{"id":970,"date":"2018-09-27T15:48:17","date_gmt":"2018-09-27T14:48:17","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=970"},"modified":"2018-09-27T15:48:17","modified_gmt":"2018-09-27T14:48:17","slug":"la-voz-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2018\/09\/27\/la-voz-del-amor\/","title":{"rendered":"La voz del amor"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se pone en contacto conmigo una madre y me pide que grite a trav\u00e9s de mi ventana su dolor. Es una mujer a la que no conozco de nada, pero la sinton\u00eda del coraz\u00f3n de madre late acompasada con cualesquiera madres del mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La escucho. Su dolor sale a borbotones a la vez que sus palabras y sus l\u00e1grimas, es un dolor desgarrador que se expande por donde estamos para salir a calles y plazas reclamando justicia, sin embargo, al contacto con la sociedad parece diluirse hasta desaparecer fagocitado por las vacunas de la indiferencia de los dem\u00e1s, pero, sobre todo, de aquellos que podr\u00edan de alguna manera aminorarlo, si no impedirlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me habla de su hijo, uno de los cuatro que tiene, un chaval de apenas dieciocho a\u00f1os enganchado a los juegos recreativos desde no podr\u00eda decir cu\u00e1ndo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La proliferaci\u00f3n de locales de juego en los barrios o cercanos a centros escolares hacen que los j\u00f3venes se habit\u00faen a su presencia como algo normal de su entorno y que empiecen a jugar a una cada vez m\u00e1s temprana edad aumentando el n\u00famero de chicos adictos al juego de las m\u00e1quinas tragaperras. No ayudan para nada las \u201cApuestas deportivas\u201d en donde jugadores estrellas inducen continuamente al juego, ni, desde luego, que presentadores famosos inciten al p\u00f3ker, bingo o ruletas online. Cada vez son m\u00e1s n\u00famero y con menos a\u00f1os los adictos al juego, los lud\u00f3patas que no dudan en robar a sus padres, vender objetos personales o de su familia para lograr unos euros que les permitan seguir apostando, y echar su vida por la borda ante la impotencia y la amargura de sus familias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los locales de juego carecen de ventanas y relojes, para que el tiempo se estanque en la podredumbre del juego y los lud\u00f3patas no tengan noci\u00f3n del tiempo. Y a menudo regalan una cerveza y dejan fumar dentro. Antros que parec\u00edan haber entrado en declive pero que cada vez est\u00e1n m\u00e1s revitalizados con la presencia de j\u00f3venes, adolescentes y apenas ni\u00f1os, como denunciaba hace unos d\u00edas la prensa de Plasencia: \u201cUn ni\u00f1o de doce a\u00f1os se ha gastado trescientos euros en juegos a trav\u00e9s de internet por medio de una tarjeta recargable\u201d, comentaban que era el \u00faltimo caso que les hab\u00eda llegado, pero que eran numerosos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los responsables, los due\u00f1os, los negociantes de tan lucrativo negocio para ellos como nefasto para los usuarios, buscan lugares para el enclave de sus negocios lo m\u00e1s cercano a zonas donde la chiquiller\u00eda sea abundante, bien por el paso, bien por domicilio. Me dec\u00eda esta madre que colindante al instituto de su hijo hay dos para que, eches por la direcci\u00f3n que eches, tengas que sortear la tentaci\u00f3n y pasar de largo o caer de lleno. Y que ella pele\u00f3 con todas sus fuerzas para evitar que, instalado ya uno de esos lugares, no se pusiera el otro. No consigui\u00f3 nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella intentaba hacerme saber que el problema de ludopat\u00eda de su hijo no era algo como para tratarlo de vicioso, sino como un enfermo, cosa que ignora una gran parte de nuestra sociedad; que el juego es una droga sin sustancia pero que envenena m\u00e1s que la peor de ellas; que su vida es una tragedia griega digna de ser representada en los mejores teatros romanos rescatados al tiempo; que la agresividad de su hijo, la ansiedad, la depresi\u00f3n que sufre, unido al dolor de su familia y a los problemas econ\u00f3micos donde el chaval los ha metido es algo que la sociedad no quiere ver, pero que no por ello deja de existir. Me dec\u00eda que su hijo era uno de sus mejores hijos, un ni\u00f1o, bueno, retra\u00eddo, tirando a la depresi\u00f3n y que la p\u00e9rdida de un familiar lo desquici\u00f3 y lo llev\u00f3 por desfiladeros asesinos. Asesinos, s\u00ed, porque han matado la paz y la salud mental de una familia. Y que qui\u00e9n puede ayudarla en esa enfermedad no reconocida. Que a qui\u00e9n llama en los peores momentos de agresividad de su hijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A ra\u00edz de esto me enter\u00e9 de que Murcia es la comunidad que m\u00e1s salones de juego tiene de toda Espa\u00f1a. Y ante semejante desprop\u00f3sito s\u00f3lo se me ocurri\u00f3 decirle que s\u00ed, que esparcir\u00eda su dolor por mis renglones, pero que no se quedara en el lamento, que hiciera lo que ya otras madres hab\u00edan hecho en otras ocasiones, las Madres de la plaza de Mayo, o las madres de los chicos heroin\u00f3manos de Galicia: unirse y se\u00f1alar con la voz del amor al culpable de las tropel\u00edas que les estaban asesinando a sus hijos. Gritarlos ellas al mundo. Los corazones de las madres se sincronizan r\u00e1pidamente ante el dolor por el sufrimiento de un hijo. Y la voz del amor puede gritar tan fuerte que no hay muro posible que la detenga o la ensordezca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Se pone en contacto conmigo una madre y me pide que grite a trav\u00e9s de mi ventana su dolor. 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