\u00e9 con tal cuidado que all\u00e1 donde est\u00e9 sonreir\u00e1 con gozo<\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s3\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">Vivimos rodeados de peque\u00f1os gestos amorosos que nos pasan inadvertidos por cotidianos y sencillos, pero que nos unen eternamente a quienes merecieron nuestro amor en vida y seguimos venerando tras su muerte.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"s6\"><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">La pena: los infravaloramos. <\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">L<\/span><\/span><span class=\"s2\"><span class=\"bumpedFont15\">os tenemos incorporados a nuestra rutina y reducidos a ordinarios hasta que su dolorosa ausencia los hace brillar como extraordinarios.<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi madre no puede ver los jazmines ni de lejos. No es que no le gusten o sea al\u00e9rgica a su aroma. Simplemente, no puede verlos porque rompe a llorar como una magdalena. El llanto no le viene de antiguo, sino desde que mi padre fue llamado para que siguiera esparciendo su bondad y su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/965"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=965"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/965\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":966,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/965\/revisions\/966"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=965"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=965"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=965"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}