{"id":986,"date":"2018-11-03T12:15:52","date_gmt":"2018-11-03T11:15:52","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/?p=986"},"modified":"2018-11-03T12:15:52","modified_gmt":"2018-11-03T11:15:52","slug":"abrazo-inesperado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/anamariatomas\/2018\/11\/03\/abrazo-inesperado\/","title":{"rendered":"Abrazo inesperado"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como cada d\u00eda, cruz\u00f3 la calle que separaba su trabajo de la cercana cafer\u00eda en la que serv\u00edan desayunos r\u00e1pidos y a buen precio. Como cada d\u00eda busc\u00f3 un hueco donde poder sentarse y tomarse su caf\u00e9 con leche y una tostada con mantequilla y mermelada, que no fuera de fresa, en el concurrido local. Sus ojos barrieron de izquierda a derecha, como cada d\u00eda, hasta descubrir, en esta ocasi\u00f3n que, aunque estaba a tope por la hora, hab\u00eda alguien pagando su consumici\u00f3n y dejar\u00eda libre un taburete en la barra. Se abri\u00f3 paso con agilidad y lleg\u00f3 justo cuando un cliente que esperaba en pie se sent\u00f3 en el lugar que acababa de quedar libre. Respir\u00f3 con resignaci\u00f3n y busc\u00f3 alrededor, todos iban con prisas y no tardar\u00eda en poder encontrar otro hueco. \u00a0Justo a su espalda una se\u00f1ora se levant\u00f3 de una de las mesas y sali\u00f3 arrastrando un carrito de la compra. Pill\u00f3 con presteza la silla y esper\u00f3 a que la camarera la mirase para llamar su atenci\u00f3n. Descuidadamente oje\u00f3 las consumiciones de las mesas adyacentes y al levantar la mirada se encontr\u00f3 con unos ojos vivaces a pesar de pertenecer a un se\u00f1or mayor que no dejaban de mirarla. Detuvo sus ojos en ellos y le sonri\u00f3 t\u00edmidamente. Observ\u00f3 c\u00f3mo crec\u00eda el torso de aquel hombre, c\u00f3mo se recolocaba en la silla como si le hubieran insuflado de pronto una vitalidad perdida a\u00f1os atr\u00e1s. Le calcul\u00f3 la edad, sesenta y cinco\u2026 setenta bien conservados. Mientras le serv\u00edan el desayuno volvi\u00f3 a mirar en repetidas ocasiones, casi no pod\u00eda apartar los ojos de \u00e9l. Aquel hombre le\u00a0 devolv\u00eda la sonrisa y ella tuvo que contenerse las ganas de no ir y sentarse en su mesa.<\/p>\n<p>\u00c9l no pod\u00eda apartar sus ojos de aquel pib\u00f3n de mujer. Y sentir su mirada sobre \u00e9l le hac\u00eda abrigar expectativas que iban de su mente al resto de su cuerpo y regresaban de nuevo anticip\u00e1ndose como v\u00edsperas al propio gozo. No era precisamente la idea de ligar lo que se hab\u00eda puesto esa ma\u00f1ana junto con los calcetines y la camisa azul celeste, pero tambi\u00e9n era cierto que siempre hab\u00eda sido un hombre muy guapo y conservaba, con el paso del tiempo, un atractivo mayor otorgado por la lucidez de los a\u00f1os. Adem\u00e1s, una cosa era pretender absurdamente conquistar a una jovenzuela y otra responder a una flagrante llamada de la naturaleza. \u00c9l conoc\u00eda sus posibilidades y no iba a hacer el rid\u00edculo que suelen hacer los viejos verdes que no son conscientes de sus limitaciones. Pero estaba claro que no iba a despreciar una oportunidad como aquella.<\/p>\n<p>El juego de miradas y sonrisas dur\u00f3 todo el tiempo que tard\u00f3 la tostada en desaparecer del plato. Ella era consciente de que demoraba cada bocado, de que le hubiera gustado tener toda la ma\u00f1ana libre para seguir all\u00ed mir\u00e1ndolo. Nunca antes lo hab\u00eda visto, ni por la cafeter\u00eda ni por la calle, con toda seguridad que estar\u00eda de paso y probablemente no volver\u00eda a verlo m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00c9l pens\u00f3, animado y sostenido por aquella luz que le\u00eda en los ojos de la chica, en levantarse y preguntarle si pod\u00eda invitarla a lo que estaba tomando.<\/p>\n<p>Ella pens\u00f3 en levantarse, caminar hasta \u00e9l y pedirle que no se fuera, que le permitiera abrazarlo.<\/p>\n<p>As\u00ed que ambos se levantaron casi impulsados por una desconocida fuerza y vinieron a encontrase en la mitad de la distancia que marcaban las dos mesas. Rieron. Entonces \u00e9l, cort\u00e9s y educado, con cierto miedo a que fuese una de esas mujeres a las que les ofende la insinuaci\u00f3n de ser invitadas, le pregunt\u00f3 si pod\u00eda hacerlo.<\/p>\n<p>Y ella, con los ojos empa\u00f1ados en l\u00e1grimas y afirmando que s\u00ed con la cabeza, le pregunt\u00f3 si le permit\u00eda que lo abrazase. Que, extra\u00f1amente, era el vivo retrato de su padre fallecido apenas unos meses atr\u00e1s, que estaba conmocionada desde que hab\u00eda entrado all\u00ed y se hab\u00eda encontrado con su tierna sonrisa, tan igual, tan incre\u00edblemente, igual a la de su padre. Que hab\u00eda sentido que, en cielo, compadeci\u00e9ndose de su dolor, le hab\u00eda enviado a un \u00e1ngel para que pudiera darle, aunque fuera por \u00faltima vez, un nuevo abrazo.<\/p>\n<p>Y \u00e9l, intentando recuperar la compostura que el tsunami de las palabras de ella le hab\u00eda provocado en su autoestima, sonri\u00f3, entonces s\u00ed, entonces lo hizo con ternura. Y le dijo: \u201cClaro que s\u00ed, hija\u201d.<\/p>\n<p>Mientras \u00e9l ped\u00eda la cuenta de los dos, ella desaparec\u00eda entre la prisa con el alma resta\u00f1ada por un abrazo inesperado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Como cada d\u00eda, cruz\u00f3 la calle que separaba su trabajo de la cercana cafer\u00eda en la que serv\u00edan desayunos r\u00e1pidos y a buen precio. 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